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La lección del profesor

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 30-11-2021

El parón que sufrió el mundo en 2020 por la pandemia y que afectó también al panorama fútbol permitió que muchos jugadores aprovecharan ese pequeño break para sacar su mejor versión. En el Atlético, Marcos Llorente y Yannick Carrasco mutaron en dos seres absolutamente desconocidos que depuraron aún más su físico para llegar a la reanudación un peldaño por encima del resto. Eso fue también lo que obró Matheus Cunha, entonces jugador del Hertha Berlín, para terminar de eclosionar como futbolista y labrarse un futuro fichaje por un equipo de primera categoría. El domingo, Cunha aprovechó sus minutos para mandarle un mensaje a Simeone: merece jugar más.

El 25 de mayo de 2020, el exfutbolista José Sinval ponía aún más en la cima a un jugador que parecía dar pequeños pasos, pero seguros, en su camino al estrellato. Cunha, que había abandonado Coritiba cuando cumplía la mayoría de edad para jugar en el Sion, había tomado posteriormente una tremenda decisión. Porque el equipo suizo lo traspasó tras una temporada al Leipzig, pero un curso y medio después de estar bajo el paraguas del equipo de RedBull, el futbolista decidió abandonar el equipo en mayor auge del fútbol alemán, Bayern aparte, para recalar en un Hertha Berlín en eterna reconstrucción y que parecía destrozar carreras de futbolistas a puñados a cada temporada.

Fue en Suiza donde Cunha conoció a Sinval, que entonces formaba parte del cuerpo técnico, que lo acogió como un hijo. “Lloraba a diario. Echaba mucho de menos a sus padres, aunque era muy maduro para su edad y aprendía mucho”, confirmaba Sinval, a la vez que aventuraba que le veía jugando a no más tardar en un grande e, incluso se atrevía a decir que apostaba por verle en el Atlético de Madrid. No era la primera vez que Cunha vivía lejos de sus padres, pues Coritiba, donde jugó sus años juveniles desde los 14, estaba lejísimos de su casa.

No se equivocaba Sinval, pues el Atlético fue a buscarle en enero de 2021, antes de la cesión de Dembélé, pero se encontró con la negativa del Hertha que no iba a vender a su jugador franquicia a mitad de una temporada que se estaba haciendo larga. En la capital alemana, Cunha tuvo sus más y sus menos. Era, sin duda, el jugador diferencial, moviéndose con soltura y libertad por el frente de ataque. También, en cambio, recibió algún pescozón por su recalcada apatía cuando se enfadaba con el mundo.

Su salida al Atlético se aplazó hasta verano. Quizás no fue la primera opción rojiblanca, pero el haberse interesado por el brasileño durante el mercado anterior metió el gusanillo en el cuerpo al jugador que casi obligó al Hertha a venderle por un importe cercano a los 25 millones de euros, una ganga para los tiempos que corren, si tenemos en cuenta que Cunha llegaba directamente de ser Oro Olímpico en Tokio con Brasil siendo uno de los jugadores destacados y que también había destacado un par de veranos antes en el Esperanzas de Toulon. Sin contar con lo mucho que habían confiado en él en Leipzig, donde no terminaba de ser indiscutible por la competencia con jugadores como Werner o Poulsen, o con que en 2019 un golazo suyo donde se combinaba una ruleta con una vaselina había estado nominado al Puskas.

En su presentación, sorprendió su depurado castellano. Fue capaz de enlazar más frases de las esperadas con un marcado acento latinoamericano que le llegó de haber compartido vestuario y casi vida entera en Alemania con Alderete, Ascacíbar y Córdova, que llegaron prácticamente a la vez a la entidad berlinesa. Desde entonces, los detalles comenzaron a salir. Cunha es un tipo inteligente, un jugador que sacaba buenas notas en su formación escolar, especialmente en matemáticas, y cuyo padre es un profesor de química que siempre le trasladó la importancia de tener una base. De hecho, cuando jugaba en Coritiba, daba clases a los compañeros que iban más justos y tenían problemas con varias asignaturas. Habla, además de su idioma natal, inglés perfectamente. Es capaz de defenderse en francés, que aprendió mientras jugaba en el Sion a marchas forzadas, castellano y alemán. Casi nada.

