_Fútbol Internacional

Lo que Bosman se llevó: Streltsov, el hombre que volvió del frío

Sergio Vilariño @SVilarino 16-04-2021

En la semana en que se cumplen 60 años del primer vuelo tripulado al espacio, una de las fotos más famosas de los héroes soviéticos que consiguieron tal hazaña es la que muestra a Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio, en el autobús que lo transportaba hasta los pies de la plataforma de lanzamiento donde se encontraba el Vostok 1 en el cosmódromo de Baykonur. Justo detrás de él vemos a Gherman Titov, el que aquel 9 de abril de 1961 era el cosmonauta reserva, y que a su vez sería el segundo cosmonauta soviético de la historia. Ambos están envueltos en un ambiente de concentración y nervios máximo. Junto a ellos se pueden ver a algunos de sus compañeros de entrenamiento en la Ciudad de las Estrellas, el centro de preparación de cosmonautas de la URSS. Era un día histórico y que los catapultaría a la inmortalidad. Se convirtieron en héroes de la Unión Soviética, apóstoles del socialismo y referentes para millones de personas en todo el mundo. En un estado en el que pertenecer a la masa era lo normal y lo adecuado, cuando una persona destacaba lo hacía de verdad. Daba igual si eras minero, francotirador en la Gran Guerra Patriótica o cosmonauta. Te convertías en referencia, en ejemplo para el resto, en póster propagandístico de la superioridad del sistema. Lo mismo ocurría con los deportistas.

Célebre es también la postal en la que aparecen, en el achicharrado césped del gigantesco Estadio Lenin de Moscú, tres de los hombres más importantes de la historia del fútbol soviético. A la derecha el capitán y líder de la selección, Igor Netto, un centrocampista trabajador y cerebral. En el centro, el hombre de negro, Lev Yashin. No creemos que haga falta decir nada más (como diría Bernd Schuster). En la izquierda, un joven repeinado a lo James Dean, Eduard Streltsov.

Cuando uno googlea el nombre de este último, las imágenes arrojan a dos hombres distintos. Uno, el que veíamos con Netto y Yashin, bien peinado, espalda recta, rezumando confianza. El otro, un hombre avejentado, con la frente ancha por la falta de cabello, incluso un poco pasado de peso. Ambos son Eduard Streltsov, separados por una auténtica odisea.

Streltsov es considerado el jugador más talentoso salido de la madre Rusia. Fue un genio precoz, que se hizo un nombre jugando para el Torpedo de Moscú (como trabajador estaba adscrito a la fábrica de tractores ZiL). Era un delantero que se movía por todo el frente de ataque. Un tipo rebelde, muy técnico, que no seguía directrices fácilmente, pero al que su calidad y carisma le dejaban salirse con la suya. Su carácter no encajaba mucho con lo que se esperaba de un ejemplo social en la URSS. Más aún cuando Streltsov saltó a la fama internacional.

En los JJOO de 1956, mientras soviéticos y húngaros se molían a palos en las calles de Budapest y en las piscinas de Melbourne, la selección de fútbol de la URSS llegó a la final gracias a las fantásticas actuaciones de la delantera del Torpedo, compuesta por Streltsov y otro grande, Valentin Ivanov. Eduard marcó contra Alemania Federal y en las semifinales contra Bulgaria fue decisivo, con un gol y la asistencia a Tatushin en la prórroga que decidía el encuentro. En aquel momento la URSS jugaba con nueve hombres, ya que Ivanov había sufrido un desgarro muscular y Tyschenko, lateral derecho, estaba aguantando en el campo como podía, pues se había roto la clavícula. Para desesperación de Streltsov, el seleccionador Katchalin, gran valedor de la técnica individual y del propio atacante, tenía otra manía. Consideraba que su delantera debía estar compuesta por compañeros de equipo. Con Ivanov lesionado Streltsov perdió su puesto en el equipo para la final. Aun así, la URSS con Yashin en la puerta, Igor Netto en el medio y la bola de demolición Nikita Simonyan arriba consiguió el oro (la historia cuenta que el atacante armenio ofreció su medalla al jugador del Torpedo y este la rechazó porque ganaría muchas más), y regresaron a Moscú como celebridades nacionales. Yashin se consagraba como estrella mundial y la fama de Streltsov no dejó de crecer en el bienio que les separaba de su debut mundialista en Suecia 58. Cada año marcaba más y el Torpedo se acercaba más al título.

