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La Liga de todos

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 25-05-2021

Cuando habla Simeone hay que escuchar. A veces parece no querer decir nada, pero cuando se decide, es una radiografía de lo que va a pasar o lo que ha pasado. El Cholo tenía un plan. Nada más ser campeón de LaLiga, en su cabeza, antes que celebrar, pasaba por recordar lo que había anunciado en el adiós del Calderón: “Este equipo tiene futuro”. Y eso que, desde entonces, salvo 5-6 jugadores, en tres años le han cambiado al vestuario entero. E invita al optimismo de aquellos que quisieron que fuera ‘su Ferguson’ particular: “Sigue teniendo mucho futuro”. Y lo sabe. Dice Simeone, que cuando entró en el tramo final, esas ‘cinco fechas’ que él consideró, pidió a todos los empleados del club que recibieran y saludaran a los jugadores con un ‘Vamos a salir campeones’ en vez de un ‘buenos días’ habitual. Y caló. Cuentan ex jugadores, que antes del partido de Pucela, escribió al núcleo duro que puso la primera piedra (los Gabi, Godín, Costa, Filipe Luis, Juanfran) para agradecerles haber sido el inicio del proyecto. Que el equipo ha crecido y el proyecto es ambicioso tiene una prueba evidente. En 2014, nada más ganar LaLiga y casi la Champions, ya había 5-6 jugadores importantes que habían pedido salir y 3 o 4 que habían firmado acuerdos con otros clubes. El domingo, en el acto de celebración, no hubo ninguno que no saliera al paso a afirmar que se quedaba. Desde Suárez hasta Joao, pasando por Giménez.

En los últimos 40 años, el Atleti ha ganado tres títulos de Liga. Simeone ha estado en los tres. “Cuando yo llegué como jugador, ganamos LaLiga después de 19 años. Después, cuando volví como entrenador, ganamos después de otros 19. Lo único que espero es que trabajemos para no estar otros casi 20 años sin ganar, que sean 10, siete…”. Y siete han sido. 

También como si de una bola mágica se tratase, invitó a la presión del jugador más ganador de su plantilla poniendo en liza ‘La Zona Suárez’ para los últimos dos partidos. Y el uruguayo obró dos goles que supusieron dos victorias. ¿Existe un punto de inflexión en el paso adelante del equipo? “Villamarín. Allí vi que el equipo podía y quería competir.” Y fue, curiosamente, el peor momento del Atlético, que venía de ganar solo cuatro partidos de sus últimos 11 en LaLiga. Empató en el estadio del Betis tocando fondo y permitiendo, a falta de ocho jornadas, que Real Madrid y Barcelona se pusieran a uno y dos puntos. Fue, también, donde Simeone cambió el destino del jugador que ha sido el mejor en este último mes de competición. Ángel Correa, criticado por las claras ocasiones erradas, se marchó del campo sevillano llorando y Simeone, que acostumbra siempre a salir corriendo al vestuario con el pitido final, lo hizo en dirección contraria a abrazar a su 10, llanto incontenido, mientras sonreía al cielo sabiendo todo lo que por delante se le iba a venir a su compatriota.

Koke, capitán del Atlético de Madrid – ImagoImages

Hay quien aún mantiene que el Atlético es el Pupas porque su historia se escribe rodeada de tragedias, como si esto no fuera fútbol y sucediera con más asiduidad de la normal en todas las casas. Nadie mejor que Luis Aragonés para mostrar la incredulidad del apelativo: “¿Si el Atlético es el Pupas, qué son los demás… Las Costras?”, en clara referencia a que para ser un pobrecito el club no presenta mal palmarés. Hay quien aún mantiene que el Atlético no tiene grandeza, que se viene abajo en los momentos cruciales. Como si en la historia reciente no hubiera ganado una Copa del Rey en la prórroga en casa de su eterno rival (o una Supercopa de España y otra de Europa remontándole en la recta final) o como si no se hubiera llevado una Liga en el campo del Barcelona de Messi, Xavi, Iniesta y compañía. Hay quien aún sigue con el discurso sin saber, o sin querer creer, que en la jornada 34 (0-1 ante el Elche) el equipo local tuvo un penalti en el minuto 90; que en la jornada 36 (2-1 ante la Real Sociedad) el equipo vasco ahogó a los rojiblancos en el tramo final y que ahí hubo algún disparo al palo salvador; que en la jornada 37 (2-1 ante el Osasuna) en el minuto 81 el Atlético iba perdiendo o que en la jornada decisiva (1-2 ante el Valladolid) llegados casi a la hora de juego el marcador era de derrota colchonera. Y se ganaron los cuatro.

