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Mejor llamar a Luis

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 05-10-2021

No contento con haberle dado LaLiga al Atlético de Madrid la pasada temporada con dos goles decisivos en los últimos dos partidos, Luis Suárez sigue jornada tras jornada con la rotunda necesidad de seguir quitando la razón a los que aún dudan de él. Son muchos, en una acera y en la otra, los que hablan ya del charrúa como jugador acabado, inoperante e incluso molesto para según qué tipo de compromisos, pero el delantero colchonero cerró ante su público una semana, o 10 días, mejor dicho, donde se quitó toda la presión, si es que la tenía, de un plumazo.

Primero enchufando dos goles ante el Getafe para certificar la remontada de los de Simeone ante los de Michel, luego marcando en Champions, donde no mojaba desde hacía un año y medio, el gol de la victoria en el último minuto para terminar haciendo valer la ley del ex ante el Barcelona con un gol y una asistencia que aúpa a los rojiblancos al liderato compartido y deja a los de Koeman, a quien dejó un pequeño recadito, algo más tocados.

Y es que Luis Suárez lleva colgando desde sus últimos dos años en Barcelona una etiqueta de jugador dudoso por la incertidumbre que levantan su juego y su estado físico. Castigado por las rodillas en el último tramo de su carrera en el Nou Camp y catalogado como inservible ya para el juego del equipo, lo cierto es que hay que echar la vista atrás 10 temporadas (su primer año completo en Liverpool) para encontrar un curso en el que haya bajado de los 20 goles marcados. Fiabilidad.

Eso fue lo que vio el Atlético para ficharlo el año pasado y por eso Simeone, sabedor de que el uruguayo tenía algo especial, no pudo ocultar soltar una carcajada cuando le dijeron que además llegaba prácticamente regalado. El episodio que se había vivido años atrás con David Villa se iba a repetir, pero el técnico argentino fue algo más paciente con el charrúa que con el asturiano cuando, en el tramo final de la temporada, Luis encadenó cinco partidos sin ver puerta para luego aparecer en la ya conocida ‘Zona Suárez’ y dejar el título en la parte rojiblanca de la capital. Los 21 goles que facturó solo le dejaron por detrás de Messi, Gerard Moreno y Benzema en la carrera por el Pichichi y supusieron muchos puntos valiosos para el título que él mismo certificó en Pucela. Ningún jugador le dio a un equipo tantos puntos directos como Suárez al Atlético el curso pasado, según Opta.

Pero la historia iba a empezar a repetirse. Seis partidos se habían jugado ya esta temporada y Luis Suárez solo había metido un gol, ante el Villarreal. Pólvora mojada. El retorno de Griezmann, la recuperación de Joao Félix, el momento idílico con el gol de Correa y la llegada de Cunha hacían que hubiera más opciones para elegir en punta que nunca y las críticas al uruguayo, muy residuales, eso sí, aparecieron incluso en el seno de su propia afición. Por eso Luis, sabedor de que ya volvía a estar en la picota, mandó callar a quien fuera que había hablado de más cuando su segundo gol en el Coliseum supuso una nueva remontada de la que él era máximo obrador.

El gesto no se repitió en Milán, pero el uruguayo se quitó una losa de encima cuando en el alargue tuvo la ocasión de ganar el partido desde unos 11 metros destruidos por el afán de los jugadores milanistas de destrozar el punto de penalti. El disparo salió mal, defectuoso, mordido. Pero entró. Y seis años después, Luis Suárez volvió a marcar en un campo rival en la máxima competición europea. Su primer gol con el Atlético en Champions, además, pues el año pasado se fue del torneo sin ver puerta.

No contento con ello, el sábado obró una nueva actuación de killer ante su ex equipo. Una asistencia a Lemar para abrir el partido y un gol de Pistolero para cerrarlo, poniendo el balón en el único hueco libre de la portería al que no habían llegado ni Ter Stegen ni los defensas. Entre medias, minutos y minutos donde combinó con el propio Lemar y Joao Félix para hacer enloquecer a la defensa culé. Y Luis no se olvidó. De nadie. Pidió un tremendo y sentido perdón a la que había sido su afición durante un lustro, no celebró el gol y luego hizo el gesto del teléfono. “Es para que la gente sepa que sigo usando el mismo número”, dijo. Dolido porque, tras cinco años, 13 títulos y casi 200 goles (el tercer máximo goleador histórico del club) y 100 asistencias, le habían despedido con una fría llamada de teléfono. Fue Koeman, quizás obligado por la situación financiera y por el entonces presidente Bartomeu. “Él iba filtrando que yo era el malo del vestuario”, revela. Una culpabilidad compartida de la que ahora se ha redimido por completo.

Cinco goles y una asistencia son los datos de Luis Suárez desde que ha comenzado el curso en diez partidos. Una cifra idéntica a la que tenía la temporada pasada cuando también había disputado 10 duelos. Con una pequeña salvedad. Entonces, el Atlético había jugado más partidos que él se había perdido por haber dado positivo en Covid y por un golpe en la rodilla que le dejó fuera también en algún que otro compromiso. Es decir, quedan más por jugarse. El dato, además, es también revelador. Ningún gol entonces sirvió para dar la victoria al Atlético, que los habría ganado todos igual sin las dianas del uruguayo. Los goles y asistencias de este curso han servido para dar directamente tres victorias y un empate. Luis Suárez tiene un año más, pero más ganas que nunca. “Guárdenme un sitio aquí, que quiero hacer historia”, dijo el día de su presentación, al conocer un muro del museo donde se dibujan las leyendas del Atlético. Camino va de ello.