Su estilo de vida, disoluto y mujeriego, tampoco pasaba desapercibido. La nomenklatura sospechaba del jugador del Torpedo. Fue señalado desde el principio como un posible desertor, con lo cual sus salidas al extranjero con club y selección estuvieron muy controladas. Streltsov era invitado a recepciones y fiestas muy a menudo. Era el golden boy del fútbol sóviet, y así era reconocido incluso en las votaciones del Balón de Oro, donde llegó a ser 7º en 1957. También fue decisivo ayudando a la URSS a clasificarse para el Mundial. También durante esta etapa empezó a tener sus primeros problemas con el sistema, primero perdiendo un tren que los llevaría a jugar contra la RDA en partido clasificatorio y luego peleándose con un policía poco antes de acudir al llamado de la selección. Empezó a ser expulsado al reaccionar a las continuas patadas que su estilo de juego le granjeaba. Streltsov era un maestro en el uso del tacón, excusa ideal para recibir entradas a destiempo por detrás. Su imagen de bad boy no dejaba de acrecentarse, pero ese chico malo era un diablo con el balón en los pies y con él en la punta del ataque el equipo soviético tendría buenos argumentos en la Copa del Mundo. El campeonato en tierras suecas debería ser su consagración en el escaparate mundial. La URSS era uno de los tapados y, en su primera participación, uno de los equipos que más expectación generaba. Pero Streltsov nunca jugaría un Mundial.

Streltsov, durante una recepción oficial, tuvo la brillante idea de insultar a la hija de Ekaterina Furtseva, la primera mujer miembro del Politburó. Esta insinuó que Eduard debería casarse con su hija y el futbolista fue escuchado posteriormente llamando mono a su hija. Aunque Streltsov iba borracho cuando dijo esto, de poco le iba a servir ese atenuante. Poco después, invitado junto a un par de compañeros a una fiesta en la dacha de un militar, Streltsov fue visto abandonando la misma junto a Marina Lebedeva. Sería acusado de violación y llevado ante la justicia. Eduard lo negó en principio, pero ante la posibilidad de perderse el Mundial y la promesa de las autoridades de dejarle jugar si confesaba, pasó por el aro. Esta no era más que la clásica estratagema de las confesiones soviéticas. El mismo método que llevaba utilizándose en la URSS y sus países satélite desde que la palabra purga salió por primera vez de una boca bolchevique. Las declaraciones de Lebedeva y otros testigos, incluídos Ogonkov y Tatushin, los otros dos futbolistas, fueron contradictorias, pero al sistema le dio igual. Streltsov sería enviado al Gulag.

Gavril Katchalin, su mayor valedor, intentó protegerle incluso enfrentándose a Khruschev, pero de nada sirvió. Su mejor delantero sería condenado a 12 años en los campos de trabajo. Más de 100 mil trabajadores de ZiL planearon una protesta, pero esta fue cancelada recibieron las noticias de su confesión. El revuelo fue muy importante.

La URSS viajó a Suecia, sin Streltsov ni dos de sus jóvenes y talentosos compañeros Mikhail Ogonkov y Boris Tatushin quienes también fueron acusados de violación en el mismo caso de Streltsov y sancionados con una pena menor de tres años de inhabilitación para el fútbol. Se enfrentarían a Pelé y Garrincha en la primera fase y caerían en los cuartos de final. Para entonces el fenómeno del Torpedo de Moscú ya era un número más en un campo de trabajo al norte de la región de Kirov, unos 800 kilómetros al este de Moscú.

