_Italia

Más que los demás

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 20-12-2021

Después del bajón de rendimiento, en buena parte debido a las lesiones, que han vivido el Napoli y el Milan y la situación de una Atalanta que no termina de alcanzar la velocidad de crucero de la temporada pasada ni de hacer pesar con regularidad y solvencia sus certezas, el Inter de Simone Inzaghi ha puesto la directa, se ha adueñado del liderato, ha empezado a sacar músculo competitivo, a demostrar por qué es el vigente campeón y a dejar claro a todos sus contrincantes por el Scudetto que alberga en sus filas algo más que los demás. Más recursos tácticos, más alternativas para el plan principal, más fondo de armario, más costumbre de ganar, más solidez defensiva, más dominio desde la salida de pelota, más pegada y más gol.

La herencia de un grupo ganador, la continuidad de un sistema tan consolidado en muchos de sus automatismos y de sus fortalezas, el pulso de cirujano de Inzaghi para ajustar las tuercas necesarias, la productividad por encima del juego de Çalhanoglu, el buen papel de Dzeko como nueve, el liderazgo intenso de Lautaro, la aportación de secundarios de lujo como Perisic o Joaquín Correa, la consolidación de Barella entre los mejores centrocampistas del mundo, y la confirmación, a pesar de las ventas de muchos quilates, de una plantilla que prácticamente dobla sus puestos con absoluta garantía, a excepción quizá del metrónomo Brozovic y su talento a la hora de gobernar con balón o de aprovechar las marcas individuales sobre él para generar espacios verticales para el resto, ponen al Inter ante el espejo de un claro favoritismo.

El Inter está dominando la Serie A en muchos aspectos, destacando en las áreas, donde realmente se ganan las copas. Los lombardos producen un volumen sobresaliente arriba y transmiten una seguridad atrás cada vez más consolidada. Son el equipo del Calcio que más marca (solo Bayern y Liverpool han marcado más en sus ligas), más genera (4º de Europa tras Bayern, Liverpool y Manchester City en xG) y más remata (también 4º en las grandes ligas en tiros por partido). Y el segundo que menos recibe después del Napoli, aunque su diferencia entre goles marcados y recibidos (+33) y también entre goles esperados (xG) a favor y en contra (+21.7xG) no tiene parangón en Italia (el Napoli es segundo con +21 goles y +14.4xG). De nuevo, únicamente superado por Bayern y Liverpool en el primer caso y también por el City en el segundo. Unos datos de manifiesta superioridad que son de absoluta élite en Europa.

Para colmo, mientras sus rivales más directos parecen haberse estancando en su proyección de puntos, el Inter sigue creciendo a cada jornada. Uno de los márgenes de mejora en los que más ha trabajado Inzaghi respecto a Conte es en el papel y en la libertad ofensiva que da a sus dos interiores. “Nos ha dejado ser un poco más libres para expresarnos sobre el campo, nos ha dado la posibilidad de tomar decisiones después de dos años intensos en los que hemos trabajado siempre sobre los mismos conceptos”, declaraba Barella sobre los cambios en su rol.

Esta mayor iniciativa a la hora de imponer la lectura individual de cada jugador, que redunda en una búsqueda de la profundidad a través de los carriles interiores menos estandarizada, también se está extrapolando a los dos defensores centrales de fuera en el 3-5-2 de Inzaghi. Dos piezas que están pisando incluso área rival en ocasiones, con un Bastoni especialmente protagonista. Lo que pretende el exentrenador laziale es generar espacios amplios para sus interiores tras abrir el campo con los carrileros, y provocar saltos a la presión por parte del rival en su propia mitad después de que sus centrales exteriores hayan aprovechado la salida de balón para ganar metros en conducción y sobrepasar la primera línea de presión (y a veces también la segunda) gracias a esa valentía, esa libertad y a los movimientos rotatorios en la medular o a la profundidad por parte de sus compañeros con los que despejarles el camino.

