_Alemania

La unión hace la fuerza

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 26-11-2019

Ser debutante y humilde no es nada fácil en una competición como la Bundesliga. En los últimos años ha habido casos como el del SC Paderborn, que en su estreno nunca dio la sensación de ser un equipo que se pudiera mantener y, con el tiempo, acabó cayendo a Tercera División. Mención aparte merece el RB Leipzig que, en su bautizo como club de la máxima categoría del fútbol germano, se coló entre los dos grandes, acabando en una más que meritoria segunda posición a final de temporada.

Al contrario que esos dos, el Union Berlin llegó a la Bundesliga haciendo ruido. Con el Hertha BSC establecido entre los grandes, era inevitable que se hicieran muchas comparaciones en las que siempre el conjunto del Stadion An der Alten Försterei saldría perdiendo. Sin embargo, transcurrido ya un tercio de la competición, las sensaciones son muy diferentes entre ambos, siendo el hermano pequeño el que da más alegrías que el mayor. Y es que el Union Berlin tardó en arrancar.

Tenía que ser en casa, no podía ser otro sitio. La primera alegría del Union en la Bundesliga llegó ante el Dortmund, el último día del mes de agosto. Por aquel entonces, con el mercado dando sus últimos coletazos, la visita de los de Lucien Favre al segundo campo más pequeño de la liga se saldó con victoria local por 3-1. Aquella fue la primera gran noticia de una historia que podía traer algo grande. Pero como nada es fácil, los días pasaron, la euforia se mantenía y, tras el regreso del parón, el Union se llevó un golpe de realidad, cayendo derrotado en cinco de los seis partidos siguientes. Eso sí, ante rivales como Werder Bremen, Leverkusen, Eintracht, Wolfsburg y Bayern.

Aquel encontronazo supuso un duro traspiés después del primer gran momento de la temporada, pero la competición aún le había guardado lo mejor. Entre esa mala racha, Fischer y los suyos consiguieron vencer en dos ocasiones al que estaba siendo el equipo revelación de la temporada en Alemania. El SC Freiburg del eterno Streich cayó ante los de la capital en liga y copa, con diez días de diferencia entre un partido y otro. ¿Había esperanza? Sí, a pesar de aquellos malos resultados, el equipo no se vino abajo. Tocaba derbi, un momento histórico días antes del aniversario de la caída del muro. Se enfrentaban los dos equipos de la capital aún vivos en la élite, por primera vez, en la máxima categoría. El hermano mayor visitaba al pequeño con la intención de dejar las cosas claras y ver quién manda. Sin embargo, el rojo venció al azul. El penalti de Sebastian Polter en los últimos minutos sonó a una nueva campanada del novato. Y sí, muchos dirán que el Hertha BSC no está en un buen momento, pero el triunfo local fue logrado con merecimiento.

Aquella victoria en el Berlinerderby implicaba un nuevo paso hacia delante. El Union Berlin suma cuatro victorias consecutivas, tras eliminar al Freiburg en DFB Pokal. La última de ellas, tan sonada como la primera y mayor aún que la del gran duelo de la capital. En la última jornada de liga visitaba el Stadion An der Alten Försterei el líder que, sin duda, estaba siendo el equipo más en forma de la competición, con algo de sorpresa. Marco Rose y el Gladbach se plantaron en el recinto de la capital con la intención de continuar manteniendo la ventaja en el liderato y, tras el pitido final, se dieron cuenta de que no era tan fácil. Ahí no servían de nada las décadas prodigiosas, los grandes jugadores del pasado. Era una fecha nueva, un nuevo partido, en el que se aguantó y se consiguió la victoria. Otro triunfo más del último novato humilde en llegar a la Bundesliga.

Esta racha puede que se corte pronto (o no), pero está claro que no hay nada pensado a lo loco, que la intención del club pequeño de Berlín es la de establecerse entre los grandes. No quieren ser recordado como el equipo de los villancicos, o el que cedió su estadio para que miles de personas vieran un Mundial centrados en sofás colocados sobre el césped. Su historia deportiva, a pesar de tener ya cierto recorrido, está aún por escribirse. Sus movimientos en el mercado no fueron casualidad. Contando con algunos de los jugadores claves en el ascenso, luego se reforzaron con gente con mucho camino recorrido en la categoría. Nada de experimentos raros. Los Gentner, Ujah, Polter, Subotic, Schmiedebach llegaban para sumar, aunque muchos piensen que ya el momento de estos jugadores ya había pasado. El equipo no pretendía ser un asilo para veteranos, sino que quería poner la primera piedra de algo mejor y lo estaba empezando a conseguir.

El pasado sábado el Borussia Mönchengladbach mordió el polvo en el mismo terreno en el que Dortmund y Hertha BSC lo habían hecho. Gracias a un Sebastian Andersson enchufado y a un equipo que le ha cogido el gusto a eso de la victoria. Como bien se sabe, aún estamos en noviembre y queda mucho de competición, pero lo vivido no lo quita nadie. Lo conseguido en casa tiene mérito. Ganar a uno de los dos grandes, al líder sólido y al rival de la ciudad. Lo mejor está por venir en este debut del Union Berlin entre los grandes.

