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Los lobos de Jorge Mendes

Álvaro Ramírez @TheRebelDelgado 17-04-2018

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El Wolverhampton
Wanderers celebró su ascenso a la Premier League con una victoria en casa
frente al Birmingham el domingo. Era el colofón deseado después de que el
Fulham les hiciese el favor el sábado de pinchar frente al Brentford y
concederles la promoción matemática a la máxima categoría del fútbol inglés.
Una promoción, por otra parte, que parecía cantada desde hacía mucho tiempo.

Los Wolves, que no pisan
la primera división desde 2012, han dominado la Championship con mano de hierro
y podrían terminar la competición con un récord de 104 puntos en su casillero.
Pero lo que ha sido una temporada de ensueño para el club y sus aficionados, se
ha visto con recelo entre sus competidores y, ahora mismo, es un tema de primer
orden del día para los 19 equipos con los que compartirá categoría a partir de
la temporada 2018-19. Toca rebobinar.

Si hay algo que
preocupa a los rivales de los Wolves es el grupo de inversión que los dirige y
sus compañeros de viaje. Aunque sería más correcto decir SU compañero de viaje.
Fosun International aterriza en el club de las West Midlands en 2016, en el
momento exacto en el que el club languidecía en la segunda división después de
haber sufrido el infierno de la League One.

Fosun International es
un conglomerado de compañías inversionistas china que tiene como cabeza visible
al magnate Guo Guangchang, cuya fortuna se ha cifrado, euro arriba, euro abajo,
en 10.000 millones. Esto es, a la altura de los dueños más acaudalados de los
clubes ingleses.

Fosun vio una
oportunidad en el Wolverhampton, con el que se quedó tras pagar unos 54
millones de euros a Steve Morgan, antiguo propietario del club, y su compañía
Bridgemere Group. Pero no era la primera incursión de Fosun en el planeta del
fútbol.

El conglomerado de
Guangchang, a través de Foyo Culture and Entertainment, una de sus firmas
subsidiarias, entró con un porcentaje del 20% en el accionariado de Gestifute,
la famosa y omnipresente agencia del portugués Jorge Mendes que, entre otros,
lleva a figuras de la talla de Cristiano Ronaldo o José Mourinho. A partir de
ahí, todo pareció dar un giro impactante, aunque no inesperado.

El banquillo pasó a
ocuparlo Nuno Espírito Santo, al que en España vimos entrenando al Valencia, y
al equipo fueron llegando jugadores como Rubén Neves, centrocampista del Oporto
que costó 18 millones de euros, cifra récord en la Championship, o Diogo Jota,
un chaval que no llegó a debutar en partido oficial con la camiseta rojiblanca
y que dejó 14 kilos en las arcas del Atlético de Madrid.

Y llegaron los
problemas. La voz de alarma la dio Andrea Radrizzani, propietario del Leeds
United, quien buscó apoyos entre los clubes de la categoría y pidió firmemente
a la federación inglesa que investigase la realidad de la influencia de Jorge
Mendes en la política deportiva del Wolverhampton, un punto estrictamente
prohibido por las reglas del campeonato. Steve Bruce, entrenador del Aston
Villa, aunque no quiso mojarse demasiado, también dejó caer la relación entre
Jorge Mendes y los fichajes que llegaban al equipo de los Lobos como maná caído
del cielo y que, en definitiva, le daban ese punto de solvencia en el torneo.

De esta manera, los
grandes de la Premier, conocidos como Big Six (Manchester United, Manchester
City, Liverpool, Chelsea, Tottenham y Arsenal), andan con la mosca detrás de la
oreja. Lo cierto es que no hay rastro de Jorge Mendes en la nómina del
Wolverhampton, por lo que es difícil que alguien pueda inmiscuirse en sus
negocios con el club. No obstante, el recelo sigue existiendo por que su sombra
es demasiado alargada y porque las parcelas de poder llevan un tiempo
repartidas. El temor es aún mayor cuando, en medio de la fiesta que te permite
un ascenso a la máxima categoría, los que llevan las riendas ya te aseguran que
darán mucha guerra en la Premier League. Y en esa guerra muchos ven una
interferencia peligrosa en el mercado de fichajes veraniego, la gran batalla
antes del pistoletazo de salida de la nueva campaña liguera. El Wolverhampton
está de vuelta y sus aullidos son más fuertes que nunca.

