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La madurez de Fede

David Orenes @david_lrl 26-10-2018

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Eres una joven promesa que está despuntando en el Real Madrid Castilla. Lo
eres porque te lo has ganado en el campo, sorprendiendo a todos tus
entrenadores en Uruguay siendo un adolescente. “Nunca vi a un jugador de 16 años
con tantas virtudes. Me parece un jugador de fútbol excepcional”, dice de ti tu
técnico en Peñarol, Pablo Bengoechea. Te querían Chelsea, Barcelona, Manchester
City, PSG y Arsenal, pero el Real Madrid apareció a última hora y no lo
dudaste.

Hasta que no cumplieses la mayoría de edad no ibas a aterrizar en
Valdebebas. La espera mereció la pena, porque en Uruguay te hiciste más fuerte.
Jugaste como titular, a tus 17 años, un Clásico ante Nacional en un Estadio
Centenario abarrotado. Casi nada. Eras un chaval y ya estabas compartiendo
vestuario con ídolos de tu infancia como Diego Forlán. “Es la esperanza del
fútbol uruguayo” dice de ti uno de los mejores jugadores de la historia de la
Celeste. ¿Cómo soportar la presión que producen tales palabras?

Pero estás hecho de otra pasta. Y eso que pareces frágil, bajito y tienes
una cara de niño que parece impensable que juegues en la Primera división
uruguaya como si fueses un veterano. Cuando llegas al Madrid, la prensa
nacional ya te considera la mayor promesa del país. The Guardian ya te
ha incluido entre las 50 joyas del futuro. Los grandes de Europa se estiran de
los pelos cuando te ven con la camiseta blanca.

El camino no será fácil, sin embargo. Jugarás todo el año en Segunda
División B. Al contrario que Vinicius, no contarás con un solo minuto en el
primer equipo. Tu personalidad hace que tú, un recién llegado, elijas el dorsal
‘10’ para debutar en El Alcoraz, hoy estadio de Primera División. En tu primer
partido de titular marcas tu primer gol, ante el Amorebieta. No es tu
especialidad, lo tuyo es dar el último pase, es ver el hueco que otros son
incapaces de ver. Es tocar el balón con una destreza y una calidad que
contrasta de forma radical con la de los centrocampistas charrúas de la
selección. Los Arévalo Ríos, Carlos Sánchez, Diego Pérez destacan por su
contundencia, su dureza en el juego. Tú, junto a Lucas Torreira y otros
elegidos, estáis destinados a cambiar el sino de la selección celeste.

Todavía no habías jugado un partido en Primera División cuando Óscar
Washington Tabárez te convocó por primera vez para jugar con la absoluta. Lo
hiciste el 5 de septiembre de 2017, en Paraguay, en un partido clasificatorio
para el Mundial de Rusia. De titular con 19 años recién cumplidos. “Sabía que
le estaba poniendo una mochila importante, por su falta de experiencia, por los
jugadores a los que enfrentaba y por tener un estadio lleno en contra, pero
creo que él dio un paso importante y a mí me queda la satisfacción de su
contribución a la victoria y de que este futbolista me respondió. Hizo que no
me equivocara”, dijo El Maestro. No desaprovechaste la oportunidad. Uruguay
ganó 1-2 y tú marcaste el primer gol. Jugaste con una leyenda como Godín por
detrás y con dos estrellas mundiales por delante. Preguntado si le hacía
ilusión jugar contra Messi en el choque ante Argentina, fuiste claro: “No sueño
jugar contra Messi, sueño en entrar a la cancha con Suárez y Cavani”.

