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Los infravalorados de la Liga

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 27-09-2018

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El propio concepto infravalorado es difuso y muy subjetivo, pero este tipo de jugadores suelen ser perfiles bajos o medios extremadamente fiables, que no acaparan titulares, que podrían jugar en clubes de un escalón todavía superior y que tampoco presentan unos números que destaquen por su obviedad en los guarismos más visibles, como son los goles y las asistencias, pero que se han erigido en piezas absolutamente cruciales para el funcionamiento colectivo de sus respectivos equipos con su impacto, ascendencia y rendimiento sostenido en el tiempo. Sin tener en cuenta a los recién llegados a La Liga este pasado verano para así poder contar con un bagaje previo del nivel ya demostrado en el pasado como argumento, repasamos once de los futbolistas más infravalorados del campeonato. No están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Fernando Pacheco

El portero español con nivel para ser titular en un equipo de aspiraciones europeas que todavía no ha alcanzado ese estatus. Uno de los varios metas surgidos de la cantera del Real Madrid en los últimos años a los que tanto les ha costado ganarse el reconocimiento individual posteriormente. A sus 26 años y en su tercer año en Primera, el extremeño es una de las certezas competitivas bajo los palos más fiables y completas de La Liga y uno de los principales responsables de las dos salvaciones consecutivas del Alavés. Bueno en línea de gol, rara es la vez que está desconcentrado o descolocado, notable dominador aéreo, sobrio, excelente achicando metros al rival y destacado a la hora de lanzar envíos directos a sus compañeros en situaciones de cierto margen espacial en campo rival. Su madurez todavía no ha llegado, por lo que su margen de crecimiento es aún muy considerable. Puede estar perfectamente entre los cinco mejores porteros españoles actuales.

Hugo Mallo

En el tiempo en el que Hugo Mallo ha sumado más de 170 partidos en Primera, han debutado en la selección siete laterales derechos sin que el capitán celtiña haya recibido una oportunidad, a pesar de que formó parte las categorías inferiores hasta la sub-21, llegando incluso a estar entre los nominados al Balón de Oro del Mundial sub-20 de 2011. Da la sensación de que solo su apego por la camiseta celeste le ha privado de un reconocimiento acorde a su sostenido y creciente rendimiento. El de Marín es un lateral que cumple siempre a un nivel al menos notable y que es muy equilibrado, tanto si su tarea es eminentemente defensiva, ya que es un gran marcador y juega siempre a alta intensidad física, como si su rol se enfoca más a ser profundo por la banda o a adquirir cierto peso creativo para hacer avanzar al equipo junto por su costado o rodear el área. Y tiene algo que tienen los más grandes en su puesto: aporta soluciones a casi cualquier altura sin cometer apenas errores.

Aïssa Mandi

El tercer futbolista de la pasada Liga con mejor acierto de pase tras Kovacic y Kroos, el segundo de la presente que más pases da por partido, de nuevo por detrás del alemán. Si Bartra es la conducción y la corrección por velocidad, el central argelino, que también destaca por su anticipación al corte, se ha convertido con Setién en uno de los mejores zagueros del torneo a la hora de sacar el balón jugado desde atrás y de trazar líneas incisivas de pase para sortear la primera, a veces la segunda presión del rival e incluso alcanzando pico de área ante repliegues muy bajos de finales de partido con un arrojo, una valentía, una técnica, una confianza y una profesionalidad que rayan en lo excepcional. Integrado en un sistema de tres centrales en el que predomine el juego de posición y el fundamental inicio con la pelota jugada desde la propia frontal para este como en el que vive ahora, Mandi puede convertirse en un central que valga fácilmente 30 o 35 millones de euros. Al tiempo.

David López

Ya infravalorado durante su etapa en Napoli, donde fue muy importante en el último año de Benítez en San Paolo y un recambio siempre fiable de Jorginho en el primer año de Sarri como mediocentro posicional más desprotegido, el canterano perico ha vuelto a casa para convertirse en los últimos años en un central aún más destacado que como centrocampista, que hace desde los primeros compases de la jugada lo mismo que desde el mediocentro -iniciar, asegurar, asentar y mejorar las posesiones-, al tiempo que ha ganado una lectura defensiva del área y una capacidad para despejar el peligro muy meritorias para un jugador que estaba plenamente asentado como el clásico pivote. Nunca ha sido un jugador brillante, pero nunca ha dejado de ser un perfil extremadamente regular en su rendimiento, de esos que compactan con sus equilibradas virtudes y conocimiento de sus limitaciones el bloque de un equipo. En los dos últimos cursos, mereció una llamada de la selección.

