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La oportunidad de Piccini

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 27-03-2019

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A pesar de que muchos en Italia no conocían ni siquiera su existencia hasta su reciente debut con la selección en el partido ante Finlandia -dejó el fútbol transalpino en 2014 después de disputar solamente una veintena de partidos en Serie A con el Livorno-, Cristiano Piccini, tras su buen rendimiento en su primer partido con la Nazionale en el dibujo propuesto por Roberto Mancini, tiene ante sí una fantástica oportunidad de asentarse en la Azzurra de cara a la cercana EURO 2020 en una posición, la de lateral derecho, sin un dueño fijo y con opositores de un nivel ciertamente irregular y parejo (un Florenzi en baja forma, un Calabria al alza pero aún tierno, un D’Ambrosio que aporta poco ofensivamente, un todavía poco rodado Andrea Conti tras sus lesiones, un Mattia De Sciglio siempre dudoso en la más alta exigencia, un Manuel Lazzari acostumbrado a ser carrilero…).

Después de su discreta etapa en el Real Betis y de una serie de lesiones que seguramente nunca le dejaron sacar a la luz todo su verdadero potencial, Piccini ha encontrado en Mestalla un contexto ideal para crecer como defensor tras haberse caracterizado siempre por ser un lateral que se incorporaba muy bien hacia adelante, pero que sufría unas lagunas bastante severas en cuanto a posicionamiento y concentración óptimos cuando le tocaba dar la talla hacia atrás. Algo que parece haber ido puliendo a conciencia en estos últimos meses. Y es que solamente desde el trabajo de Marcelino García Toral en el Valencia puede entenderse su convocatoria y debut con Italia y su nueva y prometedora perspectiva internacional cuando parecía un jugador totalmente fuera de foco para la selección.

Roberto Mancini planteó ante el combinado finés una fase de salida muy interesante y trabajada, dentro de todo lo que se puede pulir algo así en una selección cuyo entrenador solamente lleva meses en el cargo, con un Piccini muy protagonista. Una estructura que centraba totalmente a Giorgio Chiellini, que atraía a Cristiano Biraghi para conformar una línea de tres centrales con la pelota y que, por tanto, permitía situar y encontrar muy arriba, prácticamente en la línea de tres cuartos directamente de partida, a Piccini como un apéndice del primer escalón de juego, para dar así mucha altura, profundidad y amplitud con sus recepciones y para, al mismo tiempo que estirar y percutir, posibilitar una posición más interior de Federico Bernardeschi. Un contexto que propiciase un mayor número de recepciones del juventino entre líneas y en las inmediaciones de la frontal justo después de recibir el envío por parte del cerebral doble pivote -y doble opción de pase para los centrales y por tanto para dividir la presión rival- que conformaban Marco Verratti y Jorginho.

Fue a través de ese retocado y renovado posicionamiento desde el que Piccini cuajó una notable actuación, erigiéndose seguramente en el mejor futbolista italiano, al menos del primer tiempo, justo tras Chiellini, el espejo del liderazgo y la responsabilidad, y de Leonardo Bonucci, que le daba al equipo la siempre necesaria y en su caso altamente precisa alternativa en largo a la estudiada fase de salida implementada por Mancini. Los dos son los tótems de Italia a la espera de que la ya asentada medular, con un Barella más adelantado para favorecer una presión alta, acumule más minutos de juego juntos. Con su zancada, su energía, su potencia en carrera, sus desdobles y su recién adquirida mentalidad para recuperar la posición, para bascular cuando el cuero está en el sector opuesto, para dar equilibrio y para mantener el tipo en los uno contra uno defensivos, donde está mostrando una capacidad de reacción cada vez más reseñable e infranqueable; Piccini puede ser el lateral derecho que está buscando con afán Roberto Mancini. 

La oportunidad, para alguien como él al que muchos de sus compatriotas ni siquiera recordaban o ni siquiera tenían ubicado en el radar, es de las que no deberían desaprovecharse en absoluto. Con el sello de garantía del trabajo cotidiano de Marcelino en el Valencia, un técnico con una mentalidad muy italiana en muchos de sus sólidos conceptos futbolísticos, las probabilidades de éxito para Piccini no hacen otra cosa que aumentar de cara a este nuevo reto que su carrera le plantea de forma inesperada, sino para conformarse como ‘Il Due’ indiscutiblemente titular de la Nazionale, sí para hacerse un nombre habitual en las convocatorias de Mancini. Y todo ello con un gran torneo de selecciones en el horizonte a menos de dos años vista. El lugar ideal para que no quede un italiano sin conocer su nombre.

