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Muerte lenta en Bremen

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 18-02-2020

Lo que sucede en Bremen no es fruto únicamente de esta temporada. El club lleva más años luchando por alejarse de los puestos bajos de la tabla que por cotas altas. Justo, el tiempo que ha transcurrido desde la salida de Thomas Schaaf, el último gran héroe de Bremen que llevó al equipo a ganar la Bundesliga en la 2003-04, manteniéndolo habitualmente en puestos europeos después de su etapa como jugador. Sin embargo, desde su partida, todo ha sido un caos y el club ha ido cuesta abajo. No han encontrado al entrenador adecuado para reconducir el proyecto. Robin Dutt no funcionó y, a partir de ahí, la cúpula decidió fijarse en gente de la casa, como Skrypnyk, Nouri o Kohfeldt, ex jugadores del Bremen y un técnico de las categorías inferiores. 

A pesar de que con Kohfeld todo apuntaba al cambio, lento, eso sí, el panorama parece estar algo enrarecido. La situación del Werder Bremen comienza a recordar a la de sus vecinos de Hamburgo, que tanto jugaron con fuego, que al final se quemaron. En Bremen no llegan hasta ese punto, porque siempre hubo algunos resultados que les dejaron fuera de peligro. Pero ahora la historia es distinta. Te das cuenta de que la cosa no va bien cuando llegan como refuerzos Claudio Pizarro, Nuri Sahin, Sebastian Langkamp o Martin Harnik. Nadie duda de la calidad de ellos, pero no se puede vivir del pasado, y esos cuatro, por desgracia, ya están más cerca de colgar las botas que de ser gente importante. O, incluso, que Gebre Selassie o Moisander sean titulares sin oposición. Algo ahí no funciona. 

La columna vertebral del actual Werder Bremen tiene cuatro piezas fundamentales: Jiri Pavlenka en la puerta, que llegó de puntillas y se ha ido afianzando bajo palos, siendo uno de los porteros que más paradas hace por partido, pero, aún así, encaja bastantes goles; en defensa, Veljkovic, quien no ha perdido su puesto en la defensa desde que llegó al club; en el centro del campo, la gran esperanza del equipo, Maximilian Eggestein, aterrizado en el primer equipo casi al mismo tiempo que su hermano pequeño, Max es una de las piezas fundamentales en el esquema de Kohfeldt y, aunque en más de una ocasión se ha especulado con su salida, ahí sigue, fiel a los colores del equipo que le hizo debutar; en ataque, un hombre sobresale por encima de todos y no, no es Claudio Pizarro, sino el kosovar Milot Rashica, uno de los grandes activos con los que cuenta el club actualmente y, quizás, el único que está rindiendo a un nivel más que aceptable con continuidad. Milot participa, Milot asiste, Milot marca. Poco le queda en Bremen pero, mientras está allí, será una pieza fundamental para evitar el descalabro. 

El macabro paralelismo con la situación del Hamburgo no hace más que disparar las alarmas. En aquella ocasión, los cambios en los banquillos, los fichajes que supuestamente iban a cambiar el rumbo, finalmente acabaron por hundir el barco. El HSV lucha por volver a la Bundesliga tras el intento fallido del pasado año y, ahora, parece que todo marcha dentro de la normalidad y la estabilidad. Tal vez sea ese el camino que se deba seguir en Bremen, un descenso que limpie el club y lo regenere de arriba a abajo, para volver entre los grandes como hiciera antaño. Esta solución, mal curada, podría pasar factura, como ya pasó a otros como Ingolstadt, Kaiserslautern, etc., clubes que, habiendo caído al pozo de la Segunda División, no lo supieron gestionar bien y terminaron cayendo más abajo, con el estancamiento que eso conlleva. 

A pesar de todo, aún hay esperanza, puesto que matemáticamente es más que posible. Pero las sensaciones no dicen lo mismo. Clubes como Köln o Paderborn, que en ciertos momentos de la temporada parecían estar incluso peor que el Werder Bremen, han mostrado alguna mejoría y sus sensaciones son ahora mejores. Pero en Bremen eso no pasa, sino todo lo contrario. Mientras unos hacen los deberes, ellos se quedan estancados. Intentan aguantar pero, al mínimo golpe, caen sobre la lona y les cuesta levantarse. Partidos locos o partidos pobres, no hay término medio. Y a esto hay que añadirle la Copa. En los años posteriores a Schaaf, cuando la sombra empezaba a instalarse, el Werder era un eliminado habitual de las primeras rondas, con equipos de inferior categoría. Este año están avanzando. Incluso, se permitieron el lujo de eliminar a todo un Borussia Dortmund. Quizás, aunque sea una tarea complicada, luchar por el éxito de la Copa sea una frivolidad, teniendo en cuenta la situación en la que el club está inmerso. Lo cierto es que ahí aún siguen estando vivos, pero en la Bundesliga, la sensación es de que la muerte -el descenso- está siendo lenta y muy larga. 

