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Los Lakers y los superequipos ¿A la tercera va la vencida?

César Martín @CesarMrtn 07-07-2018

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La llegada de LeBron James a los
Lakers vuelve a poner a la franquicia de oro y púrpura en el epicentro de la
NBA. Un fichaje que ha sonado con fuerza durante todo el año y que ya es una
realidad. El hermano rico de L.A. ha vivido los cinco años más oscuros de su
ilustre vida, si bien es cierto que el último curso ya había arrojado rayos de
esperanza sobre el Staples Center. Con LeBron, esta etapa queda atrás.

El Efecto LeBron hará que más de media liga quiera jugar en los
Lakers. Pasó en Miami, pasó en esta última etapa en Cleveland y pasará en Los
Ángeles. El verano NBA acaba de empezar, y de momento ya se sabe que Rajon
Rondo, Lance Stephenson y JaVale McGee reforzarán el joven roster angelino. De
aquí a octubre pasarán muchas cosas, pero tiene pinta de que alguna que otra
estrella de la liga recalará en L.A. (¿Kawhi?).

El de LeBron no es el primer
intento de megaproyecto de los Lakers, sino que será el tercero desde que
comenzó el siglo XXI. Los dos anteriores fracasaron con estrépito.

Los 4 Fantásticos

Los primeros años del nuevo milenio
fueron dominio ‘laker’: tres anillos consecutivos (2000, 2001 y 2002) en el que
hasta el momento es el último three-peat de la historia de la NBA. Tras perder
la corona en 2003, los Lakers se reforzaron el dúo Shaq-Kobe con dos futuros
miembros del Salón de la Fama que entraban en la recta final de sus carreras:
Gary Payton y Karl Malone. Un proyecto a corto plazo al que sólo le valía el
anillo.

La derrota de ese equipo en las
Finales de 2004 ante los Pistons fue la culminación a un año de locos. La
ruptura entre O’Neal y Bryant (con el escándalo sexual del escolta de por
medio) acaparó más titulares que el rendimiento del equipo sobre el parqué,
Payton tuvo problemas para amoldarse al triangulo ofensivo de Phil Jackson, y
Malone (que también chocó fuertemente con Kobe) sufrió problemas en las
rodillas que le dejaron fuera del equipo cuarenta partidos cuando a lo largo de
su carrera sólo se había perdido ocho en dieciocho campañas en Utah (1436
jugados de 1444 posibles).

El proyecto de los Fantastic Four
terminó bruscamente, sin anillo y con Shaq y Payton traspasados, Jackson
renunciando a seguir en el cargo de entrenador y Malone anunciando su retirada
tras no renovar. Los Lakers no construirían un equipo megalómano hasta ocho
años después.

Bryant, Gasol, World Peace, Nash y Howard

El proyecto que precedió a este
lustro oscuro fue otro desastre mayúsculo. En 2012, los Lakers se hicieron con
el mejor pívot del mundo: Dwight Howard. Y para ocupar el lugar que tendría que
haber sido de Chris Paul llegó Steve Nash (38 años). Un equipo que muchos veían
como finalista sufrió lo indecible para meterse en Playoffs.

La pretemporada (0-8) fue un aviso
de lo se venía encima. Mike Brown, el sustituto de Phil Jackson en el banquillo
angelino, duró cinco partidos (1-4 de balance) antes de ser fulminado. Las
similitudes entre 2004 y 2013 fueron varias.

Sin llegar al extremo del Cartero,
a Nash las lesiones le habían respetado durante la mayor parte de su carrera,
sobre todo durante sus años de MVP en los Suns. Fue llegar a L.A. y comenzar un
calvario que se tradujo en 50 partidos en su primer año, 15 en el segundo y
ninguno en el último.

Howard no se pareció en nada al de
Orlando. Entre problemas de espalda y su poca (por no decir ninguna) química
con Kobe, el paso de Superman por Hollywood fue toda una decepción. Un año
después se fue a Houston, el primer paso de una lenta pero progresiva pérdida
de caché.

El relevo de Brown en el banquillo
fue Mike D’Antoni. El italoamericano quiso que sus Lakers jugasen como lo
habían hecho sus Suns del Run & Gun.
El problema fue que las piezas no eran las mismas. No estaba ni Shawn Marion,
ni Amar’e Stoudemire, sino Pau Gasol y Dwight Howard. Con Gasol (otro que vivió
un año difícil por las lesiones) tuvo su más y sus menos. Hasta llegó a pensar
que Earl Clark encajaba mejor en su sistema, aunque la realidad demostró que no
era así. Al final, quien tuvo que salir al rescate fue el de siempre: Kobe
Bryant. El escolta, al más puro estilo 2006 y 2007, metió a su equipo en
Playoffs prácticamente él solo. El Kobesistema
funcionó hasta que este se rompió el tendón de Aquiles.

Sin Bryant, los Lakers se vieron
las caras en Playoffs ante un San Antonio Spurs que les barrieron sin piedad.
Ese es hasta el momento el último viaje de los de oro y púrpura a una
postemporada.

Cinco años después, la ilusión ha
regresado al Staples en forma de uno de los mejores jugadores de la historia
del baloncesto. Habrá que ver qué plantilla construyen Magic Johnson y Rob
Pelinka en estos cuatro años y si se podrá catalogar como superequipo, pero
todo indica que LeBron contará con buenos escuderos. ¿Acabará King James con el
gafe de los Lakers o hasta él sucumbirá tras firmar su mejor año tanto en el
aspecto físico como en el deportivo –individualmente hablando–? Veremos.