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El Wolverhampton
Wanderers celebró su ascenso a la Premier League con una victoria en casa
frente al Birmingham el domingo. Era el colofón deseado después de que el
Fulham les hiciese el favor el sábado de pinchar frente al Brentford y
concederles la promoción matemática a la máxima categoría del fútbol inglés.
Una promoción, por otra parte, que parecía cantada desde hacía mucho tiempo.

Los Wolves, que no pisan
la primera división desde 2012, han dominado la Championship con mano de hierro
y podrían terminar la competición con un récord de 104 puntos en su casillero.
Pero lo que ha sido una temporada de ensueño para el club y sus aficionados, se
ha visto con recelo entre sus competidores y, ahora mismo, es un tema de primer
orden del día para los 19 equipos con los que compartirá categoría a partir de
la temporada 2018-19. Toca rebobinar.

Si hay algo que
preocupa a los rivales de los Wolves es el grupo de inversión que los dirige y
sus compañeros de viaje. Aunque sería más correcto decir SU compañero de viaje.
Fosun International aterriza en el club de las West Midlands en 2016, en el
momento exacto en el que el club languidecía en la segunda división después de
haber sufrido el infierno de la League One.

Fosun International es
un conglomerado de compañías inversionistas china que tiene como cabeza visible
al magnate Guo Guangchang, cuya fortuna se ha cifrado, euro arriba, euro abajo,
en 10.000 millones. Esto es, a la altura de los dueños más acaudalados de los
clubes ingleses.

Fosun vio una
oportunidad en el Wolverhampton, con el que se quedó tras pagar unos 54
millones de euros a Steve Morgan, antiguo propietario del club, y su compañía
Bridgemere Group. Pero no era la primera incursión de Fosun en el planeta del
fútbol.

El conglomerado de
Guangchang, a través de Foyo Culture and Entertainment, una de sus firmas
subsidiarias, entró con un porcentaje del 20% en el accionariado de Gestifute,
la famosa y omnipresente agencia del portugués Jorge Mendes que, entre otros,
lleva a figuras de la talla de Cristiano Ronaldo o José Mourinho. A partir de
ahí, todo pareció dar un giro impactante, aunque no inesperado.

El banquillo pasó a
ocuparlo Nuno Espírito Santo, al que en España vimos entrenando al Valencia, y
al equipo fueron llegando jugadores como Rubén Neves, centrocampista del Oporto
que costó 18 millones de euros, cifra récord en la Championship, o Diogo Jota,
un chaval que no llegó a debutar en partido oficial con la camiseta rojiblanca
y que dejó 14 kilos en las arcas del Atlético de Madrid.

Y llegaron los
problemas. La voz de alarma la dio Andrea Radrizzani, propietario del Leeds
United, quien buscó apoyos entre los clubes de la categoría y pidió firmemente
a la federación inglesa que investigase la realidad de la influencia de Jorge
Mendes en la política deportiva del Wolverhampton, un punto estrictamente
prohibido por las reglas del campeonato. Steve Bruce, entrenador del Aston
Villa, aunque no quiso mojarse demasiado, también dejó caer la relación entre
Jorge Mendes y los fichajes que llegaban al equipo de los Lobos como maná caído
del cielo y que, en definitiva, le daban ese punto de solvencia en el torneo.

De esta manera, los
grandes de la Premier, conocidos como Big Six (Manchester United, Manchester
City, Liverpool, Chelsea, Tottenham y Arsenal), andan con la mosca detrás de la
oreja. Lo cierto es que no hay rastro de Jorge Mendes en la nómina del
Wolverhampton, por lo que es difícil que alguien pueda inmiscuirse en sus
negocios con el club. No obstante, el recelo sigue existiendo por que su sombra
es demasiado alargada y porque las parcelas de poder llevan un tiempo
repartidas. El temor es aún mayor cuando, en medio de la fiesta que te permite
un ascenso a la máxima categoría, los que llevan las riendas ya te aseguran que
darán mucha guerra en la Premier League. Y en esa guerra muchos ven una
interferencia peligrosa en el mercado de fichajes veraniego, la gran batalla
antes del pistoletazo de salida de la nueva campaña liguera. El Wolverhampton
está de vuelta y sus aullidos son más fuertes que nunca.

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