_FC Barcelona

La oportunidad de Ousmane

Cristina Caparrós @criscaparros 05-09-2018

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El precio de la fama tiene un
coste alto. Tanto, que la vida no vuelve a ser la misma. Aterrizar en un club
como el FC Barcelona también supone un antes y un después. La presión que provoca formar parte de la línea ofensiva, tan mediática como exigente,
desemboca en la imposición del rendimiento cada vez más inmediato. Dembélé dejó sus maletas, y apenas tuvo tiempo de vaciarlas y acomodar su entorno.
Desde su llegada, y a pesar de tener tan solo veinte años de edad, convivió con la
sensación de tener un listón alto al que derribar.

Quizás hay una parte de certeza
en que la angustia por demostrar quiebra al físico. Y es probable que el precio
– de 105 millones de euros + 40 variables – que le supuso al club azulgrana
para hacerse con sus servicios, se convirtieran en un precio a pagar por el
propio jugador. A Ousmane no sólo le han perseguido las lesiones, sino también la poca
participación que ha desencadenado en el interrogante que cuestiona si el francés fue una
operación satisfactoria. La realidad es que, aunque el verano sea tan movido y
atrevido, y sus largas horas de luz no sirvan para dar claridad al futuro,
parece que las dudas que se expusieron ya están dispuestas a disiparse.

La primera temporada de Valverde
inició con la inesperada pérdida de una de sus piezas atacantes indiscutibles,
de quien Ousmane heredaría su dorsal. Tras su lesión, Valverde integró un 4-4-2
que le acompañó gran parte de la temporada. En este segundo asalto, donde la
conquista de Europa está en el punto de mira de los deseos de la afición, el
Txingurri ha vuelto a dar el pistoletazo de salida bajo el 4-3-3, siempre con
un estilo que apuesta por llevar el peso del partido.  Esta vez, siendo Dembélé uno de los
protagonistas del once titular.

Aunque el curso es largo y hay varios exámenes a
los que someterse en los que el técnico azulgrana podrá variar su sistema tanto
como le sea útil gracias a una versátil plantilla, el presente parece una
oportunidad para que el extremo pueda empezar de nuevo, como si nada hubiera
transcurrido desde que soltara sus maletas. Algo que invita a recordar las
virtudes que acompañaban su carta de presentación. Con su desequilibrio, su
velocidad, y la ventaja que le otorga ser completamente ambidiestro, esta
temporada parece la idónea para que la adaptación del joven francés se evidencie
en el terreno de juego, y termine de perfilar la finalización de jugada. De momento,
ya se ha encontrado con el gol en los últimos dos partidos de liga, una
declaración de intenciones y una posibilidad a asociarse al gran potencial que
posee Leo Messi para asistir.

El Mosquito está dispuesto a volar
en busca de sus víctimas, conduciendo con ambas piernas por igual, sin que se
note un atisbo de diferencia. A regatear por izquierda y derecha, a hacerse
dueño de los metros del verde con su imperial zancada. Dembéle tiene el
objetivo de ganarse el corazón de la grada y de argumentar su calidad y
proyección.

El fútbol, tan semejante al sentido de la vida, es también una cuestión
de confianza. Parece que Ousmane la ha recuperado, y tiene la oportunidad de
satisfacer a la grada, convencer a los escépticos y superar la barrera que,
injustamente, le impuso su propio precio. Al igual que los mosquitos, ágiles y veloces, que reinan en verano, el estío también le ha hecho un guiño a Dembélé, con la diferencia de las pretensiones del francés por quedarse a contemplar el cambio de estación, y disfrutar de un viaje que podría haber empezado. 

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El precio de la fama tiene un
coste alto. Tanto, que la vida no vuelve a ser la misma. Aterrizar en un club
como el FC Barcelona también supone un antes y un después. La presión que provoca formar parte de la línea ofensiva, tan mediática como exigente,
desemboca en la imposición del rendimiento cada vez más inmediato. Dembélé dejó sus maletas, y apenas tuvo tiempo de vaciarlas y acomodar su entorno.
Desde su llegada, y a pesar de tener tan solo veinte años de edad, convivió con la
sensación de tener un listón alto al que derribar.

Quizás hay una parte de certeza
en que la angustia por demostrar quiebra al físico. Y es probable que el precio
– de 105 millones de euros + 40 variables – que le supuso al club azulgrana
para hacerse con sus servicios, se convirtieran en un precio a pagar por el
propio jugador. A Ousmane no sólo le han perseguido las lesiones, sino también la poca
participación que ha desencadenado en el interrogante que cuestiona si el francés fue una
operación satisfactoria. La realidad es que, aunque el verano sea tan movido y
atrevido, y sus largas horas de luz no sirvan para dar claridad al futuro,
parece que las dudas que se expusieron ya están dispuestas a disiparse.

La primera temporada de Valverde
inició con la inesperada pérdida de una de sus piezas atacantes indiscutibles,
de quien Ousmane heredaría su dorsal. Tras su lesión, Valverde integró un 4-4-2
que le acompañó gran parte de la temporada. En este segundo asalto, donde la
conquista de Europa está en el punto de mira de los deseos de la afición, el
Txingurri ha vuelto a dar el pistoletazo de salida bajo el 4-3-3, siempre con
un estilo que apuesta por llevar el peso del partido.  Esta vez, siendo Dembélé uno de los
protagonistas del once titular.

Aunque el curso es largo y hay varios exámenes a
los que someterse en los que el técnico azulgrana podrá variar su sistema tanto
como le sea útil gracias a una versátil plantilla, el presente parece una
oportunidad para que el extremo pueda empezar de nuevo, como si nada hubiera
transcurrido desde que soltara sus maletas. Algo que invita a recordar las
virtudes que acompañaban su carta de presentación. Con su desequilibrio, su
velocidad, y la ventaja que le otorga ser completamente ambidiestro, esta
temporada parece la idónea para que la adaptación del joven francés se evidencie
en el terreno de juego, y termine de perfilar la finalización de jugada. De momento,
ya se ha encontrado con el gol en los últimos dos partidos de liga, una
declaración de intenciones y una posibilidad a asociarse al gran potencial que
posee Leo Messi para asistir.

El Mosquito está dispuesto a volar
en busca de sus víctimas, conduciendo con ambas piernas por igual, sin que se
note un atisbo de diferencia. A regatear por izquierda y derecha, a hacerse
dueño de los metros del verde con su imperial zancada. Dembéle tiene el
objetivo de ganarse el corazón de la grada y de argumentar su calidad y
proyección.

El fútbol, tan semejante al sentido de la vida, es también una cuestión
de confianza. Parece que Ousmane la ha recuperado, y tiene la oportunidad de
satisfacer a la grada, convencer a los escépticos y superar la barrera que,
injustamente, le impuso su propio precio. Al igual que los mosquitos, ágiles y veloces, que reinan en verano, el estío también le ha hecho un guiño a Dembélé, con la diferencia de las pretensiones del francés por quedarse a contemplar el cambio de estación, y disfrutar de un viaje que podría haber empezado. 

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