_Real Madrid

La última carta

David Orenes @david_lrl 01-03-2019

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El
Real Madrid protagonizó una recuperación que parecía imposible.
Salió de una crisis tremebunda, que echó por tierra el fallido
proyecto de Lopetegui y dejó al club en una situación casi de
apocalipsis. De repente, todos los que formaron parte de una
plantilla ganadora de tres Champions seguidas se miraron con otros
ojos, como si hubieran perdido todas sus facultades de una sentada.
Solari se encontró con un equipo muerto y lo devolvió a la vida en
gran parte por decisiones tan arriesgadas como efectivas.

Levantarse
después de la caída es un continuo en el Madrid, acostumbrado con
Zidane a tapar los fracasos en la Liga con grandes gestas europeas. A
estas alturas, los blancos estaban a 14 puntos del líder y a nueve
de Atlético, segundo en la clasificación. Hoy está a nueve (con
opciones de colocarse a seis si gana el Clásico de Liga) del Barça
y a solo dos de su vecino rojiblanco. Hace año el Madrid vio las
semifinales de Copa por televisión, pues fue eliminado por un
Leganés que ganó en el Bernabéu. Fue el partido que más tarde
propició la dimisión del técnico francés, que decidió continuar
con la Liga de Campeones como único aliciente.

Así,
nadie se acordó de la temprana eliminación en Copa ni de la
terrible trayectoria en Liga cuando el Madrid ganó en París, Turín
y Múnich antes de doblegar al Liverpool en la final. Ser campeón de
Europa por tercer año consecutivo procuraba tal satisfacción que
hacía desvanecer los síntomas de que algo pasaba. La dirección
deportiva no lo quiso ver. Tampoco Florentino. Ni siquiera el día
que Zidane anunció su marcha, con motivos más que claros. Hacía
falta un cambio, no solo de banquillo. También de hombres sobre el
césped.

Los
hombres que llegaron fueron Courtois, Odriozola, Vinicius, Mariano y
Lunin, amén de la ascensión del canterano Reguilón. El que se fue,
Cristiano Ronaldo. Con soberbia, se dio por hecho que no hacía falta
un sustituto de un futbolista que cada año anotaba más de 50 goles,
el mismo que hizo 15 en los 13 partidos que disputó en Champions. En
las eliminatorias atascadas, aparecía su figura salvadora para
asestar el golpe definitivo y sacar el billete para el siguiente
destino. No hay, ni por asomo, un jugador así en la actual plantilla
y es muy probable que no lo haya tampoco el próximo verano.

Quizá
esa sea la gran diferencia de que consideremos esta temporada, a
estas alturas, más oscura que la anterior. El Madrid sigue vivo en
Champions y además con ventaja (1-2 en Amsterdam), pero ante rivales
mayores… ¿Tiene el Madrid cuerpo suficiente para sacarlos
adelante?

La
respuesta es sí. El Madrid ha perdido la pegada de la que presumía
en Europa porque perdió al mejor goleador que ha tenido en su
historia. Si alguien tiene que asumir responsabilidades es el que
dejó que se marchara y el que no le encontró sustituto. Dicho esto,
el Madrid tiene algunos de los mejores jugadores del mundo, todos
ellos campeones de Europa: Sergio Ramos, Marcelo, Varane, Carvajal,
Casemiro, Kroos, Modric, Isco, Bale, Benzema… Ni que decir tiene
que algunos de ellos no están dando el nivel y otros están
directamente apartados. Hoy el Madrid juega con Reguilón en la
izquierda y Vinicius y Lucas Vázquez en los costados. Y puede que
sean los tres mejores del equipo.

No
puede ser. No se puede permitir que un lateral sin experiencia en
Primera o un chaval de 18 años tiren del carro del mejor equipo del
continente. Es lo que provoca que el peor Barça en años gane 0-3 en
el Bernabéu. El Madrid está a tiempo de reengancharse, una vez más,
a la única carta que siempre le queda. Este año será más difícil
que nunca, pero no se confundan en dos cosas: 1. Tiene tablas para
conseguirlo y 2. Si lo consigue, no puede volver a engañarse. Toca
revolución en verano.

