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Mejor la guinda

José Miguel Capel @JCapCar 04-05-2018

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Escribo estas líneas aún envuelto en el éxtasis de haber
experimentado, junto a un grupo de amigos, el acceso del Real Madrid
a una nueva final de la Champions League. Será la cuarta final en las últimas
cinco temporadas y las tres anteriores cayeron del lado merengue. Discúlpenme
si les cuento que me parece algo bestial y que, les confieso, jamás pensé que podría
vivir.

Porque la Champions es el torneo por excelencia. Ese que todos desean y que sólo uno entre todos los grandes de Europa puede levantar
cada temporada. La competición más espectacular del planeta, aquella en la que
el ganador debe demostrar ser mejor en todas las formas de competición: liguilla,
ida y vuelta y partido único. Sin menospreciar el resto de competiciones, ganar
la Champions League es un reto mayúsculo y tal logro no se puede simplificar
aludiendo únicamente a la suerte o la minimización de esfuerzos. Recurrir a
dichas justificaciones solo es una muestra más del enorme deseo de los rivales
que así lo hacen de alcanzarla. Hacerlo a las conspiraciones arbitrales roza lo
esperpéntico.

Pues si, el Real Madrid ya alcanzó las 12 Copas de Europa, y
ahora podrá luchar en la final por alzar la 13, la tercera consecutiva y la
cuarta en las últimas cinco temporadas. Lo logre o no, valorar lo que supone
mantener tal regularidad en una competición de este calibre se convierte en
tarea compleja. La complejidad de poner en valor un hito de tal magnitud.

Evidentemente, a cualquier madridista le encantaría poder
ganar todos y cada uno de los títulos en liza cada temporada. Sin embargo,
también es obvio que cualquier aficionado del mejor club del mundo, contestaría
afirmativamente sin dudar si prefiere ganar la Champions League o alcanzar un
doblete en las demás competiciones. Me atrevería a decir que la gran mayoría de
aficionados de cualquier gran club de Europa estaría encantado de presumir de
ello. Ocurre que, cuando no la ganas, te sientes mejor si, consciente o
inconscientemente le restas valor a aquello que no logras.

Mejor la guinda. Si he de elegir, prefiero renunciar al
pastel para comer cada año únicamente la guinda, solo si he de elegir. Por
fortuna, en las últimas temporadas, el Madrid ha saboreado la guinda. Y me
encantaría volver a saborearla en la presente. Sin ánimo de restar mérito al
doblete del máximo rival, preferiré siempre la Champions League. No es una
competición más, es la competición por excelencia. Eso sí, disfrutemos todos,
cada uno de los éxitos de nuestro equipo. El mérito de alzarlos es enorme se
trate de la competición que se trate. Sin embargo, el prestigio de dominar
Europa jamás tendrá comparación. Y de eso, a nadie le debe caber ninguna duda. Pese
a que se empeñen en convencerse de lo contrario.

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Escribo estas líneas aún envuelto en el éxtasis de haber
experimentado, junto a un grupo de amigos, el acceso del Real Madrid
a una nueva final de la Champions League. Será la cuarta final en las últimas
cinco temporadas y las tres anteriores cayeron del lado merengue. Discúlpenme
si les cuento que me parece algo bestial y que, les confieso, jamás pensé que podría
vivir.

Porque la Champions es el torneo por excelencia. Ese que todos desean y que sólo uno entre todos los grandes de Europa puede levantar
cada temporada. La competición más espectacular del planeta, aquella en la que
el ganador debe demostrar ser mejor en todas las formas de competición: liguilla,
ida y vuelta y partido único. Sin menospreciar el resto de competiciones, ganar
la Champions League es un reto mayúsculo y tal logro no se puede simplificar
aludiendo únicamente a la suerte o la minimización de esfuerzos. Recurrir a
dichas justificaciones solo es una muestra más del enorme deseo de los rivales
que así lo hacen de alcanzarla. Hacerlo a las conspiraciones arbitrales roza lo
esperpéntico.

Pues si, el Real Madrid ya alcanzó las 12 Copas de Europa, y
ahora podrá luchar en la final por alzar la 13, la tercera consecutiva y la
cuarta en las últimas cinco temporadas. Lo logre o no, valorar lo que supone
mantener tal regularidad en una competición de este calibre se convierte en
tarea compleja. La complejidad de poner en valor un hito de tal magnitud.

Evidentemente, a cualquier madridista le encantaría poder
ganar todos y cada uno de los títulos en liza cada temporada. Sin embargo,
también es obvio que cualquier aficionado del mejor club del mundo, contestaría
afirmativamente sin dudar si prefiere ganar la Champions League o alcanzar un
doblete en las demás competiciones. Me atrevería a decir que la gran mayoría de
aficionados de cualquier gran club de Europa estaría encantado de presumir de
ello. Ocurre que, cuando no la ganas, te sientes mejor si, consciente o
inconscientemente le restas valor a aquello que no logras.

Mejor la guinda. Si he de elegir, prefiero renunciar al
pastel para comer cada año únicamente la guinda, solo si he de elegir. Por
fortuna, en las últimas temporadas, el Madrid ha saboreado la guinda. Y me
encantaría volver a saborearla en la presente. Sin ánimo de restar mérito al
doblete del máximo rival, preferiré siempre la Champions League. No es una
competición más, es la competición por excelencia. Eso sí, disfrutemos todos,
cada uno de los éxitos de nuestro equipo. El mérito de alzarlos es enorme se
trate de la competición que se trate. Sin embargo, el prestigio de dominar
Europa jamás tendrá comparación. Y de eso, a nadie le debe caber ninguna duda. Pese
a que se empeñen en convencerse de lo contrario.

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