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Leo Messi es un deporte

Xavi Vallés @xavivalles14 25-02-2019

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Nos situamos en un escenario ya conocido, repetido, gastado. Un ‘da igual cuando leas esto’ de manual: Leo Messi ha ganado otro partido él solo. Y como uno de los muchos afortunados que -a través de medios de comunicación, blogs o plataformas web del planeta- podemos presentar texto semanal, me veo ‘obligado’ a afrontar una tarea extremadamente complicada: no pasar por alto lo que acaba de hacer el argentino. Tratar de encontrar las palabras convenientes, tropezar con los adjetivos adecuados. Intentar sintetizar lo que representa la presencia y participación de este muchacho dentro del terreno de juego. Escribir sobre el que es, sin ninguna duda, el mayor talento futbolístico que han visto mis ojos. Dicha misión tiene otra dificultad añadida: todo el mundo ha tratado de describirle tantas veces (después de cada gol imposible, de cada regate mágico, de cada pase inverosímil, de cada exhibición vestido de corto…) que da la sensación de que cualquier cosa que uno pueda decir será ya un duplicado.

Por eso tienes la sensación de que se te viene todo encima al querer escribir sobre el argentino. Tampoco sabes por dónde empezar, porque es un jugador que a lo largo de su carrera ha sido capaz de enseñarnos a distintos Leo Messi. Todos con un talento excepcionalmente único y en una constante mejora de las facetas del juego, lo que ha llevado al azulgrana hasta lo que hoy el mundo del fútbol define y considera como el futbolista total. ¿Qué le convierte en esto? ¿Por qué solo él merece esta consideración? La respuesta es simple: es el único jugador del mundo capaz abarcar las funciones ofensivas de todas las posiciones del centro del campo en adelante y no solo cumplir con ellas, sino mejorarlas hasta límites inalcanzables para el resto. Todos los Leo Messi que llevamos viendo desde 2008 han sido mejor jugador del mundo en alguna o varias posiciones del juego.

Si traducimos esta relación entre posiciones y facetas del juego a representaciones numéricas, entendemos que Leo Messi es un fantástico ‘6’, ya que además de hacer circular el balón o retenerlo mientras crea, organiza e instaura el ritmo de juego que más le conviene al equipo, ha adquirido una madurez que le convierte en un ‘retroalimentador posicional’. Messi ha sido y es un estupendo ‘7’, ya que su técnica y desborde le permitirían caer a banda, encarar y sortear rivales en el uno contra uno para irse hacia portería. Messi también es un maravilloso ‘8’, ya que es único en la canalización del juego, capaz de cambiar de ritmo  para romper las líneas rivales y llegar hasta la frontal del área. Messi es el más eficaz de los ‘9’, ya que no se ha visto nunca a un jugador con unos registros goleadores como los suyos ni capaz de finalizar con tanta variedad de recursos dentro del área o en el mano a mano contra el portero. Messi se ha convertido en el más sangriento ‘killer’ de la historia sin haber nacido específicamente para ello, siendo el gol tan solo otro rol colateral de su amplísima asignación de funciones.

Y Messi, obviamente, es ‘el 10’. Capaz de mover a todo el equipo a su ritmo, matrícula de honor en arrastrar rivales para crear desajustes defensivos que se traducen en ocasiones de peligro para sus compañeros, rapidísimo en la toma de decisiones (normalmente, acertadas) en zona de peligro, excelente asistente para todos los que están a su alrededor (sean delanteros, centrocampistas que llegan desde segunda línea o carrileros que se incorporan) y así multiplicar las opciones de su equipo en ataque. Una vez leí que “no existe tanto la ‘Messidependencia’, sino la ‘Messicracia’. Messi juega y el cuerpo del equipo se mueve a partir de él” y me parece una de las descripciones más acertadas que se ha hecho jamás sobre la influencia que ejerce el astro más rutilante del universo balompédico. Y es que cuando el juego del equipo empieza, pasa o acaba en Messi adquiere una dimensión distinta e inigualable.

Solo ha habido un jugador en la historia capaz de reunir tanto talento al servicio del equipo. Si partimos del análisis anterior, cualquier comparación (por muy lícita o bien orquestada que esté) con cualquier futbolista carece del más mínimo sentido. En cuanto a las posibles comparaciones con los mejores futbolistas de la historia, me limitaré a compartir una frase que un día escribió César Luis Menotti: “Messi resume a Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona”. Resume. Qué bonita forma de explicar que en Messi, en un mismo jugador, se encuentran representadas todas las cualidades que poseyeron las mayores leyendas de la historia del fútbol. Es por eso no comparto la afirmación a menudo extendida, de que cuando se retire, Messi va a entrar en el Olimpo de Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. Pienso que son ellos los que deberían ser considerados los otros dioses de un Olimpo gobernado por Leo ‘Zeus’ Messi.