Allí pasó 5 años, debido a que su confesión llevó a un tribunal a reducirle la pena. Se sabe poco de su estancia en el Gulag, pero aparentemente recibió una paliza de otro preso al poco de llegar y pasó cuatro meses en el hospital. Esto no es más que la confirmación de lo que se sospechaba desde el primer día. Streltsov no recibió ninguna ayuda de las autoridades, y realizó el trayecto hasta el campo en un vagón de ganado, exactamente igual que todos los demás convictos. Pocos kulaks (campesinos ricos, pequeños terratenientes), quedaban por ser castigados tras el mandato de Stalin, con lo cual Streltsov compartió espacio con violadores y otros criminales, así como actores, artistas, poetas, académicos y cualquiera que pudiese caer en la vasta categoría de actividad anti-soviética. Ese campo, cerca de Lesnoy, especializado en la producción de madera, había sido usado para prisioneros de guerra, pero para aquel momento todos habían sido devueltos a sus países, liberados o habían muerto. Viviendo a base de una dieta escasa y en un entorno violento, los primeros meses de Streltsov fueron un infierno. Los violadores sufren todo tipo de abusos en prisión y el Gulag no es una excepción. Hay registros del alto número de suicidios entre esta población y quizá esa agresión a la que nos referíamos anteriormente tenga que ver con esta dura realidad. Solo la presencia de un guarda futbolero redujo sus penas en esos cinco años. Tras los duros inicios, Streltsov siguió jugando al fútbol con los demás prisioneros, ganándose la admiración de los mismos, así como de los propios guardas. Mientras, su Torpedo, guiado por Gennadi Gusarov (otro excelente delantero que sería máximo goleador de la TOP Division y que había debutado poco antes de la caída en desgracia de Streltsov) ganaba el título de liga. Con la caída de Khruschev y el ascenso de Brezhnev, este cedió a las presiones.

Streltsov fue liberado y regresó a su puesto en la fábrica. Muy debilitado, sin rastro de su prodigiosa velocidad, Eduard volvió a jugar con el equipo amateur. Enormes cantidades de público acudían a sus partidos y la presión para que el Torpedo lo reintegrase se hizo enorme. Así pues, en 1965, Streltsov volvió a jugar para su único club. Ya antes de la condena había rechazado en repetidas ocasiones fichar por el Dinamo, equipo del KGB, y el CSKA, club del ejército, circunstancia que seguramente no le ayudó demasiado cuando se vio en problemas.

La vuelta del hijo pródigo revitalizó al Torpedo, que con Streltsov jugando de centrocampista ganó el campeonato ese mismo año. También fue segundo en la votación al futbolista soviético del año por detrás de Ivanov. Poco después volvería a la selección nacional. La URSS había sido 4ª en el Mundial de Inglaterra y la inclusión de Streltsov, fue toda una noticia. El equipo mejoraba todavía más con su inteligencia dirigiendo los ataques del combinado nacional. Streltsov será importante para llevar a la URSS a la fase final de la Euro 68.

Ese mismo año fue elegido mejor jugador de la URSS, pero inexplicablemente no fue incluido en el equipo que viajó a Italia (¿miedo a su deserción?). El año siguiente retuvo su título como mejor jugador del campeonato, pero nunca más volvió a jugar con la selección.

Eduard Streltsov se retiró en 1970 a los 33 años. Zil y el Torpedo siguieron pagándole su salario habitual para que pudiese concentrarse en sacarse el título de Maestro de Deportes, indispensable para ser entrenador y que luego se reincorporarse al organigrama del club.

En 1990, el mismo año de la muerte de su amigo Yashin, Streltsov también nos dejaba por un cáncer de garganta. Muchos echan la culpa de esta enfermedad a las condiciones en las que vivió y trabajó durante sus cinco años de internamiento.

El Pelé ruso y la Araña Negra están enterrados en el mismo cementerio (Vagánkovo, al igual que Netto, el otro protagonista de la foto a la que hacíamos referencia al comienzo). Siete años después de su muerte, numerosos testigos vieron a Marina Lebedeva, la mujer a la que fue acusado de violar, dejando un ramo de flores en su tumba el día del aniversario de su muerte.

La historia de Streltsov es de sobra conocida, pero refleja todas las circunstancias, no siempre futbolísticas, que rodeaban al fútbol (y al deporte en general) antes de nuestra era. Y la política fue más influyente que ninguna otra. Para cuando alguien se queje y suelte la perorata.


