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Las claves del playoff de ascenso a Primera

José Miguel Capel @JCapCar 19-06-2019

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La
Segunda División. Bendita locura. Se nos fueron Nàstic, Córdoba y Rayo
Majadahonda y apenas tuvimos tiempo para lamentaciones. El frenético ritmo de
competición no permite levantar la vista del siguiente paso sobre el césped. Osasuna
y Granada, paulatinamente, lograron regresar a la Liga con cierta suficiencia.
Casi todo estaba decidido. Pero quedaban los playoff de ascenso. Esa fórmula exquisita
que dota a la competición de mayor emoción hasta la última fecha del
calendario.

En
ellos, en los playoff, se enfrentaban cuatro conjuntos repletos de ilusión. Eso
sí, quizá el Albacete en peor estado físico y anímico. Pese a ello, su semifinal
fue digna. Murieron en la orilla, tal y como ya habían hecho en la pelea por el
ascenso directo. Sin embargo, dejan en su afición un profundo orgullo por una
temporada en la que se dejaron el alma por un sueño. Se benefició de esa
inercia negativa el Mallorca, quizá el conjunto más estable de los cuatro que
han alcanzado las eliminatorias. Y eso aun sin Budimir, el teórico delantero
titular, con el que esperan los bermellones contar en la final. La sobriedad de
Raillo, la clase y visión de Salva Sevilla o el desparpajo de Dani Rodríguez
junto a un Lago Junior, siempre desequilibrante, fueron demasiado para el
aspirante a Queso Mecánico. La gloria les espera.

Málaga
y Deportivo afrontaban la eliminatoria de las dinámicas en alza. El Málaga como
favorito absoluto tras la llegada de Víctor Sánchez del Amo y el Dépor, el
último en llegar, el tapado. Se destapó sin embargo ante el Málaga y logró plantarse
en la final con suficiencia. Martí fue clave y ahora el conjunto gallego está a
un pasito de volver a conseguir lo que ya hizo la anterior ocasión que
descendió. Regresar por la vía rápida.

En
la final se enfrentarán dos auténticos bloques, conjuntos que basan su
fortaleza precisamente en eso, en su riqueza como grupo. Con dos estrategas en
el banquillo, sólo uno de estos dos históricos volverá a la élite.

Y
aquel que no lo consiga, para consolarse, únicamente tendrá que usar el espejo
de la categoría. Ese que refleja a dos aficiones como la de La Rosaleda o el
Carlos Belmonte tras un mazazo enorme. Ejemplos de grandeza, de una categoría
poseedora de una magia que solo los privilegiados pueden sentir. Ante nuestros
ojos, la última batalla. Que gane el mejor.

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La
Segunda División. Bendita locura. Se nos fueron Nàstic, Córdoba y Rayo
Majadahonda y apenas tuvimos tiempo para lamentaciones. El frenético ritmo de
competición no permite levantar la vista del siguiente paso sobre el césped. Osasuna
y Granada, paulatinamente, lograron regresar a la Liga con cierta suficiencia.
Casi todo estaba decidido. Pero quedaban los playoff de ascenso. Esa fórmula exquisita
que dota a la competición de mayor emoción hasta la última fecha del
calendario.

En
ellos, en los playoff, se enfrentaban cuatro conjuntos repletos de ilusión. Eso
sí, quizá el Albacete en peor estado físico y anímico. Pese a ello, su semifinal
fue digna. Murieron en la orilla, tal y como ya habían hecho en la pelea por el
ascenso directo. Sin embargo, dejan en su afición un profundo orgullo por una
temporada en la que se dejaron el alma por un sueño. Se benefició de esa
inercia negativa el Mallorca, quizá el conjunto más estable de los cuatro que
han alcanzado las eliminatorias. Y eso aun sin Budimir, el teórico delantero
titular, con el que esperan los bermellones contar en la final. La sobriedad de
Raillo, la clase y visión de Salva Sevilla o el desparpajo de Dani Rodríguez
junto a un Lago Junior, siempre desequilibrante, fueron demasiado para el
aspirante a Queso Mecánico. La gloria les espera.

Málaga
y Deportivo afrontaban la eliminatoria de las dinámicas en alza. El Málaga como
favorito absoluto tras la llegada de Víctor Sánchez del Amo y el Dépor, el
último en llegar, el tapado. Se destapó sin embargo ante el Málaga y logró plantarse
en la final con suficiencia. Martí fue clave y ahora el conjunto gallego está a
un pasito de volver a conseguir lo que ya hizo la anterior ocasión que
descendió. Regresar por la vía rápida.

En
la final se enfrentarán dos auténticos bloques, conjuntos que basan su
fortaleza precisamente en eso, en su riqueza como grupo. Con dos estrategas en
el banquillo, sólo uno de estos dos históricos volverá a la élite.

Y
aquel que no lo consiga, para consolarse, únicamente tendrá que usar el espejo
de la categoría. Ese que refleja a dos aficiones como la de La Rosaleda o el
Carlos Belmonte tras un mazazo enorme. Ejemplos de grandeza, de una categoría
poseedora de una magia que solo los privilegiados pueden sentir. Ante nuestros
ojos, la última batalla. Que gane el mejor.

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