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Lallana, Shaw y la personificación del Southampton Way

Alex Jiménez @alexJota12 24-04-2014

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Alex JIMÉNEZ

Álex JIMÉNEZ.– El pasado viernes se hacían públicas las listas de jugadores nominados al premio que dará a conocer a los mejores jugadores del año en la Premier League, y en Southampton la alegría se magnificaba. No era para menos. Adam Lallana estaba entre los seis candidatos a Mejor Jugador de la Temporada, mientras que Luke Shaw a Mejor Jugador Joven. Y es que la campaña que ambos jugadores están realizando en la ciudad del sur de Hampshire está siendo colosal.

Lallana es el auténtico ídolo del Southampton. Ingresó con solo doce años en la cantera y, desde entonces, se fue poco a poco labrando su espacio en los corazones Saints. Lleva más de media vida como jugador del Southampton, que se dice pronto, y su vínculo con el equipo y la ciudad es cada día mayor. Ahora, a punto de cumplir los 26, y con más de 260 partidos a sus espaldas, es el capitán, el faro que guía al equipo en los momentos buenos y en los no tan buenos. Un símbolo, un icono, un espejo en el que mirarse.

Sin duda alguna, el mejor ejemplo de lo bien que vienen haciéndose las cosas en Staplewood, en la Saints Academy, base del éxito del conjunto de la ciudad del Titanic, y de donde en los últimos años han salido jugadores como Gareth Bale, Theo Walcott o Alex Oxlade-Chamberlain, que decidieron seguir con sus carreras lejos de la ciudad que les vio crecer. No ha sido el caso de Lallana, que ha decidido optar por el camino largo hacia el éxito, comandando al club que le ha dado todo y al que ha dado todo hasta llegar a convertirse, por méritos propios, en firme candidato al premio al jugador del año en la Premier y en uno de los potenciales nombres propios de Inglaterra para el Mundial de Brasil.

Algo parecido pasa con Luke Shaw. El rápido lateral es una de las grandes sensaciones de la temporada, y a cualquier aficionado Saint no le extraña, ni mucho menos. Con diecisiete años recién cumplidos se adueñó del flanco izquierdo del equipo y, desde entonces, ha progresado a pasos agigantados, para bien o para mal.

Hace poco más de un mes debutó con los Three Lions. El pasado viernes fue nominado como Mejor Jugador Joven. Es muy probable que en verano sea uno de los jugadores elegidos para viajar a Brasil, junto a Lallana (y probablemente también con Lambert). Incluso quizá de titular (uno de los debates más activos, peleando junto a Baines). Es la última gran esperanza del fútbol inglés. El sucesor de Ashley Cole en todos los aspectos. Y está encantado en la ciudad que le ha hecho grande como futbolista y a la que llegó con solo ocho años.

Gran parte del éxito del trabajo que viene realizándose desde abajo en Southampton hay que atribuírselo a Markus Liebherr y Nicola Cortese. Allá por el lejano agosto de 2009, los dos, de la mano, decidieron juntarse para resucitar un histórico venido a menos que coqueteaba, y mucho, con una más que posible desaparición. Lo hicieron apoyándose en un cimiento por encima del resto: el trabajo de cantera.

Forjar jugadores, trabajar con ellos desde pequeños, educándoles a través del respeto y el compromiso. El llamado Southampton Way, consistente en cuidar bien a los chavales, atendiéndoles, preocupándose por ellos, para que los chicos, poco a poco, vayan vinculándose lenta pero inexorablemente con el club y la ciudad. Todo esto para que, años más tarde, ellos mismos sean quienes quieran defender al equipo en la élite del fútbol. Como hizo en su momento Le Tissier. Como ahora hacen Lallana y Shaw. Y como están empezando a hacer otros como Chambers, Ward-Prowse o Gallagher, últimos productos de una de las mejores academias de Reino Unido.

Pero el Southampton Way no se limita solo a canteranos. También es una realidad con todos los jugadores que llegan de otros equipos, a los que desde el primer momento se ayuda en todo lo posible, buscando que se sientan como en su propia casa. Prueba de ello es que el núcleo del equipo es el mismo que hace solo cuatro años estaba en la League One, con jugadores como Lambert, Schneiderlin o José Fonte, que han crecido con el equipo hasta regresarle al lugar que por historia merece. Jugadores que han demostrado su apego a una ciudad que les admira y de la que no piensan moverse, al menos de momento.

Por algo será. En este fútbol moderno en el que los colores parecen haber dejado de tener importancia y en el que solo prima el dinero, el Southampton Way ha emergido y es una realidad como un templo. Los románticos del fútbol están de enhorabuena.