Imagen de cabecera: Graffiti de Eduard Streltsov en los aledaños del estadio del Torpedo de Moscú (vía Twitter)

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En la semana en que se cumplen 60 años del primer vuelo tripulado al espacio, una de las fotos más famosas de los héroes soviéticos que consiguieron tal hazaña es la que muestra a Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio, en el autobús que lo transportaba hasta los pies de la plataforma de lanzamiento donde se encontraba el Vostok 1 en el cosmódromo de Baykonur. Justo detrás de él vemos a Gherman Titov, el que aquel 9 de abril de 1961 era el cosmonauta reserva, y que a su vez sería el segundo cosmonauta soviético de la historia. Ambos están envueltos en un ambiente de concentración y nervios máximo. Junto a ellos se pueden ver a algunos de sus compañeros de entrenamiento en la Ciudad de las Estrellas, el centro de preparación de cosmonautas de la URSS. Era un día histórico y que los catapultaría a la inmortalidad. Se convirtieron en héroes de la Unión Soviética, apóstoles del socialismo y referentes para millones de personas en todo el mundo. En un estado en el que pertenecer a la masa era lo normal y lo adecuado, cuando una persona destacaba lo hacía de verdad. Daba igual si eras minero, francotirador en la Gran Guerra Patriótica o cosmonauta. Te convertías en referencia, en ejemplo para el resto, en póster propagandístico de la superioridad del sistema. Lo mismo ocurría con los deportistas.

Célebre es también la postal en la que aparecen, en el achicharrado césped del gigantesco Estadio Lenin de Moscú, tres de los hombres más importantes de la historia del fútbol soviético. A la derecha el capitán y líder de la selección, Igor Netto, un centrocampista trabajador y cerebral. En el centro, el hombre de negro, Lev Yashin. No creemos que haga falta decir nada más (como diría Bernd Schuster). En la izquierda, un joven repeinado a lo James Dean, Eduard Streltsov.

Cuando uno googlea el nombre de este último, las imágenes arrojan a dos hombres distintos. Uno, el que veíamos con Netto y Yashin, bien peinado, espalda recta, rezumando confianza. El otro, un hombre avejentado, con la frente ancha por la falta de cabello, incluso un poco pasado de peso. Ambos son Eduard Streltsov, separados por una auténtica odisea.

Streltsov es considerado el jugador más talentoso salido de la madre Rusia. Fue un genio precoz, que se hizo un nombre jugando para el Torpedo de Moscú (como trabajador estaba adscrito a la fábrica de tractores ZiL). Era un delantero que se movía por todo el frente de ataque. Un tipo rebelde, muy técnico, que no seguía directrices fácilmente, pero al que su calidad y carisma le dejaban salirse con la suya. Su carácter no encajaba mucho con lo que se esperaba de un ejemplo social en la URSS. Más aún cuando Streltsov saltó a la fama internacional.

En los JJOO de 1956, mientras soviéticos y húngaros se molían a palos en las calles de Budapest y en las piscinas de Melbourne, la selección de fútbol de la URSS llegó a la final gracias a las fantásticas actuaciones de la delantera del Torpedo, compuesta por Streltsov y otro grande, Valentin Ivanov. Eduard marcó contra Alemania Federal y en las semifinales contra Bulgaria fue decisivo, con un gol y la asistencia a Tatushin en la prórroga que decidía el encuentro. En aquel momento la URSS jugaba con nueve hombres, ya que Ivanov había sufrido un desgarro muscular y Tyschenko, lateral derecho, estaba aguantando en el campo como podía, pues se había roto la clavícula. Para desesperación de Streltsov, el seleccionador Katchalin, gran valedor de la técnica individual y del propio atacante, tenía otra manía. Consideraba que su delantera debía estar compuesta por compañeros de equipo. Con Ivanov lesionado Streltsov perdió su puesto en el equipo para la final. Aun así, la URSS con Yashin en la puerta, Igor Netto en el medio y la bola de demolición Nikita Simonyan arriba consiguió el oro (la historia cuenta que el atacante armenio ofreció su medalla al jugador del Torpedo y este la rechazó porque ganaría muchas más), y regresaron a Moscú como celebridades nacionales. Yashin se consagraba como estrella mundial y la fama de Streltsov no dejó de crecer en el bienio que les separaba de su debut mundialista en Suecia 58. Cada año marcaba más y el Torpedo se acercaba más al título.