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Lo que sucede en Bremen no es fruto únicamente de esta temporada. El club lleva más años luchando por alejarse de los puestos bajos de la tabla que por cotas altas. Justo, el tiempo que ha transcurrido desde la salida de Thomas Schaaf, el último gran héroe de Bremen que llevó al equipo a ganar la Bundesliga en la 2003-04, manteniéndolo habitualmente en puestos europeos después de su etapa como jugador. Sin embargo, desde su partida, todo ha sido un caos y el club ha ido cuesta abajo. No han encontrado al entrenador adecuado para reconducir el proyecto. Robin Dutt no funcionó y, a partir de ahí, la cúpula decidió fijarse en gente de la casa, como Skrypnyk, Nouri o Kohfeldt, ex jugadores del Bremen y un técnico de las categorías inferiores. 

A pesar de que con Kohfeld todo apuntaba al cambio, lento, eso sí, el panorama parece estar algo enrarecido. La situación del Werder Bremen comienza a recordar a la de sus vecinos de Hamburgo, que tanto jugaron con fuego, que al final se quemaron. En Bremen no llegan hasta ese punto, porque siempre hubo algunos resultados que les dejaron fuera de peligro. Pero ahora la historia es distinta. Te das cuenta de que la cosa no va bien cuando llegan como refuerzos Claudio Pizarro, Nuri Sahin, Sebastian Langkamp o Martin Harnik. Nadie duda de la calidad de ellos, pero no se puede vivir del pasado, y esos cuatro, por desgracia, ya están más cerca de colgar las botas que de ser gente importante. O, incluso, que Gebre Selassie o Moisander sean titulares sin oposición. Algo ahí no funciona. 

La columna vertebral del actual Werder Bremen tiene cuatro piezas fundamentales: Jiri Pavlenka en la puerta, que llegó de puntillas y se ha ido afianzando bajo palos, siendo uno de los porteros que más paradas hace por partido, pero, aún así, encaja bastantes goles; en defensa, Veljkovic, quien no ha perdido su puesto en la defensa desde que llegó al club; en el centro del campo, la gran esperanza del equipo, Maximilian Eggestein, aterrizado en el primer equipo casi al mismo tiempo que su hermano pequeño, Max es una de las piezas fundamentales en el esquema de Kohfeldt y, aunque en más de una ocasión se ha especulado con su salida, ahí sigue, fiel a los colores del equipo que le hizo debutar; en ataque, un hombre sobresale por encima de todos y no, no es Claudio Pizarro, sino el kosovar Milot Rashica, uno de los grandes activos con los que cuenta el club actualmente y, quizás, el único que está rindiendo a un nivel más que aceptable con continuidad. Milot participa, Milot asiste, Milot marca. Poco le queda en Bremen pero, mientras está allí, será una pieza fundamental para evitar el descalabro. 

El macabro paralelismo con la situación del Hamburgo no hace más que disparar las alarmas. En aquella ocasión, los cambios en los banquillos, los fichajes que supuestamente iban a cambiar el rumbo, finalmente acabaron por hundir el barco. El HSV lucha por volver a la Bundesliga tras el intento fallido del pasado año y, ahora, parece que todo marcha dentro de la normalidad y la estabilidad. Tal vez sea ese el camino que se deba seguir en Bremen, un descenso que limpie el club y lo regenere de arriba a abajo, para volver entre los grandes como hiciera antaño. Esta solución, mal curada, podría pasar factura, como ya pasó a otros como Ingolstadt, Kaiserslautern, etc., clubes que, habiendo caído al pozo de la Segunda División, no lo supieron gestionar bien y terminaron cayendo más abajo, con el estancamiento que eso conlleva. 

A pesar de todo, aún hay esperanza, puesto que matemáticamente es más que posible. Pero las sensaciones no dicen lo mismo. Clubes como Köln o Paderborn, que en ciertos momentos de la temporada parecían estar incluso peor que el Werder Bremen, han mostrado alguna mejoría y sus sensaciones son ahora mejores. Pero en Bremen eso no pasa, sino todo lo contrario. Mientras unos hacen los deberes, ellos se quedan estancados. Intentan aguantar pero, al mínimo golpe, caen sobre la lona y les cuesta levantarse. Partidos locos o partidos pobres, no hay término medio. Y a esto hay que añadirle la Copa. En los años posteriores a Schaaf, cuando la sombra empezaba a instalarse, el Werder era un eliminado habitual de las primeras rondas, con equipos de inferior categoría. Este año están avanzando. Incluso, se permitieron el lujo de eliminar a todo un Borussia Dortmund. Quizás, aunque sea una tarea complicada, luchar por el éxito de la Copa sea una frivolidad, teniendo en cuenta la situación en la que el club está inmerso. Lo cierto es que ahí aún siguen estando vivos, pero en la Bundesliga, la sensación es de que la muerte -el descenso- está siendo lenta y muy larga. 

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