La ‘era Messi’ ha permitido al FC Barcelona vivir los mayores éxitos futbolísticos de su historia. El argentino ha transformado el club de arriba a abajo en cuanto a impacto global y le ha situado, de forma definitiva, entre las grandes instituciones futbolísticas del planeta. Lo ha hecho a través de una demostración continua de lealtad y amor a unos colores, en una entrañable historia de compromiso con un club al que quiere mucho más de lo que siempre nos hemos podido imaginar. Messi ha estado, está y estará siempre ahí. Messi es ese capitán que consigue estabilizar el barco cuando el oleaje es intenso, esa porción de fruta fresca en una calurosa tarde de verano, esa caja de bombones que alguien te ha preparado al salir de una intervención quirúrgica, ese perro llamado Hachiko que espera incansablemente en la andana de la estación, ese golpecito a la espalda que alguien te da mientras te comenta que “todo va a ir bien” en la entrevista de trabajo. Y ahí se encuentra el quid de la cuestión: Messi siempre ofrece su descomunal talento al servicio del equipo, siempre vuelca su participación al beneficio colectivo, siempre dirige el foco que le pertenece al estado del grupo. Un grupo que ha interiorizado que debe jugar para él, pero que debe aprender a hacerlo. Un grupo que ha aprendido a subministrarle de todo, pero que no debe encomendarse a él del todo. Un grupo que sabe que la ‘Messicracia’ es la fórmula ganadora, pero que debe instruirse en cómo sacarla al mercado. Un paso definitivo para dejar claro que, de esta forma, no solo tendrás a tu lado al jugador más mágico y creativo de la historia, sino también al más eficaz.

Porque lo mejor de Messi es que, por encima de todo, es un ganador. Una década de goles, pero también de triunfos. Una década de magia, pero también de títulos. Una década de distinciones individuales, pero también de logros colectivos. Una década de futbol, pero también de este deporte al que parece que solo él juega. Este deporte llamado Leo Messi.

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Nos situamos en un escenario ya conocido, repetido, gastado. Un ‘da igual cuando leas esto’ de manual: Leo Messi ha ganado otro partido él solo. Y como uno de los muchos afortunados que -a través de medios de comunicación, blogs o plataformas web del planeta- podemos presentar texto semanal, me veo ‘obligado’ a afrontar una tarea extremadamente complicada: no pasar por alto lo que acaba de hacer el argentino. Tratar de encontrar las palabras convenientes, tropezar con los adjetivos adecuados. Intentar sintetizar lo que representa la presencia y participación de este muchacho dentro del terreno de juego. Escribir sobre el que es, sin ninguna duda, el mayor talento futbolístico que han visto mis ojos. Dicha misión tiene otra dificultad añadida: todo el mundo ha tratado de describirle tantas veces (después de cada gol imposible, de cada regate mágico, de cada pase inverosímil, de cada exhibición vestido de corto…) que da la sensación de que cualquier cosa que uno pueda decir será ya un duplicado.

Por eso tienes la sensación de que se te viene todo encima al querer escribir sobre el argentino. Tampoco sabes por dónde empezar, porque es un jugador que a lo largo de su carrera ha sido capaz de enseñarnos a distintos Leo Messi. Todos con un talento excepcionalmente único y en una constante mejora de las facetas del juego, lo que ha llevado al azulgrana hasta lo que hoy el mundo del fútbol define y considera como el futbolista total. ¿Qué le convierte en esto? ¿Por qué solo él merece esta consideración? La respuesta es simple: es el único jugador del mundo capaz abarcar las funciones ofensivas de todas las posiciones del centro del campo en adelante y no solo cumplir con ellas, sino mejorarlas hasta límites inalcanzables para el resto. Todos los Leo Messi que llevamos viendo desde 2008 han sido mejor jugador del mundo en alguna o varias posiciones del juego.

