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Madre y futbolista

Con el Día internacional de la Mujer a la vuelta de la esquina, una
jugadora ha destrozado todos los tabús y se ha convertido en un ejemplo a
seguir para muchas deportistas. Se trata de Sydney Leroux y las imágenes en las
que aparece embarazada de casi seis meses y vestida de corto en el campo de
entrenamiento de Orlando Pride, que se han convertido en virales.

En realidad, hace años que Sydney (Surrey, 1990) utiliza las redes sociales
para concienciar al mundo del deporte de la importancia de normalizar algo que
antes parecía imposible: Ser madre y deportista. A las mujeres se le han puesto
obstáculos de todos los colores para que alcancen sus sueños, más si cabe para
las deportistas. ¿Puede un futbolista disfrutar de lo que más le gusta y formar
una familia? ¿Puede una futbolista hacer lo mismo? Leroux ha demostrado que sí.

No ha sido una carrera fácil la de la delantera canadiense. Nacida en un
suburbio de Vancouver en el seno de una familia que vivía por y para el deporte
(su padre era jugador de béisbol profesional y su madre jugadora de la
selección canadiense de softbol), pronto entendió que su vida iba a estar
ligada a un balón, en este caso de fútbol. A los 14 años ya estaba jugando, con
el apellido y el país de su madre, la Copa del Mundo sub-19 en Tailandia,
torneo en el que precisamente debutó España y en el que logró su primera
victoria internacional (2-1 ante Corea del Sur con dos goles de Jade Boho).

Sin embargo, el destino de Sydney Leroux iba a estar lejos de su tierra. Un
año después, emigró a Estados Unidos, el país de la mejor selección del
planeta. Tuvo que apartarse de sus padres y vivir en diferentes familias de
acogida en Arizona. Muchas veces se planteó volver. «Recuerdo empaquetar mis
maletas una y otra vez porque solo quería volver a casa (…) Mi madre me
prometía que valdría la pena, pero yo no la creía. Por suerte mamá siempre
tiene razón”, recuerda.

Nada aviva más la persecución de un sueño que te digan que no puedes
conseguirlo. Muchos de sus entrenadores le dijeron que lo mejor era volver a
Canadá, que en Estados Unidos había demasiadas jugadoras como ella y mejores.
“Eso encendió un fuego dentro de mí. No lo había abandonado para rendirme”.
Cuatro años después, Sydney disputaba el Mundial sub-20 con Estados Unidos
proclamándose campeona y siendo nombrada mejor jugadora y máxima anotadora del
torneo. Marcó cinco goles, dos en cuartos uno en semifinales y otro en la
final. Le quitó protagonismo a la mismísima Álex Morgan, Balón de plata
entonces.

Tuvieron que pasar otros cuatro años para verse en una lista para un torneo
importante con la absoluta. Nada menos que los Juegos Olímpicos de Londres,
donde marcó un gol en cuartos de final que sentenciaba el choque ante Nueva
Zelanda y cuya imagen en la celebración representó la pasión y emoción de todo
un país. Sydney, con los ojos como platos y la boca abierta de par en par,
comenzó a aparecer en las fotos de perfil de muchas de sus compañeras, entre
ellas la legendaria Abby Wambach.

Tras lograr el oro olímpico, Leroux inició su camino en la mejor liga del
mundo. Fichó por el Boston Breakers y logró el primer hat-trick de la historia
del torneo, además de acabar entre las máximas goleadoras del torneo (solo
Lauren Holiday hizo más). Una lesión lastró su temporada siguiente, aunque
llegó a tiempo al Mundial 2015 que se celebró nada menos que en Canadá. Leroux
empezó siendo titular pero acabó perdiendo protagonismo en la tierra que le vio
nacer, la misma que le abuchea por elegir jugar en el país vecino. “Lo peor que
pueden hacer es abuchearme y tratar de hacerme sentir mal, porque eso me da más
hambre”, reconoció en su momento. Las anfitrionas cayeron en cuartos ante
Inglaterra y las yankees se proclamaron de nuevo campeonas con Carli Lloyd como
estrella.

Su producción goleadora ha disminuido en los últimos años, jugando para
diferentes equipos hasta su llegada al Orlando Pride, donde comparte delantera
con la brasileña Marta y con la archiconocida Álex Morgan. Ha sido allí donde
ha comenzado a visibilizar los problemas que afectan a las mujeres deportistas
a la hora de formar una familia, tal y como hicieron sus padres. Como su esposo
también es futbolista (Dom Dwyer, también juega en Orlando en la MLS), tuvieron
que ingeniárselas para tener un hijo (Cassius) antes de pasar por el momento
más difícil de sus vidas.

Cuando todos pensaban que Sydney había estado un mes de baja en Orlando por
una enfermedad, a su vuelta la delantera canadiense confesó su dolor: Había
sufrido un aborto espontáneo. “Llegué a preguntarme si el dolor emocional
podría matarme”, publicó en redes sociales, en un acto de valor que sirvió de
ejemplo y ayuda para muchas que han pasado por lo mismo (una de cada cuatro en
el mundo). «Hoy rompemos el silencio y honramos a todos nuestros bebés que
perdimos demasiado pronto», concluyó.

Aquello sucedió en septiembre
de 2018. Dos meses después anunció que volvía a estar embarazada en una
publicación maravillosa en Instagram, con su primer hijo, Cassius, llorando con
la ecografía en sus manos. “No te preocupes, Cassius. Mamá y papá lloraron
también”. Han pasado unos meses desde entonces, y la pretemporada de la NWSL ya
ha comenzado. Sydney se ha perdido muchos partidos y ya no puede más. Quiere
seguir disfrutando de lo que más le gusta. “Mi obstetra sabe más que la gente
en twitter diciéndome lo que no debería hacer con MI cuerpo”, respondió en
redes sociales. Palabra de madre y futbolista.

Imagen de cabecera: Sydney Leroux

Alicante, 1991. Mi madre siempre me decía: "No sé por qué lloras por el fútbol, sino te da de comer". Desde entonces lucho por ser periodista deportivo, para vivir de mis pasiones (y llevarle un poco la contraria).

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