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Lakers, este año sí

César Martín @CesarMrtn 09-04-2018

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Los Lakers han vuelto a quedarse
fuera de Playoffs. Van cinco veces seguidas. Tantas como en los primeros 65
años de vida de la franquicia. Pero, al contrario que en 2014, 2015, 2016 y
2017, las sensaciones con los angelinos son muy positivas. Esta vez sí, en Los
Ángeles Lakers hay proyecto.

Desde la marcha de Phil Jackson,
allá por el año 2011, los Lakers no han sabido dar con la tecla para construir
un nuevo proyecto campeón, aunque también es cierto que el primer intento de renovación
fue bloqueado por la NBA. Cuando la franquicia oro y púrpura fue barrida por
los Dallas Mavericks en las semifinales de Conferencia, la directiva se dio
cuenta de que había que renovar la plantilla. La idea era traspasar a dos de
sus mejores activos: Pau Gasol y Lamar Odom. Ambos con una calidad
incuestionable, pero ya entrados en la treintena y con unos contratos
cuantiosos. Era el momento ideal para poder sacar algo provechoso por ellos.

En diciembre de 2011 se produjo el
famoso no-traspaso a tres bandas en el que Chis Paul recalaba en L.A., Gasol en
Houston y Odom en Nueva Orleans. Quién sabe cómo hubieran ido las cosas si CP3
hubiera desembarcado en Hollywood. Desde entonces, esa fecha está marcada a
fuego en la mente de todos los fans de los Lakers. Después vino el experimento
de Dwight Howard y Steve Nash. Un fracaso estrepitoso que jugó
Playoffs gracias a las heroicidades del de siempre, hasta que las lesiones
acabaron con él: Kobe Bryant.

Con el escolta cada vez más mermado
hasta el año de su retirada, los Lakers entraron en un declive lento y progresivo.
La franquicia con más glamour de toda la NBA estaba navegando por las
alcantarillas de la liga hasta tocar fondo en la temporada 2015-16: 17
victorias y 65 derrotas en el último baile de Kobe con su equipo de toda la
vida. Con el fin de la Era Bryant comenzaba la era de los Baby Lakers de la mano de un viejo conocido de la parroquia
angelina como nuevo técnico: Luke Walton.

Los mirlos de Walton sorprendieron
al mundo del basket cuando llegaron a diciembre con un 10-10 de balance ganando
partidos improbables, pero a partir de ahí la cosa se torció hasta concluir
28-54. Mejor que en 2016, pero insuficiente para ilusionar de nuevo al Staples.
Ante la política cada vez más errante de Mitch Kupchak, Jeanie Buss decidió
despedirle y poner al frente de las operaciones de baloncesto a una leyenda de
la franquicia: Magic Johnson. Rob Pelinka como general manager, sería el otro
hombre fuerte. Una pareja llamada a atraer de nuevo a los grandes nombres de la
NBA a L.A.

Pero para atraer a las estrellas no
basta con el nombre de la franquicia, detrás tiene que haber un proyecto serio.
Y ahora lo hay, porque los jóvenes han dado la talla mientras las lesiones les
han respetado. En 2018 por fin se ha visto al Julius Randle al que todos
comparaban con Zach Randolph y Brandon Ingram se ha erigido como líder anotador
cuando más se le necesita. Mención aparte merecen los rookies: Josh Hart y,
sobre todo, Kyle Kuzma han sido unos auténticos robos. El ala-pívot de la Universidad
de Utah será una de las caras visibles de los Lakers en los años venideros.

Kuzma y Hart contaban con la
ventaja de la poca presión al haber sido drafteados al final de la primera
ronda. Este no era el caso de su otro compañero de camada, Lonzo Ball. Si a la
alta exigencia de ser una segunda elección global le sumas un padre con afán de
protagonismo nunca antes visto, Lonzo tenía todas las papeletas para vivir un
primer año en la NBA durísimo. Más allá de sus problemas con el tiro, lo cierto
es que el base ha justificado no sólo su elección, sino también que los Lakers
decidieran mandar a Brooklyn al que iba a ser el director de juego en la
próxima década: D’Angelo Russell. Cuando Zo
no está en pista, los angelinos no son el mismo equipo.

Los Lakers están viendo la luz al
final del túnel más largo de su historia. Tienen unos cimientos jóvenes y sólo
queda atraer a alguna de las superestrellas de la NBA para que el equipo
recupere su esencia de Hollywood. ¿LeBron James? ¿Paul George? ¿Ambos?
¿DeMarcus Cousins? El casting de Magic ya ha comenzado.