Pero entrar en la primera plantilla blanca iba a seguir siendo difícil.
Como casi todos los jugadores del Castilla, tuviste que hacer las maletas y
marcharte cedido. El destino, A Coruña. Tus primeros minutos en La Liga serían
en un histórico del fútbol español, un Deportivo que, sin embargo, acabó
descendiendo a Segunda tras un año horrible. Apenas pudiste jugar el tramo
final por una lesión de rodilla, y eso te frustró. Pero tu rendimiento fue
halagado. Ya no eres aquel chico “flaquito y bajito” que despuntaba en las
categorías inferiores de Peñarol. Todo lo contrario. Ahora presumes de un físico
envidiable, de una envergadura imponente e ideal para las batallas que se
fraguan en el centro. Ahora te gusta empezar la jugada casi entre los defensas
y acabarla en tres cuartos de campo. Te estás convirtiendo en un todocampista.

No es fácil demostrar todo lo que sabes hacer cuando eres joven y estás en
un equipo con tantas limitaciones. Buscas arriesgar en el pase, la única forma
de sorprender a un rival que la mayoría de veces es mejor que tú. Y fallas
muchos pases. Esa imprecisión y la falta de rigor táctico llevó a Pepe Mel a
colocarte en la banda. Porque también tienes talento y velocidad. Por algo te
llaman ‘el Pajarito’ desde que te vieron correr a los tres años. Además,
siempre puedes ir hacia adentro y dejar libre el lateral para las subidas de Luisinho.

Las intenciones de Mel son buenas, pero no funciona. Te llegan pocos
balones, no te sientes partícipe del juego, algo imprescindible para
desarrollar tu fútbol. Desde diciembre y hasta final de temporada solo volverás
a jugar en tres ocasiones como titular. “A mi me gusta más cuando ve el fútbol
de cara. Puede filtrar pases, tener alguna arrancada con el balón. Lo voy
conociendo más y sé que donde mejor se desenvuelve es en el centro, organizando
el juego”, dijo de ti Cristóbal Parralo, tu segundo entrenador en dos meses.
Aún llegaría un tercero, un técnico con escasa experiencia en los banquillos
pero del que pudiste aprender muchísimo por el corte de futbolista que fue.
“Cuando estuve lesionado todas las mañanas se acercaba a darme consejos”, dijiste
de Clarence Seedorf poco antes de su despedida.

Esa misma lesión te impidió estar en el Mundial, aunque lo rozaste con los
dedos. Del Dépor te fuiste con una espina clavada, pero no hay duda de que te
ganaste el cariño y el respeto de toda la afición deportivista con una madurez
impropia de alguien de tu edad. En noviembre, ganaste el premio a mejor jugador
del equipo, y lo rechazaste por no considerarte merecedor del mismo. En
febrero, cuando dejó de contar para Parralo, hiciste autocrítica: “Si no juego
la culpa es mía, será que no doy el máximo y yo soy el responsable». En
abril, con el Dépor casi sentenciado a Segunda, dijiste que hablarías con el
Madrid para no ir cedido a otro equipo si no tenías un hueco en la primera
plantilla. Que jugarías con el Deportivo en Segunda si hacía falta.

Sin embargo, la salida de Kovacic y tu desempeño en pretemporada convenció
a Lopetegui. Te ganaste un puesto en el Real Madrid, el campeón de Europa los
últimos tres años y el sueño que tenías de niño. No han sido fáciles estos
meses. Diez partidos en la grada, dos en el banquillo sin jugar un solo minuto.
La oportunidad se hizo esperar. Llegó en Champions, en el Santiago Bernabéu, a
más de media hora para el final. Y de nuevo no desaprovechaste tus minutos
sobre el campo. Como volante izquierdo, combinaste con Marcelo en el 2-0. Ya
con 2-1, jugaste el balón con criterio y estuviste a la altura. Te ganaste
volver a jugar pronto.

«Detrás hay muchísimo esfuerzo y doy las gracias por cumplir este
sueño. Agradezco a los compañeros el poder estar aquí”, fueron tus palabras,
emocionadas tras una noche inolvidable para ti, aunque los madridistas se
fueran descontentos con la actuación de un equipo en plena crisis. Kroos,
Modric, Isco, Casemiro, Ceballos… Son muchos los jugadores que tienes por
delante, pero has demostrado que tienes madera para sacar adelante las peores
situaciones. Nadie te regaló nada y has quemado etapas a la velocidad del rayo.
Sigue luchando, Fede.

