_Getafe

Los renglones torcidos del balón

El fútbol es imprevisible. Es por eso que el balón nos vuelve locos. Una remontada épica fuera de casa, resistir media hora con un jugador menos, un disparo desde la frontal que rebota en un defensa y acaba significando el gol de la victoria. Miles de desenlaces posibles frente a un mismo escenario. Una orgía de sensaciones que nos tiene en vilo partido sí, partido también.

La pelota, rebelde, no se adhiere a lógica alguna. A pesar del esfuerzo exhaustivo de los analistas en intentar adivinar cómo va a transcurrir un encuentro, el destino se empeña en tomar su propio camino. Hace algún tiempo que los partidos entre Getafe y Valencia se han convertido en encuentros de máxima rivalidad. Con el recuerdo de aquella final de Copa en 2008 que enfrentó a ambos equipos, los últimos choques han sido de alto voltaje.

José Bordalás devolvió a los azulones a la élite en 2017 y, desde entonces, no ha habido un enfrentamiento contra los che que no haya sido un carrusel de acontecimientos inesperados.

El primero de ellos acabó con victoria getafense en el Coliseum después de aguantar más de una hora de partido con un hombre menos por expulsión de Arambarri. En la siguiente temporada, un penati revisado por el VAR lo transformó Parejo para dar 3 puntos al Valencia. Más leña al fuego. Cuando crees que lo has visto todo en la vida, llega Don Fútbol para ponerte en tu sitio. Con el 2018 todavía desperezándose, Getafe y Valencia debían enfrentarse en los ¼ de final de la Copa. Con dos goles de ventaja azulona, se llegó al minuto 90 de partido. Los soldados de Bordalás debían resistir el tiempo de añadido. Dos goles de Rodrigo Moreno incendiaron las gradas de Mestalla en un final apoteósico que escapaba a toda razón. Unos minutos vividos al límite, con la tensión desbordada de los protagonistas que acabaron enzarzados en una enorme tangana al final del choque.

El eterno anhelo del ser humano es encontrar el equilibrio. Nos pasamos la vida buscando la estabilidad, huyendo de los contratiempos inesperados para abrazar la paz interior que nos permite pasar los días con tranquilidad. Nada de eso ocurre en el balompié, y menos todavía en los Valencia – Getafe. En un partido marcado por el descontento de la afición che por la gestión del club y la venta de Kondogbia al Atlético de Madrid, podía parecer que el duelo de anoche iba a transcurrir sin mayores sobresaltos en el césped. Ilusos.

Se adelantó el Valencia, en un cabalgada imposible de Yunus. Nada hacía sospechar que el partido estuviera a punto de entrar en erupción. Cuando Correia vio la segunda amarilla todos sabíamos que estábamos ante un momento clave. Que algo extraordinario estaba a punto de ocurrir. Le dio la vuelta al marcador el Getafe en el tiempo de descuento en un final agónico. Pero el guionista de los partidos entre ches y azulones es un enfermo retorcido, capaz de llevar la locura un paso más allá. Un penalti de Djené en el minuto 96 y una expulsión de Damián Suárez por protestar fueron la antesala del gol de Carlos Soler desde los 11 metros en la última jugada del partido. Otro desenlace inverosímil con Mestalla vacío como testigo. Otro Getafe Valencia de locos, fuera de toda lógica. Son los renglones torcidos del balón.

Imagen de cabecera: Eric Alonso/Getty Images

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El fútbol es imprevisible. Es por eso que el balón nos vuelve locos. Una remontada épica fuera de casa, resistir media hora con un jugador menos, un disparo desde la frontal que rebota en un defensa y acaba significando el gol de la victoria. Miles de desenlaces posibles frente a un mismo escenario. Una orgía de sensaciones que nos tiene en vilo partido sí, partido también.

La pelota, rebelde, no se adhiere a lógica alguna. A pesar del esfuerzo exhaustivo de los analistas en intentar adivinar cómo va a transcurrir un encuentro, el destino se empeña en tomar su propio camino. Hace algún tiempo que los partidos entre Getafe y Valencia se han convertido en encuentros de máxima rivalidad. Con el recuerdo de aquella final de Copa en 2008 que enfrentó a ambos equipos, los últimos choques han sido de alto voltaje.

José Bordalás devolvió a los azulones a la élite en 2017 y, desde entonces, no ha habido un enfrentamiento contra los che que no haya sido un carrusel de acontecimientos inesperados.

El primero de ellos acabó con victoria getafense en el Coliseum después de aguantar más de una hora de partido con un hombre menos por expulsión de Arambarri. En la siguiente temporada, un penati revisado por el VAR lo transformó Parejo para dar 3 puntos al Valencia. Más leña al fuego. Cuando crees que lo has visto todo en la vida, llega Don Fútbol para ponerte en tu sitio. Con el 2018 todavía desperezándose, Getafe y Valencia debían enfrentarse en los ¼ de final de la Copa. Con dos goles de ventaja azulona, se llegó al minuto 90 de partido. Los soldados de Bordalás debían resistir el tiempo de añadido. Dos goles de Rodrigo Moreno incendiaron las gradas de Mestalla en un final apoteósico que escapaba a toda razón. Unos minutos vividos al límite, con la tensión desbordada de los protagonistas que acabaron enzarzados en una enorme tangana al final del choque.

El eterno anhelo del ser humano es encontrar el equilibrio. Nos pasamos la vida buscando la estabilidad, huyendo de los contratiempos inesperados para abrazar la paz interior que nos permite pasar los días con tranquilidad. Nada de eso ocurre en el balompié, y menos todavía en los Valencia – Getafe. En un partido marcado por el descontento de la afición che por la gestión del club y la venta de Kondogbia al Atlético de Madrid, podía parecer que el duelo de anoche iba a transcurrir sin mayores sobresaltos en el césped. Ilusos.

Se adelantó el Valencia, en un cabalgada imposible de Yunus. Nada hacía sospechar que el partido estuviera a punto de entrar en erupción. Cuando Correia vio la segunda amarilla todos sabíamos que estábamos ante un momento clave. Que algo extraordinario estaba a punto de ocurrir. Le dio la vuelta al marcador el Getafe en el tiempo de descuento en un final agónico. Pero el guionista de los partidos entre ches y azulones es un enfermo retorcido, capaz de llevar la locura un paso más allá. Un penalti de Djené en el minuto 96 y una expulsión de Damián Suárez por protestar fueron la antesala del gol de Carlos Soler desde los 11 metros en la última jugada del partido. Otro desenlace inverosímil con Mestalla vacío como testigo. Otro Getafe Valencia de locos, fuera de toda lógica. Son los renglones torcidos del balón.

Imagen de cabecera: Eric Alonso/Getty Images

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¿Dónde está Getafe?

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
26-04-2021

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Los renglones torcidos del balón

Alberto Edjogo-Owono @albertoowono
02-11-2020