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La zurda de Nacka

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz 23-01-2019

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La imagen en blanco y negro, las equipaciones, casi pijamas, portaban el escudo bordado (como mucho) y las típicas tiras en el cuello. Tiempos de minimalismo, barro y cuero. En esos años 50 en el que el fútbol apenas contaba con cien años de edad, los grandes equipos buscaban poder firmar a las futuras estrellas antes que sus rivales. La profesionalización, un sueño para la mayoría, se guardaba para los que destacaran de forma evidente. Y destacar se le daba muy bien a Skoglund.

Karl Lennart Skoglund nace en Estocolmo en 1929. El deporte empieza a tomar en esos años una relevancia importante y el fútbol, con el nacimiento del campeonato del mundo en 1930, empieza a conocer una pasión que hasta entonces nadie pudo imaginar. Un joven Lennart ingresa en las categorías inferiores del Hammarby, equipo en el que debuta con solo diecisiete años en la cuarta división de Suecia y en el que empieza a responder al apodo de ‘Nacka’, por no confundirlo con otro jugador con el mismo nombre. Extremo izquierdo, zurdo, aunque hábil con ambas piernas, jugaba con la alegría de un niño y con la destreza de un bailarín. Estético en sus movimientos y repleto de recursos a la hora de encarar en los uno contra uno, el jugador sueco disfrutaba del balón. ‘Nacka’ era un auténtico artista del esférico y mientras jugaba con los defensas rivales, gustaba de saludar a los niños y hacerse notar ante las mujeres que lo veían desde las gradas. Su talento era muy evidente y pronto empezó a destacar. En 1949 ficha por el AIK Solna y ese mismo año es llamado para jugar con la selección de Suecia, entrenada en ese entonces por George Raynor.

Entrenador inglés, ex jugador de Sheffield United y Mansfield Town, entre otros, este veterano de la Segunda Guerra Mundial encontró en Suecia todo el reconocimiento que no había logrado en su país natal. Con un planteamiento ofensivo, pero con un riguroso placer por el orden, Raynor vio en ‘Nacka’ el talento que podía favorecer al ataque de Suecia. En 1950, Skoglund formó parte de la expedición al Mundial de Brasil. Su desempeño no fue tan bueno como se esperaba, sobre todo ante la anfitriona, pero sirvió para que el extremo sueco mostrara al mundo lo que era capaz de hacer. El eco de su fútbol debió de ser fuerte, pues las ondas llegaron desde las playas de Copacabana hasta Italia.

El Inter de Milán cerró su fichaje solo semanas después del regreso de Suecia a Europa. Llegaba a un equipo en el que se encontraría con jugadores míticos como Angelo Franzosi, Enzo Bearzot o Faas Wilkes. No tardó mucho en acoplarse al equipo y, con su juego, conseguir enamorar a toda la afición italiana. Fue el ídolo del equipo y ayudó a llevar dos Scudetto (en 1953 y 1954) a la sala de trofeos del club interista. En las nueve temporadas que jugó en el equipo “nerazzurro” mostró lo mejor y lo peor de su personalidad y de su calidad, consiguiendo dar en sus primeros años un gran rendimiento, pero bajando notablemente su aportación en la última etapa, dejándose llevar por el alcohol y los excesos de la noche de Milán. Solo a principios de 1958, con el levantamiento de la prohibición para la convocatoria de jugadores profesionales en la selección de Suecia (solo podían convocar a jugadores amateurs) despertó su interés para volver a disfrutar de su mejor versión antes de la nueva edición del Mundial, que se celebraría en su país natal.

