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La noche más oscura (The Malice at the Palace)

César Martín @CesarMrtn 19-11-2018

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El 19 de noviembre de 2004 la NBA se convirtió en la WWE por una noche, aunque ni el mismísimo Vince McMahon habría imaginado una situación como la vivida aquel día en el Palace of Auburn Hills.

Los Indiana Pacers visitaban Detroit para medirse a los Pistons. Dos equipos que pocos meses antes habían protagonizado unas Finales de Conferencia muy intensas en las que los de la Motor City se llevaron el gato al agua (4-2) y, posteriormente, el anillo. Estábamos ante el florecimiento de una rivalidad entre dos conjuntos que contaban en sus filas con dos trenes que colisionaron esa fatídica noche de noviembre: Ron Artest (ahora Metta World Peace) y Ben Wallace.

A menos de un minuto para el final del partido, con los Pacers ganando cómodamente (82-97), Wallace se dispuso a realizar un mate cuando fue empujado por Artest. Al mastodóntico pívot de los Pistons no le gustó para nada esa acción y agarró a Ron-Ron por el cuello. Un enganchón que originó una trifulca entre jugadores de ambos equipos. Mientras algunos como Rasheed Wallace intentaron poner paz, otros como Stephen Jackson y Rip Hamilton tenían ganas de más.

Mientras Big Ben era más o menos calmado por sus compañeros, Artest se quedó tumbado en la mesa de anotaciones. Un gesto de tranquilidad con una pequeña dosis de chulería. De todas formas, era innegable que el de los Pacers no quería echar más leña al fuego. Pero un tal John Green tuvo la genial idea de lanzar su vaso de refresco light al alero. La Coca-Cola de Green voló directo a la cara de Artest.

El 91 de los Pacers creyó identificar al artífice del lanzamiento y saltó a las gradas para tomarse la justicia por su mano. El pato lo pagó otro espectador que, si bien no fue quien arrojó el vaso, cometió el error de encararse con Artest. Entre agarrones, palomitas y refrescos volaron unos cuantos puñetazos cortesía de un Stephen Jackson que no había subido a la grada para poner paz precisamente. Jugadores y asistentes de ambas franquicias lograron frenar la trifulca y los tristes protagonistas de la noche regresaron al parqué. Pero la cosa no se quedó ahí.

Jackson y Artest iban ya camino de los vestuarios (este último resguardado por un asistente y por Reggie Miller), pero Jermaine O’Neal aún tenía cuentas pendientes que resolver. Dos “valientes” que se habían acercado a Artest para recriminarle algunas cosillas que tuvieron su respuesta en forma de puñetazos. O’Neal, con sus 2’11 metros de altura y más de 100 kilos de peso, acudió al rescate de su compañero con un derechazo directo al rostro del fan que pudo ser peor de no haberse resbalado justo antes del impacto. Cuando el 7 de Indiana se retiraba, los espectadores le lanzaron palomitas, refrescos, vasos… y hasta una silla. Jamaal Tinsley tuvo que salir de los vestuarios con una escoba para ayudar al ala-pívot. Incluso hubo pelea entre los propios seguidores de los Pistons. Mientras, Larry Brown intentaba poner calma desde la mesa de anotaciones con un micrófono que no funcionaba.

“¿Creéis que tendremos problemas?” fue lo primero que dijo Artest en el vestuario tras la pelea. La NBA respondió rápido y con contundencia. En total hubo 146 partidos y 11 millones de dólares en sanciones. Ron-Ron se llevó la peor parte: adiós a la temporada (Playoffs incluidos) y una multa de cinco kilos además de suspensión de sueldo. Jackson fue sancionado 30 encuentros y O’Neal, 15 tras recurrir los 25 originales. Wallace sólo se perdería seis choques por sanción. Además, muchos de los jugadores involucrados tuvieron que cumplir horas de servicio comunitario. 

John Green y otros tres aficionados involucrados en la pelea fueron sancionados de por vida. Se acabó eso de ver en vivo a los Pistons en su pabellón. Al parecer, mientras Artest estaba tumbado en la mesa, Green se había apostado 50 dólares con otro fan a que le daba con su vaso. Ganó, pero a un precio muy alto.

Con sus tres principales jugadores sancionados durante un largo periodo de tiempo, los Playoffs parecían una quimera para los Pacers. Sin embargo, terminaron con un 44-38 que les metió en postemporada con el sexto mejor registro del Este. Avanzaron hasta semifinales, donde se enfrentaron… a los Pistons. Los de Michigan despacharon la eliminatoria en seis partidos en lo que fue el adiós de Reggie Miller de la NBA.

Los protagonistas han sido preguntados muchas veces acerca de los sucesos de aquella noche que fue retransmitida a nivel nacional. Artest (ahora World Peace) confesó que él y Green, el autor del lanzamiento del refresco, eran amigos. Esto y otros muchos detalles los menciona en su autobiografía No Malice. Más sorprendentes fueron las palabras de Stephen Jackson: “Recibí insultos racistas contra mí y mi familia. En cierto modo, me sentí bien pegando a los aficionados”.

The Malice in The Palace es uno de los capítulos más sonrojantes de la historia de la NBA, pero no es la última pelea que se ha visto. Destaca el Knicks-Nuggets de 2006 (siete sancionados para un total de 47 partidos) y algún que otro enganchón en medio de la pista entre jugadores. Momentos tensos que de vez en cuando se dan en la mejor liga del mundo, pero que en ningún caso han vuelto a tener al público metido de por medio.

