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Los hombres de negro y verde

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 10-09-2018

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En los primeros meses del primer
proyecto en la élite que ha podido comenzar a desarrollar desde su lógico
inicio en la pretemporada en toda su carrera, Roberto De Zerbi ya ha convertido
al Sassuolo en una de las sensaciones de esta primera parte de la Serie A
2018/2019. En cuanto a los buenos resultados y, especialmente, en cuanto a la
estética de su fútbol, a la osadía de su propuesta y a los automatismos, sobre
todo ofensivos, del juego que el conjunto neroverde intenta poner en
funcionamiento en cada jornada a través de los nítidos preceptos de su joven
técnico, llamado a ser, ya desde su etapa en el Foggia y después de la
renovadora y necesaria aparición en el máximo nivel italiano de Maurizio Sarri,
el gran adalid que siga cambiando, al menos en buena parte, la cara estilística
de la élite del Calcio en los próximos años. El dezerbismo va a llegar.
Si es que no lo ha hecho ya. Y hay que celebrarlo.

El Sassuolo practica un fútbol
muy colectivo basado en la correlación de sus piezas, en la amplitud desde los
primeros compases de juego, en encontrar la superioridad en banda o el hueco al
espacio tras acumular pases por dentro, en multitud de pulidos automatismos
para hacer progresar el balón desde atrás y de encontrar la profundidad una vez
superada la medular y en la utilización capital para el sistema de Kevin-Prince
Boateng como falso nueve. El africano está siendo el hombre sobre el que pivota
toda la estructura coral ofensiva y el encargado de proteger, poner de cara y
en ventaja al equipo en campo rival constantemente, pudiendo así lanzar a los
extremos por el carril intermedio, permanentemente apoyados por fuera por su
lateral o carrilero contiguo. Sin embargo, el gran debe del equipo, más allá de
la defensa del área propia, donde salvo Ferrari la bisoñez marca aún a sus
centrales (Marlon, Magnani, Lemos), es encajar las dos velocidades diferentes a
las que todavía se desarrolla el conjunto emiliano, tal y como expresa el
propio De Zerbi. “Hace falta que entendamos mejor cuándo necesitamos tocar y
cuándo verticalizar. Todavía funcionamos a una velocidad, o verticalizamos o
tocamos. Cuando logramos mezclar bien ambas, encontrando el momento adecuado
para avanzar con agresividad, nos convertimos en un equipo más fuerte”
.

Esa falta de combinación del
juego corto y del más agresivo está retardando un mejor efecto del trabajo a
nivel organizativo y de la ordenación del equipo. El otro gran campo de mejora
de este atractivo Sassuolo se encuentra en la fase sin pelota, cuyos desajustes
son provocados en su gran mayoría por ese mismo exceso de frenesí ofensivo, que
lleva a arriesgar pases cuando quizá debería reposarse más la acción y
asentarla en la mitad rival. El Sassuolo está contraatacando de manera notable
y cuando llega a la frontal adversaria no hay ningún equipo en la Serie A que
logre penetrar en ella de una forma más trabajada, con varios resortes que
entran o salen para favorecer los arrastres y que así las paredes muy rápidas y
de gran calidad derriben el muro adversario, pero también está favoreciendo
partidos mucho más abiertos, rotos y con la posesión mucho más dividida de lo
que querría su técnico, que maneja una estructura en la que los laterales
siempre se sitúan muy arriba, que cuenta con Locatelli como ancla de la primera
maniobra y distribuidor del pase filtrado y que quiere presionar siempre alto
tras pérdida, incluso con los interiores (Duncan, Sensi, Bourabia) lo que
provoca, no pocas veces, espacios demasiado grandes para que el canterano
milanista, no especialmente rápido y reactivo, pueda defender la zona ancha en
la transición defensiva.

Más allá de tener que mejorar a
la hora de amalgamar ambas velocidades de juego con la pelota en su poder, es
decir, de combinar mucho mejor el momento de la pausa y el momento de inyectar
vértigo; de controlar mejor las transiciones defensivas, para lo que el técnico
bresciano siempre cuenta con alternativa recurrente con el 3-4-2-1 en
lugar del más clásico y habitual 4-3-3 de su libreto, aunque hasta el momento
no compensa en ese sentido la pieza que se pierde en el centro del campo de
cara al progreso de la construcción del juego; y de corregir
varios errores individuales de bulto en la salida que han costado ya algunos
goles; Roberto De Zerbi es un técnico que promueve una sensibilidad
extraordinaria a la hora de generar y de detectar los espacios entre líneas a
los que enviar el balón. Su construcción desde atrás y las caídas de Boateng
como falso nueve generan una atracción del bloque del rival cuyo objetivo es
ser atacado luego en profundidad con un gran tempo a la hora de ser vertical al
que sus jugadores quizá se estén lanzando demasiado pronto para poder controlar
asimismo los ritmos del partido a su antojo.