En el Mundial de 1958 se vio lo mejor de un extremo espectacular, que era capaz de darlo todo sobre el campo, con malabarismos, regates y jugadas para enmarcar, en un fútbol en el que la gambeta y la filigrana eran de agradecer a aquellos que se atrevieran a demostrar su habilidad. En ese torneo Suecia fue derrotando, uno a uno, a los rivales que se le fueron poniendo por delante. En la fase de grupos consiguieron vencer a México y Hungría (esta última finalista en el anterior torneo) y empatar con Gales. Su pase a la siguiente ronda los mediría a la siempre peligrosa URSS, contra la que volvieron a ganar para enfrentarse en semifinales a Alemania Occidental. El conjunto germano, liderado por Schaefer, se adelantó con gol del capitán y futbolista del Köln, pero el talento de ‘Nacka’ valió para hacer gol y empatar a los pocos minutos. Ese empate sería su único tanto en el Mundial, pero abriría la puerta de la final ante los brasileños, que, por su lado, habían goleado a Francia. Con un equipo repleto de estrellas (Liedholm, Borjesson, Simonsson o el propio Skoglund), Suecia no pudo con el talento de la Brasil de Feola. Los Garrincha, Didi, Zagallo y la habilidad de un joven de diecisiete años que se hacía llamar Pelé, derribaron los planes de Raynor para hacer historia. Finalistas ante la Brasil herida de 1950 que había aprendido a no relajarse antes de tiempo. 

Tras ese partido, ‘Nacka’ no volvió a brillar a ese nivel y aunque regaló varios años buenos en la Sampdoria, acabaría huyendo de su último destino en Palermo para refugiarse en su hogar, volviendo de nuevo al Hammarby que lo vio crecer en Estocolmo. Tras tres años y ya con treinta y siete años, su retiro llegó a la vez que su perdición en 1967, recrudeciendo sus problemas con el alcohol y alimentando las grandes deudas contraídas en su etapa en Italia. 

Sumido en una terrible depresión y viendo cómo el mundo que había creado se desmoronaba a su alrededor, el talento zurdo de la Suecia finalista de la Copa del Mundo acabó con su vida en julio de 1975. Sus errores no consiguieron tapar lo grande que fue como futbolista. Héroe del Inter de Milán y mito de Suecia, dueño de la banda izquierda, el único Lennart Skoglund que merecía la pena recordar. Después de todo, el apodo de ´Nacka´ debió llevárselo el otro.

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La imagen en blanco y negro, las equipaciones, casi pijamas, portaban el escudo bordado (como mucho) y las típicas tiras en el cuello. Tiempos de minimalismo, barro y cuero. En esos años 50 en el que el fútbol apenas contaba con cien años de edad, los grandes equipos buscaban poder firmar a las futuras estrellas antes que sus rivales. La profesionalización, un sueño para la mayoría, se guardaba para los que destacaran de forma evidente. Y destacar se le daba muy bien a Skoglund.

Karl Lennart Skoglund nace en Estocolmo en 1929. El deporte empieza a tomar en esos años una relevancia importante y el fútbol, con el nacimiento del campeonato del mundo en 1930, empieza a conocer una pasión que hasta entonces nadie pudo imaginar. Un joven Lennart ingresa en las categorías inferiores del Hammarby, equipo en el que debuta con solo diecisiete años en la cuarta división de Suecia y en el que empieza a responder al apodo de ‘Nacka’, por no confundirlo con otro jugador con el mismo nombre. Extremo izquierdo, zurdo, aunque hábil con ambas piernas, jugaba con la alegría de un niño y con la destreza de un bailarín. Estético en sus movimientos y repleto de recursos a la hora de encarar en los uno contra uno, el jugador sueco disfrutaba del balón. ‘Nacka’ era un auténtico artista del esférico y mientras jugaba con los defensas rivales, gustaba de saludar a los niños y hacerse notar ante las mujeres que lo veían desde las gradas. Su talento era muy evidente y pronto empezó a destacar. En 1949 ficha por el AIK Solna y ese mismo año es llamado para jugar con la selección de Suecia, entrenada en ese entonces por George Raynor.

