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Momento Thiem

Se hace sencillo empatizar con los tenistas que luchan por romper la hegemonía del triunvirato cuajado por Federer, Djokovic y Nadal. Los que les han retado han acabado en la lona. Todo esto nos recuerda a cuando Andy Roddick, tras perder en una final de Wimbledon, aseguró que para superar a Federer tenía que emborracharlo. Quizás la solución radica en ir depositando un poquito de ginebra en las botellas que Nadal alinea minuciosamente. Aunque mejor todavía es mejor poseer el revés de Dominic Thiem.

El austríaco se ha erigido como un bastión en un deporte que, tarde o temprano, tiene que cambiar. Más que nada porque Djokovic no jugará en edad de jubilación. A sus 26 años, se ha convertido en una referencia en tierra, compitiéndole en un par de ocasiones finales a Nadal en Roland Garros, el lugar donde el manacorí canta odas a este deporte año tras año.  

Este curso, en su plena madurez, ha conseguido los mejores números de su carrera. Con cinco títulos bajo el brazo, a la espera de finalizar los ATP Finals, sumó su primer Masters 1000 de su carrera, en Indian Wells, ante Federer. Tan solo unos meses más tarde, arrancó una etapa plagada de éxitos: Barcelona, Kitzbühel, Pekín y Viena. En la ciudad condal, de hecho, eliminó a Nadal en semifinales en un torneo en el que mandaba con puño de hierro.

En los grandes, sin embargo, patinó. Más allá de la final en Roland Garros no pasó de ronda en los otros tres grandes. Quedándose fuera en Wimbledon y US Open a las primeras de cambio, Thiem trata de encumbrarse en las ATP Finals, el torneo de los elegidos. En un contexto complejo para él, en pista dura y con techo, ha arrancado de diez. Tras superar a Djokovic y a Federer, ya está clasificado para las semifinales a falta de un encuentro. Además de sus evidentes características para jugar al fondo de la pista, ha sumado a su elenco de cualidades el juego en la red cuando lleva la iniciativa. Todo ello, con el añadido de la suma de sus experiencias, que le ha dotado de una fuerza mental que le proporciona muchas victorias en tie breaks. Porque más allá de jugar muy pero que muy bien, es un ganador. Y lo demuestra día tras día. 

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Se hace sencillo empatizar con los tenistas que luchan por romper la hegemonía del triunvirato cuajado por Federer, Djokovic y Nadal. Los que les han retado han acabado en la lona. Todo esto nos recuerda a cuando Andy Roddick, tras perder en una final de Wimbledon, aseguró que para superar a Federer tenía que emborracharlo. Quizás la solución radica en ir depositando un poquito de ginebra en las botellas que Nadal alinea minuciosamente. Aunque mejor todavía es mejor poseer el revés de Dominic Thiem.

El austríaco se ha erigido como un bastión en un deporte que, tarde o temprano, tiene que cambiar. Más que nada porque Djokovic no jugará en edad de jubilación. A sus 26 años, se ha convertido en una referencia en tierra, compitiéndole en un par de ocasiones finales a Nadal en Roland Garros, el lugar donde el manacorí canta odas a este deporte año tras año.  

Este curso, en su plena madurez, ha conseguido los mejores números de su carrera. Con cinco títulos bajo el brazo, a la espera de finalizar los ATP Finals, sumó su primer Masters 1000 de su carrera, en Indian Wells, ante Federer. Tan solo unos meses más tarde, arrancó una etapa plagada de éxitos: Barcelona, Kitzbühel, Pekín y Viena. En la ciudad condal, de hecho, eliminó a Nadal en semifinales en un torneo en el que mandaba con puño de hierro.

En los grandes, sin embargo, patinó. Más allá de la final en Roland Garros no pasó de ronda en los otros tres grandes. Quedándose fuera en Wimbledon y US Open a las primeras de cambio, Thiem trata de encumbrarse en las ATP Finals, el torneo de los elegidos. En un contexto complejo para él, en pista dura y con techo, ha arrancado de diez. Tras superar a Djokovic y a Federer, ya está clasificado para las semifinales a falta de un encuentro. Además de sus evidentes características para jugar al fondo de la pista, ha sumado a su elenco de cualidades el juego en la red cuando lleva la iniciativa. Todo ello, con el añadido de la suma de sus experiencias, que le ha dotado de una fuerza mental que le proporciona muchas victorias en tie breaks. Porque más allá de jugar muy pero que muy bien, es un ganador. Y lo demuestra día tras día. 

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