De cara a favorecer su particular
forma de atacar, al menos la más recurrente de ellas, el Sassuolo abre mucho a
sus centrales en primera instancia, avanza por un costado con toques cortos y
constantes apoyos, involucrando e implicando hasta siete u ocho elementos en la
fase de salida, y cambia de orientación hacia el lado liberado instantes
después de la descarga siempre certera de Boateng y justo antes de encontrar al
hombre libre para que avance en conducción y genere casi siempre, de esta
manera, una acción de peligro con un envío raso atrás desde el costado, al que
acuden, en las inmediaciones del balcón del área, al menos hasta cinco opciones
de remate que, además, llegan en carrera y a distintas alturas. Un mecanismo
que funciona de una forma muy fluida y fulgurante y que es muy típico de este
equipo y para el que también es muy importante las compensadas dobles parejas
lateral-extremo que tiene De Zerbi por ambos lados. Si el interesantísimo
Rogério es un lateral izquierdo de construcción, su pareja por ese costado,
Federico Di Francesco, está mucho más enfocado a explotar con intensidad el
espacio entre lateral y central. Y al contrario sucede por la banda opuesta:
Berardi prefiere recibir al pie y enfocar su pierna zurda a los tres palos o a
la combinación interior, mientras que el español Pol Lirola se encarga de
estirar y de llegar sin balón por el lado débil a la zona entre el pico del
área y la línea de fondo.

Hace poco más de cuatro años
Roberto De Zerbi comenzaba a entrenar en Serie D, en las filas del humilde
Darfo Boario, con las ideas del juego de posición de Johan Cruyff y de Pep
Guardiola como fundamentos de cabecera. Hoy, el entrenador del Sassuolo es el
gran abanderado del Calcio, tras la salida de Sarri a la Premier League, de la
riqueza ofensiva repleta de triangulaciones y de movimientos coordinados e
interrelacionados, de la gran cobertura de todo el campo a nivel posicional
completamente enfocada a la portería rival, de crear y de encontrar múltiples y
constantes líneas de pase por delante del portador del balón a través del
tercer hombre, de no querer la posesión para defenderse con ella sino para
construir con cimientos sólidos en campo propio y para ser después agudo y
penetrante en los escalones superiores, de que la pelota salga de dentro hacia
fuera para que vuelva al interior con mayores ventajas y con más opciones de
pase o remate en el último tercio… Hoy, el entrenador del Sassuolo es el
gran abanderado del Calcio de la frase de Menotti que afirmaba que “aquello
que comienza mal, no puede terminar bien”
.

El curso pasado el Sassuolo había
perdido la esencia de equipo atrevido y ofensivo que le había dado Eusebio Di
Francesco con muy buenos resultados y fue el equipo que marcó menos goles de
todo el campeonato (29) y el tercer peor conjunto de la Serie A en cuanto al
porcentaje de pase (75%) y posesión media (44%). En este inicio de campaña, los
neroverdi se sitúan entre los ocho mejores en los tres apartados con
casi dos goles por partido, un 52.5% de posesión y un 86.5% de acierto en pase,
realizando de media más de 500 pases por partido por los 369 registrados
durante la temporada pasada. Números que deberían tender a mejorar todavía más
a poco que De Zerbi logre ordenar a su bloque sin balón en un nivel semejante a
cómo desordena al rival con él y a cómo organiza su fase ofensiva, con una
distancia entre líneas casi siempre medida a la perfección, que permite al
equipo moverse hacia adelante como una unidad a través de la ágil y dinámica
circulación de la pelota que es muy difícil de defender y que siempre encuentra
el momento justo para explotar el espacio interior o exterior. Su sello en la
élite hasta el momento. “De Zerbi es un genio. Somos demasiado fuertes con
él como para decir que nuestro objetivo es la salvación”
. Palabra de Kevin-Prince
Boateng. 

