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Messigualdad

Xavi Vallés @xavivalles14 10-12-2018

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Empieza el minuto quince de juego de un igualado derbi barcelonés. Sergio Busquets ve como Leo Messi se acerca a la zona del centro del campo para recibir y le hace entrega del balón. Han pasado tres segundos y el balón ya ha entrado en contacto con la bota izquierda del argentino.

Minuto 15:07. Justo después de una de sus habituales carreras en las que consigue zafarse de (mínimo) un par de rivales, y ante el desconcierto de un rival que no encuentra forma pararlo, Messi recibe una falta entre el espacio de tres cuartos de campo y el área grande. Para entendernos, esa zona en la que lleva una década siendo el arma de destrucción futbolística más precisa del mundo. 

Minuto 15:57. Tras un par de repeticiones televisivas, podemos ver a Messi en contacto con el balón. El argentino lo acaricia para colocarlo sobre el césped, mientras vislumbra las opciones que se le presentan en este momento. Es muy probable que ya tenga en la cabeza todo lo que va a pasar en los siguientes sesenta segundos. Es un genio y tiene esta facultad extraordinaria para ver, analizar y crear a partir de lo que sucede a su alrededor. Su compañero Luis Suárez se prepara desde el perfil derecho a modo de engaño, pese a que jugadores, técnicos y los 24.037 aficionados que están viendo el partido tienen claro que no va a ser el lanzador. El uruguayo y el argentino ni se miran, ya que los dos conocen el procedimiento a seguir en estos casos.

Minuto 16:00. La realización nos muestra un primer plano del mejor jugador de la historia. La mirada de Messi. Esa mirada que ya parece dibujar la trayectoria que después todos contemplaremos. Sigue en contacto con el balón. No se aleja de él mientras muestra el ya habitual gesto previo a un lanzamiento de falta: agachado, dirigiendo la mirada hacia la portería, examinado la composición de la barrera defensiva, estudiando la dirección y potencia que debe darle al balón para que pueda recorrer estos 24 metros de distancia que le separan de la red de la portería rival.

Minuto 16:22. Messi da tres pasos hacia atrás mientras el árbitro da por buena la barrera que se ha formado. Los que la conforman saben que la jugada puede tener un fatídico desenlace para ellos, así que se conjuran para tratar de impedir lo inevitable. Messi, desde su posición, percibe el obstáculo a sortear y revisa interiormente la ejecución que está a punto de llevar a cabo. El genio sabe qué va a pasar, sabe cómo debe tirar la falta. Ya ha detectado los puntos débiles de la formación de jugadores que tiene enfrente y constata que lo que él ya había imaginado unos segundos antes está a punto de producirse.

Minuto 16:33. Diego López se prepara para detener el lanzamiento. Sabe que es complicado que el argentino dirija el balón a su palo corto, ya que la posición de disparo invita al lanzador a buscar el palo más lejano. Así pues, tiene muy claro hacia qué lado debe tirarse. Sus casi dos metros de altura son su mayor baza para contrarrestar la (seguramente) excelente colocación que va a tener el disparo de Messi. Llega el momento. Se oye el pitido del árbitro y…

Minuto 16:39. El pie izquierdo más valioso del mundo entra en contacto con el esférico. El portero da un primer paso que casi podríamos definir como anticipatorio, acertando la dirección del balón. Ha iniciado el movimiento hacia lo que debe ser una de sus mejores paradas justo antes de que el balón logre sortear el salto de los jugadores de la barrera. Un balón que parece alcanzable hasta que, de forma maravillosamente inexplicable, se va enroscando hacia un punto al que va a ser imposible llegar.

Minuto 16:40. El balón se cuela por la escuadra perica, impactando en la red lateral de la portería a la vez que el portero constata que todo esfuerzo ha sido en vano. Un (gran) amigo que se encuentra a mi lado en este momento dice, tras la primera repetición que confirma que nos encontramos ante una auténtica obra de arte, que los goles de falta mejor ejecutados son aquellos en que la primera red donde el balón impacta es la lateral. Y me quedé con esta frase en la cabeza, entendiendo que lo que dirige el balón hacia allí es la rosca y el efecto que el jugador es capaz de darle, y que convierte el golpeo a la red lateral en algo tan efectivo como majestuoso des del el punto de vista estético.  

Minuto 16:45. Jordi Alba es el primer compañero que alcanza a Leo Messi. Entre dos y cuatro segundos después llegan todos los otros, que acaban formando un abrazo conjunto a su alrededor. Caras de asomo entre los nuevos, pese a haberle visto muchas veces a través de una pantalla. Caras de ‘lo ha vuelto a hacer’ entre los veteranos. Una más de Leo Messi, el mayor genio de este deporte al que no para de rendir tributo con su juego.  

Minuto 17:40. El balón echa a rodar de nuevo. Han pasado dos minutos y treinta y tres segundos desde que Messi recibió la falta al borde del área. Dos minutos y medio para romper con la supuesta igualdad con la que este año se quiso ‘vender’ el derbi barcelonés. Un contexto que, dada la buena trayectoria perica como local y las dudas que el conjunto culé viene mostrando en este inicio de Liga, parecía dar al Espanyol más opciones que nunca de acercarse y jugar de tú a tú al Barça. Un acercamiento que el de siempre se encargó de fulminar, corroborando que entre el Barça y sus rivales nunca hay igualdad o desigualdad, sino Messigualdad, que no es otra cosa que “la distancia que el argentino quiere y decide dar a dos equipos que se enfrentan”. Esta distancia que entre los dos equipos de Barcelona (y dentro de lo que un par de partidos al año representan) será remotamente lejana e insalvable mientras él decida seguir jugando al fútbol.

