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La paciente lucha de Andrés Iniesta

Xavi Vallés @xavivalles14 22-05-2018

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Empiezo la redacción de este artículo casi 24 horas después del pitido final
del último partido de la temporada 2017/18 del FC Barcelona. Con él, se
apagaron las luces del curso futbolístico y de la trayectoria como azulgrana
del hasta ayer capitán del primer equipo, Andrés Iniesta. Voy juntando letras
en este primer párrafo sin tener muy claro hacia dónde se dirigen mis frases (cosa
que raramente me sucede) y metido de lleno en la fase de negación de todo lo
sucedido, pero buscando a la vez una relación entre lo que el genio manchego ha
sido y los mensajes para la vida que se pueden sacar de su carrera
futbolística.

He decidido hacerlo desde este punto de vista, sin querer abarcar más de lo
necesario, porque considero que no soy nadie (ni el más adecuado/preparado)
para hacer una valoración extensa de un personaje de esta magnitud. Por lo
tanto, y sin presión, me tomo lo que viene a continuación como una aportación
más a la inacabable colección de elogios que la gente del fútbol le ha hecho
llegar durante el último mes desde todos los rincones del planeta.

La carrera de Iniesta ha sido muchas cosas, se podría definir de mil formas
y podría resumirse en muchos momentos aún grabados en nuestra retina, pero me
apetece hablar de su serenidad, de la capacidad que siempre ha tenido para
actuar de forma paciente. Y lo hago porque creo que es un mensaje aplicable a
los jugadores de la Masia que, de bien seguro, le admiran y sienten orgullo de
encontrarse justo en la parte del camino en la que Andrés empezó a andar a
pasos cada vez más agigantados.

La definición de paciencia, esa actitud que lleva al ser humano a tolerar y
soportar una determinada situación sin experimentar nerviosismo ni perder la
calma, se adapta como un guante a la personalidad del ya eterno ‘8’ azulgrana.
Los contratiempos y dificultades que ha podido tener a la largo de su carrera
han sido reducidos y minimizados por la propia capacidad del manchego de actuar
sin hacer más ruido de la cuenta ni mostrar síntomas de una alteración que
podría afectarle a él y a su entorno. Lo único que Andrés Iniesta ha dinamitado
a lo largo de su carrera han sido decenas de zonas de medio campo en adelante
con su forma de jugar al fútbol, convirtiendo el juego de toque en algo más que
la horizontalidad y el ritmo lineal, destrozando líneas defensivas y rivales
mediante su conducción de balón y deslizando su talento sobre el terreno de
juego con una maestría que quizás no volvamos a ver en el futuro.

El desde ayer excapitán azulgrana (sí, suena tan duro como en realidad lo
es) ha sido siempre un ejemplo de paciencia, de sosiego. Algo que ha
desembocado en una personalidad madura que, de hecho, siempre ha estado ahí,
sin tener en cuenta si el primer dígito de su edad era un dos o un tres. Eso ha
hecho de Andrés Iniesta un jugador (y una persona) que siempre ha sabido
esperar con tranquilidad y calma todo aquello que estaba cantado que acabaría
sucediendo. Solo así puede entenderse que alguien con este talento pudiera
aceptar ser el jugador número doce del equipo durante tres años. Tengo la
sensación de que Iniesta siempre ha sabido que las cosas no dependen
estrictamente de uno y que se les debe otorgar tiempo, que hay que aguardar por
alguien o algo sin perturbarse más de lo necesario durante la espera. Con ello
no quiero decir que actuara de manera conformista, sino que él (como todos los
aficionados que presenciábamos su fútbol) parecía predecir que su momento
acabaría llegando, y que lo haría pudiendo ofrecer a su club varios años de muy
buen fútbol. Varios años que se han acabado convirtiendo en nada más y nada
menos que una década. ¡Qué gran ejemplo de que la paciencia siempre tiene
recompensa!

La virtud de no alterarse es uno de los grandes mensajes que nos ha dejado
la carrera futbolística de Iniesta, y por eso creo que es más importante de lo
que parece para los jóvenes de los que hablaba anteriormente. No pueden permitir
que la ansiedad hacia el éxito inmediato arruine el verdadero objetivo por el
que están compitiendo en el filial o las categorías inferiores. Si los técnicos
del primer equipo y filial son cada vez más capaces de adaptar el entorno de
trabajo a lo que la estructura de ‘més que un club’ requiere, el jugador
también debe corresponder a través de lo que hemos aprendido estos años con uno
de los magos de este deporte: la importancia de los pasos meditados, la calma
ante la lentitud con la que pueden desarrollarse algunos acontecimientos y el
saber esperar. Porque Andrés Iniesta, entre muchas otras cosas, nos ha enseñado
que saber esperar forma parte de luchar por algo que ni siquiera puedes ver
todavía.