Su estilo de vida, disoluto y mujeriego, tampoco pasaba desapercibido. La nomenklatura sospechaba del jugador del Torpedo. Fue señalado desde el principio como un posible desertor, con lo cual sus salidas al extranjero con club y selección estuvieron muy controladas. Streltsov era invitado a recepciones y fiestas muy a menudo. Era el golden boy del fútbol sóviet, y así era reconocido incluso en las votaciones del Balón de Oro, donde llegó a ser 7º en 1957. También fue decisivo ayudando a la URSS a clasificarse para el Mundial. También durante esta etapa empezó a tener sus primeros problemas con el sistema, primero perdiendo un tren que los llevaría a jugar contra la RDA en partido clasificatorio y luego peleándose con un policía poco antes de acudir al llamado de la selección. Empezó a ser expulsado al reaccionar a las continuas patadas que su estilo de juego le granjeaba. Streltsov era un maestro en el uso del tacón, excusa ideal para recibir entradas a destiempo por detrás. Su imagen de bad boy no dejaba de acrecentarse, pero ese chico malo era un diablo con el balón en los pies y con él en la punta del ataque el equipo soviético tendría buenos argumentos en la Copa del Mundo. El campeonato en tierras suecas debería ser su consagración en el escaparate mundial. La URSS era uno de los tapados y, en su primera participación, uno de los equipos que más expectación generaba. Pero Streltsov nunca jugaría un Mundial.

Streltsov, durante una recepción oficial, tuvo la brillante idea de insultar a la hija de Ekaterina Furtseva, la primera mujer miembro del Politburó. Esta insinuó que Eduard debería casarse con su hija y el futbolista fue escuchado posteriormente llamando mono a su hija. Aunque Streltsov iba borracho cuando dijo esto, de poco le iba a servir ese atenuante. Poco después, invitado junto a un par de compañeros a una fiesta en la dacha de un militar, Streltsov fue visto abandonando la misma junto a Marina Lebedeva. Sería acusado de violación y llevado ante la justicia. Eduard lo negó en principio, pero ante la posibilidad de perderse el Mundial y la promesa de las autoridades de dejarle jugar si confesaba, pasó por el aro. Esta no era más que la clásica estratagema de las confesiones soviéticas. El mismo método que llevaba utilizándose en la URSS y sus países satélite desde que la palabra purga salió por primera vez de una boca bolchevique. Las declaraciones de Lebedeva y otros testigos, incluídos Ogonkov y Tatushin, los otros dos futbolistas, fueron contradictorias, pero al sistema le dio igual. Streltsov sería enviado al Gulag.

Gavril Katchalin, su mayor valedor, intentó protegerle incluso enfrentándose a Khruschev, pero de nada sirvió. Su mejor delantero sería condenado a 12 años en los campos de trabajo. Más de 100 mil trabajadores de ZiL planearon una protesta, pero esta fue cancelada recibieron las noticias de su confesión. El revuelo fue muy importante.

La URSS viajó a Suecia, sin Streltsov ni dos de sus jóvenes y talentosos compañeros Mikhail Ogonkov y Boris Tatushin quienes también fueron acusados de violación en el mismo caso de Streltsov y sancionados con una pena menor de tres años de inhabilitación para el fútbol. Se enfrentarían a Pelé y Garrincha en la primera fase y caerían en los cuartos de final. Para entonces el fenómeno del Torpedo de Moscú ya era un número más en un campo de trabajo al norte de la región de Kirov, unos 800 kilómetros al este de Moscú.