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Empieza el minuto quince de juego de un igualado derbi barcelonés. Sergio Busquets ve como Leo Messi se acerca a la zona del centro del campo para recibir y le hace entrega del balón. Han pasado tres segundos y el balón ya ha entrado en contacto con la bota izquierda del argentino.

Minuto 15:07. Justo después de una de sus habituales carreras en las que consigue zafarse de (mínimo) un par de rivales, y ante el desconcierto de un rival que no encuentra forma pararlo, Messi recibe una falta entre el espacio de tres cuartos de campo y el área grande. Para entendernos, esa zona en la que lleva una década siendo el arma de destrucción futbolística más precisa del mundo. 

Minuto 15:57. Tras un par de repeticiones televisivas, podemos ver a Messi en contacto con el balón. El argentino lo acaricia para colocarlo sobre el césped, mientras vislumbra las opciones que se le presentan en este momento. Es muy probable que ya tenga en la cabeza todo lo que va a pasar en los siguientes sesenta segundos. Es un genio y tiene esta facultad extraordinaria para ver, analizar y crear a partir de lo que sucede a su alrededor. Su compañero Luis Suárez se prepara desde el perfil derecho a modo de engaño, pese a que jugadores, técnicos y los 24.037 aficionados que están viendo el partido tienen claro que no va a ser el lanzador. El uruguayo y el argentino ni se miran, ya que los dos conocen el procedimiento a seguir en estos casos.

Minuto 16:00. La realización nos muestra un primer plano del mejor jugador de la historia. La mirada de Messi. Esa mirada que ya parece dibujar la trayectoria que después todos contemplaremos. Sigue en contacto con el balón. No se aleja de él mientras muestra el ya habitual gesto previo a un lanzamiento de falta: agachado, dirigiendo la mirada hacia la portería, examinado la composición de la barrera defensiva, estudiando la dirección y potencia que debe darle al balón para que pueda recorrer estos 24 metros de distancia que le separan de la red de la portería rival.

Minuto 16:22. Messi da tres pasos hacia atrás mientras el árbitro da por buena la barrera que se ha formado. Los que la conforman saben que la jugada puede tener un fatídico desenlace para ellos, así que se conjuran para tratar de impedir lo inevitable. Messi, desde su posición, percibe el obstáculo a sortear y revisa interiormente la ejecución que está a punto de llevar a cabo. El genio sabe qué va a pasar, sabe cómo debe tirar la falta. Ya ha detectado los puntos débiles de la formación de jugadores que tiene enfrente y constata que lo que él ya había imaginado unos segundos antes está a punto de producirse.

Minuto 16:33. Diego López se prepara para detener el lanzamiento. Sabe que es complicado que el argentino dirija el balón a su palo corto, ya que la posición de disparo invita al lanzador a buscar el palo más lejano. Así pues, tiene muy claro hacia qué lado debe tirarse. Sus casi dos metros de altura son su mayor baza para contrarrestar la (seguramente) excelente colocación que va a tener el disparo de Messi. Llega el momento. Se oye el pitido del árbitro y…

Minuto 16:39. El pie izquierdo más valioso del mundo entra en contacto con el esférico. El portero da un primer paso que casi podríamos definir como anticipatorio, acertando la dirección del balón. Ha iniciado el movimiento hacia lo que debe ser una de sus mejores paradas justo antes de que el balón logre sortear el salto de los jugadores de la barrera. Un balón que parece alcanzable hasta que, de forma maravillosamente inexplicable, se va enroscando hacia un punto al que va a ser imposible llegar.

Minuto 16:40. El balón se cuela por la escuadra perica, impactando en la red lateral de la portería a la vez que el portero constata que todo esfuerzo ha sido en vano. Un (gran) amigo que se encuentra a mi lado en este momento dice, tras la primera repetición que confirma que nos encontramos ante una auténtica obra de arte, que los goles de falta mejor ejecutados son aquellos en que la primera red donde el balón impacta es la lateral. Y me quedé con esta frase en la cabeza, entendiendo que lo que dirige el balón hacia allí es la rosca y el efecto que el jugador es capaz de darle, y que convierte el golpeo a la red lateral en algo tan efectivo como majestuoso des del el punto de vista estético.  

Minuto 16:45. Jordi Alba es el primer compañero que alcanza a Leo Messi. Entre dos y cuatro segundos después llegan todos los otros, que acaban formando un abrazo conjunto a su alrededor. Caras de asomo entre los nuevos, pese a haberle visto muchas veces a través de una pantalla. Caras de ‘lo ha vuelto a hacer’ entre los veteranos. Una más de Leo Messi, el mayor genio de este deporte al que no para de rendir tributo con su juego.  

Minuto 17:40. El balón echa a rodar de nuevo. Han pasado dos minutos y treinta y tres segundos desde que Messi recibió la falta al borde del área. Dos minutos y medio para romper con la supuesta igualdad con la que este año se quiso ‘vender’ el derbi barcelonés. Un contexto que, dada la buena trayectoria perica como local y las dudas que el conjunto culé viene mostrando en este inicio de Liga, parecía dar al Espanyol más opciones que nunca de acercarse y jugar de tú a tú al Barça. Un acercamiento que el de siempre se encargó de fulminar, corroborando que entre el Barça y sus rivales nunca hay igualdad o desigualdad, sino Messigualdad, que no es otra cosa que “la distancia que el argentino quiere y decide dar a dos equipos que se enfrentan”. Esta distancia que entre los dos equipos de Barcelona (y dentro de lo que un par de partidos al año representan) será remotamente lejana e insalvable mientras él decida seguir jugando al fútbol.

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