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La hora del café

Diego G. Argota @Diego21Garcia 03-03-2020

Las cuatro de la tarde, un domingo. Justo después de la comida más copiosa de la semana, la familiar, la del “ponme un poco más que hoy tengo hambre”, la del “hoy puedo repetir porque esta mañana he salido a correr unos kilómetros”. Hay quien, llegada esa franja horaria, se echa una cabezadita de un cuarto de hora. Hay quien dice que no duerme la siesta pero se queda traspuesto. Y los hay hasta que se ponen el pijama y deshacen la cama para más regocijo del cuerpo. Solo falta el orinal. Suele ser la hora en la que, sobre todo en verano, el traqueteo de las hélices del helicóptero de la prueba ciclista que se antoja hace que uno se amodorre. Y no, no es la etapa en línea la que a uno le hace dormitar, porque el ciclismo no es aburrido, sino el ruido que hace ese aparato gigante en el aire. Igual que coger el tren a primera hora de la mañana y poder sentarse junto a la ventana o hacerlo en el autobús después de una jornada intensa de trabajo.

También hay partidos del Atlético que funcionan como la mejor medicina contra el insomnio. Cuando uno ve que se juega en la sobremesa, se lleva las manos a la cabeza porque no solo a los jugadores se les va a notar que van a salir al campo en la hora de la torrija, ya que al espectador también le va a costar mantenerse atento sin esbozar una cabezada. Unos sobreviven a base de café, el segundo o el tercero del día, mientras que otros aprovechan para tomarse la copa de rigor. No hay mal que por bien no venga, porque es la hora de ver al Atlético sestear.

Y es que los de Simeone vuelven a las andadas cuando las cosas parecen más fáciles. Sencillo no hay nada en la alta competición, nadie vaya a engañarse, pero sí existe cierta diferencia sustancial entre un equipo que ha estado un año entero sin perder en Europa y en su Liga y otro que camina con pies de plomo y que es el colista de La Liga. Ganar al Liverpool, ganar al Barcelona y ponérselo difícil al Real Madrid, pero pinchar en Cornellá. Ese es el sino de un Atlético aún en transición (más bien en reconstrucción completa) que deberá sudar para lograr el objetivo de clasificarse a Champions League la próxima jornada. Los rivales no ceden. Sevilla, Valencia, Real Sociedad y Getafe siguen ahí, sacando más puntos de los que se dejan por el camino. Todos comparten una cosa, y es que permanecen vivos aún en otra competición. En 10 días, alguno habrá caído y solo tendrá el frente doméstico como foco de todos sus problemas.

El Atlético mantiene los problemas de inicio de temporada. Peleado con el gol, Morata pasa por el peor momento desde que viste de rojiblanco. Su último tanto data de casi dos meses y atiende a la semifinal de la Supercopa de Europa contra el Barcelona. En Liga, no moja desde diciembre del año pasado, cuando supo sacar petróleo en el Villamarín. Diego Costa no está, y muy pocos son los que esperan al hispanobrasileño, muy lejos de su mejor momento de forma y a años luz del estilo de jugador que marcó diferencias. Carece de esa punta de velocidad que cautivó a los rojiblancos en 2014 y le falta el mordiente que mostró en sus años en Londres. Dos lesiones de larga duración y aquella famosa sanción de ocho partidos a final del curso pasado le han impedido coger un ritmo que no se sabe si volverá a alcanzar. Veremos qué tal en este sprint final de campaña.

Y no será por falta de ocasiones porque, aunque no se trate de un fútbol rico para todos los paladares, aunque la voz pública siga diciendo que el Atlético hace un juego defensivo, resulta que las estadísticas siguen robándoles la razón. Los rojiblancos son el equipo que más ocasiones claras de gol genera, por encima del Barcelona y del Real Madrid. Lo ha sido durante toda la temporada y a falta de dos meses para acabar el campeonato ahí seguirá con casi total seguridad. La historia sería distinta si el equipo tuviera más tino, porque si lidera esa lista, también lo hace como la de la entidad que más ocasiones claras marra.

El punto defensivo mosquea de igual manera. El Atlético, inexpugnable, férreo y sin fisuras por defecto, ha encontrado debilidad en los costados, más allá de los terrenos a los que no aciertan a llegar Felipe y Savic. Lodi da una de cal y una de arena. No sé cuál es la buena, que se dio ante el Liverpool, pero el domingo en Barcelona fue la otra. Una banda con el brasileño, falto de adaptación aún al nivel europeo y Carrasco, carente de compromiso defensivo por defecto, fue un pequeño botín para el Espanyol, que supo sacar de ahí petróleo, más allá de generar peligro en cada acción a balón parado.

Es un misterio como el Atlético, antes conocido como Atlético Aviación por su poderío aéreo, ha visto cómo las jugadas de córner y falta a favor apenas generan peligro —más allá de que los goles de Saúl en Cornellá y ante el Liverpool llegaran de segundas jugadas tras un balón parado— mientras que las contrarias suponen un suplicio para un Oblak que bajo palos es infranqueable —que se lo digan a Víctor Sánchez o al propio Abelardo, que no daba crédito— pero al que le entra alguna duda cuando el balón llueve desde el córner o desde el lateral y tiene casi 20 cuerpos pululando y molestando por su zona de confort.

Solo resta trabajar, aprovechar una semana donde no hay jornada de Champions y preparar el próximo partido, casi a todo o nada contra el Sevilla, que ya se vislumbra al horizonte. Un duelo directo por los objetivos ante un rival que llega crecido por su victoria en el último minuto. Y claro, como mandan los cánones, el Atlético-Sevilla será el sábado, en el Metropolitano… Y a la hora del café.

