_Motociclismo

La mayor derrota

Durante la carrera profesional de un piloto de motociclismo, como en la vida, tenemos que ser capaces de superar muchas derrotas. Tanto dentro de la pista como fuera del asfalto, lo que hace más fuerte a las personas es su capacidad para sobreponerse a los momentos difíciles; a la pérdida de algo, o de alguien, que no estaríamos dispuestos a que nos arrebatasen de ninguna de las maneras.

A menudo, un piloto de motociclismo debe afrontar la pérdida de un Campeonato del Mundo por un error que no se perdonará jamás, o tiene que aceptar que una lesión le apartará de las carreras una larga temporada. O lo que es peor, algo que nunca llegas a superar del todo, la pérdida de un compañero en plena competición. Son esos desgarradores momentos los que forjan la personalidad de un piloto, pero hay algo para lo que no están preparados, una derrota que no se puede superar porque llega tras la mayor de las victorias: el olvido, la mayor de las derrotas.

Encontramos casos inexplicables haciendo repaso en el palmarés de Campeones del Mundo de las categorías pequeñas: Moto3 (anteriormente 125cc) y Moto2 (anteriormente 250cc); de pilotos que, habiéndose proclamado Campeones del Mundo, tras avanzar a la cima del Olimpo y derramar el champán por sus bocas con sabor a medalla de oro en el momento más feliz de sus precoces vidas, desaparecen del mapa sin ningún tipo de explicación.

Mike Di Meglio es perseguido por Arnaud Vincent / TORU YAMANAKA/AFP via Getty Images

El mundo del deporte requiere de la actualización casi instantánea de sus protagonistas. Cuando irrumpe un joven talento en la escena, los aficionados lo ama(mos)n para que derrote al campeón vigente, y cuando se convierte en monarca, deseamos que inmediatamente otro ocupe su lugar. Muchos son los ejemplos de pilotos que logran el campeonato y, con el paso del tiempo, hemos olvidado de forma cruel. El francés Arnaud Vincent se proclamó Campeón del Mundo de 125cc en el año 2002, y su mejor clasificación después de eso fue la 18ª. O su compatriota Mike Di Meglio, que hizo lo propio en la categoría pequeña en 2008 y en su avance a 250cc y MotoGP no superó la 20ª posición. Y cómo olvidar la historia de Manuel Poggiali, el sanmarinense que deslumbró con su Gilera en 125cc y 250cc, campeón en ambas categorías y comparado con Valentino Rossi en sus inicios, pero que se vio relegado al ostracismo. Tras ese efímero momento en el que lo somos todo, nos convertimos en absolutamente nada. A todos nos ha pasado alguna vez en la vida y, si no ha sido así, nos pasará. El olvido, la más cruel e injusta de las derrotas. Y para la que nunca estamos suficientemente preparados.

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Durante la carrera profesional de un piloto de motociclismo, como en la vida, tenemos que ser capaces de superar muchas derrotas. Tanto dentro de la pista como fuera del asfalto, lo que hace más fuerte a las personas es su capacidad para sobreponerse a los momentos difíciles; a la pérdida de algo, o de alguien, que no estaríamos dispuestos a que nos arrebatasen de ninguna de las maneras.

A menudo, un piloto de motociclismo debe afrontar la pérdida de un Campeonato del Mundo por un error que no se perdonará jamás, o tiene que aceptar que una lesión le apartará de las carreras una larga temporada. O lo que es peor, algo que nunca llegas a superar del todo, la pérdida de un compañero en plena competición. Son esos desgarradores momentos los que forjan la personalidad de un piloto, pero hay algo para lo que no están preparados, una derrota que no se puede superar porque llega tras la mayor de las victorias: el olvido, la mayor de las derrotas.

Encontramos casos inexplicables haciendo repaso en el palmarés de Campeones del Mundo de las categorías pequeñas: Moto3 (anteriormente 125cc) y Moto2 (anteriormente 250cc); de pilotos que, habiéndose proclamado Campeones del Mundo, tras avanzar a la cima del Olimpo y derramar el champán por sus bocas con sabor a medalla de oro en el momento más feliz de sus precoces vidas, desaparecen del mapa sin ningún tipo de explicación.

Mike Di Meglio es perseguido por Arnaud Vincent / TORU YAMANAKA/AFP via Getty Images

El mundo del deporte requiere de la actualización casi instantánea de sus protagonistas. Cuando irrumpe un joven talento en la escena, los aficionados lo ama(mos)n para que derrote al campeón vigente, y cuando se convierte en monarca, deseamos que inmediatamente otro ocupe su lugar. Muchos son los ejemplos de pilotos que logran el campeonato y, con el paso del tiempo, hemos olvidado de forma cruel. El francés Arnaud Vincent se proclamó Campeón del Mundo de 125cc en el año 2002, y su mejor clasificación después de eso fue la 18ª. O su compatriota Mike Di Meglio, que hizo lo propio en la categoría pequeña en 2008 y en su avance a 250cc y MotoGP no superó la 20ª posición. Y cómo olvidar la historia de Manuel Poggiali, el sanmarinense que deslumbró con su Gilera en 125cc y 250cc, campeón en ambas categorías y comparado con Valentino Rossi en sus inicios, pero que se vio relegado al ostracismo. Tras ese efímero momento en el que lo somos todo, nos convertimos en absolutamente nada. A todos nos ha pasado alguna vez en la vida y, si no ha sido así, nos pasará. El olvido, la más cruel e injusta de las derrotas. Y para la que nunca estamos suficientemente preparados.