_Sudamérica

Liderar la Canarinha

Cristina Caparrós @criscaparros 12-06-2018

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Brasil, año 2014. Transcurría el
minuto 86 de partido cuando el Estadio Castelao enmudeció. Un
rodillazo de Zuñiga lesionaba a Neymar y lo apartaría del verde, privándole de
jugar las semifinales del último Mundial que se ha disputado, justamente frente
a los suyos. El brasileño sufrió una fractura de una vértebra lumbar y aquella
victoria en cuartos de final se vio empañada por la ausencia de su estrella para el próximo partido frente a Alemania. 

Aquella lesión fue un duro
momento para el 10 de Brasil, no solo por lo deportivo, sino también por su
peso psicológico. Neymar ya estaba destinado a ser el líder de aquella
selección, a pesar de su corta edad. Era el jugador de moda y toda la esperanza
de un país que soñaba con volver a levantar la Copa del Mundo. Sin embargo, tuvo
que ver desde la grada como su selección caía en semifinales por un notorio
marcador.

A un día de que inicie el evento
balompédico por excelencia, los focos señalan de nuevo a Neymar. Brasil parte
como una de las favoritas, y el fichaje más caro de la historia es de nuevo uno de los jugadores a seguir de cerca. Vuelve a estar sometido a la presión de
demostrar a nivel mundial y de llevar a un país lo más lejos posible. Cuatro años más tarde, éste puede ser el Mundial de Neymar.

Tras lesionarse a finales de
febrero y estar tres meses sin jugar, regresó a los terrenos de juego frente a
Croacia. Y lo hizo con su particular magia. Amagando, orientando y definiendo
el gol que abriría el marcador. Neymar sentía miedo en su reaparición, pero sus temores parecen
haber quedado lejos. Sus virtudes vuelven a estar presentes, en el momento más
crucial del año.

Los pupilos de Tite están
preparados para dar un paso al frente y asumir la responsabilidad de un cartel
que les ubica como una de las selecciones favoritas para ganar el Mundial de
Rusia 2018. El entrenador brasileño ha reconducido la situación de la selección,
se respira la comunicación que existe con sus jugadores, y apuesta por el
potencial colectivo, sin dejar de amortizar las individualidades que posee.

La intención de recuperar el
rumbo que Brasil perdió a partir de 2002 es evidente. En los noventa y los principios de
los dos mil destacó una Brasil dominadora, con jugadores como Dunga, Cafú, Ronaldo,
Bebeto, Romario, Rivaldo, o Ronaldinho, que definían la magia , la clase y la peculiaridad del
futbolista brasileño. En menos de una década, la selección consiguió dos mundiales
y ser finalista en un tercero. Tras ello, Europa se agenció el protagonismo y
en Brasil se generó la duda de la pérdida del característico jugador.

Liderar la Canarinha no es cualquier cosa. Los trofeos
pesan, más que en ninguna vitrina. La historia, también. Sin embargo, parece que
esta vez Neymar, más maduro, puede guiar a un conjunto que aspira a todo. Sus
regates, su desborde, su uno contra uno, y todas las habilidades que le hacen
ser un jugador distinto, formarán parte de las escenas del espectáculo. La
esperanza de la selección de Brasil pasa por las botas de Neymar, y éstas, sin
duda, son capaces de aliarse con el balón para dibujar una estrella más y plasmarla
en la elástica verde-amarela.

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Brasil, año 2014. Transcurría el
minuto 86 de partido cuando el Estadio Castelao enmudeció. Un
rodillazo de Zuñiga lesionaba a Neymar y lo apartaría del verde, privándole de
jugar las semifinales del último Mundial que se ha disputado, justamente frente
a los suyos. El brasileño sufrió una fractura de una vértebra lumbar y aquella
victoria en cuartos de final se vio empañada por la ausencia de su estrella para el próximo partido frente a Alemania. 

Aquella lesión fue un duro
momento para el 10 de Brasil, no solo por lo deportivo, sino también por su
peso psicológico. Neymar ya estaba destinado a ser el líder de aquella
selección, a pesar de su corta edad. Era el jugador de moda y toda la esperanza
de un país que soñaba con volver a levantar la Copa del Mundo. Sin embargo, tuvo
que ver desde la grada como su selección caía en semifinales por un notorio
marcador.

A un día de que inicie el evento
balompédico por excelencia, los focos señalan de nuevo a Neymar. Brasil parte
como una de las favoritas, y el fichaje más caro de la historia es de nuevo uno de los jugadores a seguir de cerca. Vuelve a estar sometido a la presión de
demostrar a nivel mundial y de llevar a un país lo más lejos posible. Cuatro años más tarde, éste puede ser el Mundial de Neymar.

Tras lesionarse a finales de
febrero y estar tres meses sin jugar, regresó a los terrenos de juego frente a
Croacia. Y lo hizo con su particular magia. Amagando, orientando y definiendo
el gol que abriría el marcador. Neymar sentía miedo en su reaparición, pero sus temores parecen
haber quedado lejos. Sus virtudes vuelven a estar presentes, en el momento más
crucial del año.

Los pupilos de Tite están
preparados para dar un paso al frente y asumir la responsabilidad de un cartel
que les ubica como una de las selecciones favoritas para ganar el Mundial de
Rusia 2018. El entrenador brasileño ha reconducido la situación de la selección,
se respira la comunicación que existe con sus jugadores, y apuesta por el
potencial colectivo, sin dejar de amortizar las individualidades que posee.

La intención de recuperar el
rumbo que Brasil perdió a partir de 2002 es evidente. En los noventa y los principios de
los dos mil destacó una Brasil dominadora, con jugadores como Dunga, Cafú, Ronaldo,
Bebeto, Romario, Rivaldo, o Ronaldinho, que definían la magia , la clase y la peculiaridad del
futbolista brasileño. En menos de una década, la selección consiguió dos mundiales
y ser finalista en un tercero. Tras ello, Europa se agenció el protagonismo y
en Brasil se generó la duda de la pérdida del característico jugador.

Liderar la Canarinha no es cualquier cosa. Los trofeos
pesan, más que en ninguna vitrina. La historia, también. Sin embargo, parece que
esta vez Neymar, más maduro, puede guiar a un conjunto que aspira a todo. Sus
regates, su desborde, su uno contra uno, y todas las habilidades que le hacen
ser un jugador distinto, formarán parte de las escenas del espectáculo. La
esperanza de la selección de Brasil pasa por las botas de Neymar, y éstas, sin
duda, son capaces de aliarse con el balón para dibujar una estrella más y plasmarla
en la elástica verde-amarela.

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