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Las cuatro de la tarde, un domingo. Justo después de la comida más copiosa de la semana, la familiar, la del “ponme un poco más que hoy tengo hambre”, la del “hoy puedo repetir porque esta mañana he salido a correr unos kilómetros”. Hay quien, llegada esa franja horaria, se echa una cabezadita de un cuarto de hora. Hay quien dice que no duerme la siesta pero se queda traspuesto. Y los hay hasta que se ponen el pijama y deshacen la cama para más regocijo del cuerpo. Solo falta el orinal. Suele ser la hora en la que, sobre todo en verano, el traqueteo de las hélices del helicóptero de la prueba ciclista que se antoja hace que uno se amodorre. Y no, no es la etapa en línea la que a uno le hace dormitar, porque el ciclismo no es aburrido, sino el ruido que hace ese aparato gigante en el aire. Igual que coger el tren a primera hora de la mañana y poder sentarse junto a la ventana o hacerlo en el autobús después de una jornada intensa de trabajo.

También hay partidos del Atlético que funcionan como la mejor medicina contra el insomnio. Cuando uno ve que se juega en la sobremesa, se lleva las manos a la cabeza porque no solo a los jugadores se les va a notar que van a salir al campo en la hora de la torrija, ya que al espectador también le va a costar mantenerse atento sin esbozar una cabezada. Unos sobreviven a base de café, el segundo o el tercero del día, mientras que otros aprovechan para tomarse la copa de rigor. No hay mal que por bien no venga, porque es la hora de ver al Atlético sestear.

Y es que los de Simeone vuelven a las andadas cuando las cosas parecen más fáciles. Sencillo no hay nada en la alta competición, nadie vaya a engañarse, pero sí existe cierta diferencia sustancial entre un equipo que ha estado un año entero sin perder en Europa y en su Liga y otro que camina con pies de plomo y que es el colista de La Liga. Ganar al Liverpool, ganar al Barcelona y ponérselo difícil al Real Madrid, pero pinchar en Cornellá. Ese es el sino de un Atlético aún en transición (más bien en reconstrucción completa) que deberá sudar para lograr el objetivo de clasificarse a Champions League la próxima jornada. Los rivales no ceden. Sevilla, Valencia, Real Sociedad y Getafe siguen ahí, sacando más puntos de los que se dejan por el camino. Todos comparten una cosa, y es que permanecen vivos aún en otra competición. En 10 días, alguno habrá caído y solo tendrá el frente doméstico como foco de todos sus problemas.

El Atlético mantiene los problemas de inicio de temporada. Peleado con el gol, Morata pasa por el peor momento desde que viste de rojiblanco. Su último tanto data de casi dos meses y atiende a la semifinal de la Supercopa de Europa contra el Barcelona. En Liga, no moja desde diciembre del año pasado, cuando supo sacar petróleo en el Villamarín. Diego Costa no está, y muy pocos son los que esperan al hispanobrasileño, muy lejos de su mejor momento de forma y a años luz del estilo de jugador que marcó diferencias. Carece de esa punta de velocidad que cautivó a los rojiblancos en 2014 y le falta el mordiente que mostró en sus años en Londres. Dos lesiones de larga duración y aquella famosa sanción de ocho partidos a final del curso pasado le han impedido coger un ritmo que no se sabe si volverá a alcanzar. Veremos qué tal en este sprint final de campaña.

Y no será por falta de ocasiones porque, aunque no se trate de un fútbol rico para todos los paladares, aunque la voz pública siga diciendo que el Atlético hace un juego defensivo, resulta que las estadísticas siguen robándoles la razón. Los rojiblancos son el equipo que más ocasiones claras de gol genera, por encima del Barcelona y del Real Madrid. Lo ha sido durante toda la temporada y a falta de dos meses para acabar el campeonato ahí seguirá con casi total seguridad. La historia sería distinta si el equipo tuviera más tino, porque si lidera esa lista, también lo hace como la de la entidad que más ocasiones claras marra.

El punto defensivo mosquea de igual manera. El Atlético, inexpugnable, férreo y sin fisuras por defecto, ha encontrado debilidad en los costados, más allá de los terrenos a los que no aciertan a llegar Felipe y Savic. Lodi da una de cal y una de arena. No sé cuál es la buena, que se dio ante el Liverpool, pero el domingo en Barcelona fue la otra. Una banda con el brasileño, falto de adaptación aún al nivel europeo y Carrasco, carente de compromiso defensivo por defecto, fue un pequeño botín para el Espanyol, que supo sacar de ahí petróleo, más allá de generar peligro en cada acción a balón parado.

Es un misterio como el Atlético, antes conocido como Atlético Aviación por su poderío aéreo, ha visto cómo las jugadas de córner y falta a favor apenas generan peligro —más allá de que los goles de Saúl en Cornellá y ante el Liverpool llegaran de segundas jugadas tras un balón parado— mientras que las contrarias suponen un suplicio para un Oblak que bajo palos es infranqueable —que se lo digan a Víctor Sánchez o al propio Abelardo, que no daba crédito— pero al que le entra alguna duda cuando el balón llueve desde el córner o desde el lateral y tiene casi 20 cuerpos pululando y molestando por su zona de confort.

Solo resta trabajar, aprovechar una semana donde no hay jornada de Champions y preparar el próximo partido, casi a todo o nada contra el Sevilla, que ya se vislumbra al horizonte. Un duelo directo por los objetivos ante un rival que llega crecido por su victoria en el último minuto. Y claro, como mandan los cánones, el Atlético-Sevilla será el sábado, en el Metropolitano… Y a la hora del café.

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