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Álex JIMÉNEZ.– El pasado viernes se hacían públicas las listas de jugadores nominados al premio que dará a conocer a los mejores jugadores del año en la Premier League, y en Southampton la alegría se magnificaba. No era para menos. Adam Lallana estaba entre los seis candidatos a Mejor Jugador de la Temporada, mientras que Luke Shaw a Mejor Jugador Joven. Y es que la campaña que ambos jugadores están realizando en la ciudad del sur de Hampshire está siendo colosal.

Lallana es el auténtico ídolo del Southampton. Ingresó con solo doce años en la cantera y, desde entonces, se fue poco a poco labrando su espacio en los corazones Saints. Lleva más de media vida como jugador del Southampton, que se dice pronto, y su vínculo con el equipo y la ciudad es cada día mayor. Ahora, a punto de cumplir los 26, y con más de 260 partidos a sus espaldas, es el capitán, el faro que guía al equipo en los momentos buenos y en los no tan buenos. Un símbolo, un icono, un espejo en el que mirarse.

Sin duda alguna, el mejor ejemplo de lo bien que vienen haciéndose las cosas en Staplewood, en la Saints Academy, base del éxito del conjunto de la ciudad del Titanic, y de donde en los últimos años han salido jugadores como Gareth Bale, Theo Walcott o Alex Oxlade-Chamberlain, que decidieron seguir con sus carreras lejos de la ciudad que les vio crecer. No ha sido el caso de Lallana, que ha decidido optar por el camino largo hacia el éxito, comandando al club que le ha dado todo y al que ha dado todo hasta llegar a convertirse, por méritos propios, en firme candidato al premio al jugador del año en la Premier y en uno de los potenciales nombres propios de Inglaterra para el Mundial de Brasil.

Algo parecido pasa con Luke Shaw. El rápido lateral es una de las grandes sensaciones de la temporada, y a cualquier aficionado Saint no le extraña, ni mucho menos. Con diecisiete años recién cumplidos se adueñó del flanco izquierdo del equipo y, desde entonces, ha progresado a pasos agigantados, para bien o para mal.

Hace poco más de un mes debutó con los Three Lions. El pasado viernes fue nominado como Mejor Jugador Joven. Es muy probable que en verano sea uno de los jugadores elegidos para viajar a Brasil, junto a Lallana (y probablemente también con Lambert). Incluso quizá de titular (uno de los debates más activos, peleando junto a Baines). Es la última gran esperanza del fútbol inglés. El sucesor de Ashley Cole en todos los aspectos. Y está encantado en la ciudad que le ha hecho grande como futbolista y a la que llegó con solo ocho años.

Gran parte del éxito del trabajo que viene realizándose desde abajo en Southampton hay que atribuírselo a Markus Liebherr y Nicola Cortese. Allá por el lejano agosto de 2009, los dos, de la mano, decidieron juntarse para resucitar un histórico venido a menos que coqueteaba, y mucho, con una más que posible desaparición. Lo hicieron apoyándose en un cimiento por encima del resto: el trabajo de cantera.

Forjar jugadores, trabajar con ellos desde pequeños, educándoles a través del respeto y el compromiso. El llamado Southampton Way, consistente en cuidar bien a los chavales, atendiéndoles, preocupándose por ellos, para que los chicos, poco a poco, vayan vinculándose lenta pero inexorablemente con el club y la ciudad. Todo esto para que, años más tarde, ellos mismos sean quienes quieran defender al equipo en la élite del fútbol. Como hizo en su momento Le Tissier. Como ahora hacen Lallana y Shaw. Y como están empezando a hacer otros como Chambers, Ward-Prowse o Gallagher, últimos productos de una de las mejores academias de Reino Unido.

Pero el Southampton Way no se limita solo a canteranos. También es una realidad con todos los jugadores que llegan de otros equipos, a los que desde el primer momento se ayuda en todo lo posible, buscando que se sientan como en su propia casa. Prueba de ello es que el núcleo del equipo es el mismo que hace solo cuatro años estaba en la League One, con jugadores como Lambert, Schneiderlin o José Fonte, que han crecido con el equipo hasta regresarle al lugar que por historia merece. Jugadores que han demostrado su apego a una ciudad que les admira y de la que no piensan moverse, al menos de momento.

Por algo será. En este fútbol moderno en el que los colores parecen haber dejado de tener importancia y en el que solo prima el dinero, el Southampton Way ha emergido y es una realidad como un templo. Los románticos del fútbol están de enhorabuena.

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