_Atlético

Los cachorros dan la cara

Diego G. Argota @Diego21Garcia 28-05-2019

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Más allá de una temporada que unos califican de desastre y
otros de positiva en base a lo que dicta la lógica, el Atlético tiene mucho que
mirar más allá del primer equipo y de los pupilos de Simeone. El Femenino ha
vuelto a ser Campeón de Liga Iberdrola, y ya van tres consecutivas, quedándose
nuevamente a las puertas de conseguir el doblete perdiendo la final de la Copa
de la Reina. El B, compuesto por jovencitos imberbes con mucho talento y por
algún que otro juvenil, lucha por el ascenso a Segunda y volver a meter al
filial en la categoría de plata años y años después.

Sabe Simeone que la generación que le viene por detrás es
única. De estas aparece una cada dos décadas, con suerte. Pero también, que es
muy difícil acomodar a todos los que parece que van a comerse el mundo. Ante la
plaga de lesiones que esta temporada ha destrozado a la plantilla profesional,
el Cholo ha tenido que tirar de los cachorros y estos han dado la cara de una
forma más que notable.

Francisco Montero, central de 20 años, bien reconocido por
usar gafas en los partidos, ha sido el jugador del que más ha tirado el técnico
argentino, usándole tanto de central como de lateral zurdo. Al zaguero le
siguen las presencias de Víctor Mollejo (17), Toni Moya (20), Joaquín (19),
Solano (20), Carlos Isaac (20) o Borja Garcés (19), capaz de rescatar un punto
el día que debutaba con el equipo ante el Eibar. Misma hazaña que la que
realizó Sergio Camello (18) en la última jornada ante el Levante, marcando nada
más saltar al césped. Muchos otros, además, también han sumado convocatorias
sin acabar debutando.

El caso, además, está en que estos chicos han tenido esta
temporada una empresa doble. Entrenar y jugar con el primer equipo de manera
simultánea con el filial y hacerlo sumamente bien en ambas parcelas, llevando
al primer filial rojiblanco a los puestos de ascenso a Segunda División.
¿Cuántas veces esta temporada han jugado Mollejo o Montero con los pequeños un
día después de ir con el equipo profesional?

Este pasado fin de semana, el Atleti B, compuesto por
jovencitos imberbes cuyo mayor efectivo sumaba los 23 años (19 de media) supo
sobrevivir ante un Mirandés acostumbrado a estas batallas con jugadores mucho
más experimentados y rodados, la mayoría en el fútbol profesional durante años,
en un partido de ida que fue un episodio de miedo y respeto a partes iguales
por ambas entidades. Anduva dictará sentencia.

No sé hasta qué punto al Atlético le convendría tener al
filial en Segunda, una categoría quizás demasiado exigente para una plantilla
que debe estar compuesta por jugadores con poca experiencia que se deben curtir
con el correr de los meses. Es bastante posible que, de ascender, estos chicos
acaben claudicando ante la dureza y la experiencia de una liga en la que es muy
difícil sobrevivir sin esas dosis de ese otro fútbol que solo se adquieren con
los años.

Por eso, como la función de un filial siempre ha de ser
nutrir al primer equipo de futbolistas, puede que el ascenso del Atlético a
Segunda acabe derivando en un cambio de la hoja de ruta, como sucedió la otra
vez que el club colchonero tuvo al B en la categoría. Que compitió. Claro que
compitió. De hecho, uno de los cuatro años que se mantuvo en la categoría, el
club fue subcampeón de Liga. Pero la media de edad subió y el ejercicio de supervivencia
acabó derivando en que no muchos jugadores acabaran teniendo presencia en el
primer equipo o en otros, pues coincidió la eclosión de esos pocos muchachos
con el descenso del primer equipo a Segunda.  Así, los Casquero, Zahínos, Pablo García, Rubén
Baraja, Gaspar, Paunovic o Fortune acabaron realizando carrera en peores o
mejores condiciones. De la mayoría, no se supo más.

Tienen los rojiblancos una oportunidad de oro para sacar a 4
o 5 jugadores, que no es fácil, que puedan nutrir al primer equipo durante
muchos años. Y mucho menos si es de manera simultánea. Tiene Simeone en sus
manos la posibilidad de seguir siendo continuista con la gente de la casa, como
Koke, Saúl, Gabi o Torres. Y que nunca se pierda el sentido de pertenencia.  