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En los primeros meses del primer
proyecto en la élite que ha podido comenzar a desarrollar desde su lógico
inicio en la pretemporada en toda su carrera, Roberto De Zerbi ya ha convertido
al Sassuolo en una de las sensaciones de esta primera parte de la Serie A
2018/2019. En cuanto a los buenos resultados y, especialmente, en cuanto a la
estética de su fútbol, a la osadía de su propuesta y a los automatismos, sobre
todo ofensivos, del juego que el conjunto neroverde intenta poner en
funcionamiento en cada jornada a través de los nítidos preceptos de su joven
técnico, llamado a ser, ya desde su etapa en el Foggia y después de la
renovadora y necesaria aparición en el máximo nivel italiano de Maurizio Sarri,
el gran adalid que siga cambiando, al menos en buena parte, la cara estilística
de la élite del Calcio en los próximos años. El dezerbismo va a llegar.
Si es que no lo ha hecho ya. Y hay que celebrarlo.

El Sassuolo practica un fútbol
muy colectivo basado en la correlación de sus piezas, en la amplitud desde los
primeros compases de juego, en encontrar la superioridad en banda o el hueco al
espacio tras acumular pases por dentro, en multitud de pulidos automatismos
para hacer progresar el balón desde atrás y de encontrar la profundidad una vez
superada la medular y en la utilización capital para el sistema de Kevin-Prince
Boateng como falso nueve. El africano está siendo el hombre sobre el que pivota
toda la estructura coral ofensiva y el encargado de proteger, poner de cara y
en ventaja al equipo en campo rival constantemente, pudiendo así lanzar a los
extremos por el carril intermedio, permanentemente apoyados por fuera por su
lateral o carrilero contiguo. Sin embargo, el gran debe del equipo, más allá de
la defensa del área propia, donde salvo Ferrari la bisoñez marca aún a sus
centrales (Marlon, Magnani, Lemos), es encajar las dos velocidades diferentes a
las que todavía se desarrolla el conjunto emiliano, tal y como expresa el
propio De Zerbi. “Hace falta que entendamos mejor cuándo necesitamos tocar y
cuándo verticalizar. Todavía funcionamos a una velocidad, o verticalizamos o
tocamos. Cuando logramos mezclar bien ambas, encontrando el momento adecuado
para avanzar con agresividad, nos convertimos en un equipo más fuerte”
.

Esa falta de combinación del
juego corto y del más agresivo está retardando un mejor efecto del trabajo a
nivel organizativo y de la ordenación del equipo. El otro gran campo de mejora
de este atractivo Sassuolo se encuentra en la fase sin pelota, cuyos desajustes
son provocados en su gran mayoría por ese mismo exceso de frenesí ofensivo, que
lleva a arriesgar pases cuando quizá debería reposarse más la acción y
asentarla en la mitad rival. El Sassuolo está contraatacando de manera notable
y cuando llega a la frontal adversaria no hay ningún equipo en la Serie A que
logre penetrar en ella de una forma más trabajada, con varios resortes que
entran o salen para favorecer los arrastres y que así las paredes muy rápidas y
de gran calidad derriben el muro adversario, pero también está favoreciendo
partidos mucho más abiertos, rotos y con la posesión mucho más dividida de lo
que querría su técnico, que maneja una estructura en la que los laterales
siempre se sitúan muy arriba, que cuenta con Locatelli como ancla de la primera
maniobra y distribuidor del pase filtrado y que quiere presionar siempre alto
tras pérdida, incluso con los interiores (Duncan, Sensi, Bourabia) lo que
provoca, no pocas veces, espacios demasiado grandes para que el canterano
milanista, no especialmente rápido y reactivo, pueda defender la zona ancha en
la transición defensiva.

Más allá de tener que mejorar a
la hora de amalgamar ambas velocidades de juego con la pelota en su poder, es
decir, de combinar mucho mejor el momento de la pausa y el momento de inyectar
vértigo; de controlar mejor las transiciones defensivas, para lo que el técnico
bresciano siempre cuenta con alternativa recurrente con el 3-4-2-1 en
lugar del más clásico y habitual 4-3-3 de su libreto, aunque hasta el momento
no compensa en ese sentido la pieza que se pierde en el centro del campo de
cara al progreso de la construcción del juego; y de corregir
varios errores individuales de bulto en la salida que han costado ya algunos
goles; Roberto De Zerbi es un técnico que promueve una sensibilidad
extraordinaria a la hora de generar y de detectar los espacios entre líneas a
los que enviar el balón. Su construcción desde atrás y las caídas de Boateng
como falso nueve generan una atracción del bloque del rival cuyo objetivo es
ser atacado luego en profundidad con un gran tempo a la hora de ser vertical al
que sus jugadores quizá se estén lanzando demasiado pronto para poder controlar
asimismo los ritmos del partido a su antojo.