Dimitrios Siovas

El corpulento central griego lleva siendo un fijo desde su llegada a Leganés en el mercado invernal de 2017 y se ha erigido desde entonces en uno de esos zagueros de área tan preciados para equipos de la parte inferior de la tabla de La Liga, que tienen que defenderse mucho tiempo en bloque bajo o ser competitivos a partir de la efusiva defensa del carril central, debido a su poderoso dominio en los balones por alto y en las situaciones de cuerpo a cuerpo. Además de estos rasgos fundamentales en su juego, la condición de zurdo del ex del Olympiacos también permite a los suyos una salida natural por ese flanco a la hora de realizar las entregas al lateral contiguo para que estire el sistema por el carril o para desplazar el balón en largo, estando bien perfilado, hacia la banda derecha del ataque pepinero. Altamente expeditivo y muy atento al corte sin perder nunca de vista su posición ni sobreexponer su cuerpo en situaciones de clara desventaja para él, Siovas es una auténtica garantía.

Aday Benítez

Tras una vida entre 2ªB y Segunda y debutar la campaña pasada en la élite, no es de esperar que la carrera de Aday tenga mucho más techo, pero estamos ante uno de los pocos carrileros específicos españoles con capacidad de jugar por ambos perfiles. Quizá infrautilizado como primera opción el año pasado tras un bastión del ascenso del Girona, en este inicio de curso con Eusebio, el vallesano ha recuperado el peso perdido. La propuesta más asociativa del exentrenador de la Real está dejando ver una versión ofensiva más relevante y sensiblemente más pulcra en el pase -ya ha dejado dos asistencias-, mientras sigue siendo una vía directa para encontrar a Stuani en vertical o a través de la gran rosca que tiene su pie derecho para el centro y la bola parada. A su mejor tono físico, algo que para una fisonomía quizá pesada para la posición como es la suya no siempre es fácil, y sin ser un gran defensor en el uno para uno, Aday siempre es un foco de peligro constante desde la banda.

Darko Brasanac

El serbio es un jugador sin focos y al que no se le terminó de valorar con justicia en el Betis, en un estilo reciente que es evidente que no es el suyo. Ha vuelto a llegar a un nuevo club en los últimos días de mercado y ha vuelto a integrarse ya como una pieza muy importante para su entrenador. Ideal para equipos intensos sin balón, que enfaticen su versión más física y para manejarse en un constante ida y vuelta y aunque debe pulir su manera un tanto excesiva a veces de saltar a la presión y al portador del balón, Brasanac ha mejorado notablemente desde su llegada a La Liga -y para ello las pretemporadas con Setién han sido fundamentales- su técnica, pausa y acierto para la asociación en corto y su manera de proteger el balón, seguramente, junto a su llegada, ímpetu en las ayudas y recorrido, su atributo más visible. Siempre preparado, trabajador y cumplidor incansable y silencioso tanto desde el interior como en un doble pivote, el ex del Partizan es un perfil extremadamente útil.

Rubén Pérez

Salvo el borrón para su progresión que supuso su elección del marcharse al Torino, el actual mediocentro franquicia del Leganés ha sido siempre un preciado timonel para todas las plantillas por las que ha pasado desde sus días en el Dépor, aunque es cierto que le ha costado encontrar, por cambio de proyectos en sus clubes más que por voluntad propia, la estabilidad en un mismo equipo que su juego anhelaba hasta su llegada a Butarque. Y quizá por ese motivo sigue siendo pepinero. En plena madurez e inteligencia futbolística, el astigitano representa a la perfección el conocimiento posicional, el orden y los ritmos que necesita el sistema colectivo en ambos sentidos del juego y la economización certera e inteligente con el balón en los pies que los equipos modestos como el suyo requieren para mezclar en corto y largo sus salidas desde campo propio para no rifar la posesión y lograr estar juntos sin verse acorralados, en primer término, o para lanzar después a los atacantes.

Dani García

Piedra angular del Eibar de las últimas cuatro campañas, el de Zumarraga ya se ha convertido en insustituible para Berizzo, con quien sus aptitudes encajan perfectamente. Dani García ya está acostumbrado a ejercer más que de organizador, de gestor y canalizador de los ritmos altos que quiere su equipo. Es un mediocentro agresivo en la defensa hacia adelante y posee un toque que le permite no perder el balón, inyectar aceleración al juego y ser un filtrador de pases verticales para erigirse como surtidor vital y nexo principal de la medular con la zona de tres cuartos y los extremos. Todo ello combinado con una gran colocación y con pulmones para acompañar los ataques y realizar las ayudas y las persecuciones individuales sin balón. Además, su sencillez para la elaboración está siendo muy importante para activar a Iker Muniain en sus nuevas tareas, asentadas frecuentemente en la mediapunta. Uno que mejora a todos casi siempre suele ser casi siempre el mejor de todos.

