_Balonmano

Motivos para sonreír

David Orenes @david_lrl 16-12-2019

Los rostros de las jugadoras de la selección española de balonmano representaban en toda su expresión lo que significa el término agridulce. Estaban en el podio, con sus medallas de plata, sabiendo que hace menos de un mes nadie daba un duro por ellas, que el objetivo era entrar en el preolímpico pero ni mucho menos soñar con alcanzar las semifinales o la final del campeonato del mundo. 

Había que sonreír, porque no solo era un logro inesperado que se habían ganado a pulso (sin favores de nadie, que quede claro) sino porque habían hecho historia. Las Guerreras, el equipo que inició ese apelativo, ya prácticamente se había extinguido. La plata conseguida en el Europeo de 2008 colocaba en el escaparate a nombres como Begoña Fernández (en el equipo ideal del torneo) o Marta Mangué (tercera máxima goleadora) y comenzaban a asomar referentes como Eli Pinedo, Carmen Martín o Macarena Aguilar. 

Aquel éxito en Macedonia, aunque sorprendente, no fue aislado. En 2011, de nuevo con Jorge Dueñas a la cabeza, se subieron por primera vez al podio en un Mundial logrando un bronce histórico al derrotar a Dinamarca (18-24) ya con Silvia Navarro como gran protagonista (hizo 19 paradas en aquel partido) y Carmen Martín anotando 10 de los 45 goles que le hicieron figurar en el top-5 de máximas anotadoras del torneo. Un año después volvían a hacer historia logrando medalla olímpica en los Juegos de Londres en un duelo agónico ante Corea del Sur, con dos prórrogas y con la meta suplente (Ciobanu) deteniendo cuatro penaltis. «Este equipo no había conseguido ni una medalla y en cuatro años hemos conseguido tres”, recalcó un emocionado Dueñas.

Al mítico seleccionador aún le daría tiempo a colgarse una más dos años después en el Europeo. Otra plata, de nuevo cayendo en la final ante Noruega, pero esta vez con todos los honores (28-25, con ventaja de dos goles en el descanso). En este torneo sobresalió Nerea Pena, MVP de la final, y una inagotable Carmen Martín (tercera máxima goleadora y en el once ideal del torneo). El metal logrado en Budapest parecía cerrar un ciclo, porque con el paso de los años figuras ilustres anunciaban su retirada al tiempo que la transición se hacía de lo más complicada y la falta de potenciación de la liga española terminaba por ser un lastre.

“En muchos casos las jugadoras se han visto obligadas a emigrar y las que están en España no tienen unas condiciones profesionales que sí existían en el ciclo anterior. Muchas no tienen una dedicación completa al balonmano”, dijo el propio Dueñas en febrero de 2017, el día de su despedida como seleccionador tras caer en primeras rondas del último Europeo y el último Mundial. Asumir la difícil tarea de renovar la plantilla y seguir luchando por las medallas pasó a cargo de Carlos Viver, que repitió los decepcionantes resultados de su predecesor en el Mundial de 2017 (11º) y el Europeo de 2018 (12º), este último con una absoluta revolución marcada por la juventud (hasta seis debutantes).

En Japón, como hemos dicho, las previsiones no eran favorables. España viajaba con el objetivo de asegurar una plaza en el preolímpico, ni más ni menos. La dolorosa ausencia de última hora de la goleadora Carmen Martín fue un golpe que dejó a las Guerreras sin sus máximas exponentes de los últimos años. Al paso del tiempo y a la criba de Viver sobrevivieron Silvia Navarro y Nerea Pena, además de una Alexandrina Barbosa que retornaba tras una lesión que le dejó fuera del Europeo. 

Pronto, las Guerreras demostraron que el espíritu de antaño seguía intacto. Como en 2008, España sorprendió desde el principio con victorias sin titubeos en la primera fase, logrando el pleno con un triunfo agónico ante Montenegro que le metía en la siguiente ronda como primera. Entonces empezó lo complicado, lo que marca la diferencia entre estar o no entre las mejores: empate con Suecia (tras dejar escapar una ventaja de seis en 11 minutos), victoria sufrida ante Japón y primera derrota frente a Rusia. Las de Viver necesitaban una victoria de Montenegro ante Suecia y se produjo: estaban en semifinales.

Si nadie las veía llegar lejos en este Mundial, menos todavía vencer a la todopoderosa Noruega, la bestia negra de España ¨(le ganó dos finales) y con diez medallas en su palmarés. La victoria, además de merecida, fue una exhibición en toda regla. España estaba en la primera final mundialista de su historia en plena transición, sin grandes figuras pero haciendo del colectivo su mayor arma. Considerada la mejor defensa, este torneo consagró a jugadoras como Lara González, la propia Alexandrina (hizo 60 goles y fue elegida en el ‘7’ ideal) y Mirella González. Esta nueva generación consiguió congregar a más de 800.000 personas frente al televisor (un 12,4% de share) para ver cómo luchaban por su primer título mundial.

Lo rozaron con los dedos tras un inicio fulgurante y un tramo final donde cualquier opción se echó a perder por un fallo en la definición y un grave error de las árbitras. Al final nadie las esperaba en el podio, pero caer de esa forma tan cruel evitó una felicidad completa. Con el tiempo, se valorará más esta plata. Puede ser el inicio de otra época de éxitos, con Tokio en el horizonte (hay que superar el preolímpico en marzo) y un nuevo Mundial en 2021, el más ilusionante al celebrarse en nuestro país. Hay motivos para sonreír.