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El 19 de noviembre de 2004 la NBA se convirtió en la WWE por una noche, aunque ni el mismísimo Vince McMahon habría imaginado una situación como la vivida aquel día en el Palace of Auburn Hills.

Los Indiana Pacers visitaban Detroit para medirse a los Pistons. Dos equipos que pocos meses antes habían protagonizado unas Finales de Conferencia muy intensas en las que los de la Motor City se llevaron el gato al agua (4-2) y, posteriormente, el anillo. Estábamos ante el florecimiento de una rivalidad entre dos conjuntos que contaban en sus filas con dos trenes que colisionaron esa fatídica noche de noviembre: Ron Artest (ahora Metta World Peace) y Ben Wallace.

A menos de un minuto para el final del partido, con los Pacers ganando cómodamente (82-97), Wallace se dispuso a realizar un mate cuando fue empujado por Artest. Al mastodóntico pívot de los Pistons no le gustó para nada esa acción y agarró a Ron-Ron por el cuello. Un enganchón que originó una trifulca entre jugadores de ambos equipos. Mientras algunos como Rasheed Wallace intentaron poner paz, otros como Stephen Jackson y Rip Hamilton tenían ganas de más.

Mientras Big Ben era más o menos calmado por sus compañeros, Artest se quedó tumbado en la mesa de anotaciones. Un gesto de tranquilidad con una pequeña dosis de chulería. De todas formas, era innegable que el de los Pacers no quería echar más leña al fuego. Pero un tal John Green tuvo la genial idea de lanzar su vaso de refresco light al alero. La Coca-Cola de Green voló directo a la cara de Artest.

El 91 de los Pacers creyó identificar al artífice del lanzamiento y saltó a las gradas para tomarse la justicia por su mano. El pato lo pagó otro espectador que, si bien no fue quien arrojó el vaso, cometió el error de encararse con Artest. Entre agarrones, palomitas y refrescos volaron unos cuantos puñetazos cortesía de un Stephen Jackson que no había subido a la grada para poner paz precisamente. Jugadores y asistentes de ambas franquicias lograron frenar la trifulca y los tristes protagonistas de la noche regresaron al parqué. Pero la cosa no se quedó ahí.

Jackson y Artest iban ya camino de los vestuarios (este último resguardado por un asistente y por Reggie Miller), pero Jermaine O’Neal aún tenía cuentas pendientes que resolver. Dos “valientes” que se habían acercado a Artest para recriminarle algunas cosillas que tuvieron su respuesta en forma de puñetazos. O’Neal, con sus 2’11 metros de altura y más de 100 kilos de peso, acudió al rescate de su compañero con un derechazo directo al rostro del fan que pudo ser peor de no haberse resbalado justo antes del impacto. Cuando el 7 de Indiana se retiraba, los espectadores le lanzaron palomitas, refrescos, vasos… y hasta una silla. Jamaal Tinsley tuvo que salir de los vestuarios con una escoba para ayudar al ala-pívot. Incluso hubo pelea entre los propios seguidores de los Pistons. Mientras, Larry Brown intentaba poner calma desde la mesa de anotaciones con un micrófono que no funcionaba.

“¿Creéis que tendremos problemas?” fue lo primero que dijo Artest en el vestuario tras la pelea. La NBA respondió rápido y con contundencia. En total hubo 146 partidos y 11 millones de dólares en sanciones. Ron-Ron se llevó la peor parte: adiós a la temporada (Playoffs incluidos) y una multa de cinco kilos además de suspensión de sueldo. Jackson fue sancionado 30 encuentros y O’Neal, 15 tras recurrir los 25 originales. Wallace sólo se perdería seis choques por sanción. Además, muchos de los jugadores involucrados tuvieron que cumplir horas de servicio comunitario. 

John Green y otros tres aficionados involucrados en la pelea fueron sancionados de por vida. Se acabó eso de ver en vivo a los Pistons en su pabellón. Al parecer, mientras Artest estaba tumbado en la mesa, Green se había apostado 50 dólares con otro fan a que le daba con su vaso. Ganó, pero a un precio muy alto.

Con sus tres principales jugadores sancionados durante un largo periodo de tiempo, los Playoffs parecían una quimera para los Pacers. Sin embargo, terminaron con un 44-38 que les metió en postemporada con el sexto mejor registro del Este. Avanzaron hasta semifinales, donde se enfrentaron… a los Pistons. Los de Michigan despacharon la eliminatoria en seis partidos en lo que fue el adiós de Reggie Miller de la NBA.

Los protagonistas han sido preguntados muchas veces acerca de los sucesos de aquella noche que fue retransmitida a nivel nacional. Artest (ahora World Peace) confesó que él y Green, el autor del lanzamiento del refresco, eran amigos. Esto y otros muchos detalles los menciona en su autobiografía No Malice. Más sorprendentes fueron las palabras de Stephen Jackson: “Recibí insultos racistas contra mí y mi familia. En cierto modo, me sentí bien pegando a los aficionados”.

The Malice in The Palace es uno de los capítulos más sonrojantes de la historia de la NBA, pero no es la última pelea que se ha visto. Destaca el Knicks-Nuggets de 2006 (siete sancionados para un total de 47 partidos) y algún que otro enganchón en medio de la pista entre jugadores. Momentos tensos que de vez en cuando se dan en la mejor liga del mundo, pero que en ningún caso han vuelto a tener al público metido de por medio.

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Muy orgulloso

Adrià Campmany @campmany_adria
08-11-2021