Todo ello provoca que las opciones en tres cuartos de campo se multipliquen y que para sus adversarios resulte muy difícil, en ese punto de la acción en el que el central prácticamente ha alcanzado el pico del área, defender todo el ancho y contener desde posiciones estáticas a los futbolistas que llegan desde atrás, que se superponen. Una tarea más ardua si cabe si el propio Bastoni, Perisic o Çalhanoglu logran cambiar con tino y con el timing justo el juego hacia el otro costado, convertido ahora con Inzaghi en el lado asiduamente débil, en el que atacar con más ahínco sin balón con la capacidad para insertarse de Barella o la rapidez de un buen Dumfries.

El Inter, además, tiene muchos otros recursos futbolísticos interiorizados. Desde un juego aéreo ofensivo muy potente, pasando por las acciones de estrategia con el golpeo maravilloso de Çalhanoglu que tantas diferencias marca —con 15 goles es junto al Friburgo el equipo de las cinco grandes ligas que más marca a balón parado—, hasta llegar a la presencia en el punto de penalti que asegura Dzeko y los buenos centros laterales que pueden surtirle tanto el turco a rosca cerrada, como Perisic desde línea de fondo o incluso el tantas veces citado Bastoni, ya confirmado como uno de los centrales más decisivos con balón y en campo rival del mundo.

Sin olvidarnos, por supuesto, de la agilidad que presenta toda la estructura para desplegarse en transición, con jugadores de primerísimo nivel en la conducción con el cuero cosido al pie como Correa. Y por si todo ello no fuese suficiente, el Inter de Inzaghi tiene otra alternativa más en la facilidad de Edin Dzeko para jugar de espaldas, aunque lo haga la mayor parte de las veces en zonas cercanas al círculo central, dadoque esa superioridad del bosnio cuando interpone su cuerpo entre su marca y el balón suele obligar a los rivales de los nerazzurri a tener que sacar su línea defensiva más lejos de lo deseable. Una altura que beneficia el hecho de que Lautaro amenace su espalda con la arrancada propia su potente tren inferior, que Dumfries o Darmian ataquen a cuchillo los pasillos interiores, o que Çalhanoglu pueda recibir con un panorama más despejado, vea el fútbol de cara y llegue a armar la pierna en la frontal.

Una serie de movimientos que nacen de un cariz más colectivo de toda la propuesta, no tan dependiente de la cadena derecha (Hakimi) o de la figura casi totalizadora de su nueve y figura (Lukaku), como sucedía con Conte. Ahora todo está menos guionizado hasta el mínimo detalle, el manual de instrucciones es más corto, es un poco menos mecanizado y se otorga un mayor peso al jugador, dando como resultado un sistema más equilibrado entre sus dos mitades verticales y que involucra, también por necesidad, a más actores en su discurso principal.

La celebración o no de la Copa África, el peso de las lesiones en el devenir competitivo de los equipos, el ritmo de puntuación de un Milan que ya no tendrá que jugar entre semana y el fin de semana, el efecto normalmente inocuo del mercado invernal pero que podría suponer un plus decisivo en algunos casos muy concretos, o la velocidad que tome la posible evolución de la Juventus a pesar de los múltiples problemas de su juego y de que ahora mismo parece fuera de esta pelea por el título serán jueces a tener muy en cuenta en el desenlace del campeonato.

Sin embargo, si el Inter mantiene su marcha firme, si sale de una pieza de un mes y medio de competición en enero y febrero en el que se verá las caras con Lazio, Atalanta, Milan, Napoli y en la ida de los octavos de Champions ante el Liverpool, si sus rivales no logran compensar la distancia de nivel de su segunda unidad con un improbable sobreesfuerzo en materia de fichajes, si Spalletti, Gasperini o Pioli no encuentran la manera de sacarse un as de la manga en forma de individualidad o de matiz táctico para afilar sus sistemas y si Simone Inzaghi sigue confirmándose como el sustituto ideal de Conte, dada la situación en la que tomó las riendas del club, será difícil imaginar a otro campeón que no sea el cuadro nerazzurro. El camino aún es largo, pero el Inter lleva más provisiones que todos los demás en la mochila —tácticas, técnicas, productivas y cuantitativas— para conseguir llegar el primero a la cima. Nuevamente.