Jorge Molina

¿Se puede ser uno de los futbolistas más infravalorados de La Liga a los 36 años y después de haber disputado ya seis temporadas en la máxima competición del fútbol español? Sí, se puede. ¿Se puede ir perdiendo pólvora progresivamente, no haber destacado nunca en Primera División como goleador y ser cada día que pasa mejor futbolista? Sí, se puede. O al menos, Jorge Molina sí ha podido. El ilicitano, lejos de su esplendor físico, es un delantero que continúa, de una forma inteligentísima, mejorando sus movimientos por detrás de un segundo punta encargado de poner la profundidad y romper al espacio. Y también para poner de cara a la segunda línea e incluso para ejercer de playmaker encargado de dar los últimos toques al ataque para mejorar con un momento de pausa la verticalidad de su entorno. Hay futbolistas a los que cuanto más maduros se hacen, pese a que la carga de partidos disminuya, más se disfruta de su fútbol y Molina es sin duda uno de ellos. 

Wissam Ben Yedder 

Es difícil saber qué más debe hacer el francés para ser fijo en el Sevilla cuando la palabra que mejor lo define es gol. Desde su llegada a Nervión en 2016 ha marcado casi una cincuentena de goles y ha sido titular en poco más de sesenta partidos entre todas las competiciones, con una media global de un tanto cada dos encuentros. Su etiqueta de revulsivo y su menor relación con el juego colectivo respecto a su competencia le han perjudicado, aunque parece que Machín ha encontrado la fórmula de darle la mayor carga de minutos que merece, haciéndole compartir el ataque asiduamente con un punta muy complementario como es André Silva, con su gran juego de apoyos y de espaldas. El ex del Toulouse es un nueve escurridizo, que rompe como pocos en constantes desmarques cortos y profundos, que protege muy bien su espacio por abajo en zona de gol y con un gran sentido del oportunismo y la definición en el área. Asentado como titular, sus números pueden multiplicarse.

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El propio concepto infravalorado es difuso y muy subjetivo, pero este tipo de jugadores suelen ser perfiles bajos o medios extremadamente fiables, que no acaparan titulares, que podrían jugar en clubes de un escalón todavía superior y que tampoco presentan unos números que destaquen por su obviedad en los guarismos más visibles, como son los goles y las asistencias, pero que se han erigido en piezas absolutamente cruciales para el funcionamiento colectivo de sus respectivos equipos con su impacto, ascendencia y rendimiento sostenido en el tiempo. Sin tener en cuenta a los recién llegados a La Liga este pasado verano para así poder contar con un bagaje previo del nivel ya demostrado en el pasado como argumento, repasamos once de los futbolistas más infravalorados del campeonato. No están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Fernando Pacheco

El portero español con nivel para ser titular en un equipo de aspiraciones europeas que todavía no ha alcanzado ese estatus. Uno de los varios metas surgidos de la cantera del Real Madrid en los últimos años a los que tanto les ha costado ganarse el reconocimiento individual posteriormente. A sus 26 años y en su tercer año en Primera, el extremeño es una de las certezas competitivas bajo los palos más fiables y completas de La Liga y uno de los principales responsables de las dos salvaciones consecutivas del Alavés. Bueno en línea de gol, rara es la vez que está desconcentrado o descolocado, notable dominador aéreo, sobrio, excelente achicando metros al rival y destacado a la hora de lanzar envíos directos a sus compañeros en situaciones de cierto margen espacial en campo rival. Su madurez todavía no ha llegado, por lo que su margen de crecimiento es aún muy considerable. Puede estar perfectamente entre los cinco mejores porteros españoles actuales.

Hugo Mallo

En el tiempo en el que Hugo Mallo ha sumado más de 170 partidos en Primera, han debutado en la selección siete laterales derechos sin que el capitán celtiña haya recibido una oportunidad, a pesar de que formó parte las categorías inferiores hasta la sub-21, llegando incluso a estar entre los nominados al Balón de Oro del Mundial sub-20 de 2011. Da la sensación de que solo su apego por la camiseta celeste le ha privado de un reconocimiento acorde a su sostenido y creciente rendimiento. El de Marín es un lateral que cumple siempre a un nivel al menos notable y que es muy equilibrado, tanto si su tarea es eminentemente defensiva, ya que es un gran marcador y juega siempre a alta intensidad física, como si su rol se enfoca más a ser profundo por la banda o a adquirir cierto peso creativo para hacer avanzar al equipo junto por su costado o rodear el área. Y tiene algo que tienen los más grandes en su puesto: aporta soluciones a casi cualquier altura sin cometer apenas errores.