Hasta siempre, #Infinit8Iniesta.

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Empiezo la redacción de este artículo casi 24 horas después del pitido final
del último partido de la temporada 2017/18 del FC Barcelona. Con él, se
apagaron las luces del curso futbolístico y de la trayectoria como azulgrana
del hasta ayer capitán del primer equipo, Andrés Iniesta. Voy juntando letras
en este primer párrafo sin tener muy claro hacia dónde se dirigen mis frases (cosa
que raramente me sucede) y metido de lleno en la fase de negación de todo lo
sucedido, pero buscando a la vez una relación entre lo que el genio manchego ha
sido y los mensajes para la vida que se pueden sacar de su carrera
futbolística.

He decidido hacerlo desde este punto de vista, sin querer abarcar más de lo
necesario, porque considero que no soy nadie (ni el más adecuado/preparado)
para hacer una valoración extensa de un personaje de esta magnitud. Por lo
tanto, y sin presión, me tomo lo que viene a continuación como una aportación
más a la inacabable colección de elogios que la gente del fútbol le ha hecho
llegar durante el último mes desde todos los rincones del planeta.

La carrera de Iniesta ha sido muchas cosas, se podría definir de mil formas
y podría resumirse en muchos momentos aún grabados en nuestra retina, pero me
apetece hablar de su serenidad, de la capacidad que siempre ha tenido para
actuar de forma paciente. Y lo hago porque creo que es un mensaje aplicable a
los jugadores de la Masia que, de bien seguro, le admiran y sienten orgullo de
encontrarse justo en la parte del camino en la que Andrés empezó a andar a
pasos cada vez más agigantados.

La definición de paciencia, esa actitud que lleva al ser humano a tolerar y
soportar una determinada situación sin experimentar nerviosismo ni perder la
calma, se adapta como un guante a la personalidad del ya eterno ‘8’ azulgrana.
Los contratiempos y dificultades que ha podido tener a la largo de su carrera
han sido reducidos y minimizados por la propia capacidad del manchego de actuar
sin hacer más ruido de la cuenta ni mostrar síntomas de una alteración que
podría afectarle a él y a su entorno. Lo único que Andrés Iniesta ha dinamitado
a lo largo de su carrera han sido decenas de zonas de medio campo en adelante
con su forma de jugar al fútbol, convirtiendo el juego de toque en algo más que
la horizontalidad y el ritmo lineal, destrozando líneas defensivas y rivales
mediante su conducción de balón y deslizando su talento sobre el terreno de
juego con una maestría que quizás no volvamos a ver en el futuro.

El desde ayer excapitán azulgrana (sí, suena tan duro como en realidad lo
es) ha sido siempre un ejemplo de paciencia, de sosiego. Algo que ha
desembocado en una personalidad madura que, de hecho, siempre ha estado ahí,
sin tener en cuenta si el primer dígito de su edad era un dos o un tres. Eso ha
hecho de Andrés Iniesta un jugador (y una persona) que siempre ha sabido
esperar con tranquilidad y calma todo aquello que estaba cantado que acabaría
sucediendo. Solo así puede entenderse que alguien con este talento pudiera
aceptar ser el jugador número doce del equipo durante tres años. Tengo la
sensación de que Iniesta siempre ha sabido que las cosas no dependen
estrictamente de uno y que se les debe otorgar tiempo, que hay que aguardar por
alguien o algo sin perturbarse más de lo necesario durante la espera. Con ello
no quiero decir que actuara de manera conformista, sino que él (como todos los
aficionados que presenciábamos su fútbol) parecía predecir que su momento
acabaría llegando, y que lo haría pudiendo ofrecer a su club varios años de muy
buen fútbol. Varios años que se han acabado convirtiendo en nada más y nada
menos que una década. ¡Qué gran ejemplo de que la paciencia siempre tiene
recompensa!

La virtud de no alterarse es uno de los grandes mensajes que nos ha dejado
la carrera futbolística de Iniesta, y por eso creo que es más importante de lo
que parece para los jóvenes de los que hablaba anteriormente. No pueden permitir
que la ansiedad hacia el éxito inmediato arruine el verdadero objetivo por el
que están compitiendo en el filial o las categorías inferiores. Si los técnicos
del primer equipo y filial son cada vez más capaces de adaptar el entorno de
trabajo a lo que la estructura de ‘més que un club’ requiere, el jugador
también debe corresponder a través de lo que hemos aprendido estos años con uno
de los magos de este deporte: la importancia de los pasos meditados, la calma
ante la lentitud con la que pueden desarrollarse algunos acontecimientos y el
saber esperar. Porque Andrés Iniesta, entre muchas otras cosas, nos ha enseñado
que saber esperar forma parte de luchar por algo que ni siquiera puedes ver
todavía.

Hasta siempre, #Infinit8Iniesta.

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