Imagen de cabecera: Inter

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Después del bajón de rendimiento, en buena parte debido a las lesiones, que han vivido el Napoli y el Milan y la situación de una Atalanta que no termina de alcanzar la velocidad de crucero de la temporada pasada ni de hacer pesar con regularidad y solvencia sus certezas, el Inter de Simone Inzaghi ha puesto la directa, se ha adueñado del liderato, ha empezado a sacar músculo competitivo, a demostrar por qué es el vigente campeón y a dejar claro a todos sus contrincantes por el Scudetto que alberga en sus filas algo más que los demás. Más recursos tácticos, más alternativas para el plan principal, más fondo de armario, más costumbre de ganar, más solidez defensiva, más dominio desde la salida de pelota, más pegada y más gol.

La herencia de un grupo ganador, la continuidad de un sistema tan consolidado en muchos de sus automatismos y de sus fortalezas, el pulso de cirujano de Inzaghi para ajustar las tuercas necesarias, la productividad por encima del juego de Çalhanoglu, el buen papel de Dzeko como nueve, el liderazgo intenso de Lautaro, la aportación de secundarios de lujo como Perisic o Joaquín Correa, la consolidación de Barella entre los mejores centrocampistas del mundo, y la confirmación, a pesar de las ventas de muchos quilates, de una plantilla que prácticamente dobla sus puestos con absoluta garantía, a excepción quizá del metrónomo Brozovic y su talento a la hora de gobernar con balón o de aprovechar las marcas individuales sobre él para generar espacios verticales para el resto, ponen al Inter ante el espejo de un claro favoritismo.

El Inter está dominando la Serie A en muchos aspectos, destacando en las áreas, donde realmente se ganan las copas. Los lombardos producen un volumen sobresaliente arriba y transmiten una seguridad atrás cada vez más consolidada. Son el equipo del Calcio que más marca (solo Bayern y Liverpool han marcado más en sus ligas), más genera (4º de Europa tras Bayern, Liverpool y Manchester City en xG) y más remata (también 4º en las grandes ligas en tiros por partido). Y el segundo que menos recibe después del Napoli, aunque su diferencia entre goles marcados y recibidos (+33) y también entre goles esperados (xG) a favor y en contra (+21.7xG) no tiene parangón en Italia (el Napoli es segundo con +21 goles y +14.4xG). De nuevo, únicamente superado por Bayern y Liverpool en el primer caso y también por el City en el segundo. Unos datos de manifiesta superioridad que son de absoluta élite en Europa.

Para colmo, mientras sus rivales más directos parecen haberse estancando en su proyección de puntos, el Inter sigue creciendo a cada jornada. Uno de los márgenes de mejora en los que más ha trabajado Inzaghi respecto a Conte es en el papel y en la libertad ofensiva que da a sus dos interiores. “Nos ha dejado ser un poco más libres para expresarnos sobre el campo, nos ha dado la posibilidad de tomar decisiones después de dos años intensos en los que hemos trabajado siempre sobre los mismos conceptos”, declaraba Barella sobre los cambios en su rol.

Esta mayor iniciativa a la hora de imponer la lectura individual de cada jugador, que redunda en una búsqueda de la profundidad a través de los carriles interiores menos estandarizada, también se está extrapolando a los dos defensores centrales de fuera en el 3-5-2 de Inzaghi. Dos piezas que están pisando incluso área rival en ocasiones, con un Bastoni especialmente protagonista. Lo que pretende el exentrenador laziale es generar espacios amplios para sus interiores tras abrir el campo con los carrileros, y provocar saltos a la presión por parte del rival en su propia mitad después de que sus centrales exteriores hayan aprovechado la salida de balón para ganar metros en conducción y sobrepasar la primera línea de presión (y a veces también la segunda) gracias a esa valentía, esa libertad y a los movimientos rotatorios en la medular o a la profundidad por parte de sus compañeros con los que despejarles el camino.

