_Alemania

La osadía de comparar a dos bestias

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 24-11-2020

Más allá de las estadísticas, el día de Der Klassiker tuve una especie de revelación justo cuando Joshua Kimmich tuvo que irse lesionado del partido. No por esa lesión. Sino por lo que lo había provocado. Él intentó parar la embestida de Erling Braut Haaland desde el centro del campo, porque se temía que algo malo podía pasar si no lo hacía. Esa embestida. Esa ambición de coger el balón y correr hacia la portería rival con el único objetivo de marcar y sumar para el equipo, bien por sus propios medios o apoyándose en sus compañeros. Esas ganas de más que siempre pone y que la forma física le permiten, me trajeron a la memoria recuerdos de tiempos pasados, de cuando un tal Ronaldo Nazário se iba de todos como nadie y hacía fácil lo difícil. No lo pude evitar, me recordó a él.

Y es que solo tiene 20 años, la misma edad que tenía ‘O fenômeno’ cuando marcó aquel gol a la Sociedad Deportiva Compostela en el Multiusos de San Lázaro. Ese gol en el que se fue de todos los rivales, sin casi sudar, deslumbrando a todo el mundo. Esa es la misma sensación que me viene a la mente cada vez que veo a Haaland lejos de la portería rival, preparado para arrancar el motor y plantarse delante del portero. Porque sí, puede dar sensación de ser un jugador pesado, pero sus cambios de ritmo y la contundencia que transmite con sus movimientos le hacen ser un jugador temible.

Y no quiero entrar en el tema estadístico, pero al final no me va a quedar más remedio que hacerlo. Mientras el brasileño llegó en el mercado de verano, iniciando la temporada, desde una liga ‘menor’ (lo pongo entre comillas porque no es de mi estilo calificar competiciones) como la Eredivisie, en sus primeros 22 partidos en la Primera División española marcó 18 goles, repartidos en el 50% de esos partidos, incluyendo un hat-trick y hasta cinco dobletes. Haaland lleva 23 (más goles que partidos jugados), repartidos en 13 encuentros. No hace falta decir la procedencia del delantero borusser que, como en su día el bicampeón del mundo, llegó procedente de una competición de nivel más bajo como la Bundesliga austriaca, en la que hizo también muchísimos goles.

Sin querer comparar a ambos futbolistas, mi único objetivo con este texto es alabar, con todo merecimiento, la trayectoria que lleva Haaland, aunque sea ya un tema recurrente y que no ha pasado nada desapercibido. Es verle con el balón en los pies, lejos del área rival y venirme recuerdos a la mente de aquel jugador no solo del FC Barcelona, sino también en años posteriores. Ronaldo llegó a España con las expectativas altas y las cumplió. Lo mismo ha hecho Haaland, en el Borussia Dortmund, acompañado de muy buenos jugadores y con la previsión de que este fenómeno seguirá creciendo con cada partido que juegue.

Negar que la trayectoria que el delantero noruego le puede llevar a cotas muy altas es negar lo evidente. Condiciones y números tiene para ello. Muchos dirán que mientras no juegue en un grande ese reconocimiento nunca llegará, pero considero un error esta idea, puesto que el Borussia Dortmund, a pesar de competir con la tiranía del Bayern en Alemania, es uno de los grandes equipos europeos, a pesar de su técnico, que lleva mucho tiempo siendo cuestionado. Aún así, en Dortmund se están haciendo las cosas muy bien y a las pruebas me remito. A un jugador como Haaland, que esta temporada ya es ‘el 9’ del equipo, sin discusión, se le ha rodeado de juventud y calidad para poder demostrarle al mundo que quiere y, sobre todo, puede, ser tan grande como lo han sido otros. Yo no he podido evitarlo, pero a los hechos me remito: ver a Haaland cuando sale con el balón desde medio campo o buscando huecos por donde colarse entre la defensa, me recuerda a uno de los mejores delanteros de la historia y, sin miedo a equivocarme, estoy seguro de que el borusser va a marcar época, como lo hicieron en su día otros atacantes.

Lo que está claro es que las estadísticas no mienten. Ronaldo era capaz de decidir partidos y E. B. Haaland también. Solo hay que ver su debut, remontando un marcador adverso ante el FC Augsburg con un hat-trick en pocos minutos, saliendo desde el banquillo o la última hazaña que ha conseguido hasta la publicación de este artículo, marcando cuatro goles tras llegar perdiendo al descanso ante el Hertha BSC. Más allá de cualquier comparación con otros jugadores, sus números están ahí. Ronaldo fue un fuera de serie, uno de los grandes y es osado poner a Haaland a comer en la misma mesa que el exjugador de Madrid, Barça, Inter o Milan, entre otros. Pero a su edad, los 20 años, esa comida juntos la veo más que viable, porque es ver a uno y venirme el otro a la mente.

