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La nueva vida del Southampton

Este 25 de octubre se cumplía un año del bochornoso 0-9 que le endosó el Leicester City al Southampton en su estadio. El conjunto de Ralph Hasenhüttl, en descenso y cuesta abajo y sin frenos, sufría la mayor humillación de su historia y dejaba en la picota a un técnico astuto y diligente, llamado a cuajar grandes hazañas en las próximas décadas pero que no encontraba el punto correcto en su aventura en Inglaterra. En la costa sur se topaba con un cuadro que se desangraba atrás y que arriba no acababa de encontrar ese chispazo que le alejara del descenso y sobre todo de los fantasmas de su despido. Su cese parecía cuestión de tiempo.

La situación no mejoró pese al sonrojo frente a los foxes. Decía el ciclotímico Antonio Recio que en el sótano del fracaso siempre podía haber una planta más. Y eso le sucedía a los saints semana tras semana. Encadenaron dos derrotas más y Hasenhüttl ya se olía el despido. Sin embargo, un buen empate en el Emirates Stadium ante el Arsenal ruborizó a una plantilla que encontró acomodo en Danny Ings y luego en un estilo camaleónico y flexible difícil de contrarrestar hasta acabar en media tabla consiguiendo triunfos ante Manchester City, Chelsea o el propio Leicester City.

Una de las grandes razones por las que este Southampton sigue bajo la batuta del austriaco es porque este ha sabido adaptarse a la plantilla de la que disponía. Es evidente que cada entrenador tiene una idea antes de llegar a un equipo, pero la gran clave de su éxito fue cambiar esa defensa de cinco que solo estaba dando malos resultados. Tenía sentido, mucho sentido, ese esquema porque su línea defensiva no era ni es excesivamente rápida. Pero los resultados eran lo que eran y en ataque ni Ryan Bertrand ni Cedric Soares se encontraban cómodos atacando un espacio donde no tenían nunca a nadie delante suyo fijando a su par. La carretera que tenían era larga, tediosa y encima inflada de peajes. La sangría debía detenerse ya que sus jugadores no se adaptaban ni con el balón ni sin él.

Danny Ings es la referencia ofensiva del Southampton. (NAOMI BAKER/AFP via Getty Images)

Poco a poco esa defensa de cinco defensores mutó en un 4-4-2 que tenía como premisa habituarse siempre al contexto, sin un credo determinado: su única religión era la trama de cada encuentro. Si algo nos está enseñando el balompié actual es que uno no puede tener solo una idea para la temporada. De hecho, es necesario diseñar un plan A, un plan B y un plan C para cada choque y además poseer la capacidad de poder agitar los encuentros desde el área técnica. En eso el de Graz es muy bueno. Y encima tiene a ese delantero diferencial y clarividente llamado Danny Ings: un portento que era un mar de dudas tras su lesión de rodilla y que hoy es claro candidato a ser uno de los mejores arietes en el panorama europeo. Este esquema, acompañado por Che Adams o Shane Long, le proporciona libertad para moverse entre líneas y poder hacer y deshacer a su cuenta. Así le va: el curso pasado produjo 28 goles en 42 encuentros. Una barbaridad.

El mayor poder de los del St Mary’s Stadium es esa suficiencia para poder jugar en un bloque alto, medio o bajo. Es la tranquilidad de saber que arriba tienes a dos puntas que son rápidos y que por ello puedes reunir a ocho jugadores por detrás del balón y que siempre a la contra puedes definir un partido. Y lo mejor es que su salida de balón, si un equipo les aprieta muy arriba, es también muy pulcra. Con Ings martilleando entre líneas el equipo siempre le encuentra como tercer hombre para descargar a una banda o a la otra o para quedársela él y hacer fechorías con el cuero. En definitiva, este es un señor equipo y por ello esta temporada piensan en Europa. Y eso que hace tan solo un año pedían la cabeza de Hasenhüttl. Hoy brinda por el futuro brillante que se le avecina en el Southampton.

Imagen de cabecera: Stu Forster/Getty Images

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Este 25 de octubre se cumplía un año del bochornoso 0-9 que le endosó el Leicester City al Southampton en su estadio. El conjunto de Ralph Hasenhüttl, en descenso y cuesta abajo y sin frenos, sufría la mayor humillación de su historia y dejaba en la picota a un técnico astuto y diligente, llamado a cuajar grandes hazañas en las próximas décadas pero que no encontraba el punto correcto en su aventura en Inglaterra. En la costa sur se topaba con un cuadro que se desangraba atrás y que arriba no acababa de encontrar ese chispazo que le alejara del descenso y sobre todo de los fantasmas de su despido. Su cese parecía cuestión de tiempo.

La situación no mejoró pese al sonrojo frente a los foxes. Decía el ciclotímico Antonio Recio que en el sótano del fracaso siempre podía haber una planta más. Y eso le sucedía a los saints semana tras semana. Encadenaron dos derrotas más y Hasenhüttl ya se olía el despido. Sin embargo, un buen empate en el Emirates Stadium ante el Arsenal ruborizó a una plantilla que encontró acomodo en Danny Ings y luego en un estilo camaleónico y flexible difícil de contrarrestar hasta acabar en media tabla consiguiendo triunfos ante Manchester City, Chelsea o el propio Leicester City.

Una de las grandes razones por las que este Southampton sigue bajo la batuta del austriaco es porque este ha sabido adaptarse a la plantilla de la que disponía. Es evidente que cada entrenador tiene una idea antes de llegar a un equipo, pero la gran clave de su éxito fue cambiar esa defensa de cinco que solo estaba dando malos resultados. Tenía sentido, mucho sentido, ese esquema porque su línea defensiva no era ni es excesivamente rápida. Pero los resultados eran lo que eran y en ataque ni Ryan Bertrand ni Cedric Soares se encontraban cómodos atacando un espacio donde no tenían nunca a nadie delante suyo fijando a su par. La carretera que tenían era larga, tediosa y encima inflada de peajes. La sangría debía detenerse ya que sus jugadores no se adaptaban ni con el balón ni sin él.

Danny Ings es la referencia ofensiva del Southampton. (NAOMI BAKER/AFP via Getty Images)

Poco a poco esa defensa de cinco defensores mutó en un 4-4-2 que tenía como premisa habituarse siempre al contexto, sin un credo determinado: su única religión era la trama de cada encuentro. Si algo nos está enseñando el balompié actual es que uno no puede tener solo una idea para la temporada. De hecho, es necesario diseñar un plan A, un plan B y un plan C para cada choque y además poseer la capacidad de poder agitar los encuentros desde el área técnica. En eso el de Graz es muy bueno. Y encima tiene a ese delantero diferencial y clarividente llamado Danny Ings: un portento que era un mar de dudas tras su lesión de rodilla y que hoy es claro candidato a ser uno de los mejores arietes en el panorama europeo. Este esquema, acompañado por Che Adams o Shane Long, le proporciona libertad para moverse entre líneas y poder hacer y deshacer a su cuenta. Así le va: el curso pasado produjo 28 goles en 42 encuentros. Una barbaridad.

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Imagen de cabecera: Stu Forster/Getty Images

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