Todo ello provoca que las opciones en tres cuartos de campo se multipliquen y que para sus adversarios resulte muy difícil, en ese punto de la acción en el que el central prácticamente ha alcanzado el pico del área, defender todo el ancho y contener desde posiciones estáticas a los futbolistas que llegan desde atrás, que se superponen. Una tarea más ardua si cabe si el propio Bastoni, Perisic o Çalhanoglu logran cambiar con tino y con el timing justo el juego hacia el otro costado, convertido ahora con Inzaghi en el lado asiduamente débil, en el que atacar con más ahínco sin balón con la capacidad para insertarse de Barella o la rapidez de un buen Dumfries.

El Inter, además, tiene muchos otros recursos futbolísticos interiorizados. Desde un juego aéreo ofensivo muy potente, pasando por las acciones de estrategia con el golpeo maravilloso de Çalhanoglu que tantas diferencias marca —con 15 goles es junto al Friburgo el equipo de las cinco grandes ligas que más marca a balón parado—, hasta llegar a la presencia en el punto de penalti que asegura Dzeko y los buenos centros laterales que pueden surtirle tanto el turco a rosca cerrada, como Perisic desde línea de fondo o incluso el tantas veces citado Bastoni, ya confirmado como uno de los centrales más decisivos con balón y en campo rival del mundo.

Sin olvidarnos, por supuesto, de la agilidad que presenta toda la estructura para desplegarse en transición, con jugadores de primerísimo nivel en la conducción con el cuero cosido al pie como Correa. Y por si todo ello no fuese suficiente, el Inter de Inzaghi tiene otra alternativa más en la facilidad de Edin Dzeko para jugar de espaldas, aunque lo haga la mayor parte de las veces en zonas cercanas al círculo central, dadoque esa superioridad del bosnio cuando interpone su cuerpo entre su marca y el balón suele obligar a los rivales de los nerazzurri a tener que sacar su línea defensiva más lejos de lo deseable. Una altura que beneficia el hecho de que Lautaro amenace su espalda con la arrancada propia su potente tren inferior, que Dumfries o Darmian ataquen a cuchillo los pasillos interiores, o que Çalhanoglu pueda recibir con un panorama más despejado, vea el fútbol de cara y llegue a armar la pierna en la frontal.

Una serie de movimientos que nacen de un cariz más colectivo de toda la propuesta, no tan dependiente de la cadena derecha (Hakimi) o de la figura casi totalizadora de su nueve y figura (Lukaku), como sucedía con Conte. Ahora todo está menos guionizado hasta el mínimo detalle, el manual de instrucciones es más corto, es un poco menos mecanizado y se otorga un mayor peso al jugador, dando como resultado un sistema más equilibrado entre sus dos mitades verticales y que involucra, también por necesidad, a más actores en su discurso principal.

La celebración o no de la Copa África, el peso de las lesiones en el devenir competitivo de los equipos, el ritmo de puntuación de un Milan que ya no tendrá que jugar entre semana y el fin de semana, el efecto normalmente inocuo del mercado invernal pero que podría suponer un plus decisivo en algunos casos muy concretos, o la velocidad que tome la posible evolución de la Juventus a pesar de los múltiples problemas de su juego y de que ahora mismo parece fuera de esta pelea por el título serán jueces a tener muy en cuenta en el desenlace del campeonato.

Sin embargo, si el Inter mantiene su marcha firme, si sale de una pieza de un mes y medio de competición en enero y febrero en el que se verá las caras con Lazio, Atalanta, Milan, Napoli y en la ida de los octavos de Champions ante el Liverpool, si sus rivales no logran compensar la distancia de nivel de su segunda unidad con un improbable sobreesfuerzo en materia de fichajes, si Spalletti, Gasperini o Pioli no encuentran la manera de sacarse un as de la manga en forma de individualidad o de matiz táctico para afilar sus sistemas y si Simone Inzaghi sigue confirmándose como el sustituto ideal de Conte, dada la situación en la que tomó las riendas del club, será difícil imaginar a otro campeón que no sea el cuadro nerazzurro. El camino aún es largo, pero el Inter lleva más provisiones que todos los demás en la mochila —tácticas, técnicas, productivas y cuantitativas— para conseguir llegar el primero a la cima. Nuevamente.

Imagen de cabecera: Inter

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