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La llegada de LeBron James a los
Lakers vuelve a poner a la franquicia de oro y púrpura en el epicentro de la
NBA. Un fichaje que ha sonado con fuerza durante todo el año y que ya es una
realidad. El hermano rico de L.A. ha vivido los cinco años más oscuros de su
ilustre vida, si bien es cierto que el último curso ya había arrojado rayos de
esperanza sobre el Staples Center. Con LeBron, esta etapa queda atrás.

El Efecto LeBron hará que más de media liga quiera jugar en los
Lakers. Pasó en Miami, pasó en esta última etapa en Cleveland y pasará en Los
Ángeles. El verano NBA acaba de empezar, y de momento ya se sabe que Rajon
Rondo, Lance Stephenson y JaVale McGee reforzarán el joven roster angelino. De
aquí a octubre pasarán muchas cosas, pero tiene pinta de que alguna que otra
estrella de la liga recalará en L.A. (¿Kawhi?).

El de LeBron no es el primer
intento de megaproyecto de los Lakers, sino que será el tercero desde que
comenzó el siglo XXI. Los dos anteriores fracasaron con estrépito.

Los 4 Fantásticos

Los primeros años del nuevo milenio
fueron dominio ‘laker’: tres anillos consecutivos (2000, 2001 y 2002) en el que
hasta el momento es el último three-peat de la historia de la NBA. Tras perder
la corona en 2003, los Lakers se reforzaron el dúo Shaq-Kobe con dos futuros
miembros del Salón de la Fama que entraban en la recta final de sus carreras:
Gary Payton y Karl Malone. Un proyecto a corto plazo al que sólo le valía el
anillo.

La derrota de ese equipo en las
Finales de 2004 ante los Pistons fue la culminación a un año de locos. La
ruptura entre O’Neal y Bryant (con el escándalo sexual del escolta de por
medio) acaparó más titulares que el rendimiento del equipo sobre el parqué,
Payton tuvo problemas para amoldarse al triangulo ofensivo de Phil Jackson, y
Malone (que también chocó fuertemente con Kobe) sufrió problemas en las
rodillas que le dejaron fuera del equipo cuarenta partidos cuando a lo largo de
su carrera sólo se había perdido ocho en dieciocho campañas en Utah (1436
jugados de 1444 posibles).

El proyecto de los Fantastic Four
terminó bruscamente, sin anillo y con Shaq y Payton traspasados, Jackson
renunciando a seguir en el cargo de entrenador y Malone anunciando su retirada
tras no renovar. Los Lakers no construirían un equipo megalómano hasta ocho
años después.

Bryant, Gasol, World Peace, Nash y Howard

El proyecto que precedió a este
lustro oscuro fue otro desastre mayúsculo. En 2012, los Lakers se hicieron con
el mejor pívot del mundo: Dwight Howard. Y para ocupar el lugar que tendría que
haber sido de Chris Paul llegó Steve Nash (38 años). Un equipo que muchos veían
como finalista sufrió lo indecible para meterse en Playoffs.

La pretemporada (0-8) fue un aviso
de lo se venía encima. Mike Brown, el sustituto de Phil Jackson en el banquillo
angelino, duró cinco partidos (1-4 de balance) antes de ser fulminado. Las
similitudes entre 2004 y 2013 fueron varias.

Sin llegar al extremo del Cartero,
a Nash las lesiones le habían respetado durante la mayor parte de su carrera,
sobre todo durante sus años de MVP en los Suns. Fue llegar a L.A. y comenzar un
calvario que se tradujo en 50 partidos en su primer año, 15 en el segundo y
ninguno en el último.

Howard no se pareció en nada al de
Orlando. Entre problemas de espalda y su poca (por no decir ninguna) química
con Kobe, el paso de Superman por Hollywood fue toda una decepción. Un año
después se fue a Houston, el primer paso de una lenta pero progresiva pérdida
de caché.

El relevo de Brown en el banquillo
fue Mike D’Antoni. El italoamericano quiso que sus Lakers jugasen como lo
habían hecho sus Suns del Run & Gun.
El problema fue que las piezas no eran las mismas. No estaba ni Shawn Marion,
ni Amar’e Stoudemire, sino Pau Gasol y Dwight Howard. Con Gasol (otro que vivió
un año difícil por las lesiones) tuvo su más y sus menos. Hasta llegó a pensar
que Earl Clark encajaba mejor en su sistema, aunque la realidad demostró que no
era así. Al final, quien tuvo que salir al rescate fue el de siempre: Kobe
Bryant. El escolta, al más puro estilo 2006 y 2007, metió a su equipo en
Playoffs prácticamente él solo. El Kobesistema
funcionó hasta que este se rompió el tendón de Aquiles.

Sin Bryant, los Lakers se vieron
las caras en Playoffs ante un San Antonio Spurs que les barrieron sin piedad.
Ese es hasta el momento el último viaje de los de oro y púrpura a una
postemporada.

Cinco años después, la ilusión ha
regresado al Staples en forma de uno de los mejores jugadores de la historia
del baloncesto. Habrá que ver qué plantilla construyen Magic Johnson y Rob
Pelinka en estos cuatro años y si se podrá catalogar como superequipo, pero
todo indica que LeBron contará con buenos escuderos. ¿Acabará King James con el
gafe de los Lakers o hasta él sucumbirá tras firmar su mejor año tanto en el
aspecto físico como en el deportivo –individualmente hablando–? Veremos.

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Muy orgulloso

Adrià Campmany @campmany_adria
08-11-2021