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Los rostros de las jugadoras de la selección española de balonmano representaban en toda su expresión lo que significa el término agridulce. Estaban en el podio, con sus medallas de plata, sabiendo que hace menos de un mes nadie daba un duro por ellas, que el objetivo era entrar en el preolímpico pero ni mucho menos soñar con alcanzar las semifinales o la final del campeonato del mundo. 

Había que sonreír, porque no solo era un logro inesperado que se habían ganado a pulso (sin favores de nadie, que quede claro) sino porque habían hecho historia. Las Guerreras, el equipo que inició ese apelativo, ya prácticamente se había extinguido. La plata conseguida en el Europeo de 2008 colocaba en el escaparate a nombres como Begoña Fernández (en el equipo ideal del torneo) o Marta Mangué (tercera máxima goleadora) y comenzaban a asomar referentes como Eli Pinedo, Carmen Martín o Macarena Aguilar. 

Aquel éxito en Macedonia, aunque sorprendente, no fue aislado. En 2011, de nuevo con Jorge Dueñas a la cabeza, se subieron por primera vez al podio en un Mundial logrando un bronce histórico al derrotar a Dinamarca (18-24) ya con Silvia Navarro como gran protagonista (hizo 19 paradas en aquel partido) y Carmen Martín anotando 10 de los 45 goles que le hicieron figurar en el top-5 de máximas anotadoras del torneo. Un año después volvían a hacer historia logrando medalla olímpica en los Juegos de Londres en un duelo agónico ante Corea del Sur, con dos prórrogas y con la meta suplente (Ciobanu) deteniendo cuatro penaltis. «Este equipo no había conseguido ni una medalla y en cuatro años hemos conseguido tres”, recalcó un emocionado Dueñas.

Al mítico seleccionador aún le daría tiempo a colgarse una más dos años después en el Europeo. Otra plata, de nuevo cayendo en la final ante Noruega, pero esta vez con todos los honores (28-25, con ventaja de dos goles en el descanso). En este torneo sobresalió Nerea Pena, MVP de la final, y una inagotable Carmen Martín (tercera máxima goleadora y en el once ideal del torneo). El metal logrado en Budapest parecía cerrar un ciclo, porque con el paso de los años figuras ilustres anunciaban su retirada al tiempo que la transición se hacía de lo más complicada y la falta de potenciación de la liga española terminaba por ser un lastre.

“En muchos casos las jugadoras se han visto obligadas a emigrar y las que están en España no tienen unas condiciones profesionales que sí existían en el ciclo anterior. Muchas no tienen una dedicación completa al balonmano”, dijo el propio Dueñas en febrero de 2017, el día de su despedida como seleccionador tras caer en primeras rondas del último Europeo y el último Mundial. Asumir la difícil tarea de renovar la plantilla y seguir luchando por las medallas pasó a cargo de Carlos Viver, que repitió los decepcionantes resultados de su predecesor en el Mundial de 2017 (11º) y el Europeo de 2018 (12º), este último con una absoluta revolución marcada por la juventud (hasta seis debutantes).

En Japón, como hemos dicho, las previsiones no eran favorables. España viajaba con el objetivo de asegurar una plaza en el preolímpico, ni más ni menos. La dolorosa ausencia de última hora de la goleadora Carmen Martín fue un golpe que dejó a las Guerreras sin sus máximas exponentes de los últimos años. Al paso del tiempo y a la criba de Viver sobrevivieron Silvia Navarro y Nerea Pena, además de una Alexandrina Barbosa que retornaba tras una lesión que le dejó fuera del Europeo. 

Pronto, las Guerreras demostraron que el espíritu de antaño seguía intacto. Como en 2008, España sorprendió desde el principio con victorias sin titubeos en la primera fase, logrando el pleno con un triunfo agónico ante Montenegro que le metía en la siguiente ronda como primera. Entonces empezó lo complicado, lo que marca la diferencia entre estar o no entre las mejores: empate con Suecia (tras dejar escapar una ventaja de seis en 11 minutos), victoria sufrida ante Japón y primera derrota frente a Rusia. Las de Viver necesitaban una victoria de Montenegro ante Suecia y se produjo: estaban en semifinales.

Si nadie las veía llegar lejos en este Mundial, menos todavía vencer a la todopoderosa Noruega, la bestia negra de España ¨(le ganó dos finales) y con diez medallas en su palmarés. La victoria, además de merecida, fue una exhibición en toda regla. España estaba en la primera final mundialista de su historia en plena transición, sin grandes figuras pero haciendo del colectivo su mayor arma. Considerada la mejor defensa, este torneo consagró a jugadoras como Lara González, la propia Alexandrina (hizo 60 goles y fue elegida en el ‘7’ ideal) y Mirella González. Esta nueva generación consiguió congregar a más de 800.000 personas frente al televisor (un 12,4% de share) para ver cómo luchaban por su primer título mundial.

Lo rozaron con los dedos tras un inicio fulgurante y un tramo final donde cualquier opción se echó a perder por un fallo en la definición y un grave error de las árbitras. Al final nadie las esperaba en el podio, pero caer de esa forma tan cruel evitó una felicidad completa. Con el tiempo, se valorará más esta plata. Puede ser el inicio de otra época de éxitos, con Tokio en el horizonte (hay que superar el preolímpico en marzo) y un nuevo Mundial en 2021, el más ilusionante al celebrarse en nuestro país. Hay motivos para sonreír.

_Balonmano

Motivos para sonreír

David Orenes @david_lrl
16-12-2019

_Balonmano

Billete de vuelta

David Orenes @david_lrl
29-11-2019