Imagen de cabecera: Reuters

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No contento con haberle dado LaLiga al Atlético de Madrid la pasada temporada con dos goles decisivos en los últimos dos partidos, Luis Suárez sigue jornada tras jornada con la rotunda necesidad de seguir quitando la razón a los que aún dudan de él. Son muchos, en una acera y en la otra, los que hablan ya del charrúa como jugador acabado, inoperante e incluso molesto para según qué tipo de compromisos, pero el delantero colchonero cerró ante su público una semana, o 10 días, mejor dicho, donde se quitó toda la presión, si es que la tenía, de un plumazo.

Primero enchufando dos goles ante el Getafe para certificar la remontada de los de Simeone ante los de Michel, luego marcando en Champions, donde no mojaba desde hacía un año y medio, el gol de la victoria en el último minuto para terminar haciendo valer la ley del ex ante el Barcelona con un gol y una asistencia que aúpa a los rojiblancos al liderato compartido y deja a los de Koeman, a quien dejó un pequeño recadito, algo más tocados.

Y es que Luis Suárez lleva colgando desde sus últimos dos años en Barcelona una etiqueta de jugador dudoso por la incertidumbre que levantan su juego y su estado físico. Castigado por las rodillas en el último tramo de su carrera en el Nou Camp y catalogado como inservible ya para el juego del equipo, lo cierto es que hay que echar la vista atrás 10 temporadas (su primer año completo en Liverpool) para encontrar un curso en el que haya bajado de los 20 goles marcados. Fiabilidad.

Eso fue lo que vio el Atlético para ficharlo el año pasado y por eso Simeone, sabedor de que el uruguayo tenía algo especial, no pudo ocultar soltar una carcajada cuando le dijeron que además llegaba prácticamente regalado. El episodio que se había vivido años atrás con David Villa se iba a repetir, pero el técnico argentino fue algo más paciente con el charrúa que con el asturiano cuando, en el tramo final de la temporada, Luis encadenó cinco partidos sin ver puerta para luego aparecer en la ya conocida ‘Zona Suárez’ y dejar el título en la parte rojiblanca de la capital. Los 21 goles que facturó solo le dejaron por detrás de Messi, Gerard Moreno y Benzema en la carrera por el Pichichi y supusieron muchos puntos valiosos para el título que él mismo certificó en Pucela. Ningún jugador le dio a un equipo tantos puntos directos como Suárez al Atlético el curso pasado, según Opta.

Pero la historia iba a empezar a repetirse. Seis partidos se habían jugado ya esta temporada y Luis Suárez solo había metido un gol, ante el Villarreal. Pólvora mojada. El retorno de Griezmann, la recuperación de Joao Félix, el momento idílico con el gol de Correa y la llegada de Cunha hacían que hubiera más opciones para elegir en punta que nunca y las críticas al uruguayo, muy residuales, eso sí, aparecieron incluso en el seno de su propia afición. Por eso Luis, sabedor de que ya volvía a estar en la picota, mandó callar a quien fuera que había hablado de más cuando su segundo gol en el Coliseum supuso una nueva remontada de la que él era máximo obrador.

El gesto no se repitió en Milán, pero el uruguayo se quitó una losa de encima cuando en el alargue tuvo la ocasión de ganar el partido desde unos 11 metros destruidos por el afán de los jugadores milanistas de destrozar el punto de penalti. El disparo salió mal, defectuoso, mordido. Pero entró. Y seis años después, Luis Suárez volvió a marcar en un campo rival en la máxima competición europea. Su primer gol con el Atlético en Champions, además, pues el año pasado se fue del torneo sin ver puerta.

No contento con ello, el sábado obró una nueva actuación de killer ante su ex equipo. Una asistencia a Lemar para abrir el partido y un gol de Pistolero para cerrarlo, poniendo el balón en el único hueco libre de la portería al que no habían llegado ni Ter Stegen ni los defensas. Entre medias, minutos y minutos donde combinó con el propio Lemar y Joao Félix para hacer enloquecer a la defensa culé. Y Luis no se olvidó. De nadie. Pidió un tremendo y sentido perdón a la que había sido su afición durante un lustro, no celebró el gol y luego hizo el gesto del teléfono. “Es para que la gente sepa que sigo usando el mismo número”, dijo. Dolido porque, tras cinco años, 13 títulos y casi 200 goles (el tercer máximo goleador histórico del club) y 100 asistencias, le habían despedido con una fría llamada de teléfono. Fue Koeman, quizás obligado por la situación financiera y por el entonces presidente Bartomeu. “Él iba filtrando que yo era el malo del vestuario”, revela. Una culpabilidad compartida de la que ahora se ha redimido por completo.

Cinco goles y una asistencia son los datos de Luis Suárez desde que ha comenzado el curso en diez partidos. Una cifra idéntica a la que tenía la temporada pasada cuando también había disputado 10 duelos. Con una pequeña salvedad. Entonces, el Atlético había jugado más partidos que él se había perdido por haber dado positivo en Covid y por un golpe en la rodilla que le dejó fuera también en algún que otro compromiso. Es decir, quedan más por jugarse. El dato, además, es también revelador. Ningún gol entonces sirvió para dar la victoria al Atlético, que los habría ganado todos igual sin las dianas del uruguayo. Los goles y asistencias de este curso han servido para dar directamente tres victorias y un empate. Luis Suárez tiene un año más, pero más ganas que nunca. “Guárdenme un sitio aquí, que quiero hacer historia”, dijo el día de su presentación, al conocer un muro del museo donde se dibujan las leyendas del Atlético. Camino va de ello.

Imagen de cabecera: Reuters