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La Selección Española se da un último homenaje en Brasil

Alejandro Centellas @alexcalonso 23-06-2014

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Alejandro CENTELLAS

Alejandro CENTELLAS – Se cerró un círculo de forma casi poética. Villa y Torres marcaron los dos primeros goles de España, como en una analepsis futbolística que termina en el presente con una etapa gloriosa y cimentada para el futuro. A la Selección no se le ha olvidado bailar, si acaso ha perdido frescura y chispa, motivación y hambre. Contra Australia sentimos la punzada nostálgica del paso del tiempo, del deterioro de las obras de arte porque los artistas han perdido el pulso por la vejez. En cualquier caso fue una despedida acorde a la dimensión de nuestra Selección.

Por el camino de este Mundial de pesadilla se han ido quedando jugadores como Xavi y Villa, que no volverán a vestir la elástica nacional, y las sensaciones de que una regeneración es inminente. La semilla está, el modelo aún se sostiene, pero solo falta regar la cosecha con jugadores frescos, innovar para no morir. La Selección jugó el partido de hoy como nos tenía acostumbrados, moviendo el balón de un lado para otro, con dos toques o menos para dar fluidez al balón. Con este método, archiconocido, llegó la superioridad de España, liderada por Villa y Torres, que hicieron de su movilidad un lienzo sobre el que dibujar las ideas de un centenario Iniesta. El mismo genio de Fuentealbilla se encargó de brindar un balón medido a la carrera de Juanfran, que correspondió al pase con un pase de la muerte que Villa se encargó de transformar de tacón. Ocho besos al escudo del 7 de España como celebración. Golazo de los de antaño, como si lo de Holanda y Chile no hubiera pasado.

Australia fue el sparring idóneo para proyectar los sentimientos encontrados de la Selección. Los aficionados españoles veían el partido con una sonrisa cómplice, como quien está orgulloso de sus chicos aun cuando les da disgustos inesperados. El equipo de Postecoglou no fue rival, tan solo un combinado que encontraba respiro en la velocidad de Leckie y en balones largos para la pelea infructuosa de sus atacantes. Solo cuando España dudó, Australia encontró el balón y las herramientas. Pero cuando España volvía a tener el control del balón, Iniesta siempre aparecía como el mejor aliado. Ya en la segunda parte, el milimétrico plano mental de la figura de Albacete sirvió un pase en bandeja a Torres, que definió de forma práctica para poner el segundo y trasladar nuestra mente al año 2008, a esa final contra Alemania. En esos minutos Villa ya había sido sustituido, de forma un tanto misteriosa, y firmó su brillante finiquito como jugador y máximo goleador de la Selección española. 

Mata se encargó de firmar el tercero, una vez  que Vicente Del Bosque había repartido el sabor amargo de debutar en el Mundial de Brasil a todos sus jugadores, excepto a De Gea por problemas físicos. Fue una rendición con honores de la Selección campeona del Mundo, una reivindicación de un estilo todavía vivo que precisa de pequeños ajustes en su maquinaria para volver a rendir como un equipo admirable en todo el planeta. Francia 2016 es el próximo objetivo, en el que algunos ya no estarán y otros vendrán,  como una inevitable transformación que refleja el ciclo natural de la vida. Unos nos dejan para pasar a la historia de oro del fútbol mundial, otros llegan para seguir escribiendo las páginas de un orgullo deportivo nacional que se despertó hace 5 años. Una vez hechas las autocríticas pertinentes, no queda otra que agradecer y alabar a unos jugadores de dibujos animados.

FICHA TÉCNICA

Estadio: Arena da Baixada (Curitiba) 41.156 personas
Árbitro: Nawaf Shukralla (BAH)

Alineaciones

España: Reina (5), Juanfran (6), Ramos (6), Albiol (7), Jordi Alba (6); Xabi Alonso (5), Koke (6) Cazorla (6), Iniesta (8); Villa (8), Torres (8)
Suplentes: Mata (7), Cesc (5), Silva (s.c)

Australia: Ryan (4), McGowan (5), Spiranovic (4), Wilkinson (5), Davidson (5); McKay (4), Jedinak (5), Bozanic (4); Leckie (6), Taggart (4), Oar (5)
Suplentes: Halloran (4), Troisi (4), Bresciano (5).

