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Serie A, la Madonnina llora

No es que sea algo novedoso. Ni que no lleve ocurriendo desde hace ya un puñado de años. Pero da la impresión de que cada vez que llega un derby entre Milan a Inter, el espectador, inocentemente, sueña por un instante que saltan al campo Rivera o Mazzola, o los hermanos Baresi, holandeses o alemanes, Maldini o Ronaldo, Kaka’ o Diego Milito. Y no.

La emoción sigue intacta, también el sentimiento. San Siro retumba, casi 80.000 espectadores llenan un estadio que cada vez se vacía más durante el resto del año. Tifos y cánticos, striscioni defendiendo a conciencia el rojo o el azul, ambos a franjas negras. Sin embargo, en cuanto se anuncian las alineaciones, inevitablemente una mueca de desazón aparece en la mayoría de los rostros. El Derby della Madonnina supone cada año una metáfora perfecta de la decadencia progresiva del fútbol italiano.

Por ello mismo, decepcionarse con el transcurso del último Milan-Inter significa ser poco consciente de la situación de ambos equipos -y del Calcio en general- en la actualidad, por no decir completamente ajeno. Porque no pasaron muchas cosas que no estuvieran previstas que sucedieran. Porque directamente no pasaron muchas cosas, y lo excepcional habría sido que hubieran sucedido.

Milan e Inter son dos equipos que tienen que contar con los errores propios antes de proponerse generar nada. Y es que la mayoría de ocasiones de peligro rivales se producen a través de ellos. Ocultarlos al máximo es el primer objetivo de ambos equipos, e Inzaghi lo lleva entendiendo desde el principio de la temporada, exprimiendo el escaso jugo de la naranja seca que posee por plantilla. Y Mancini ya lo está entendiendo.

Pedir cualquier cosa estéticamente superior es una utopía. Más teniendo en cuenta el duelo en la sala de máquinas conocida como mediocampo enfrentaba a Essien y Muntari por un lado y a Guarín, Kuzmanovic y Joel Obi por el otro. Por ello puede impactar, pero no sorprender, ver a Muntari desquiciado -lo pagó Dodò– rondando por la medular y perdiendo balones como si tuviera un agujero negro en vez de un pie, a Kuzmanovic tratando a duras penas de generar algo más que pases prescindibles o a Obi persiguiendo sombras mientras algún que otro tifoso se preguntaba si, en efecto, todavía seguía en la plantilla del Inter.

 

Las zagas no desentonan a este nivel con el mediocampo. Zapata y Mexès ya llevan un tiempo formando una pareja de riesgo en el Milan, aunque inutilizada esta temporada hasta hoy. Y pese a que no fue su peor encuentro, fue de un despeje con la espinilla del colombiano de donde surgió el gol del Inter, anotado precisamente por Obi. En el área contraria, el capitán Ranocchia y el alocado Juan Jesus aportaban cada uno la inseguridad de la que se alimentaba el otro, y por los agujeros constantes entre ambos aparecieron el gol de Menez y el larguero de El Shaarawy.

Las evidentes carencias estructurales en fase defensiva obligan a ambos equipos a arriesgar poco en ataque. Inzaghi tira de contragolpe con El Shaarawy, Menez y a correr. Así en el tanto, con un gran robo y continuación de la jugada de Michael Essien -recuperado para la causa y el mejor del partido-, centro preciso de El Shaarawy y remate genial, con el interior y sin dejarla caer del francés. Torres también anduvo sobre el campo, pero jugar, poco.

El Inter, en la primera de Mancini, trató de controlar más el balón. Sin embargo, cuando el primer toque de calidad lo deben dar Kuzmanovic y Obi, amén de la anarquía de Guarín, es difícil generar verticalidad. Kovacic, muy escorado a la izquierda, apenas participó en el partido, y cuando lo hizo centrándose durante algunos minutos, el Inter jugó más pero no mejor. Palacio, en banda derecha, hizo más trabajo en defensa, casi como lateral, que en ataque. E Icardi se volvió a mostrar como un delantero de nivel disperso, con la clamorosa ocasión fallada tras el grosero error de Muntari al inicio del partido como símbolo.

El Milan es séptimo, a cuatro puntos del Napoli, tercero y en Champions. En el derby no pudo contar con De Jong y Alex, piezas clave en mediocampo y defensa, tampoco con Abate -jugó Rami reconvertido-. Inzaghi sabe a lo que tiene que jugar, a poco, al mínimo para evitar la sangría. El Inter es noveno, con un punto menos. Se ha quitado el lastre de Mazzarri y con Mancini tiene un técnico que, guste más o menos por su historial, conoce el camino para fortalecer lo suficiente un equipo de estas características, como ligeramente se ha intuido tras el descanso. Más teniendo en cuenta que jugadores como Vidic, Medel, M’Vila, Hernanes u Osvaldo no fueron titulares en San Siro.

Pero más allá de esto, pedir la excelencia a cualquiera de estos dos conjuntos está fuera de la realidad. Y en un Derby della Madonnina, hoy por hoy, más no se puede ver.

Madrid, 1993. Oscense de adopción. Editor en @SpheraSports. Combino Calcio y ciclismo con todas las consecuencias.

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