Aïssa Mandi

El tercer futbolista de la pasada Liga con mejor acierto de pase tras Kovacic y Kroos, el segundo de la presente que más pases da por partido, de nuevo por detrás del alemán. Si Bartra es la conducción y la corrección por velocidad, el central argelino, que también destaca por su anticipación al corte, se ha convertido con Setién en uno de los mejores zagueros del torneo a la hora de sacar el balón jugado desde atrás y de trazar líneas incisivas de pase para sortear la primera, a veces la segunda presión del rival e incluso alcanzando pico de área ante repliegues muy bajos de finales de partido con un arrojo, una valentía, una técnica, una confianza y una profesionalidad que rayan en lo excepcional. Integrado en un sistema de tres centrales en el que predomine el juego de posición y el fundamental inicio con la pelota jugada desde la propia frontal para este como en el que vive ahora, Mandi puede convertirse en un central que valga fácilmente 30 o 35 millones de euros. Al tiempo.

David López

Ya infravalorado durante su etapa en Napoli, donde fue muy importante en el último año de Benítez en San Paolo y un recambio siempre fiable de Jorginho en el primer año de Sarri como mediocentro posicional más desprotegido, el canterano perico ha vuelto a casa para convertirse en los últimos años en un central aún más destacado que como centrocampista, que hace desde los primeros compases de la jugada lo mismo que desde el mediocentro -iniciar, asegurar, asentar y mejorar las posesiones-, al tiempo que ha ganado una lectura defensiva del área y una capacidad para despejar el peligro muy meritorias para un jugador que estaba plenamente asentado como el clásico pivote. Nunca ha sido un jugador brillante, pero nunca ha dejado de ser un perfil extremadamente regular en su rendimiento, de esos que compactan con sus equilibradas virtudes y conocimiento de sus limitaciones el bloque de un equipo. En los dos últimos cursos, mereció una llamada de la selección.

Dimitrios Siovas

El corpulento central griego lleva siendo un fijo desde su llegada a Leganés en el mercado invernal de 2017 y se ha erigido desde entonces en uno de esos zagueros de área tan preciados para equipos de la parte inferior de la tabla de La Liga, que tienen que defenderse mucho tiempo en bloque bajo o ser competitivos a partir de la efusiva defensa del carril central, debido a su poderoso dominio en los balones por alto y en las situaciones de cuerpo a cuerpo. Además de estos rasgos fundamentales en su juego, la condición de zurdo del ex del Olympiacos también permite a los suyos una salida natural por ese flanco a la hora de realizar las entregas al lateral contiguo para que estire el sistema por el carril o para desplazar el balón en largo, estando bien perfilado, hacia la banda derecha del ataque pepinero. Altamente expeditivo y muy atento al corte sin perder nunca de vista su posición ni sobreexponer su cuerpo en situaciones de clara desventaja para él, Siovas es una auténtica garantía.

Aday Benítez

Tras una vida entre 2ªB y Segunda y debutar la campaña pasada en la élite, no es de esperar que la carrera de Aday tenga mucho más techo, pero estamos ante uno de los pocos carrileros específicos españoles con capacidad de jugar por ambos perfiles. Quizá infrautilizado como primera opción el año pasado tras un bastión del ascenso del Girona, en este inicio de curso con Eusebio, el vallesano ha recuperado el peso perdido. La propuesta más asociativa del exentrenador de la Real está dejando ver una versión ofensiva más relevante y sensiblemente más pulcra en el pase -ya ha dejado dos asistencias-, mientras sigue siendo una vía directa para encontrar a Stuani en vertical o a través de la gran rosca que tiene su pie derecho para el centro y la bola parada. A su mejor tono físico, algo que para una fisonomía quizá pesada para la posición como es la suya no siempre es fácil, y sin ser un gran defensor en el uno para uno, Aday siempre es un foco de peligro constante desde la banda.