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A pesar de que muchos en Italia no conocían ni siquiera su existencia hasta su reciente debut con la selección en el partido ante Finlandia -dejó el fútbol transalpino en 2014 después de disputar solamente una veintena de partidos en Serie A con el Livorno-, Cristiano Piccini, tras su buen rendimiento en su primer partido con la Nazionale en el dibujo propuesto por Roberto Mancini, tiene ante sí una fantástica oportunidad de asentarse en la Azzurra de cara a la cercana EURO 2020 en una posición, la de lateral derecho, sin un dueño fijo y con opositores de un nivel ciertamente irregular y parejo (un Florenzi en baja forma, un Calabria al alza pero aún tierno, un D’Ambrosio que aporta poco ofensivamente, un todavía poco rodado Andrea Conti tras sus lesiones, un Mattia De Sciglio siempre dudoso en la más alta exigencia, un Manuel Lazzari acostumbrado a ser carrilero…).

Después de su discreta etapa en el Real Betis y de una serie de lesiones que seguramente nunca le dejaron sacar a la luz todo su verdadero potencial, Piccini ha encontrado en Mestalla un contexto ideal para crecer como defensor tras haberse caracterizado siempre por ser un lateral que se incorporaba muy bien hacia adelante, pero que sufría unas lagunas bastante severas en cuanto a posicionamiento y concentración óptimos cuando le tocaba dar la talla hacia atrás. Algo que parece haber ido puliendo a conciencia en estos últimos meses. Y es que solamente desde el trabajo de Marcelino García Toral en el Valencia puede entenderse su convocatoria y debut con Italia y su nueva y prometedora perspectiva internacional cuando parecía un jugador totalmente fuera de foco para la selección.

Roberto Mancini planteó ante el combinado finés una fase de salida muy interesante y trabajada, dentro de todo lo que se puede pulir algo así en una selección cuyo entrenador solamente lleva meses en el cargo, con un Piccini muy protagonista. Una estructura que centraba totalmente a Giorgio Chiellini, que atraía a Cristiano Biraghi para conformar una línea de tres centrales con la pelota y que, por tanto, permitía situar y encontrar muy arriba, prácticamente en la línea de tres cuartos directamente de partida, a Piccini como un apéndice del primer escalón de juego, para dar así mucha altura, profundidad y amplitud con sus recepciones y para, al mismo tiempo que estirar y percutir, posibilitar una posición más interior de Federico Bernardeschi. Un contexto que propiciase un mayor número de recepciones del juventino entre líneas y en las inmediaciones de la frontal justo después de recibir el envío por parte del cerebral doble pivote -y doble opción de pase para los centrales y por tanto para dividir la presión rival- que conformaban Marco Verratti y Jorginho.

Fue a través de ese retocado y renovado posicionamiento desde el que Piccini cuajó una notable actuación, erigiéndose seguramente en el mejor futbolista italiano, al menos del primer tiempo, justo tras Chiellini, el espejo del liderazgo y la responsabilidad, y de Leonardo Bonucci, que le daba al equipo la siempre necesaria y en su caso altamente precisa alternativa en largo a la estudiada fase de salida implementada por Mancini. Los dos son los tótems de Italia a la espera de que la ya asentada medular, con un Barella más adelantado para favorecer una presión alta, acumule más minutos de juego juntos. Con su zancada, su energía, su potencia en carrera, sus desdobles y su recién adquirida mentalidad para recuperar la posición, para bascular cuando el cuero está en el sector opuesto, para dar equilibrio y para mantener el tipo en los uno contra uno defensivos, donde está mostrando una capacidad de reacción cada vez más reseñable e infranqueable; Piccini puede ser el lateral derecho que está buscando con afán Roberto Mancini. 

La oportunidad, para alguien como él al que muchos de sus compatriotas ni siquiera recordaban o ni siquiera tenían ubicado en el radar, es de las que no deberían desaprovecharse en absoluto. Con el sello de garantía del trabajo cotidiano de Marcelino en el Valencia, un técnico con una mentalidad muy italiana en muchos de sus sólidos conceptos futbolísticos, las probabilidades de éxito para Piccini no hacen otra cosa que aumentar de cara a este nuevo reto que su carrera le plantea de forma inesperada, sino para conformarse como ‘Il Due’ indiscutiblemente titular de la Nazionale, sí para hacerse un nombre habitual en las convocatorias de Mancini. Y todo ello con un gran torneo de selecciones en el horizonte a menos de dos años vista. El lugar ideal para que no quede un italiano sin conocer su nombre.

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