Imagen de cabecera: Clemens Bilan – Pool/Getty Images

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Más allá de las estadísticas, el día de Der Klassiker tuve una especie de revelación justo cuando Joshua Kimmich tuvo que irse lesionado del partido. No por esa lesión. Sino por lo que lo había provocado. Él intentó parar la embestida de Erling Braut Haaland desde el centro del campo, porque se temía que algo malo podía pasar si no lo hacía. Esa embestida. Esa ambición de coger el balón y correr hacia la portería rival con el único objetivo de marcar y sumar para el equipo, bien por sus propios medios o apoyándose en sus compañeros. Esas ganas de más que siempre pone y que la forma física le permiten, me trajeron a la memoria recuerdos de tiempos pasados, de cuando un tal Ronaldo Nazário se iba de todos como nadie y hacía fácil lo difícil. No lo pude evitar, me recordó a él.

Y es que solo tiene 20 años, la misma edad que tenía ‘O fenômeno’ cuando marcó aquel gol a la Sociedad Deportiva Compostela en el Multiusos de San Lázaro. Ese gol en el que se fue de todos los rivales, sin casi sudar, deslumbrando a todo el mundo. Esa es la misma sensación que me viene a la mente cada vez que veo a Haaland lejos de la portería rival, preparado para arrancar el motor y plantarse delante del portero. Porque sí, puede dar sensación de ser un jugador pesado, pero sus cambios de ritmo y la contundencia que transmite con sus movimientos le hacen ser un jugador temible.

Y no quiero entrar en el tema estadístico, pero al final no me va a quedar más remedio que hacerlo. Mientras el brasileño llegó en el mercado de verano, iniciando la temporada, desde una liga ‘menor’ (lo pongo entre comillas porque no es de mi estilo calificar competiciones) como la Eredivisie, en sus primeros 22 partidos en la Primera División española marcó 18 goles, repartidos en el 50% de esos partidos, incluyendo un hat-trick y hasta cinco dobletes. Haaland lleva 23 (más goles que partidos jugados), repartidos en 13 encuentros. No hace falta decir la procedencia del delantero borusser que, como en su día el bicampeón del mundo, llegó procedente de una competición de nivel más bajo como la Bundesliga austriaca, en la que hizo también muchísimos goles.

Sin querer comparar a ambos futbolistas, mi único objetivo con este texto es alabar, con todo merecimiento, la trayectoria que lleva Haaland, aunque sea ya un tema recurrente y que no ha pasado nada desapercibido. Es verle con el balón en los pies, lejos del área rival y venirme recuerdos a la mente de aquel jugador no solo del FC Barcelona, sino también en años posteriores. Ronaldo llegó a España con las expectativas altas y las cumplió. Lo mismo ha hecho Haaland, en el Borussia Dortmund, acompañado de muy buenos jugadores y con la previsión de que este fenómeno seguirá creciendo con cada partido que juegue.

Negar que la trayectoria que el delantero noruego le puede llevar a cotas muy altas es negar lo evidente. Condiciones y números tiene para ello. Muchos dirán que mientras no juegue en un grande ese reconocimiento nunca llegará, pero considero un error esta idea, puesto que el Borussia Dortmund, a pesar de competir con la tiranía del Bayern en Alemania, es uno de los grandes equipos europeos, a pesar de su técnico, que lleva mucho tiempo siendo cuestionado. Aún así, en Dortmund se están haciendo las cosas muy bien y a las pruebas me remito. A un jugador como Haaland, que esta temporada ya es ‘el 9’ del equipo, sin discusión, se le ha rodeado de juventud y calidad para poder demostrarle al mundo que quiere y, sobre todo, puede, ser tan grande como lo han sido otros. Yo no he podido evitarlo, pero a los hechos me remito: ver a Haaland cuando sale con el balón desde medio campo o buscando huecos por donde colarse entre la defensa, me recuerda a uno de los mejores delanteros de la historia y, sin miedo a equivocarme, estoy seguro de que el borusser va a marcar época, como lo hicieron en su día otros atacantes.

Lo que está claro es que las estadísticas no mienten. Ronaldo era capaz de decidir partidos y E. B. Haaland también. Solo hay que ver su debut, remontando un marcador adverso ante el FC Augsburg con un hat-trick en pocos minutos, saliendo desde el banquillo o la última hazaña que ha conseguido hasta la publicación de este artículo, marcando cuatro goles tras llegar perdiendo al descanso ante el Hertha BSC. Más allá de cualquier comparación con otros jugadores, sus números están ahí. Ronaldo fue un fuera de serie, uno de los grandes y es osado poner a Haaland a comer en la misma mesa que el exjugador de Madrid, Barça, Inter o Milan, entre otros. Pero a su edad, los 20 años, esa comida juntos la veo más que viable, porque es ver a uno y venirme el otro a la mente.

Imagen de cabecera: Clemens Bilan – Pool/Getty Images

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