Hay quien aún asegura que el Atlético, que ha sido líder desde la jornada 9 y solo el haber empezado el campeonato cuando los demás ya llevaban tres partidos le privó de hacer una temporada en cabeza de principio a fin, no es justo campeón. Son los mismos que han intentado arañar puntos en cada decisión de VAR o de Bar. Los del Fiat Panda que no había pasado la ITV, los del penalti que era inconstitucional, los de la pausa de hidratación que era ilegal y los que querrán que José María Giménez pase un control extraordinario cuando se enteren que el uruguayo come esparadrapo para calmar los nervios en el banquillo. 

Porque esta ha sido LaLiga de todos. La del penalti que Oblak le paró a Joselu casi en el descuento cuando el Atleti venía en crisis de resultados. La de la conexión TrippierLlorente tan descomunal como inesperada. La del paso adelante de Savic, que ha mejorado en salida de balón y remate ofensivo para ser hoy uno de los mejores centrales del mundo. La de la reconversión de Carrasco, con su gol a Ter Stegen y su sprint final de temporada. La de la resurrección de Mario Hermoso, condenado al banquillo sobre el papel y en cambio erigiéndose como uno de esos que es del Atleti pero que no lo sabía. La de los malos momentos de Giménez, capitán sin brazalete, lastrado por un Covid que le dejó destrozado. La de Valetudo Felipe, al que odias y amas por igual según el partido. La de las lágrimas de Lodi, capaz de hacer al equipo ir perdiendo ante Osasuna y al minuto marcar un gol crucial. La de la desesperación por Vrsaljko, siempre en la enfermería, un tipo clave en la dinámica de vestuario. La de las madres de Torreira y Héctor Herrera. La de la placa de Vitolo. La de la reconversión de Koke, que ha pasado de interior a jugador más importante de la historia del club. La de Saúl, de menos a más, a mucho más. La de las lágrimas de desesperación de Correa antes de bajar a la tierra reencarnado en otro ‘10’ argentino que salió de la pobreza. La del partido de Kondogbia ante la Real Sociedad. La de Dembélé, que llegó casi en febrero lesionado, se contagió de Coronavirus y luego nos metió el susto en el cuerpo, pero que se ha ganado el cariño de todo ‘el pueblo del Atleti’. La de Joao Félix, tantas veces atizado por su indolencia como ensalzado por su calidad innegable. La de Suárez, que pidió un hueco en el Museo del Atleti junto a las leyendas y que, con 21 goles, se ha ganado el derecho a tenerlo. La de Simeone, que mientras todos sufríamos, él solo sonreía, porque ya lo había visto todo aunque quiera ocultarlo. “Me sale natural. Es algo que va conmigo. Me río en estos casos, no sé por qué”.


Imagen de cabecera: ImagoImages

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Cuando habla Simeone hay que escuchar. A veces parece no querer decir nada, pero cuando se decide, es una radiografía de lo que va a pasar o lo que ha pasado. El Cholo tenía un plan. Nada más ser campeón de LaLiga, en su cabeza, antes que celebrar, pasaba por recordar lo que había anunciado en el adiós del Calderón: “Este equipo tiene futuro”. Y eso que, desde entonces, salvo 5-6 jugadores, en tres años le han cambiado al vestuario entero. E invita al optimismo de aquellos que quisieron que fuera ‘su Ferguson’ particular: “Sigue teniendo mucho futuro”. Y lo sabe. Dice Simeone, que cuando entró en el tramo final, esas ‘cinco fechas’ que él consideró, pidió a todos los empleados del club que recibieran y saludaran a los jugadores con un ‘Vamos a salir campeones’ en vez de un ‘buenos días’ habitual. Y caló. Cuentan ex jugadores, que antes del partido de Pucela, escribió al núcleo duro que puso la primera piedra (los Gabi, Godín, Costa, Filipe Luis, Juanfran) para agradecerles haber sido el inicio del proyecto. Que el equipo ha crecido y el proyecto es ambicioso tiene una prueba evidente. En 2014, nada más ganar LaLiga y casi la Champions, ya había 5-6 jugadores importantes que habían pedido salir y 3 o 4 que habían firmado acuerdos con otros clubes. El domingo, en el acto de celebración, no hubo ninguno que no saliera al paso a afirmar que se quedaba. Desde Suárez hasta Joao, pasando por Giménez.

En los últimos 40 años, el Atleti ha ganado tres títulos de Liga. Simeone ha estado en los tres. “Cuando yo llegué como jugador, ganamos LaLiga después de 19 años. Después, cuando volví como entrenador, ganamos después de otros 19. Lo único que espero es que trabajemos para no estar otros casi 20 años sin ganar, que sean 10, siete…”. Y siete han sido. 