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Más allá de una temporada que unos califican de desastre y
otros de positiva en base a lo que dicta la lógica, el Atlético tiene mucho que
mirar más allá del primer equipo y de los pupilos de Simeone. El Femenino ha
vuelto a ser Campeón de Liga Iberdrola, y ya van tres consecutivas, quedándose
nuevamente a las puertas de conseguir el doblete perdiendo la final de la Copa
de la Reina. El B, compuesto por jovencitos imberbes con mucho talento y por
algún que otro juvenil, lucha por el ascenso a Segunda y volver a meter al
filial en la categoría de plata años y años después.

Sabe Simeone que la generación que le viene por detrás es
única. De estas aparece una cada dos décadas, con suerte. Pero también, que es
muy difícil acomodar a todos los que parece que van a comerse el mundo. Ante la
plaga de lesiones que esta temporada ha destrozado a la plantilla profesional,
el Cholo ha tenido que tirar de los cachorros y estos han dado la cara de una
forma más que notable.

Francisco Montero, central de 20 años, bien reconocido por
usar gafas en los partidos, ha sido el jugador del que más ha tirado el técnico
argentino, usándole tanto de central como de lateral zurdo. Al zaguero le
siguen las presencias de Víctor Mollejo (17), Toni Moya (20), Joaquín (19),
Solano (20), Carlos Isaac (20) o Borja Garcés (19), capaz de rescatar un punto
el día que debutaba con el equipo ante el Eibar. Misma hazaña que la que
realizó Sergio Camello (18) en la última jornada ante el Levante, marcando nada
más saltar al césped. Muchos otros, además, también han sumado convocatorias
sin acabar debutando.

El caso, además, está en que estos chicos han tenido esta
temporada una empresa doble. Entrenar y jugar con el primer equipo de manera
simultánea con el filial y hacerlo sumamente bien en ambas parcelas, llevando
al primer filial rojiblanco a los puestos de ascenso a Segunda División.
¿Cuántas veces esta temporada han jugado Mollejo o Montero con los pequeños un
día después de ir con el equipo profesional?

Este pasado fin de semana, el Atleti B, compuesto por
jovencitos imberbes cuyo mayor efectivo sumaba los 23 años (19 de media) supo
sobrevivir ante un Mirandés acostumbrado a estas batallas con jugadores mucho
más experimentados y rodados, la mayoría en el fútbol profesional durante años,
en un partido de ida que fue un episodio de miedo y respeto a partes iguales
por ambas entidades. Anduva dictará sentencia.

No sé hasta qué punto al Atlético le convendría tener al
filial en Segunda, una categoría quizás demasiado exigente para una plantilla
que debe estar compuesta por jugadores con poca experiencia que se deben curtir
con el correr de los meses. Es bastante posible que, de ascender, estos chicos
acaben claudicando ante la dureza y la experiencia de una liga en la que es muy
difícil sobrevivir sin esas dosis de ese otro fútbol que solo se adquieren con
los años.

Por eso, como la función de un filial siempre ha de ser
nutrir al primer equipo de futbolistas, puede que el ascenso del Atlético a
Segunda acabe derivando en un cambio de la hoja de ruta, como sucedió la otra
vez que el club colchonero tuvo al B en la categoría. Que compitió. Claro que
compitió. De hecho, uno de los cuatro años que se mantuvo en la categoría, el
club fue subcampeón de Liga. Pero la media de edad subió y el ejercicio de supervivencia
acabó derivando en que no muchos jugadores acabaran teniendo presencia en el
primer equipo o en otros, pues coincidió la eclosión de esos pocos muchachos
con el descenso del primer equipo a Segunda.  Así, los Casquero, Zahínos, Pablo García, Rubén
Baraja, Gaspar, Paunovic o Fortune acabaron realizando carrera en peores o
mejores condiciones. De la mayoría, no se supo más.

Tienen los rojiblancos una oportunidad de oro para sacar a 4
o 5 jugadores, que no es fácil, que puedan nutrir al primer equipo durante
muchos años. Y mucho menos si es de manera simultánea. Tiene Simeone en sus
manos la posibilidad de seguir siendo continuista con la gente de la casa, como
Koke, Saúl, Gabi o Torres. Y que nunca se pierda el sentido de pertenencia.  

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