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Eres una joven promesa que está despuntando en el Real Madrid Castilla. Lo
eres porque te lo has ganado en el campo, sorprendiendo a todos tus
entrenadores en Uruguay siendo un adolescente. “Nunca vi a un jugador de 16 años
con tantas virtudes. Me parece un jugador de fútbol excepcional”, dice de ti tu
técnico en Peñarol, Pablo Bengoechea. Te querían Chelsea, Barcelona, Manchester
City, PSG y Arsenal, pero el Real Madrid apareció a última hora y no lo
dudaste.

Hasta que no cumplieses la mayoría de edad no ibas a aterrizar en
Valdebebas. La espera mereció la pena, porque en Uruguay te hiciste más fuerte.
Jugaste como titular, a tus 17 años, un Clásico ante Nacional en un Estadio
Centenario abarrotado. Casi nada. Eras un chaval y ya estabas compartiendo
vestuario con ídolos de tu infancia como Diego Forlán. “Es la esperanza del
fútbol uruguayo” dice de ti uno de los mejores jugadores de la historia de la
Celeste. ¿Cómo soportar la presión que producen tales palabras?

Pero estás hecho de otra pasta. Y eso que pareces frágil, bajito y tienes
una cara de niño que parece impensable que juegues en la Primera división
uruguaya como si fueses un veterano. Cuando llegas al Madrid, la prensa
nacional ya te considera la mayor promesa del país. The Guardian ya te
ha incluido entre las 50 joyas del futuro. Los grandes de Europa se estiran de
los pelos cuando te ven con la camiseta blanca.

El camino no será fácil, sin embargo. Jugarás todo el año en Segunda
División B. Al contrario que Vinicius, no contarás con un solo minuto en el
primer equipo. Tu personalidad hace que tú, un recién llegado, elijas el dorsal
‘10’ para debutar en El Alcoraz, hoy estadio de Primera División. En tu primer
partido de titular marcas tu primer gol, ante el Amorebieta. No es tu
especialidad, lo tuyo es dar el último pase, es ver el hueco que otros son
incapaces de ver. Es tocar el balón con una destreza y una calidad que
contrasta de forma radical con la de los centrocampistas charrúas de la
selección. Los Arévalo Ríos, Carlos Sánchez, Diego Pérez destacan por su
contundencia, su dureza en el juego. Tú, junto a Lucas Torreira y otros
elegidos, estáis destinados a cambiar el sino de la selección celeste.

Todavía no habías jugado un partido en Primera División cuando Óscar
Washington Tabárez te convocó por primera vez para jugar con la absoluta. Lo
hiciste el 5 de septiembre de 2017, en Paraguay, en un partido clasificatorio
para el Mundial de Rusia. De titular con 19 años recién cumplidos. “Sabía que
le estaba poniendo una mochila importante, por su falta de experiencia, por los
jugadores a los que enfrentaba y por tener un estadio lleno en contra, pero
creo que él dio un paso importante y a mí me queda la satisfacción de su
contribución a la victoria y de que este futbolista me respondió. Hizo que no
me equivocara”, dijo El Maestro. No desaprovechaste la oportunidad. Uruguay
ganó 1-2 y tú marcaste el primer gol. Jugaste con una leyenda como Godín por
detrás y con dos estrellas mundiales por delante. Preguntado si le hacía
ilusión jugar contra Messi en el choque ante Argentina, fuiste claro: “No sueño
jugar contra Messi, sueño en entrar a la cancha con Suárez y Cavani”.

Pero entrar en la primera plantilla blanca iba a seguir siendo difícil.
Como casi todos los jugadores del Castilla, tuviste que hacer las maletas y
marcharte cedido. El destino, A Coruña. Tus primeros minutos en La Liga serían
en un histórico del fútbol español, un Deportivo que, sin embargo, acabó
descendiendo a Segunda tras un año horrible. Apenas pudiste jugar el tramo
final por una lesión de rodilla, y eso te frustró. Pero tu rendimiento fue
halagado. Ya no eres aquel chico “flaquito y bajito” que despuntaba en las
categorías inferiores de Peñarol. Todo lo contrario. Ahora presumes de un físico
envidiable, de una envergadura imponente e ideal para las batallas que se
fraguan en el centro. Ahora te gusta empezar la jugada casi entre los defensas
y acabarla en tres cuartos de campo. Te estás convirtiendo en un todocampista.