Si traducimos esta relación entre posiciones y facetas del juego a representaciones numéricas, entendemos que Leo Messi es un fantástico ‘6’, ya que además de hacer circular el balón o retenerlo mientras crea, organiza e instaura el ritmo de juego que más le conviene al equipo, ha adquirido una madurez que le convierte en un ‘retroalimentador posicional’. Messi ha sido y es un estupendo ‘7’, ya que su técnica y desborde le permitirían caer a banda, encarar y sortear rivales en el uno contra uno para irse hacia portería. Messi también es un maravilloso ‘8’, ya que es único en la canalización del juego, capaz de cambiar de ritmo  para romper las líneas rivales y llegar hasta la frontal del área. Messi es el más eficaz de los ‘9’, ya que no se ha visto nunca a un jugador con unos registros goleadores como los suyos ni capaz de finalizar con tanta variedad de recursos dentro del área o en el mano a mano contra el portero. Messi se ha convertido en el más sangriento ‘killer’ de la historia sin haber nacido específicamente para ello, siendo el gol tan solo otro rol colateral de su amplísima asignación de funciones.

Y Messi, obviamente, es ‘el 10’. Capaz de mover a todo el equipo a su ritmo, matrícula de honor en arrastrar rivales para crear desajustes defensivos que se traducen en ocasiones de peligro para sus compañeros, rapidísimo en la toma de decisiones (normalmente, acertadas) en zona de peligro, excelente asistente para todos los que están a su alrededor (sean delanteros, centrocampistas que llegan desde segunda línea o carrileros que se incorporan) y así multiplicar las opciones de su equipo en ataque. Una vez leí que “no existe tanto la ‘Messidependencia’, sino la ‘Messicracia’. Messi juega y el cuerpo del equipo se mueve a partir de él” y me parece una de las descripciones más acertadas que se ha hecho jamás sobre la influencia que ejerce el astro más rutilante del universo balompédico. Y es que cuando el juego del equipo empieza, pasa o acaba en Messi adquiere una dimensión distinta e inigualable.

Solo ha habido un jugador en la historia capaz de reunir tanto talento al servicio del equipo. Si partimos del análisis anterior, cualquier comparación (por muy lícita o bien orquestada que esté) con cualquier futbolista carece del más mínimo sentido. En cuanto a las posibles comparaciones con los mejores futbolistas de la historia, me limitaré a compartir una frase que un día escribió César Luis Menotti: “Messi resume a Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona”. Resume. Qué bonita forma de explicar que en Messi, en un mismo jugador, se encuentran representadas todas las cualidades que poseyeron las mayores leyendas de la historia del fútbol. Es por eso no comparto la afirmación a menudo extendida, de que cuando se retire, Messi va a entrar en el Olimpo de Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. Pienso que son ellos los que deberían ser considerados los otros dioses de un Olimpo gobernado por Leo ‘Zeus’ Messi.

La ‘era Messi’ ha permitido al FC Barcelona vivir los mayores éxitos futbolísticos de su historia. El argentino ha transformado el club de arriba a abajo en cuanto a impacto global y le ha situado, de forma definitiva, entre las grandes instituciones futbolísticas del planeta. Lo ha hecho a través de una demostración continua de lealtad y amor a unos colores, en una entrañable historia de compromiso con un club al que quiere mucho más de lo que siempre nos hemos podido imaginar. Messi ha estado, está y estará siempre ahí. Messi es ese capitán que consigue estabilizar el barco cuando el oleaje es intenso, esa porción de fruta fresca en una calurosa tarde de verano, esa caja de bombones que alguien te ha preparado al salir de una intervención quirúrgica, ese perro llamado Hachiko que espera incansablemente en la andana de la estación, ese golpecito a la espalda que alguien te da mientras te comenta que “todo va a ir bien” en la entrevista de trabajo. Y ahí se encuentra el quid de la cuestión: Messi siempre ofrece su descomunal talento al servicio del equipo, siempre vuelca su participación al beneficio colectivo, siempre dirige el foco que le pertenece al estado del grupo. Un grupo que ha interiorizado que debe jugar para él, pero que debe aprender a hacerlo. Un grupo que ha aprendido a subministrarle de todo, pero que no debe encomendarse a él del todo. Un grupo que sabe que la ‘Messicracia’ es la fórmula ganadora, pero que debe instruirse en cómo sacarla al mercado. Un paso definitivo para dejar claro que, de esta forma, no solo tendrás a tu lado al jugador más mágico y creativo de la historia, sino también al más eficaz.

Porque lo mejor de Messi es que, por encima de todo, es un ganador. Una década de goles, pero también de triunfos. Una década de magia, pero también de títulos. Una década de distinciones individuales, pero también de logros colectivos. Una década de futbol, pero también de este deporte al que parece que solo él juega. Este deporte llamado Leo Messi.

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