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Maria Bueno: la ‘golondrina’ que voló hacia la gloria

David Sánchez @dasanchez__ 12-06-2018

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“Siempre serás la número uno del tenis en los corazones
de todos los brasileños”. Esa fue la frase con la que Michel Temer, Presidente
de Brasil, despidió, en su cuenta de Twitter, a la leyenda de los años 1960,
Maria Esther Andion Bueno, que, el pasado fin de semana, falleció a causa de un
cáncer a los 78 años de edad.

Fue la “Golondrina de Sao Paulo”, para algunos; la “Bailarina
del tenis”, para otros tantos, por su innegable habilidad para dominar la red.
Cerca de la malla, Bueno era una jugadora talentosa como pocas en la época.
Tanto fue así que en medio de una década plagada de estrellas en el tenis
femenino como Margaret Court, Virginia Wade o Billie Jean King, Maria se hizo
con un total de 19 Grand Slams, siete de ellos en individuales (tres Wimbledon
y cuatro US Championships).

Carismática como pocas a lo largo de la historia y gran
aficionada a la moda, llegó a ser la jugadora más prolífica y exitosa del tenis
suramericano. Su victoria en Wimbledon 1959, ante Darlene Hard (6-4 6-3), la
convirtió en la primera jugadora de la zona en alzar el título en el All
England Club.

El US Championships –actual Abierto de los Estados
Unidos- en el mismo año, la catapultó al número uno mundial por primera vez.
Repetiría en lo más alto de la tabla en los años 1960, 1964 y 1968 y estuvo,
entre las diez primeras del ranking, durante 10 años, de 1958 a 1968.

Pese a no tener entrenador, Bueno fue jugadora amateur en un momento en el que el tenis
estaba dividido. De un lado, los jugadores profesionales, que tenían vetada su
entrada en los Grand Slams, la Copa Davis o los Juegos Olímpicos a cambio de
competir de la mano de promotores que les garantizaban cuantiosas cantidades de
dinero y, del otro, jugadores amateur
que no cobraban por su participación en eventos –aunque, en la práctica,
algunos sí que lo hicieran ‘bajo cuerda’- y que llegaban a pasar auténticas
penurias en el circuito.

Prueba de ello es que Maria Bueno, en el año 1961, fue
noticia debido a que contrajo hepatitis durante la semana de competición en
Roland Garros. Al no tener dinero suficiente para pagarse un hospital, la
brasileña tuvo que recluirse, en cuarentena, en su hotel renunciando a poder
participar en Wimbledon. Permaneció ocho meses encamada.

Una de las muchas dolencias –después vendrían variopintas
lesiones en brazos y piernas- que acontecieron a esta jugadora pero que, en
cambio, prefería vivir en privado y sin queja alguna. Era una persona muy
reservada.

Después de un lapso de años sin jugar, retirada de los
focos, Bueno decidió probar suerte y volver al circuito –ya profesional- en el
año 1975. Regresó a Wimbledon en 1976, después de siete sin competir, donde
ganó tres rondas. “Siempre he amado el tenis y aún me encanta jugarlo. He
tenido mi gloria con él”, recordó un año más tarde en el mismo escenario.

Retirada del deporte en 1977, fue uno de los estandartes
brasileños en la transformación hacia el urbanismo del país y pronto se
convirtió en una habitual comentarista para el canal carioca SporTV. Aún, a la
edad de 76 años, reconocía jugar cuatro veces por semana a este deporte.

“No soy buena”, le afirmó tímida a The Associated Press
después de haber sido nombrada ‘Mejor Deportista del Año’ en 1959. “Tengo miedo
de todas con las que juego”. En los grandes momentos, también era así: sincera. 

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“Siempre serás la número uno del tenis en los corazones
de todos los brasileños”. Esa fue la frase con la que Michel Temer, Presidente
de Brasil, despidió, en su cuenta de Twitter, a la leyenda de los años 1960,
Maria Esther Andion Bueno, que, el pasado fin de semana, falleció a causa de un
cáncer a los 78 años de edad.

Fue la “Golondrina de Sao Paulo”, para algunos; la “Bailarina
del tenis”, para otros tantos, por su innegable habilidad para dominar la red.
Cerca de la malla, Bueno era una jugadora talentosa como pocas en la época.
Tanto fue así que en medio de una década plagada de estrellas en el tenis
femenino como Margaret Court, Virginia Wade o Billie Jean King, Maria se hizo
con un total de 19 Grand Slams, siete de ellos en individuales (tres Wimbledon
y cuatro US Championships).

Carismática como pocas a lo largo de la historia y gran
aficionada a la moda, llegó a ser la jugadora más prolífica y exitosa del tenis
suramericano. Su victoria en Wimbledon 1959, ante Darlene Hard (6-4 6-3), la
convirtió en la primera jugadora de la zona en alzar el título en el All
England Club.

El US Championships –actual Abierto de los Estados
Unidos- en el mismo año, la catapultó al número uno mundial por primera vez.
Repetiría en lo más alto de la tabla en los años 1960, 1964 y 1968 y estuvo,
entre las diez primeras del ranking, durante 10 años, de 1958 a 1968.

Pese a no tener entrenador, Bueno fue jugadora amateur en un momento en el que el tenis
estaba dividido. De un lado, los jugadores profesionales, que tenían vetada su
entrada en los Grand Slams, la Copa Davis o los Juegos Olímpicos a cambio de
competir de la mano de promotores que les garantizaban cuantiosas cantidades de
dinero y, del otro, jugadores amateur
que no cobraban por su participación en eventos –aunque, en la práctica,
algunos sí que lo hicieran ‘bajo cuerda’- y que llegaban a pasar auténticas
penurias en el circuito.

Prueba de ello es que Maria Bueno, en el año 1961, fue
noticia debido a que contrajo hepatitis durante la semana de competición en
Roland Garros. Al no tener dinero suficiente para pagarse un hospital, la
brasileña tuvo que recluirse, en cuarentena, en su hotel renunciando a poder
participar en Wimbledon. Permaneció ocho meses encamada.

Una de las muchas dolencias –después vendrían variopintas
lesiones en brazos y piernas- que acontecieron a esta jugadora pero que, en
cambio, prefería vivir en privado y sin queja alguna. Era una persona muy
reservada.

Después de un lapso de años sin jugar, retirada de los
focos, Bueno decidió probar suerte y volver al circuito –ya profesional- en el
año 1975. Regresó a Wimbledon en 1976, después de siete sin competir, donde
ganó tres rondas. “Siempre he amado el tenis y aún me encanta jugarlo. He
tenido mi gloria con él”, recordó un año más tarde en el mismo escenario.

Retirada del deporte en 1977, fue uno de los estandartes
brasileños en la transformación hacia el urbanismo del país y pronto se
convirtió en una habitual comentarista para el canal carioca SporTV. Aún, a la
edad de 76 años, reconocía jugar cuatro veces por semana a este deporte.

“No soy buena”, le afirmó tímida a The Associated Press
después de haber sido nombrada ‘Mejor Deportista del Año’ en 1959. “Tengo miedo
de todas con las que juego”. En los grandes momentos, también era así: sincera. 

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