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Alejandro CENTELLAS – Se cerró un círculo de forma casi poética. Villa y Torres marcaron los dos primeros goles de España, como en una analepsis futbolística que termina en el presente con una etapa gloriosa y cimentada para el futuro. A la Selección no se le ha olvidado bailar, si acaso ha perdido frescura y chispa, motivación y hambre. Contra Australia sentimos la punzada nostálgica del paso del tiempo, del deterioro de las obras de arte porque los artistas han perdido el pulso por la vejez. En cualquier caso fue una despedida acorde a la dimensión de nuestra Selección.

Por el camino de este Mundial de pesadilla se han ido quedando jugadores como Xavi y Villa, que no volverán a vestir la elástica nacional, y las sensaciones de que una regeneración es inminente. La semilla está, el modelo aún se sostiene, pero solo falta regar la cosecha con jugadores frescos, innovar para no morir. La Selección jugó el partido de hoy como nos tenía acostumbrados, moviendo el balón de un lado para otro, con dos toques o menos para dar fluidez al balón. Con este método, archiconocido, llegó la superioridad de España, liderada por Villa y Torres, que hicieron de su movilidad un lienzo sobre el que dibujar las ideas de un centenario Iniesta. El mismo genio de Fuentealbilla se encargó de brindar un balón medido a la carrera de Juanfran, que correspondió al pase con un pase de la muerte que Villa se encargó de transformar de tacón. Ocho besos al escudo del 7 de España como celebración. Golazo de los de antaño, como si lo de Holanda y Chile no hubiera pasado.

Australia fue el sparring idóneo para proyectar los sentimientos encontrados de la Selección. Los aficionados españoles veían el partido con una sonrisa cómplice, como quien está orgulloso de sus chicos aun cuando les da disgustos inesperados. El equipo de Postecoglou no fue rival, tan solo un combinado que encontraba respiro en la velocidad de Leckie y en balones largos para la pelea infructuosa de sus atacantes. Solo cuando España dudó, Australia encontró el balón y las herramientas. Pero cuando España volvía a tener el control del balón, Iniesta siempre aparecía como el mejor aliado. Ya en la segunda parte, el milimétrico plano mental de la figura de Albacete sirvió un pase en bandeja a Torres, que definió de forma práctica para poner el segundo y trasladar nuestra mente al año 2008, a esa final contra Alemania. En esos minutos Villa ya había sido sustituido, de forma un tanto misteriosa, y firmó su brillante finiquito como jugador y máximo goleador de la Selección española. 

Mata se encargó de firmar el tercero, una vez  que Vicente Del Bosque había repartido el sabor amargo de debutar en el Mundial de Brasil a todos sus jugadores, excepto a De Gea por problemas físicos. Fue una rendición con honores de la Selección campeona del Mundo, una reivindicación de un estilo todavía vivo que precisa de pequeños ajustes en su maquinaria para volver a rendir como un equipo admirable en todo el planeta. Francia 2016 es el próximo objetivo, en el que algunos ya no estarán y otros vendrán,  como una inevitable transformación que refleja el ciclo natural de la vida. Unos nos dejan para pasar a la historia de oro del fútbol mundial, otros llegan para seguir escribiendo las páginas de un orgullo deportivo nacional que se despertó hace 5 años. Una vez hechas las autocríticas pertinentes, no queda otra que agradecer y alabar a unos jugadores de dibujos animados.

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Estadio: Arena da Baixada (Curitiba) 41.156 personas
Árbitro: Nawaf Shukralla (BAH)

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España: Reina (5), Juanfran (6), Ramos (6), Albiol (7), Jordi Alba (6); Xabi Alonso (5), Koke (6) Cazorla (6), Iniesta (8); Villa (8), Torres (8)
Suplentes: Mata (7), Cesc (5), Silva (s.c)

Australia: Ryan (4), McGowan (5), Spiranovic (4), Wilkinson (5), Davidson (5); McKay (4), Jedinak (5), Bozanic (4); Leckie (6), Taggart (4), Oar (5)
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