_Eibar

La vida de Bryan

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 23-12-2020

“Cuando vino no le habíamos pedido. Nos faltaba un zurdo. Era la última semana. […] Era competitivo. Lo ves pequeño, no hablaba, pero era fuerte. […] Él no se achicaba, le daban unas hostias buenas y él también se metía en el ajo. Aquí comenzó a saber competir un poco más, pero el bueno es él”, afirmaba José Luis Mendilibar en una reciente entrevista junto a Vicente Del Bosque en ‘El País’. El entrenador vizcaíno perfectamente podría estar hablando de Bryan Gil en estas declaraciones, sin embargo, hacía referencia a su primera etapa en el Eibar cuando dirigió en Segunda División, en la temporada 2004/05, a un futuro campeón del mundo como David Silva. A un futuro campeón del mundo que pasaba por allí antes de hacerse gigante.

Nadie sabe si el futuro le deparará a Bryan Gil unas mieles a esa histórica altura casi inalcanzable, ni tampoco si la calidad de su compartida pierna zurda podrá siquiera aspirar a compararse con la del talento canario, lo que sí parece aguardarle al otro de la puerta de Ipurua es un destino inmediato similar al que tuvo David Silva: el de acabar regresando a su club de origen después de una tremendamente fructífera cesión y servirse de la importancia adquirida y ganada a pulso en Eibar, a base de realidad y rendimiento, para volver con galones a casa y hacerse así con la titularidad plena en uno de los equipos más fuertes de toda La Liga.

Bryan es un futbolista prácticamente vintage. Verticalidad y línea de fondo. Un extremo zurdo a pie natural, capaz de ganar muchos metros y de dar mucha altura a su equipo a través de su conducción, que intenta regatear y desbordar una y otra vez sin pensar en el eventual error anterior o en el error anterior al anterior y sin ninguna ventaja física aparente para imponerse a sus marcadores. Es flaco, más bien delgaducho, enjuto incluso, con dos piernas como dos alambres de anchas, pero también es atrevido, encarador, escurridizo, titánico en sus esfuerzos largos, rápido, intenso, de un movimiento sobre el campo permanente, esforzado, solidario, vertical. Un futbolista de verdad, puro y que parece venido de otra época en muchas de sus acciones. Un futbolista de esos que tanto le gustan a su actual entrenador.

Con su aspecto de cantar con los Stooges en Detroit al inicio de los setenta, el de Barbate es una centella sobre el campo cuando recibe el balón de cara y arranca, un puñal, un jugador casi líquido en ocasiones porque resulta directamente imparable y se escurre entre el sistema defensivo del rival como la arena entre los dedos, ya sea trazando una línea recta por la banda o tirando la diagonal hacia dentro para pisar zonas interiores. No tiene la conducción más elegante del mundo, pero el canterano sevillista es capaz de llevar el balón prácticamente cosido a su bota debido a su técnica y ha ganado en constancia física para protegerlo con el cuerpo. Un aspecto que no ha hecho otra cosa que redundar en su constancia, en su desequilibrio, en su motor, en su brillo y en una energía intrínseca capaz de demoler a su rival.

Bryan Gil tiene también bastante interiorizado en su juego el hecho de tocar ágil y ofrecer una nueva línea de pase, de estar constantemente ofreciéndose, constantemente en movimiento y sabe detectar bastante bien el momento de atacar el segundo palo cuando la acción se posa un poco más —todo lo que lo puede hacer en un equipo de Mendilibar— en el lado derecho. Es cierto que aún no ha producido un gol de manera directa contando tantos y asistencias, y este es un aspecto que debe mejorar claramente para aumentar su techo, pero está siendo el factor desequilibrio del Eibar en cada partido, el único jugador que le permite a Mendilibar ser profundo e incisivo como una cuchillada en la mitad rival y generar acciones de peligro regulares, aunque muchas veces sea a base de jugadas totalmente individuales por su parte.

En este sentido, a Bryan le están faltando algunos recursos, bastante precisión —solamente un tercio de sus remates acaba yendo entre los tres palos— y un mayor grado de peligrosidad con el disparo. Aún así, es un futbolista capaz de salir como una flecha hacia cualquiera de los dos perfiles y, por lo tanto, muy difícil de defender y más aún de controlar. Es creativo, imaginativo, con desparpajo y el aspecto que quizá más destaca actualmente de su fútbol: es capaz de mantener una precisión muy alta en la mayoría de sus toques a pesar de jugar a tantas revoluciones por minuto. Y en defensa y en la presión alta típica de su equipo es un activo muy importante por compromiso con la idea y por la inigualable frescura de sus piernas.