No es fácil demostrar todo lo que sabes hacer cuando eres joven y estás en
un equipo con tantas limitaciones. Buscas arriesgar en el pase, la única forma
de sorprender a un rival que la mayoría de veces es mejor que tú. Y fallas
muchos pases. Esa imprecisión y la falta de rigor táctico llevó a Pepe Mel a
colocarte en la banda. Porque también tienes talento y velocidad. Por algo te
llaman ‘el Pajarito’ desde que te vieron correr a los tres años. Además,
siempre puedes ir hacia adentro y dejar libre el lateral para las subidas de Luisinho.

Las intenciones de Mel son buenas, pero no funciona. Te llegan pocos
balones, no te sientes partícipe del juego, algo imprescindible para
desarrollar tu fútbol. Desde diciembre y hasta final de temporada solo volverás
a jugar en tres ocasiones como titular. “A mi me gusta más cuando ve el fútbol
de cara. Puede filtrar pases, tener alguna arrancada con el balón. Lo voy
conociendo más y sé que donde mejor se desenvuelve es en el centro, organizando
el juego”, dijo de ti Cristóbal Parralo, tu segundo entrenador en dos meses.
Aún llegaría un tercero, un técnico con escasa experiencia en los banquillos
pero del que pudiste aprender muchísimo por el corte de futbolista que fue.
“Cuando estuve lesionado todas las mañanas se acercaba a darme consejos”, dijiste
de Clarence Seedorf poco antes de su despedida.

Esa misma lesión te impidió estar en el Mundial, aunque lo rozaste con los
dedos. Del Dépor te fuiste con una espina clavada, pero no hay duda de que te
ganaste el cariño y el respeto de toda la afición deportivista con una madurez
impropia de alguien de tu edad. En noviembre, ganaste el premio a mejor jugador
del equipo, y lo rechazaste por no considerarte merecedor del mismo. En
febrero, cuando dejó de contar para Parralo, hiciste autocrítica: “Si no juego
la culpa es mía, será que no doy el máximo y yo soy el responsable». En
abril, con el Dépor casi sentenciado a Segunda, dijiste que hablarías con el
Madrid para no ir cedido a otro equipo si no tenías un hueco en la primera
plantilla. Que jugarías con el Deportivo en Segunda si hacía falta.

Sin embargo, la salida de Kovacic y tu desempeño en pretemporada convenció
a Lopetegui. Te ganaste un puesto en el Real Madrid, el campeón de Europa los
últimos tres años y el sueño que tenías de niño. No han sido fáciles estos
meses. Diez partidos en la grada, dos en el banquillo sin jugar un solo minuto.
La oportunidad se hizo esperar. Llegó en Champions, en el Santiago Bernabéu, a
más de media hora para el final. Y de nuevo no desaprovechaste tus minutos
sobre el campo. Como volante izquierdo, combinaste con Marcelo en el 2-0. Ya
con 2-1, jugaste el balón con criterio y estuviste a la altura. Te ganaste
volver a jugar pronto.

«Detrás hay muchísimo esfuerzo y doy las gracias por cumplir este
sueño. Agradezco a los compañeros el poder estar aquí”, fueron tus palabras,
emocionadas tras una noche inolvidable para ti, aunque los madridistas se
fueran descontentos con la actuación de un equipo en plena crisis. Kroos,
Modric, Isco, Casemiro, Ceballos… Son muchos los jugadores que tienes por
delante, pero has demostrado que tienes madera para sacar adelante las peores
situaciones. Nadie te regaló nada y has quemado etapas a la velocidad del rayo.
Sigue luchando, Fede.

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