De cara a favorecer su particular
forma de atacar, al menos la más recurrente de ellas, el Sassuolo abre mucho a
sus centrales en primera instancia, avanza por un costado con toques cortos y
constantes apoyos, involucrando e implicando hasta siete u ocho elementos en la
fase de salida, y cambia de orientación hacia el lado liberado instantes
después de la descarga siempre certera de Boateng y justo antes de encontrar al
hombre libre para que avance en conducción y genere casi siempre, de esta
manera, una acción de peligro con un envío raso atrás desde el costado, al que
acuden, en las inmediaciones del balcón del área, al menos hasta cinco opciones
de remate que, además, llegan en carrera y a distintas alturas. Un mecanismo
que funciona de una forma muy fluida y fulgurante y que es muy típico de este
equipo y para el que también es muy importante las compensadas dobles parejas
lateral-extremo que tiene De Zerbi por ambos lados. Si el interesantísimo
Rogério es un lateral izquierdo de construcción, su pareja por ese costado,
Federico Di Francesco, está mucho más enfocado a explotar con intensidad el
espacio entre lateral y central. Y al contrario sucede por la banda opuesta:
Berardi prefiere recibir al pie y enfocar su pierna zurda a los tres palos o a
la combinación interior, mientras que el español Pol Lirola se encarga de
estirar y de llegar sin balón por el lado débil a la zona entre el pico del
área y la línea de fondo.

Hace poco más de cuatro años
Roberto De Zerbi comenzaba a entrenar en Serie D, en las filas del humilde
Darfo Boario, con las ideas del juego de posición de Johan Cruyff y de Pep
Guardiola como fundamentos de cabecera. Hoy, el entrenador del Sassuolo es el
gran abanderado del Calcio, tras la salida de Sarri a la Premier League, de la
riqueza ofensiva repleta de triangulaciones y de movimientos coordinados e
interrelacionados, de la gran cobertura de todo el campo a nivel posicional
completamente enfocada a la portería rival, de crear y de encontrar múltiples y
constantes líneas de pase por delante del portador del balón a través del
tercer hombre, de no querer la posesión para defenderse con ella sino para
construir con cimientos sólidos en campo propio y para ser después agudo y
penetrante en los escalones superiores, de que la pelota salga de dentro hacia
fuera para que vuelva al interior con mayores ventajas y con más opciones de
pase o remate en el último tercio… Hoy, el entrenador del Sassuolo es el
gran abanderado del Calcio de la frase de Menotti que afirmaba que “aquello
que comienza mal, no puede terminar bien”
.

El curso pasado el Sassuolo había
perdido la esencia de equipo atrevido y ofensivo que le había dado Eusebio Di
Francesco con muy buenos resultados y fue el equipo que marcó menos goles de
todo el campeonato (29) y el tercer peor conjunto de la Serie A en cuanto al
porcentaje de pase (75%) y posesión media (44%). En este inicio de campaña, los
neroverdi se sitúan entre los ocho mejores en los tres apartados con
casi dos goles por partido, un 52.5% de posesión y un 86.5% de acierto en pase,
realizando de media más de 500 pases por partido por los 369 registrados
durante la temporada pasada. Números que deberían tender a mejorar todavía más
a poco que De Zerbi logre ordenar a su bloque sin balón en un nivel semejante a
cómo desordena al rival con él y a cómo organiza su fase ofensiva, con una
distancia entre líneas casi siempre medida a la perfección, que permite al
equipo moverse hacia adelante como una unidad a través de la ágil y dinámica
circulación de la pelota que es muy difícil de defender y que siempre encuentra
el momento justo para explotar el espacio interior o exterior. Su sello en la
élite hasta el momento. “De Zerbi es un genio. Somos demasiado fuertes con
él como para decir que nuestro objetivo es la salvación”
. Palabra de Kevin-Prince
Boateng. 

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