Bryan Gil es top-10 de La Liga en regates exitosos por partido (2.2), es el 8º futbolista que más pases que preceden a un remate realiza por encuentro (2.0) tras Sergio Canales, Jesús Navas, Iago Aspas, Leo Messi, Lucas Pérez, David Ferreiro y Toni Kroos y es directamente el primero en número de centros o envíos laterales que encuentran rematador (2.3) junto a Navas, aunque su volumen es mucho mayor que el de Los Palacios por una cuestión de estilo del Eibar. Datos que nos hablan de una de las piezas ofensivas de La Liga sin discusión, a pesar de no ser un jugador que esté generando goles de forma directa con goles o asistencias. Al menos no de momento. Y una curiosidad que dice bastantes cosas de su esencia como futbolista: es el jugador de La Liga que más caños lleva en lo que llevamos de temporada (5).

La vida de Bryan está cambiando en Eibar al mismo tiempo que el canterano sevillista le está cambiando a su vez la cara al equipo desde que se instaló en el once de Mendilibar. Bryan le ha dado una energía y un vigor ofensivo de los que el conjunto guipuzcoano carecía y justo cuando más sufría y más olía a descenso de todo su brillante periplo en Primera. Bryan Gil está creciendo mientras hace crecer al Eibar y a cambio el Eibar va a darle el empujón definitivo a su trayectoria —ese que buscó pero no terminó de encontrar en Leganés, ese que buscó pero no pudo ofrecer desde el primer momento en el Pizjuán— como ya hizo tres lustros atrás con David Silva. Va a darle madurez, confianza, fe en sí mismo y una perfecta puesta de largo para su lanzamiento en la élite como lo que en estos primeros meses de la temporada ya ha confirmado ser con creces: una de las grandes promesas de la década en el fútbol español.

Imagen de cabecera: Iñigo Larreina

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“Cuando vino no le habíamos pedido. Nos faltaba un zurdo. Era la última semana. […] Era competitivo. Lo ves pequeño, no hablaba, pero era fuerte. […] Él no se achicaba, le daban unas hostias buenas y él también se metía en el ajo. Aquí comenzó a saber competir un poco más, pero el bueno es él”, afirmaba José Luis Mendilibar en una reciente entrevista junto a Vicente Del Bosque en ‘El País’. El entrenador vizcaíno perfectamente podría estar hablando de Bryan Gil en estas declaraciones, sin embargo, hacía referencia a su primera etapa en el Eibar cuando dirigió en Segunda División, en la temporada 2004/05, a un futuro campeón del mundo como David Silva. A un futuro campeón del mundo que pasaba por allí antes de hacerse gigante.

Nadie sabe si el futuro le deparará a Bryan Gil unas mieles a esa histórica altura casi inalcanzable, ni tampoco si la calidad de su compartida pierna zurda podrá siquiera aspirar a compararse con la del talento canario, lo que sí parece aguardarle al otro de la puerta de Ipurua es un destino inmediato similar al que tuvo David Silva: el de acabar regresando a su club de origen después de una tremendamente fructífera cesión y servirse de la importancia adquirida y ganada a pulso en Eibar, a base de realidad y rendimiento, para volver con galones a casa y hacerse así con la titularidad plena en uno de los equipos más fuertes de toda La Liga.

Bryan es un futbolista prácticamente vintage. Verticalidad y línea de fondo. Un extremo zurdo a pie natural, capaz de ganar muchos metros y de dar mucha altura a su equipo a través de su conducción, que intenta regatear y desbordar una y otra vez sin pensar en el eventual error anterior o en el error anterior al anterior y sin ninguna ventaja física aparente para imponerse a sus marcadores. Es flaco, más bien delgaducho, enjuto incluso, con dos piernas como dos alambres de anchas, pero también es atrevido, encarador, escurridizo, titánico en sus esfuerzos largos, rápido, intenso, de un movimiento sobre el campo permanente, esforzado, solidario, vertical. Un futbolista de verdad, puro y que parece venido de otra época en muchas de sus acciones. Un futbolista de esos que tanto le gustan a su actual entrenador.