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El
Real Madrid protagonizó una recuperación que parecía imposible.
Salió de una crisis tremebunda, que echó por tierra el fallido
proyecto de Lopetegui y dejó al club en una situación casi de
apocalipsis. De repente, todos los que formaron parte de una
plantilla ganadora de tres Champions seguidas se miraron con otros
ojos, como si hubieran perdido todas sus facultades de una sentada.
Solari se encontró con un equipo muerto y lo devolvió a la vida en
gran parte por decisiones tan arriesgadas como efectivas.

Levantarse
después de la caída es un continuo en el Madrid, acostumbrado con
Zidane a tapar los fracasos en la Liga con grandes gestas europeas. A
estas alturas, los blancos estaban a 14 puntos del líder y a nueve
de Atlético, segundo en la clasificación. Hoy está a nueve (con
opciones de colocarse a seis si gana el Clásico de Liga) del Barça
y a solo dos de su vecino rojiblanco. Hace año el Madrid vio las
semifinales de Copa por televisión, pues fue eliminado por un
Leganés que ganó en el Bernabéu. Fue el partido que más tarde
propició la dimisión del técnico francés, que decidió continuar
con la Liga de Campeones como único aliciente.

Así,
nadie se acordó de la temprana eliminación en Copa ni de la
terrible trayectoria en Liga cuando el Madrid ganó en París, Turín
y Múnich antes de doblegar al Liverpool en la final. Ser campeón de
Europa por tercer año consecutivo procuraba tal satisfacción que
hacía desvanecer los síntomas de que algo pasaba. La dirección
deportiva no lo quiso ver. Tampoco Florentino. Ni siquiera el día
que Zidane anunció su marcha, con motivos más que claros. Hacía
falta un cambio, no solo de banquillo. También de hombres sobre el
césped.

Los
hombres que llegaron fueron Courtois, Odriozola, Vinicius, Mariano y
Lunin, amén de la ascensión del canterano Reguilón. El que se fue,
Cristiano Ronaldo. Con soberbia, se dio por hecho que no hacía falta
un sustituto de un futbolista que cada año anotaba más de 50 goles,
el mismo que hizo 15 en los 13 partidos que disputó en Champions. En
las eliminatorias atascadas, aparecía su figura salvadora para
asestar el golpe definitivo y sacar el billete para el siguiente
destino. No hay, ni por asomo, un jugador así en la actual plantilla
y es muy probable que no lo haya tampoco el próximo verano.

Quizá
esa sea la gran diferencia de que consideremos esta temporada, a
estas alturas, más oscura que la anterior. El Madrid sigue vivo en
Champions y además con ventaja (1-2 en Amsterdam), pero ante rivales
mayores… ¿Tiene el Madrid cuerpo suficiente para sacarlos
adelante?

La
respuesta es sí. El Madrid ha perdido la pegada de la que presumía
en Europa porque perdió al mejor goleador que ha tenido en su
historia. Si alguien tiene que asumir responsabilidades es el que
dejó que se marchara y el que no le encontró sustituto. Dicho esto,
el Madrid tiene algunos de los mejores jugadores del mundo, todos
ellos campeones de Europa: Sergio Ramos, Marcelo, Varane, Carvajal,
Casemiro, Kroos, Modric, Isco, Bale, Benzema… Ni que decir tiene
que algunos de ellos no están dando el nivel y otros están
directamente apartados. Hoy el Madrid juega con Reguilón en la
izquierda y Vinicius y Lucas Vázquez en los costados. Y puede que
sean los tres mejores del equipo.

No
puede ser. No se puede permitir que un lateral sin experiencia en
Primera o un chaval de 18 años tiren del carro del mejor equipo del
continente. Es lo que provoca que el peor Barça en años gane 0-3 en
el Bernabéu. El Madrid está a tiempo de reengancharse, una vez más,
a la única carta que siempre le queda. Este año será más difícil
que nunca, pero no se confundan en dos cosas: 1. Tiene tablas para
conseguirlo y 2. Si lo consigue, no puede volver a engañarse. Toca
revolución en verano.

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