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Lo que pudo ser

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 08-11-2018

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El
Real Madrid saltó al verde del Doosan Arena con la convicción de haber ganado
en el autobús, mientras hablaba por Whatsapp. Sin embargo, un aluvión checo en
los primeros instantes hizo que los blancos tuvieran que poner el modo avión y
dedicarse a jugar al fútbol durante los 80 minutos restantes, tal y como estaba
escrito unas horas antes. En los compases iniciales todos bendecían la idea de
la Superliga, por esto de visitar a un campo tan poco exclusivo, percatándose
que debían apretarse los machos y correr porque el rival no iba a regalar ni un
palmo de terreno. Esta es una crónica de lo que podría haber pasado hasta que
Benzema decidió que iba a ponerse el atuendo con el que nunca perdona. El de
las mejores galas.

Los
checos tardaron segundos en detectar los puntos débiles de su presa -con tan
solo un vistazo- casi como un león a punto de cazar. El Viktoria Plzen explotó
su lado derecho -aprovechando la juventud de Reguilón y la displicencia de Bale
en tareas defensivas- para sacar a Ramos de la cueva constantemente; una
situación en la que Nacho tenía que emparejarse con Chory, un talludo cazagoles
forjado en su liga natal. Ante ello, Casemiro -que faltan palabras para expresar
su importancia- tuvo que hacer sus clásicas ayudas defensivas, pisando área en
cada balón lateral de los anfitriones para capear el temporal. Los merengues no
andaban nada cómodos atrás y el Plzen rozaba el gol en cada internada al área.

Sin
embargo, los de Santiago Solari comenzaron a construir posesiones gracias a la
calidad de Kroos y la pausa de Benzema, para que otros futbolistas
desconectados comenzaran a palpar de lo que iba el encuentro. Uno de ellos fue
Ceballos, que se antoja más capital de lo que parece simplemente por la calidad
a la hora de girar y de controlar. Hoy en día el juego reclama casi de rodillas
futbolistas como él, que se atrevan a imaginar, regatear y chutar de forma irreverente
para que luego, si eso, se cuestione si ha escogido bien. Primero disparo y
luego pregunto.

Por
otro lado, si este Madrid quiere volver a reunirse con los aristócratas de
esta competición deberá darle más apoyos a Benzema, que navega por la izquierda
buscando socios para el gol. Así se fabricó el primer tanto, pintando una obra
de ensueño a la que nadie se acostumbra pese a que en su taller las colecciona
en decenas, como si fuera Leonardo Da Vinci. Lo único que le falta es un
mecenas que crea que esta competición, una vez más, pueda estar de nuevo en el
museo. 

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El
Real Madrid saltó al verde del Doosan Arena con la convicción de haber ganado
en el autobús, mientras hablaba por Whatsapp. Sin embargo, un aluvión checo en
los primeros instantes hizo que los blancos tuvieran que poner el modo avión y
dedicarse a jugar al fútbol durante los 80 minutos restantes, tal y como estaba
escrito unas horas antes. En los compases iniciales todos bendecían la idea de
la Superliga, por esto de visitar a un campo tan poco exclusivo, percatándose
que debían apretarse los machos y correr porque el rival no iba a regalar ni un
palmo de terreno. Esta es una crónica de lo que podría haber pasado hasta que
Benzema decidió que iba a ponerse el atuendo con el que nunca perdona. El de
las mejores galas.

Los
checos tardaron segundos en detectar los puntos débiles de su presa -con tan
solo un vistazo- casi como un león a punto de cazar. El Viktoria Plzen explotó
su lado derecho -aprovechando la juventud de Reguilón y la displicencia de Bale
en tareas defensivas- para sacar a Ramos de la cueva constantemente; una
situación en la que Nacho tenía que emparejarse con Chory, un talludo cazagoles
forjado en su liga natal. Ante ello, Casemiro -que faltan palabras para expresar
su importancia- tuvo que hacer sus clásicas ayudas defensivas, pisando área en
cada balón lateral de los anfitriones para capear el temporal. Los merengues no
andaban nada cómodos atrás y el Plzen rozaba el gol en cada internada al área.

Sin
embargo, los de Santiago Solari comenzaron a construir posesiones gracias a la
calidad de Kroos y la pausa de Benzema, para que otros futbolistas
desconectados comenzaran a palpar de lo que iba el encuentro. Uno de ellos fue
Ceballos, que se antoja más capital de lo que parece simplemente por la calidad
a la hora de girar y de controlar. Hoy en día el juego reclama casi de rodillas
futbolistas como él, que se atrevan a imaginar, regatear y chutar de forma irreverente
para que luego, si eso, se cuestione si ha escogido bien. Primero disparo y
luego pregunto.

Por
otro lado, si este Madrid quiere volver a reunirse con los aristócratas de
esta competición deberá darle más apoyos a Benzema, que navega por la izquierda
buscando socios para el gol. Así se fabricó el primer tanto, pintando una obra
de ensueño a la que nadie se acostumbra pese a que en su taller las colecciona
en decenas, como si fuera Leonardo Da Vinci. Lo único que le falta es un
mecenas que crea que esta competición, una vez más, pueda estar de nuevo en el
museo. 

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