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Lemar para alcanzar la excelencia

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 25-09-2018

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Tiene Simeone la obsesión de hacer de Thomas Lemar un jugador indiscutible con Francia. No lo tiene sencillo, porque la campeona del mundo cuenta con una línea de mediapuntas jóvenes sensacional, muchos de ellos directamente aún fuera de las listas de Deschamps, más un conglomerado de jugadores asentados para según qué funciones, léase la adaptación al costado de Matuidi o Tolisso en beneficio del grupo o directamente la importancia de los Dembélé, Fekir o Mbappé.

Todo pasa, de primeras, por ser pieza fundamental en el once del Atlético, empresa nada fácil tampoco por la competencia que siempre genera Ángel Correa, por lo que aporta Vitolo cuando está sano, por lo que se espera de Gelson Martins y por la adaptación también de jugadores como Koke y Saúl que de vez en cuando actúan entre líneas o en los costados.

Pero Lemar, fichaje más caro de la historia del Atlético, se dejó ver en Getafe por primera vez como un jugador diferencial, hecho y derecho. No en vano, los 65 millones destinados en el futbolista nacido en Guadalupe van para intentar recuperar esa pieza que los rojiblancos añoran desde la marcha de Arda Turan. Era el turco el nexo de unión entre la medular y la delantera. El jugador que canalizaba los partidos, que llevaba el tempo y que nutría de balones a los Griezmann, Mandzukic, Costa y Torres. Era a quien soltarle todos los problemas, a quien enviarle un melón que quemaba cuando nadie más quería hacerse cargo.

Lemar, 1’70, zurdo, fino y espigado, es el futbolista más liviano de la plantilla. No hay nadie más bajito ni con menos peso como él. Una pluma escurridiza capaz de caracolear de fuera hacia adentro y viceversa, de dibujar las conducciones más bonitas y de filtrar los pases que se necesitan. Desde hace tiempo, ese peso ha recaído en Griezmann, toda vez que el Atlético no ha sido capaz de encontrarle un sustituto a Turan. Fracasó con estrépito Óliver Torres, Gaitán ni siquiera compareció y Carrasco directamente no era ese estilo de futbolista. 

Por eso, Simeone trató de domar a Ángel Correa para la posición. Pero al argentino le falta la pausa y le sobra arrojo y desparpajo para una posición en la que precisamente, lo más importante es ser brillante el mayor tiempo posible sin perder el balón. Y Griezmann, casi más por decisión propia que por orden técnica, es quien se encarga de canalizar las jugadas de ataque. Esto le aleja de la zona de definición, donde se ha mostrado letal en los últimos años y hace que el Atlético pierda en efectivos a la hora de la finalización.

Por ahí ha llegado el fichaje de su compatriota, un futbolista con el que dibujar paredes y corretear en la línea de mediapuntas. Y ciertamente, si acaba encajando, es un futbolista muy capaz. Lo que nadie se esperaba de Lemar era que, de un cuerpo tan pequeño saliese una zurda tan potente. Aún tiembla la portería del Coliseum tras el zapatazo del galo que acabó siendo el primer gol rojiblanco con la desafortunada colaboración de la espalda de David Soria. 

Llegar y besar el santo en el Atlético no es sencillo. Y seguro que el propio Antoine, a quien le costó más de tres meses ser indiscutible, ha hablado de ello con su nuevo compañero de juegos. Lo cierto es que Lemar de momento ha alternado luces y sombras, pero ha contado con la confianza de Simeone desde el primer día. Tras el partido en Getafe, el listón ya no se puede bajar. 

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Tiene Simeone la obsesión de hacer de Thomas Lemar un jugador indiscutible con Francia. No lo tiene sencillo, porque la campeona del mundo cuenta con una línea de mediapuntas jóvenes sensacional, muchos de ellos directamente aún fuera de las listas de Deschamps, más un conglomerado de jugadores asentados para según qué funciones, léase la adaptación al costado de Matuidi o Tolisso en beneficio del grupo o directamente la importancia de los Dembélé, Fekir o Mbappé.

Todo pasa, de primeras, por ser pieza fundamental en el once del Atlético, empresa nada fácil tampoco por la competencia que siempre genera Ángel Correa, por lo que aporta Vitolo cuando está sano, por lo que se espera de Gelson Martins y por la adaptación también de jugadores como Koke y Saúl que de vez en cuando actúan entre líneas o en los costados.

Pero Lemar, fichaje más caro de la historia del Atlético, se dejó ver en Getafe por primera vez como un jugador diferencial, hecho y derecho. No en vano, los 65 millones destinados en el futbolista nacido en Guadalupe van para intentar recuperar esa pieza que los rojiblancos añoran desde la marcha de Arda Turan. Era el turco el nexo de unión entre la medular y la delantera. El jugador que canalizaba los partidos, que llevaba el tempo y que nutría de balones a los Griezmann, Mandzukic, Costa y Torres. Era a quien soltarle todos los problemas, a quien enviarle un melón que quemaba cuando nadie más quería hacerse cargo.

Lemar, 1’70, zurdo, fino y espigado, es el futbolista más liviano de la plantilla. No hay nadie más bajito ni con menos peso como él. Una pluma escurridiza capaz de caracolear de fuera hacia adentro y viceversa, de dibujar las conducciones más bonitas y de filtrar los pases que se necesitan. Desde hace tiempo, ese peso ha recaído en Griezmann, toda vez que el Atlético no ha sido capaz de encontrarle un sustituto a Turan. Fracasó con estrépito Óliver Torres, Gaitán ni siquiera compareció y Carrasco directamente no era ese estilo de futbolista. 

Por eso, Simeone trató de domar a Ángel Correa para la posición. Pero al argentino le falta la pausa y le sobra arrojo y desparpajo para una posición en la que precisamente, lo más importante es ser brillante el mayor tiempo posible sin perder el balón. Y Griezmann, casi más por decisión propia que por orden técnica, es quien se encarga de canalizar las jugadas de ataque. Esto le aleja de la zona de definición, donde se ha mostrado letal en los últimos años y hace que el Atlético pierda en efectivos a la hora de la finalización.

Por ahí ha llegado el fichaje de su compatriota, un futbolista con el que dibujar paredes y corretear en la línea de mediapuntas. Y ciertamente, si acaba encajando, es un futbolista muy capaz. Lo que nadie se esperaba de Lemar era que, de un cuerpo tan pequeño saliese una zurda tan potente. Aún tiembla la portería del Coliseum tras el zapatazo del galo que acabó siendo el primer gol rojiblanco con la desafortunada colaboración de la espalda de David Soria. 

Llegar y besar el santo en el Atlético no es sencillo. Y seguro que el propio Antoine, a quien le costó más de tres meses ser indiscutible, ha hablado de ello con su nuevo compañero de juegos. Lo cierto es que Lemar de momento ha alternado luces y sombras, pero ha contado con la confianza de Simeone desde el primer día. Tras el partido en Getafe, el listón ya no se puede bajar. 

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