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La locura

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 16-01-2020

“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”. Uno de los mayores regalos que nos dio la vida fue la singularidad que tiene cada ser humano. Nadie es igual que otro. En ese incesante fluido de pensamientos, de ideas, aparecen muy de vez en cuando genios. Uno de ellos era Salvador Dalí, autor de la frase del inicio. No estaría mal que un día levantara la cabeza desde Figueres y pidiera que todos extrajéramos de nuestras entrañas aquello que hoy es una de sus marcas: el surrealismo.

Marcelo Bielsa es uno de esos tipos etéreos que regala a veces el balompié por capricho y porque es granujilla. Le gusta divertirse. Se puso a los mandos del Athletic, un club que suspiraba por títulos y que contrataba a alguien que, fuera de su país, solo había ganado unos Juegos Olímpicos. Desde el primer día atrajo al público de San Mamés con un fútbol contracultural a lo que habían mamado antes. Pero qué más daba. Su hermetismo contrastaba con su forma de pensar, de sentir o de vivir. Todo el mundo le quería. Todos querían ver al Athletic.

Los vascos, en su primera temporada al cargo, enamoraron al planeta. Dicen que el proceso, aquello en lo que debes creer, caer y golpearte hasta alcanzar la cima, es más gratificante que todo aquello que añoras y que aparece al final. Los de Bielsa alcanzaron las finales de Copa y Europa League destrozando equipos de aúpa, como Schalke, Sporting o PSG. Y por supuesto el Manchester United. En Old Trafford, un grupo de futbolistas nacidos en el mismo sitio destronó al conjunto entrenado por Alex Ferguson. No fue el 2-3 que lucía en el videomarcador del Teatro de los Sueños. Fue el impresionante juego desplegado. «Ver jugar al Athletic es una maravilla», reconoció el sempiterno técnico escocés.

Sin embargo, todo se puede torcer. Bielsa perdió ambas finales, de Copa y Europa League, y acabó décimo y decimosegundo en LaLiga. Sus problemas internos le llevaron por la calle de la amargura hasta su marcha fortuita. Puede que sus números no sean mejores que los de otros técnicos que pisaron Lezama, pero hay pocos que hayan levantado más ilusión que él. Hay cosas intangibles en este deporte. Surrealistas. Y el loco es la mejor muestra de ello.

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“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”. Uno de los mayores regalos que nos dio la vida fue la singularidad que tiene cada ser humano. Nadie es igual que otro. En ese incesante fluido de pensamientos, de ideas, aparecen muy de vez en cuando genios. Uno de ellos era Salvador Dalí, autor de la frase del inicio. No estaría mal que un día levantara la cabeza desde Figueres y pidiera que todos extrajéramos de nuestras entrañas aquello que hoy es una de sus marcas: el surrealismo.

Marcelo Bielsa es uno de esos tipos etéreos que regala a veces el balompié por capricho y porque es granujilla. Le gusta divertirse. Se puso a los mandos del Athletic, un club que suspiraba por títulos y que contrataba a alguien que, fuera de su país, solo había ganado unos Juegos Olímpicos. Desde el primer día atrajo al público de San Mamés con un fútbol contracultural a lo que habían mamado antes. Pero qué más daba. Su hermetismo contrastaba con su forma de pensar, de sentir o de vivir. Todo el mundo le quería. Todos querían ver al Athletic.

Los vascos, en su primera temporada al cargo, enamoraron al planeta. Dicen que el proceso, aquello en lo que debes creer, caer y golpearte hasta alcanzar la cima, es más gratificante que todo aquello que añoras y que aparece al final. Los de Bielsa alcanzaron las finales de Copa y Europa League destrozando equipos de aúpa, como Schalke, Sporting o PSG. Y por supuesto el Manchester United. En Old Trafford, un grupo de futbolistas nacidos en el mismo sitio destronó al conjunto entrenado por Alex Ferguson. No fue el 2-3 que lucía en el videomarcador del Teatro de los Sueños. Fue el impresionante juego desplegado. «Ver jugar al Athletic es una maravilla», reconoció el sempiterno técnico escocés.

Sin embargo, todo se puede torcer. Bielsa perdió ambas finales, de Copa y Europa League, y acabó décimo y decimosegundo en LaLiga. Sus problemas internos le llevaron por la calle de la amargura hasta su marcha fortuita. Puede que sus números no sean mejores que los de otros técnicos que pisaron Lezama, pero hay pocos que hayan levantado más ilusión que él. Hay cosas intangibles en este deporte. Surrealistas. Y el loco es la mejor muestra de ello.

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
21-01-2022