Allí pasó 5 años, debido a que su confesión llevó a un tribunal a reducirle la pena. Se sabe poco de su estancia en el Gulag, pero aparentemente recibió una paliza de otro preso al poco de llegar y pasó cuatro meses en el hospital. Esto no es más que la confirmación de lo que se sospechaba desde el primer día. Streltsov no recibió ninguna ayuda de las autoridades, y realizó el trayecto hasta el campo en un vagón de ganado, exactamente igual que todos los demás convictos. Pocos kulaks (campesinos ricos, pequeños terratenientes), quedaban por ser castigados tras el mandato de Stalin, con lo cual Streltsov compartió espacio con violadores y otros criminales, así como actores, artistas, poetas, académicos y cualquiera que pudiese caer en la vasta categoría de actividad anti-soviética. Ese campo, cerca de Lesnoy, especializado en la producción de madera, había sido usado para prisioneros de guerra, pero para aquel momento todos habían sido devueltos a sus países, liberados o habían muerto. Viviendo a base de una dieta escasa y en un entorno violento, los primeros meses de Streltsov fueron un infierno. Los violadores sufren todo tipo de abusos en prisión y el Gulag no es una excepción. Hay registros del alto número de suicidios entre esta población y quizá esa agresión a la que nos referíamos anteriormente tenga que ver con esta dura realidad. Solo la presencia de un guarda futbolero redujo sus penas en esos cinco años. Tras los duros inicios, Streltsov siguió jugando al fútbol con los demás prisioneros, ganándose la admiración de los mismos, así como de los propios guardas. Mientras, su Torpedo, guiado por Gennadi Gusarov (otro excelente delantero que sería máximo goleador de la TOP Division y que había debutado poco antes de la caída en desgracia de Streltsov) ganaba el título de liga. Con la caída de Khruschev y el ascenso de Brezhnev, este cedió a las presiones.

Streltsov fue liberado y regresó a su puesto en la fábrica. Muy debilitado, sin rastro de su prodigiosa velocidad, Eduard volvió a jugar con el equipo amateur. Enormes cantidades de público acudían a sus partidos y la presión para que el Torpedo lo reintegrase se hizo enorme. Así pues, en 1965, Streltsov volvió a jugar para su único club. Ya antes de la condena había rechazado en repetidas ocasiones fichar por el Dinamo, equipo del KGB, y el CSKA, club del ejército, circunstancia que seguramente no le ayudó demasiado cuando se vio en problemas.

La vuelta del hijo pródigo revitalizó al Torpedo, que con Streltsov jugando de centrocampista ganó el campeonato ese mismo año. También fue segundo en la votación al futbolista soviético del año por detrás de Ivanov. Poco después volvería a la selección nacional. La URSS había sido 4ª en el Mundial de Inglaterra y la inclusión de Streltsov, fue toda una noticia. El equipo mejoraba todavía más con su inteligencia dirigiendo los ataques del combinado nacional. Streltsov será importante para llevar a la URSS a la fase final de la Euro 68.

Ese mismo año fue elegido mejor jugador de la URSS, pero inexplicablemente no fue incluido en el equipo que viajó a Italia (¿miedo a su deserción?). El año siguiente retuvo su título como mejor jugador del campeonato, pero nunca más volvió a jugar con la selección.

Eduard Streltsov se retiró en 1970 a los 33 años. Zil y el Torpedo siguieron pagándole su salario habitual para que pudiese concentrarse en sacarse el título de Maestro de Deportes, indispensable para ser entrenador y que luego se reincorporarse al organigrama del club.

En 1990, el mismo año de la muerte de su amigo Yashin, Streltsov también nos dejaba por un cáncer de garganta. Muchos echan la culpa de esta enfermedad a las condiciones en las que vivió y trabajó durante sus cinco años de internamiento.

El Pelé ruso y la Araña Negra están enterrados en el mismo cementerio (Vagánkovo, al igual que Netto, el otro protagonista de la foto a la que hacíamos referencia al comienzo). Siete años después de su muerte, numerosos testigos vieron a Marina Lebedeva, la mujer a la que fue acusado de violar, dejando un ramo de flores en su tumba el día del aniversario de su muerte.

La historia de Streltsov es de sobra conocida, pero refleja todas las circunstancias, no siempre futbolísticas, que rodeaban al fútbol (y al deporte en general) antes de nuestra era. Y la política fue más influyente que ninguna otra. Para cuando alguien se queje y suelte la perorata.


Imagen de cabecera: Graffiti de Eduard Streltsov en los aledaños del estadio del Torpedo de Moscú (vía Twitter)

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Luis Campos: de la mano de PSG y Celta

Marcos Pimentel @PimenMarcos77
28-06-2022