Sobre el campo siempre ha enamorado a sus técnicos por su adaptabilidad. Nunca ha estado definido del todo en una posición y ha ido alternando ambas bandas con la mediapunta y la delantera. Tiene cualidades para ello. Buen regate, que se quedaba a perfeccionar siempre tras los entrenamientos en solitario en sus inicios, y una zancada potente de la que tanto escasea el Atlético hoy en día. Su única pega es esa facilidad para desconectar de ciertos partidos cuando está algo acomodado o enfadado consigo mismo. En el campeón de LaLiga, de momento, no ha tenido opción de mostrar esa cara mala, pues la necesidad de ganarse el puesto ha hecho que sus minutos hayan sabido a poco y que el aficionado tenga interés en verle más sobre el césped. La empresa, eso sí, es complicada. Suárez tiene el gol, Griezmann es el favorito de Simeone y Correa es el chico para todo, sin contar con que Lemar y Carrasco se mueven también por parcelas atacantes e incluso Llorente es una opción ahí para el Cholo. Es imposible que jueguen todos.

Su presente y su futuro los pone de manifiesto también la selección. El orden natural de las cosas ha querido que tras los Juegos Olímpicos haya llegado a la absoluta e incluso se ha permitido el lujo de ser titular en los últimos compromisos. Con él en el campo, el Atleti puede jugar más largo, más directo, pero también combinar. Lo ha agradecido Suárez los pocos minutos que han coincidido, pues el charrúa queda mucho más libre cuando el brasileño fija a los defensas. Algo que se vio con frecuencia en las primeras jornadas de Liga, cuando el Atleti fue casi siempre a contracorriente y tenía que remontar los partidos. Solo ha disputado 170 minutos, pero con él en el campo el Atleti ha metido 8 de los 26 goles que lleva en competición doméstica. Es decir, marca un gol cada 21 minutos con el brasileño en el césped. Dos de ellos han sido directamente suyos, ante Levante, para dar el gol que entonces era de la victoria (luego empató Bardhi) y ante el Cádiz, para sentenciar y espantar los fantasmas de las últimas jornadas. Otro también ha salido de sus botas, la asistencia a Correa el domingo en Cádiz. Así que genera un gol de manera directa cada 56 minutos. Es importante contar con un jugador de 22 años, revulsivo como él, desde el banquillo. Para cuando Simeone le llame y tenga que salir a la pizarra.

Imagen de cabecera: @Atleti

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El parón que sufrió el mundo en 2020 por la pandemia y que afectó también al panorama fútbol permitió que muchos jugadores aprovecharan ese pequeño break para sacar su mejor versión. En el Atlético, Marcos Llorente y Yannick Carrasco mutaron en dos seres absolutamente desconocidos que depuraron aún más su físico para llegar a la reanudación un peldaño por encima del resto. Eso fue también lo que obró Matheus Cunha, entonces jugador del Hertha Berlín, para terminar de eclosionar como futbolista y labrarse un futuro fichaje por un equipo de primera categoría. El domingo, Cunha aprovechó sus minutos para mandarle un mensaje a Simeone: merece jugar más.

El 25 de mayo de 2020, el exfutbolista José Sinval ponía aún más en la cima a un jugador que parecía dar pequeños pasos, pero seguros, en su camino al estrellato. Cunha, que había abandonado Coritiba cuando cumplía la mayoría de edad para jugar en el Sion, había tomado posteriormente una tremenda decisión. Porque el equipo suizo lo traspasó tras una temporada al Leipzig, pero un curso y medio después de estar bajo el paraguas del equipo de RedBull, el futbolista decidió abandonar el equipo en mayor auge del fútbol alemán, Bayern aparte, para recalar en un Hertha Berlín en eterna reconstrucción y que parecía destrozar carreras de futbolistas a puñados a cada temporada.

Fue en Suiza donde Cunha conoció a Sinval, que entonces formaba parte del cuerpo técnico, que lo acogió como un hijo. “Lloraba a diario. Echaba mucho de menos a sus padres, aunque era muy maduro para su edad y aprendía mucho”, confirmaba Sinval, a la vez que aventuraba que le veía jugando a no más tardar en un grande e, incluso se atrevía a decir que apostaba por verle en el Atlético de Madrid. No era la primera vez que Cunha vivía lejos de sus padres, pues Coritiba, donde jugó sus años juveniles desde los 14, estaba lejísimos de su casa.