Darko Brasanac

El serbio es un jugador sin focos y al que no se le terminó de valorar con justicia en el Betis, en un estilo reciente que es evidente que no es el suyo. Ha vuelto a llegar a un nuevo club en los últimos días de mercado y ha vuelto a integrarse ya como una pieza muy importante para su entrenador. Ideal para equipos intensos sin balón, que enfaticen su versión más física y para manejarse en un constante ida y vuelta y aunque debe pulir su manera un tanto excesiva a veces de saltar a la presión y al portador del balón, Brasanac ha mejorado notablemente desde su llegada a La Liga -y para ello las pretemporadas con Setién han sido fundamentales- su técnica, pausa y acierto para la asociación en corto y su manera de proteger el balón, seguramente, junto a su llegada, ímpetu en las ayudas y recorrido, su atributo más visible. Siempre preparado, trabajador y cumplidor incansable y silencioso tanto desde el interior como en un doble pivote, el ex del Partizan es un perfil extremadamente útil.

Rubén Pérez

Salvo el borrón para su progresión que supuso su elección del marcharse al Torino, el actual mediocentro franquicia del Leganés ha sido siempre un preciado timonel para todas las plantillas por las que ha pasado desde sus días en el Dépor, aunque es cierto que le ha costado encontrar, por cambio de proyectos en sus clubes más que por voluntad propia, la estabilidad en un mismo equipo que su juego anhelaba hasta su llegada a Butarque. Y quizá por ese motivo sigue siendo pepinero. En plena madurez e inteligencia futbolística, el astigitano representa a la perfección el conocimiento posicional, el orden y los ritmos que necesita el sistema colectivo en ambos sentidos del juego y la economización certera e inteligente con el balón en los pies que los equipos modestos como el suyo requieren para mezclar en corto y largo sus salidas desde campo propio para no rifar la posesión y lograr estar juntos sin verse acorralados, en primer término, o para lanzar después a los atacantes.

Dani García

Piedra angular del Eibar de las últimas cuatro campañas, el de Zumarraga ya se ha convertido en insustituible para Berizzo, con quien sus aptitudes encajan perfectamente. Dani García ya está acostumbrado a ejercer más que de organizador, de gestor y canalizador de los ritmos altos que quiere su equipo. Es un mediocentro agresivo en la defensa hacia adelante y posee un toque que le permite no perder el balón, inyectar aceleración al juego y ser un filtrador de pases verticales para erigirse como surtidor vital y nexo principal de la medular con la zona de tres cuartos y los extremos. Todo ello combinado con una gran colocación y con pulmones para acompañar los ataques y realizar las ayudas y las persecuciones individuales sin balón. Además, su sencillez para la elaboración está siendo muy importante para activar a Iker Muniain en sus nuevas tareas, asentadas frecuentemente en la mediapunta. Uno que mejora a todos casi siempre suele ser casi siempre el mejor de todos.

Jorge Molina

¿Se puede ser uno de los futbolistas más infravalorados de La Liga a los 36 años y después de haber disputado ya seis temporadas en la máxima competición del fútbol español? Sí, se puede. ¿Se puede ir perdiendo pólvora progresivamente, no haber destacado nunca en Primera División como goleador y ser cada día que pasa mejor futbolista? Sí, se puede. O al menos, Jorge Molina sí ha podido. El ilicitano, lejos de su esplendor físico, es un delantero que continúa, de una forma inteligentísima, mejorando sus movimientos por detrás de un segundo punta encargado de poner la profundidad y romper al espacio. Y también para poner de cara a la segunda línea e incluso para ejercer de playmaker encargado de dar los últimos toques al ataque para mejorar con un momento de pausa la verticalidad de su entorno. Hay futbolistas a los que cuanto más maduros se hacen, pese a que la carga de partidos disminuya, más se disfruta de su fútbol y Molina es sin duda uno de ellos. 

Wissam Ben Yedder 

Es difícil saber qué más debe hacer el francés para ser fijo en el Sevilla cuando la palabra que mejor lo define es gol. Desde su llegada a Nervión en 2016 ha marcado casi una cincuentena de goles y ha sido titular en poco más de sesenta partidos entre todas las competiciones, con una media global de un tanto cada dos encuentros. Su etiqueta de revulsivo y su menor relación con el juego colectivo respecto a su competencia le han perjudicado, aunque parece que Machín ha encontrado la fórmula de darle la mayor carga de minutos que merece, haciéndole compartir el ataque asiduamente con un punta muy complementario como es André Silva, con su gran juego de apoyos y de espaldas. El ex del Toulouse es un nueve escurridizo, que rompe como pocos en constantes desmarques cortos y profundos, que protege muy bien su espacio por abajo en zona de gol y con un gran sentido del oportunismo y la definición en el área. Asentado como titular, sus números pueden multiplicarse.

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