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Los Lakers han vuelto a quedarse
fuera de Playoffs. Van cinco veces seguidas. Tantas como en los primeros 65
años de vida de la franquicia. Pero, al contrario que en 2014, 2015, 2016 y
2017, las sensaciones con los angelinos son muy positivas. Esta vez sí, en Los
Ángeles Lakers hay proyecto.

Desde la marcha de Phil Jackson,
allá por el año 2011, los Lakers no han sabido dar con la tecla para construir
un nuevo proyecto campeón, aunque también es cierto que el primer intento de renovación
fue bloqueado por la NBA. Cuando la franquicia oro y púrpura fue barrida por
los Dallas Mavericks en las semifinales de Conferencia, la directiva se dio
cuenta de que había que renovar la plantilla. La idea era traspasar a dos de
sus mejores activos: Pau Gasol y Lamar Odom. Ambos con una calidad
incuestionable, pero ya entrados en la treintena y con unos contratos
cuantiosos. Era el momento ideal para poder sacar algo provechoso por ellos.

En diciembre de 2011 se produjo el
famoso no-traspaso a tres bandas en el que Chis Paul recalaba en L.A., Gasol en
Houston y Odom en Nueva Orleans. Quién sabe cómo hubieran ido las cosas si CP3
hubiera desembarcado en Hollywood. Desde entonces, esa fecha está marcada a
fuego en la mente de todos los fans de los Lakers. Después vino el experimento
de Dwight Howard y Steve Nash. Un fracaso estrepitoso que jugó
Playoffs gracias a las heroicidades del de siempre, hasta que las lesiones
acabaron con él: Kobe Bryant.

Con el escolta cada vez más mermado
hasta el año de su retirada, los Lakers entraron en un declive lento y progresivo.
La franquicia con más glamour de toda la NBA estaba navegando por las
alcantarillas de la liga hasta tocar fondo en la temporada 2015-16: 17
victorias y 65 derrotas en el último baile de Kobe con su equipo de toda la
vida. Con el fin de la Era Bryant comenzaba la era de los Baby Lakers de la mano de un viejo conocido de la parroquia
angelina como nuevo técnico: Luke Walton.

Los mirlos de Walton sorprendieron
al mundo del basket cuando llegaron a diciembre con un 10-10 de balance ganando
partidos improbables, pero a partir de ahí la cosa se torció hasta concluir
28-54. Mejor que en 2016, pero insuficiente para ilusionar de nuevo al Staples.
Ante la política cada vez más errante de Mitch Kupchak, Jeanie Buss decidió
despedirle y poner al frente de las operaciones de baloncesto a una leyenda de
la franquicia: Magic Johnson. Rob Pelinka como general manager, sería el otro
hombre fuerte. Una pareja llamada a atraer de nuevo a los grandes nombres de la
NBA a L.A.

Pero para atraer a las estrellas no
basta con el nombre de la franquicia, detrás tiene que haber un proyecto serio.
Y ahora lo hay, porque los jóvenes han dado la talla mientras las lesiones les
han respetado. En 2018 por fin se ha visto al Julius Randle al que todos
comparaban con Zach Randolph y Brandon Ingram se ha erigido como líder anotador
cuando más se le necesita. Mención aparte merecen los rookies: Josh Hart y,
sobre todo, Kyle Kuzma han sido unos auténticos robos. El ala-pívot de la Universidad
de Utah será una de las caras visibles de los Lakers en los años venideros.

Kuzma y Hart contaban con la
ventaja de la poca presión al haber sido drafteados al final de la primera
ronda. Este no era el caso de su otro compañero de camada, Lonzo Ball. Si a la
alta exigencia de ser una segunda elección global le sumas un padre con afán de
protagonismo nunca antes visto, Lonzo tenía todas las papeletas para vivir un
primer año en la NBA durísimo. Más allá de sus problemas con el tiro, lo cierto
es que el base ha justificado no sólo su elección, sino también que los Lakers
decidieran mandar a Brooklyn al que iba a ser el director de juego en la
próxima década: D’Angelo Russell. Cuando Zo
no está en pista, los angelinos no son el mismo equipo.

Los Lakers están viendo la luz al
final del túnel más largo de su historia. Tienen unos cimientos jóvenes y sólo
queda atraer a alguna de las superestrellas de la NBA para que el equipo
recupere su esencia de Hollywood. ¿LeBron James? ¿Paul George? ¿Ambos?
¿DeMarcus Cousins? El casting de Magic ya ha comenzado.

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