Con su aspecto de cantar con los Stooges en Detroit al inicio de los setenta, el de Barbate es una centella sobre el campo cuando recibe el balón de cara y arranca, un puñal, un jugador casi líquido en ocasiones porque resulta directamente imparable y se escurre entre el sistema defensivo del rival como la arena entre los dedos, ya sea trazando una línea recta por la banda o tirando la diagonal hacia dentro para pisar zonas interiores. No tiene la conducción más elegante del mundo, pero el canterano sevillista es capaz de llevar el balón prácticamente cosido a su bota debido a su técnica y ha ganado en constancia física para protegerlo con el cuerpo. Un aspecto que no ha hecho otra cosa que redundar en su constancia, en su desequilibrio, en su motor, en su brillo y en una energía intrínseca capaz de demoler a su rival.

Bryan Gil tiene también bastante interiorizado en su juego el hecho de tocar ágil y ofrecer una nueva línea de pase, de estar constantemente ofreciéndose, constantemente en movimiento y sabe detectar bastante bien el momento de atacar el segundo palo cuando la acción se posa un poco más —todo lo que lo puede hacer en un equipo de Mendilibar— en el lado derecho. Es cierto que aún no ha producido un gol de manera directa contando tantos y asistencias, y este es un aspecto que debe mejorar claramente para aumentar su techo, pero está siendo el factor desequilibrio del Eibar en cada partido, el único jugador que le permite a Mendilibar ser profundo e incisivo como una cuchillada en la mitad rival y generar acciones de peligro regulares, aunque muchas veces sea a base de jugadas totalmente individuales por su parte.

En este sentido, a Bryan le están faltando algunos recursos, bastante precisión —solamente un tercio de sus remates acaba yendo entre los tres palos— y un mayor grado de peligrosidad con el disparo. Aún así, es un futbolista capaz de salir como una flecha hacia cualquiera de los dos perfiles y, por lo tanto, muy difícil de defender y más aún de controlar. Es creativo, imaginativo, con desparpajo y el aspecto que quizá más destaca actualmente de su fútbol: es capaz de mantener una precisión muy alta en la mayoría de sus toques a pesar de jugar a tantas revoluciones por minuto. Y en defensa y en la presión alta típica de su equipo es un activo muy importante por compromiso con la idea y por la inigualable frescura de sus piernas.

Bryan Gil es top-10 de La Liga en regates exitosos por partido (2.2), es el 8º futbolista que más pases que preceden a un remate realiza por encuentro (2.0) tras Sergio Canales, Jesús Navas, Iago Aspas, Leo Messi, Lucas Pérez, David Ferreiro y Toni Kroos y es directamente el primero en número de centros o envíos laterales que encuentran rematador (2.3) junto a Navas, aunque su volumen es mucho mayor que el de Los Palacios por una cuestión de estilo del Eibar. Datos que nos hablan de una de las piezas ofensivas de La Liga sin discusión, a pesar de no ser un jugador que esté generando goles de forma directa con goles o asistencias. Al menos no de momento. Y una curiosidad que dice bastantes cosas de su esencia como futbolista: es el jugador de La Liga que más caños lleva en lo que llevamos de temporada (5).

La vida de Bryan está cambiando en Eibar al mismo tiempo que el canterano sevillista le está cambiando a su vez la cara al equipo desde que se instaló en el once de Mendilibar. Bryan le ha dado una energía y un vigor ofensivo de los que el conjunto guipuzcoano carecía y justo cuando más sufría y más olía a descenso de todo su brillante periplo en Primera. Bryan Gil está creciendo mientras hace crecer al Eibar y a cambio el Eibar va a darle el empujón definitivo a su trayectoria —ese que buscó pero no terminó de encontrar en Leganés, ese que buscó pero no pudo ofrecer desde el primer momento en el Pizjuán— como ya hizo tres lustros atrás con David Silva. Va a darle madurez, confianza, fe en sí mismo y una perfecta puesta de largo para su lanzamiento en la élite como lo que en estos primeros meses de la temporada ya ha confirmado ser con creces: una de las grandes promesas de la década en el fútbol español.

Imagen de cabecera: Iñigo Larreina

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La vida de Bryan

Joel Sierra @_JoeLSierra_
23-12-2020

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Despertar del sueño

David Orenes @david_lrl
30-03-2020