También como si de una bola mágica se tratase, invitó a la presión del jugador más ganador de su plantilla poniendo en liza ‘La Zona Suárez’ para los últimos dos partidos. Y el uruguayo obró dos goles que supusieron dos victorias. ¿Existe un punto de inflexión en el paso adelante del equipo? “Villamarín. Allí vi que el equipo podía y quería competir.” Y fue, curiosamente, el peor momento del Atlético, que venía de ganar solo cuatro partidos de sus últimos 11 en LaLiga. Empató en el estadio del Betis tocando fondo y permitiendo, a falta de ocho jornadas, que Real Madrid y Barcelona se pusieran a uno y dos puntos. Fue, también, donde Simeone cambió el destino del jugador que ha sido el mejor en este último mes de competición. Ángel Correa, criticado por las claras ocasiones erradas, se marchó del campo sevillano llorando y Simeone, que acostumbra siempre a salir corriendo al vestuario con el pitido final, lo hizo en dirección contraria a abrazar a su 10, llanto incontenido, mientras sonreía al cielo sabiendo todo lo que por delante se le iba a venir a su compatriota.

Koke, capitán del Atlético de Madrid – ImagoImages

Hay quien aún mantiene que el Atlético es el Pupas porque su historia se escribe rodeada de tragedias, como si esto no fuera fútbol y sucediera con más asiduidad de la normal en todas las casas. Nadie mejor que Luis Aragonés para mostrar la incredulidad del apelativo: “¿Si el Atlético es el Pupas, qué son los demás… Las Costras?”, en clara referencia a que para ser un pobrecito el club no presenta mal palmarés. Hay quien aún mantiene que el Atlético no tiene grandeza, que se viene abajo en los momentos cruciales. Como si en la historia reciente no hubiera ganado una Copa del Rey en la prórroga en casa de su eterno rival (o una Supercopa de España y otra de Europa remontándole en la recta final) o como si no se hubiera llevado una Liga en el campo del Barcelona de Messi, Xavi, Iniesta y compañía. Hay quien aún sigue con el discurso sin saber, o sin querer creer, que en la jornada 34 (0-1 ante el Elche) el equipo local tuvo un penalti en el minuto 90; que en la jornada 36 (2-1 ante la Real Sociedad) el equipo vasco ahogó a los rojiblancos en el tramo final y que ahí hubo algún disparo al palo salvador; que en la jornada 37 (2-1 ante el Osasuna) en el minuto 81 el Atlético iba perdiendo o que en la jornada decisiva (1-2 ante el Valladolid) llegados casi a la hora de juego el marcador era de derrota colchonera. Y se ganaron los cuatro.

Hay quien aún asegura que el Atlético, que ha sido líder desde la jornada 9 y solo el haber empezado el campeonato cuando los demás ya llevaban tres partidos le privó de hacer una temporada en cabeza de principio a fin, no es justo campeón. Son los mismos que han intentado arañar puntos en cada decisión de VAR o de Bar. Los del Fiat Panda que no había pasado la ITV, los del penalti que era inconstitucional, los de la pausa de hidratación que era ilegal y los que querrán que José María Giménez pase un control extraordinario cuando se enteren que el uruguayo come esparadrapo para calmar los nervios en el banquillo. 

Porque esta ha sido LaLiga de todos. La del penalti que Oblak le paró a Joselu casi en el descuento cuando el Atleti venía en crisis de resultados. La de la conexión TrippierLlorente tan descomunal como inesperada. La del paso adelante de Savic, que ha mejorado en salida de balón y remate ofensivo para ser hoy uno de los mejores centrales del mundo. La de la reconversión de Carrasco, con su gol a Ter Stegen y su sprint final de temporada. La de la resurrección de Mario Hermoso, condenado al banquillo sobre el papel y en cambio erigiéndose como uno de esos que es del Atleti pero que no lo sabía. La de los malos momentos de Giménez, capitán sin brazalete, lastrado por un Covid que le dejó destrozado. La de Valetudo Felipe, al que odias y amas por igual según el partido. La de las lágrimas de Lodi, capaz de hacer al equipo ir perdiendo ante Osasuna y al minuto marcar un gol crucial. La de la desesperación por Vrsaljko, siempre en la enfermería, un tipo clave en la dinámica de vestuario. La de las madres de Torreira y Héctor Herrera. La de la placa de Vitolo. La de la reconversión de Koke, que ha pasado de interior a jugador más importante de la historia del club. La de Saúl, de menos a más, a mucho más. La de las lágrimas de desesperación de Correa antes de bajar a la tierra reencarnado en otro ‘10’ argentino que salió de la pobreza. La del partido de Kondogbia ante la Real Sociedad. La de Dembélé, que llegó casi en febrero lesionado, se contagió de Coronavirus y luego nos metió el susto en el cuerpo, pero que se ha ganado el cariño de todo ‘el pueblo del Atleti’. La de Joao Félix, tantas veces atizado por su indolencia como ensalzado por su calidad innegable. La de Suárez, que pidió un hueco en el Museo del Atleti junto a las leyendas y que, con 21 goles, se ha ganado el derecho a tenerlo. La de Simeone, que mientras todos sufríamos, él solo sonreía, porque ya lo había visto todo aunque quiera ocultarlo. “Me sale natural. Es algo que va conmigo. Me río en estos casos, no sé por qué”.


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