Entrenador inglés, ex jugador de Sheffield United y Mansfield Town, entre otros, este veterano de la Segunda Guerra Mundial encontró en Suecia todo el reconocimiento que no había logrado en su país natal. Con un planteamiento ofensivo, pero con un riguroso placer por el orden, Raynor vio en ‘Nacka’ el talento que podía favorecer al ataque de Suecia. En 1950, Skoglund formó parte de la expedición al Mundial de Brasil. Su desempeño no fue tan bueno como se esperaba, sobre todo ante la anfitriona, pero sirvió para que el extremo sueco mostrara al mundo lo que era capaz de hacer. El eco de su fútbol debió de ser fuerte, pues las ondas llegaron desde las playas de Copacabana hasta Italia.

El Inter de Milán cerró su fichaje solo semanas después del regreso de Suecia a Europa. Llegaba a un equipo en el que se encontraría con jugadores míticos como Angelo Franzosi, Enzo Bearzot o Faas Wilkes. No tardó mucho en acoplarse al equipo y, con su juego, conseguir enamorar a toda la afición italiana. Fue el ídolo del equipo y ayudó a llevar dos Scudetto (en 1953 y 1954) a la sala de trofeos del club interista. En las nueve temporadas que jugó en el equipo “nerazzurro” mostró lo mejor y lo peor de su personalidad y de su calidad, consiguiendo dar en sus primeros años un gran rendimiento, pero bajando notablemente su aportación en la última etapa, dejándose llevar por el alcohol y los excesos de la noche de Milán. Solo a principios de 1958, con el levantamiento de la prohibición para la convocatoria de jugadores profesionales en la selección de Suecia (solo podían convocar a jugadores amateurs) despertó su interés para volver a disfrutar de su mejor versión antes de la nueva edición del Mundial, que se celebraría en su país natal.

En el Mundial de 1958 se vio lo mejor de un extremo espectacular, que era capaz de darlo todo sobre el campo, con malabarismos, regates y jugadas para enmarcar, en un fútbol en el que la gambeta y la filigrana eran de agradecer a aquellos que se atrevieran a demostrar su habilidad. En ese torneo Suecia fue derrotando, uno a uno, a los rivales que se le fueron poniendo por delante. En la fase de grupos consiguieron vencer a México y Hungría (esta última finalista en el anterior torneo) y empatar con Gales. Su pase a la siguiente ronda los mediría a la siempre peligrosa URSS, contra la que volvieron a ganar para enfrentarse en semifinales a Alemania Occidental. El conjunto germano, liderado por Schaefer, se adelantó con gol del capitán y futbolista del Köln, pero el talento de ‘Nacka’ valió para hacer gol y empatar a los pocos minutos. Ese empate sería su único tanto en el Mundial, pero abriría la puerta de la final ante los brasileños, que, por su lado, habían goleado a Francia. Con un equipo repleto de estrellas (Liedholm, Borjesson, Simonsson o el propio Skoglund), Suecia no pudo con el talento de la Brasil de Feola. Los Garrincha, Didi, Zagallo y la habilidad de un joven de diecisiete años que se hacía llamar Pelé, derribaron los planes de Raynor para hacer historia. Finalistas ante la Brasil herida de 1950 que había aprendido a no relajarse antes de tiempo. 

Tras ese partido, ‘Nacka’ no volvió a brillar a ese nivel y aunque regaló varios años buenos en la Sampdoria, acabaría huyendo de su último destino en Palermo para refugiarse en su hogar, volviendo de nuevo al Hammarby que lo vio crecer en Estocolmo. Tras tres años y ya con treinta y siete años, su retiro llegó a la vez que su perdición en 1967, recrudeciendo sus problemas con el alcohol y alimentando las grandes deudas contraídas en su etapa en Italia. 

Sumido en una terrible depresión y viendo cómo el mundo que había creado se desmoronaba a su alrededor, el talento zurdo de la Suecia finalista de la Copa del Mundo acabó con su vida en julio de 1975. Sus errores no consiguieron tapar lo grande que fue como futbolista. Héroe del Inter de Milán y mito de Suecia, dueño de la banda izquierda, el único Lennart Skoglund que merecía la pena recordar. Después de todo, el apodo de ´Nacka´ debió llevárselo el otro.

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