_Motociclismo

La normalización de lo extraordinario

En el deporte tendemos a normalizar los éxitos que, en muchos casos, se producen una única vez en toda la historia de ese deporte en concreto, pero la ambición de los aficionados por romper estadísticas nos lleva a exigir lo extraordinario, cuando lo cotidiano ya es infinitamente superior a la media.

La memoria del aficionado del mundo del motor es muy corta y tras el último gran premio de cada temporada, la gran fiesta del motociclismo que se vive en Cheste, borramos de la mente al campeón actual y ya planeamos nuevas exigencias, rostros que darán que hablar y jóvenes talentos que son el “nuevo Márquez” o el “nuevo Valentino”. Algo que sucede de forma habitual en países como España o Italia, cuna de grandes campeones y que cada temporada acostumbramos a celebrar un título.

Es tremendamente injusto, pero dentro de nuestro egoísmo para no conformarnos con algo que en cualquier otro país sería motivo de celebración durante toda una década, de vez en cuando echamos la mirada hacia atrás y ponemos en valor lo logrado. Especialmente cuando un piloto se retira, como ha sucedido con Jorge Lorenzo o Dani Pedrosa, o cuando no podemos disfrutar de la adrenalina de las carreras como en este necesario parón para luchar contra el Covid-19.

Me parece un gran momento para que todos los aficionados españoles al motociclismo no pasemos por alto la magnitud de lo logrado por los pilotos patrios, nos gusten más o menos, o incluso no nos gusten nada, durante la última década. Normalizamos las victorias españolas en cada gran premio, donde prácticamente es imposible que un español no venza en una de las tres pruebas; normalizamos tener un campeón mundial cada año a final de temporada, tarea bastante sencilla con Marc Márquez en la parrilla; pero es que hemos llegado a normalizar algo que solamente ha sucedido tres veces en toda la historia del campeonato del mundo de velocidad: la triple corona.

En el año 2010, Jorge Lorenzo (MotoGP), Toni Elías (Moto2) y Marc Márquez (Moto3) fueron los campeones; tres años más tarde, en 2013, el propio Marc Márquez (MotoGP), Pol Espargaró (Moto2) y Maverick Viñales (Moto3) sellaron otro triplete; pero es que la siguiente temporada, en 2014, Marc Márquez (MotoGP), Tito Rabat (Moto2) y Álex Márquez (Moto3) repitieron algo que, a lo mejor, no volvemos a presenciar en lo que resta de historia del motociclismo. La normalización de lo extraordinario.

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En el deporte tendemos a normalizar los éxitos que, en muchos casos, se producen una única vez en toda la historia de ese deporte en concreto, pero la ambición de los aficionados por romper estadísticas nos lleva a exigir lo extraordinario, cuando lo cotidiano ya es infinitamente superior a la media.

La memoria del aficionado del mundo del motor es muy corta y tras el último gran premio de cada temporada, la gran fiesta del motociclismo que se vive en Cheste, borramos de la mente al campeón actual y ya planeamos nuevas exigencias, rostros que darán que hablar y jóvenes talentos que son el “nuevo Márquez” o el “nuevo Valentino”. Algo que sucede de forma habitual en países como España o Italia, cuna de grandes campeones y que cada temporada acostumbramos a celebrar un título.

Es tremendamente injusto, pero dentro de nuestro egoísmo para no conformarnos con algo que en cualquier otro país sería motivo de celebración durante toda una década, de vez en cuando echamos la mirada hacia atrás y ponemos en valor lo logrado. Especialmente cuando un piloto se retira, como ha sucedido con Jorge Lorenzo o Dani Pedrosa, o cuando no podemos disfrutar de la adrenalina de las carreras como en este necesario parón para luchar contra el Covid-19.

Me parece un gran momento para que todos los aficionados españoles al motociclismo no pasemos por alto la magnitud de lo logrado por los pilotos patrios, nos gusten más o menos, o incluso no nos gusten nada, durante la última década. Normalizamos las victorias españolas en cada gran premio, donde prácticamente es imposible que un español no venza en una de las tres pruebas; normalizamos tener un campeón mundial cada año a final de temporada, tarea bastante sencilla con Marc Márquez en la parrilla; pero es que hemos llegado a normalizar algo que solamente ha sucedido tres veces en toda la historia del campeonato del mundo de velocidad: la triple corona.

En el año 2010, Jorge Lorenzo (MotoGP), Toni Elías (Moto2) y Marc Márquez (Moto3) fueron los campeones; tres años más tarde, en 2013, el propio Marc Márquez (MotoGP), Pol Espargaró (Moto2) y Maverick Viñales (Moto3) sellaron otro triplete; pero es que la siguiente temporada, en 2014, Marc Márquez (MotoGP), Tito Rabat (Moto2) y Álex Márquez (Moto3) repitieron algo que, a lo mejor, no volvemos a presenciar en lo que resta de historia del motociclismo. La normalización de lo extraordinario.