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La permanencia como objetivo

David Orenes @david_lrl 08-01-2019

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El Villarreal tiene 10 puntos menos que la pasada temporada a estas alturas. Entonces había ganado cinco jornadas más que ahora, y marchaba en quinta posición, posición envidiable para disputar competición europea la temporada siguiente en lugar de luchar por la permanencia. Ese es el objetivo del Submarino este curso, por mucho que diga su presupuesto, la inversión en fichajes o la calidad de su plantilla.

Ha llovido desde la última vez que el Villarreal descendió a Segunda División contra todo pronóstico. Entonces, el cuadro amarillo venía de una temporada sublime, tras acabar cuarto en Liga y alcanzar unas históricas semifinales de Europa League con Juan Carlos Garrido como entrenador. En aquel plantel figuraban grandes jugadores como Diego López, Mateo Musacchio, Marcos Senna, Bruno Soriano, Borja Valero, Cani o Giuseppe Rossi.  Ninguno pudo evitar una debacle que se extendió por las 38 jornadas y que contó con un trágico e irremediable final con Falcao y Tamudo como verdugos.

Desde aquel día, el equipo amarillo se grabó a fuego su condición humilde. No volvería a caer en el terrible error de creerse mejor que nadie. Logró el ascenso solo un año después en una recuperación espectacular en la segunda vuelta liderada por Marcelino García Toral. Y rápidamente el club recuperó el estatus que le había precedido en campañas anteriores, asentándose en Europa y no faltando a su cita ni una sola vez en los seis últimos años. La llegada de futbolistas de nivel y la costumbre de figurar entre los mejores del fútbol español no cambió el discurso, ni siquiera ganando en plazas como el Santiago Bernabéu.

«El objetivo es la permanencia. Los que bajamos a Segunda sabemos lo difícil y lo jodido que es», dijo Jaume Costa justo hace un año, cuando el Submarino ganaba 0-1 al Real Madrid con un gol de Fornals. De aquel grupo que vivió esa penalidad solo quedan Trigueros, Bruno y el propio Jaume. Hoy se dan cuenta de que el discurso es más fuerte que nunca, y que solo con la máxima intensidad se conseguirá dar la vuelta a la situación. Es esta una Liga atípica, donde Villarreal pelea con el Athletic para no ocupar la antepenúltima posición, mientras equipos como el Alavés o el Getafe casi han logrado sus objetivos iniciales y sueñan con cotas más altas.

Que el Villarreal es mejor equipo de lo que dice su lugar en la clasificación salta a la vista con solo recitar sus nombres, pero si algo irrita de verdad al Estadio de la Cerámica es ver cómo su equipo compite de tú a tú contra los mejores y deja escapar puntos ante rivales infinitamente inferiores. Suena ridículo que un equipo que no ha perdido ante Atlético, Sevilla, Valencia y Real Madrid y que ha logrado goleadas importantes en Copa y Europa League, no consiga crearle ocasiones al Éibar, sufra un empate en el descuento ante el colista de la Liga o encaje un 0-3 en apenas minutos ante un Celta desnortado.

De ese agujero negro solo se saldrá a base de sacrificio. El Villarreal ha mejorado ligeramente con Luis García Plaza, pero sigue cometiendo los mismos errores que desde hace meses. La magia se apaga en los metros finales, donde Gerard Moreno sigue sin recuperar su nivel, mientras un canterano llamado Samu Chukwueze se ha convertido en la chispa del equipo y una de las sensaciones de la Liga. A su inspiración y la de una pareja irregular pero de un talento mayúsculo (Cazorla-Fornals) se agarra un Villarreal que, eso sí, sufre demasiado atrás. La dirección deportiva, que se ha puesto las pilas en este mercado de invierno (Iturra, Soriano y Sansone han dicho adiós e Iborra parece atado) debe centrar sus ojos en una zaga maltrecha.

Getafe y Athletic en casa son los siguientes compromisos del Submarino, ambos importantísimos para su futuro más inmediato en la Liga Santander. Reaccionar es obligatorio.