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Ser debutante y humilde no es nada fácil en una competición como la Bundesliga. En los últimos años ha habido casos como el del SC Paderborn, que en su estreno nunca dio la sensación de ser un equipo que se pudiera mantener y, con el tiempo, acabó cayendo a Tercera División. Mención aparte merece el RB Leipzig que, en su bautizo como club de la máxima categoría del fútbol germano, se coló entre los dos grandes, acabando en una más que meritoria segunda posición a final de temporada.

Al contrario que esos dos, el Union Berlin llegó a la Bundesliga haciendo ruido. Con el Hertha BSC establecido entre los grandes, era inevitable que se hicieran muchas comparaciones en las que siempre el conjunto del Stadion An der Alten Försterei saldría perdiendo. Sin embargo, transcurrido ya un tercio de la competición, las sensaciones son muy diferentes entre ambos, siendo el hermano pequeño el que da más alegrías que el mayor. Y es que el Union Berlin tardó en arrancar.

Tenía que ser en casa, no podía ser otro sitio. La primera alegría del Union en la Bundesliga llegó ante el Dortmund, el último día del mes de agosto. Por aquel entonces, con el mercado dando sus últimos coletazos, la visita de los de Lucien Favre al segundo campo más pequeño de la liga se saldó con victoria local por 3-1. Aquella fue la primera gran noticia de una historia que podía traer algo grande. Pero como nada es fácil, los días pasaron, la euforia se mantenía y, tras el regreso del parón, el Union se llevó un golpe de realidad, cayendo derrotado en cinco de los seis partidos siguientes. Eso sí, ante rivales como Werder Bremen, Leverkusen, Eintracht, Wolfsburg y Bayern.

Aquel encontronazo supuso un duro traspiés después del primer gran momento de la temporada, pero la competición aún le había guardado lo mejor. Entre esa mala racha, Fischer y los suyos consiguieron vencer en dos ocasiones al que estaba siendo el equipo revelación de la temporada en Alemania. El SC Freiburg del eterno Streich cayó ante los de la capital en liga y copa, con diez días de diferencia entre un partido y otro. ¿Había esperanza? Sí, a pesar de aquellos malos resultados, el equipo no se vino abajo. Tocaba derbi, un momento histórico días antes del aniversario de la caída del muro. Se enfrentaban los dos equipos de la capital aún vivos en la élite, por primera vez, en la máxima categoría. El hermano mayor visitaba al pequeño con la intención de dejar las cosas claras y ver quién manda. Sin embargo, el rojo venció al azul. El penalti de Sebastian Polter en los últimos minutos sonó a una nueva campanada del novato. Y sí, muchos dirán que el Hertha BSC no está en un buen momento, pero el triunfo local fue logrado con merecimiento.

Aquella victoria en el Berlinerderby implicaba un nuevo paso hacia delante. El Union Berlin suma cuatro victorias consecutivas, tras eliminar al Freiburg en DFB Pokal. La última de ellas, tan sonada como la primera y mayor aún que la del gran duelo de la capital. En la última jornada de liga visitaba el Stadion An der Alten Försterei el líder que, sin duda, estaba siendo el equipo más en forma de la competición, con algo de sorpresa. Marco Rose y el Gladbach se plantaron en el recinto de la capital con la intención de continuar manteniendo la ventaja en el liderato y, tras el pitido final, se dieron cuenta de que no era tan fácil. Ahí no servían de nada las décadas prodigiosas, los grandes jugadores del pasado. Era una fecha nueva, un nuevo partido, en el que se aguantó y se consiguió la victoria. Otro triunfo más del último novato humilde en llegar a la Bundesliga.

Esta racha puede que se corte pronto (o no), pero está claro que no hay nada pensado a lo loco, que la intención del club pequeño de Berlín es la de establecerse entre los grandes. No quieren ser recordado como el equipo de los villancicos, o el que cedió su estadio para que miles de personas vieran un Mundial centrados en sofás colocados sobre el césped. Su historia deportiva, a pesar de tener ya cierto recorrido, está aún por escribirse. Sus movimientos en el mercado no fueron casualidad. Contando con algunos de los jugadores claves en el ascenso, luego se reforzaron con gente con mucho camino recorrido en la categoría. Nada de experimentos raros. Los Gentner, Ujah, Polter, Subotic, Schmiedebach llegaban para sumar, aunque muchos piensen que ya el momento de estos jugadores ya había pasado. El equipo no pretendía ser un asilo para veteranos, sino que quería poner la primera piedra de algo mejor y lo estaba empezando a conseguir.

El pasado sábado el Borussia Mönchengladbach mordió el polvo en el mismo terreno en el que Dortmund y Hertha BSC lo habían hecho. Gracias a un Sebastian Andersson enchufado y a un equipo que le ha cogido el gusto a eso de la victoria. Como bien se sabe, aún estamos en noviembre y queda mucho de competición, pero lo vivido no lo quita nadie. Lo conseguido en casa tiene mérito. Ganar a uno de los dos grandes, al líder sólido y al rival de la ciudad. Lo mejor está por venir en este debut del Union Berlin entre los grandes.

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