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La vida sin Marcelo

David Orenes @david_lrl 28-09-2018

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El Real Madrid volvió a perder un partido a partir de su banda izquierda. El Sevilla encontró un pasillo que sus balas (Jesús Navas o Sarabia) explotaron a conciencia. Por ahí se desangró el equipo de Lopetegui, incapaz de encontrar soluciones en el banquillo. Lo mismo le pasó en Girona y la solución… fue quitar a Marcelo.

La defensa mejoró con la entrada de Varane. Nacho pasó al lateral y el Madrid apenas sufrió en la segunda parte. En consecuencia, la remontada llegó con más facilidades de las que se preveían. Acabó ganando 1-4 en Montilivi. Fue valiente Julen sacando del campo a uno de los pesos pesados del vestuario y uno de los artífices de las tres Champions consecutivas. Pero sabía lo que hacía.

En el Pizjuán no cerró el grifo. En realidad, el único cambio que hizo tras el descanso fue posicional. Casemiro más cerca de los centrales y los laterales convertidos en carrileros. Lo malo es que ni Marcelo ni Nacho estuvieron a la altura de las circunstancias. Quizá el futbolista más capacitado para ese rol se encontraba fuera de la convocatoria (Álvaro Odriozola). Lucas Vázquez, que suplió con nota a Carvajal en Múnich la pasada temporada, tampoco está fino. La profundidad en bandas brilló por su ausencia.

Fue precisamente en el Allianz Arena donde Marcelo demostró que es una navaja de doble filo. Por su banda (la dejó completamente huérfana) llegó el tanto de Kimmich. Pero también por su electricidad y su enorme calidad individual destrozó a la defensa bávara. Así es el brasileño, al que muchos consideran el mejor lateral del mundo no por sus labores defensivas, sino por ser uno de los pocos elegidos capaces de influir en todo el juego de un equipo partiendo desde la esquina del campo.

Marcelo nunca ha sido sobrio en la retaguardia. Ha vivido altibajos, ha sabido disimular ciertas imprudencias. También sus compañeros han tapado sus carencias en mil ocasiones (Xabi Alonso hacía horas extra en coberturas). Ha sufrido embestidas de todo tipo por su banda, desde de Bebé hasta de Robben. Sin embargo, se trataba de casos aislados. En este inicio de temporada, el carioca ha penalizado más que sumado para su equipo. Ni en la Supercopa ante el Atlético, ni en Girona, ni en Sevilla. Marcelo no está bien.

Otro problema que tiene el Madrid al respecto es que nunca ha tenido un sustituto fiable en esa posición. El criticado Coentrao fue lo que más se pareció a recambio de garantías (jugó como titular cuatro de las cinco finales que disputó). Antes de la llegada de Theo Hernández, Marcelo pasó dos años sin competencia, mientras Nacho se encargaba de cubrirle en las lesiones. La cesión de Theo a la Real no ha provocado un nuevo fichaje: Tras su notable pretemporada, el canterano Reguilón ascendió al primer equipo… pero de momento no se ha estrenado en una sola convocatoria.

Acostumbrado a perderse entre uno y tres meses por lesiones cada año, Marcelo tuvo que marcharse a 15 minutos del final en el Pizjuán por un pinchazo y a buen seguro se perderá el derbi ante el Atlético de Madrid, el mismo rival frente al que comenzó a forjar su leyenda en la final de Lisboa. Pese a las lagunas defensivas y su mal estado de forma, de lo que no hay duda es que la vida sin Marcelo es mucho peor. Muchísimo peor.

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El Real Madrid volvió a perder un partido a partir de su banda izquierda. El Sevilla encontró un pasillo que sus balas (Jesús Navas o Sarabia) explotaron a conciencia. Por ahí se desangró el equipo de Lopetegui, incapaz de encontrar soluciones en el banquillo. Lo mismo le pasó en Girona y la solución… fue quitar a Marcelo.

La defensa mejoró con la entrada de Varane. Nacho pasó al lateral y el Madrid apenas sufrió en la segunda parte. En consecuencia, la remontada llegó con más facilidades de las que se preveían. Acabó ganando 1-4 en Montilivi. Fue valiente Julen sacando del campo a uno de los pesos pesados del vestuario y uno de los artífices de las tres Champions consecutivas. Pero sabía lo que hacía.

En el Pizjuán no cerró el grifo. En realidad, el único cambio que hizo tras el descanso fue posicional. Casemiro más cerca de los centrales y los laterales convertidos en carrileros. Lo malo es que ni Marcelo ni Nacho estuvieron a la altura de las circunstancias. Quizá el futbolista más capacitado para ese rol se encontraba fuera de la convocatoria (Álvaro Odriozola). Lucas Vázquez, que suplió con nota a Carvajal en Múnich la pasada temporada, tampoco está fino. La profundidad en bandas brilló por su ausencia.

Fue precisamente en el Allianz Arena donde Marcelo demostró que es una navaja de doble filo. Por su banda (la dejó completamente huérfana) llegó el tanto de Kimmich. Pero también por su electricidad y su enorme calidad individual destrozó a la defensa bávara. Así es el brasileño, al que muchos consideran el mejor lateral del mundo no por sus labores defensivas, sino por ser uno de los pocos elegidos capaces de influir en todo el juego de un equipo partiendo desde la esquina del campo.

Marcelo nunca ha sido sobrio en la retaguardia. Ha vivido altibajos, ha sabido disimular ciertas imprudencias. También sus compañeros han tapado sus carencias en mil ocasiones (Xabi Alonso hacía horas extra en coberturas). Ha sufrido embestidas de todo tipo por su banda, desde de Bebé hasta de Robben. Sin embargo, se trataba de casos aislados. En este inicio de temporada, el carioca ha penalizado más que sumado para su equipo. Ni en la Supercopa ante el Atlético, ni en Girona, ni en Sevilla. Marcelo no está bien.

Otro problema que tiene el Madrid al respecto es que nunca ha tenido un sustituto fiable en esa posición. El criticado Coentrao fue lo que más se pareció a recambio de garantías (jugó como titular cuatro de las cinco finales que disputó). Antes de la llegada de Theo Hernández, Marcelo pasó dos años sin competencia, mientras Nacho se encargaba de cubrirle en las lesiones. La cesión de Theo a la Real no ha provocado un nuevo fichaje: Tras su notable pretemporada, el canterano Reguilón ascendió al primer equipo… pero de momento no se ha estrenado en una sola convocatoria.

Acostumbrado a perderse entre uno y tres meses por lesiones cada año, Marcelo tuvo que marcharse a 15 minutos del final en el Pizjuán por un pinchazo y a buen seguro se perderá el derbi ante el Atlético de Madrid, el mismo rival frente al que comenzó a forjar su leyenda en la final de Lisboa. Pese a las lagunas defensivas y su mal estado de forma, de lo que no hay duda es que la vida sin Marcelo es mucho peor. Muchísimo peor.

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