No se equivocaba Sinval, pues el Atlético fue a buscarle en enero de 2021, antes de la cesión de Dembélé, pero se encontró con la negativa del Hertha que no iba a vender a su jugador franquicia a mitad de una temporada que se estaba haciendo larga. En la capital alemana, Cunha tuvo sus más y sus menos. Era, sin duda, el jugador diferencial, moviéndose con soltura y libertad por el frente de ataque. También, en cambio, recibió algún pescozón por su recalcada apatía cuando se enfadaba con el mundo.

Su salida al Atlético se aplazó hasta verano. Quizás no fue la primera opción rojiblanca, pero el haberse interesado por el brasileño durante el mercado anterior metió el gusanillo en el cuerpo al jugador que casi obligó al Hertha a venderle por un importe cercano a los 25 millones de euros, una ganga para los tiempos que corren, si tenemos en cuenta que Cunha llegaba directamente de ser Oro Olímpico en Tokio con Brasil siendo uno de los jugadores destacados y que también había destacado un par de veranos antes en el Esperanzas de Toulon. Sin contar con lo mucho que habían confiado en él en Leipzig, donde no terminaba de ser indiscutible por la competencia con jugadores como Werner o Poulsen, o con que en 2019 un golazo suyo donde se combinaba una ruleta con una vaselina había estado nominado al Puskas.

En su presentación, sorprendió su depurado castellano. Fue capaz de enlazar más frases de las esperadas con un marcado acento latinoamericano que le llegó de haber compartido vestuario y casi vida entera en Alemania con Alderete, Ascacíbar y Córdova, que llegaron prácticamente a la vez a la entidad berlinesa. Desde entonces, los detalles comenzaron a salir. Cunha es un tipo inteligente, un jugador que sacaba buenas notas en su formación escolar, especialmente en matemáticas, y cuyo padre es un profesor de química que siempre le trasladó la importancia de tener una base. De hecho, cuando jugaba en Coritiba, daba clases a los compañeros que iban más justos y tenían problemas con varias asignaturas. Habla, además de su idioma natal, inglés perfectamente. Es capaz de defenderse en francés, que aprendió mientras jugaba en el Sion a marchas forzadas, castellano y alemán. Casi nada.

Sobre el campo siempre ha enamorado a sus técnicos por su adaptabilidad. Nunca ha estado definido del todo en una posición y ha ido alternando ambas bandas con la mediapunta y la delantera. Tiene cualidades para ello. Buen regate, que se quedaba a perfeccionar siempre tras los entrenamientos en solitario en sus inicios, y una zancada potente de la que tanto escasea el Atlético hoy en día. Su única pega es esa facilidad para desconectar de ciertos partidos cuando está algo acomodado o enfadado consigo mismo. En el campeón de LaLiga, de momento, no ha tenido opción de mostrar esa cara mala, pues la necesidad de ganarse el puesto ha hecho que sus minutos hayan sabido a poco y que el aficionado tenga interés en verle más sobre el césped. La empresa, eso sí, es complicada. Suárez tiene el gol, Griezmann es el favorito de Simeone y Correa es el chico para todo, sin contar con que Lemar y Carrasco se mueven también por parcelas atacantes e incluso Llorente es una opción ahí para el Cholo. Es imposible que jueguen todos.

Su presente y su futuro los pone de manifiesto también la selección. El orden natural de las cosas ha querido que tras los Juegos Olímpicos haya llegado a la absoluta e incluso se ha permitido el lujo de ser titular en los últimos compromisos. Con él en el campo, el Atleti puede jugar más largo, más directo, pero también combinar. Lo ha agradecido Suárez los pocos minutos que han coincidido, pues el charrúa queda mucho más libre cuando el brasileño fija a los defensas. Algo que se vio con frecuencia en las primeras jornadas de Liga, cuando el Atleti fue casi siempre a contracorriente y tenía que remontar los partidos. Solo ha disputado 170 minutos, pero con él en el campo el Atleti ha metido 8 de los 26 goles que lleva en competición doméstica. Es decir, marca un gol cada 21 minutos con el brasileño en el césped. Dos de ellos han sido directamente suyos, ante Levante, para dar el gol que entonces era de la victoria (luego empató Bardhi) y ante el Cádiz, para sentenciar y espantar los fantasmas de las últimas jornadas. Otro también ha salido de sus botas, la asistencia a Correa el domingo en Cádiz. Así que genera un gol de manera directa cada 56 minutos. Es importante contar con un jugador de 22 años, revulsivo como él, desde el banquillo. Para cuando Simeone le llame y tenga que salir a la pizarra.

Imagen de cabecera: @Atleti

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