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El Villarreal tiene 10 puntos menos que la pasada temporada a estas alturas. Entonces había ganado cinco jornadas más que ahora, y marchaba en quinta posición, posición envidiable para disputar competición europea la temporada siguiente en lugar de luchar por la permanencia. Ese es el objetivo del Submarino este curso, por mucho que diga su presupuesto, la inversión en fichajes o la calidad de su plantilla.

Ha llovido desde la última vez que el Villarreal descendió a Segunda División contra todo pronóstico. Entonces, el cuadro amarillo venía de una temporada sublime, tras acabar cuarto en Liga y alcanzar unas históricas semifinales de Europa League con Juan Carlos Garrido como entrenador. En aquel plantel figuraban grandes jugadores como Diego López, Mateo Musacchio, Marcos Senna, Bruno Soriano, Borja Valero, Cani o Giuseppe Rossi.  Ninguno pudo evitar una debacle que se extendió por las 38 jornadas y que contó con un trágico e irremediable final con Falcao y Tamudo como verdugos.

Desde aquel día, el equipo amarillo se grabó a fuego su condición humilde. No volvería a caer en el terrible error de creerse mejor que nadie. Logró el ascenso solo un año después en una recuperación espectacular en la segunda vuelta liderada por Marcelino García Toral. Y rápidamente el club recuperó el estatus que le había precedido en campañas anteriores, asentándose en Europa y no faltando a su cita ni una sola vez en los seis últimos años. La llegada de futbolistas de nivel y la costumbre de figurar entre los mejores del fútbol español no cambió el discurso, ni siquiera ganando en plazas como el Santiago Bernabéu.

«El objetivo es la permanencia. Los que bajamos a Segunda sabemos lo difícil y lo jodido que es», dijo Jaume Costa justo hace un año, cuando el Submarino ganaba 0-1 al Real Madrid con un gol de Fornals. De aquel grupo que vivió esa penalidad solo quedan Trigueros, Bruno y el propio Jaume. Hoy se dan cuenta de que el discurso es más fuerte que nunca, y que solo con la máxima intensidad se conseguirá dar la vuelta a la situación. Es esta una Liga atípica, donde Villarreal pelea con el Athletic para no ocupar la antepenúltima posición, mientras equipos como el Alavés o el Getafe casi han logrado sus objetivos iniciales y sueñan con cotas más altas.

Que el Villarreal es mejor equipo de lo que dice su lugar en la clasificación salta a la vista con solo recitar sus nombres, pero si algo irrita de verdad al Estadio de la Cerámica es ver cómo su equipo compite de tú a tú contra los mejores y deja escapar puntos ante rivales infinitamente inferiores. Suena ridículo que un equipo que no ha perdido ante Atlético, Sevilla, Valencia y Real Madrid y que ha logrado goleadas importantes en Copa y Europa League, no consiga crearle ocasiones al Éibar, sufra un empate en el descuento ante el colista de la Liga o encaje un 0-3 en apenas minutos ante un Celta desnortado.

De ese agujero negro solo se saldrá a base de sacrificio. El Villarreal ha mejorado ligeramente con Luis García Plaza, pero sigue cometiendo los mismos errores que desde hace meses. La magia se apaga en los metros finales, donde Gerard Moreno sigue sin recuperar su nivel, mientras un canterano llamado Samu Chukwueze se ha convertido en la chispa del equipo y una de las sensaciones de la Liga. A su inspiración y la de una pareja irregular pero de un talento mayúsculo (Cazorla-Fornals) se agarra un Villarreal que, eso sí, sufre demasiado atrás. La dirección deportiva, que se ha puesto las pilas en este mercado de invierno (Iturra, Soriano y Sansone han dicho adiós e Iborra parece atado) debe centrar sus ojos en una zaga maltrecha.

Getafe y Athletic en casa son los siguientes compromisos del Submarino, ambos importantísimos para su futuro más inmediato en la Liga Santander. Reaccionar es obligatorio.

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