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La estirpe de los Ansu

Alberto López Frau @alberlopezfrau 18-10-2021

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Ansu Fati FC Barcelona

Hay jugadores que destilan algo especial desde la primera vez que uno los ve. El último de la estirpe es Ansu Fati. Aún con la posición indefinida en el terreno de juego, pero con una relación especial con el gol. Porque lo que de verdad sigue deslumbrando en este juego es el gol y a Fati se le caen.

En el inventario del fútbol español no hay tantos jugadores especiales que deslumbren desde su primera vez y con Ansu Fati hay consenso general en señalar que es uno de ellos. Con el dorsal 31 y 16 años hizo su debut en agosto de 2019, contra el Betis en Camp Nou. Nos hemos acostumbrado en el fútbol actual a debuts precoces que se convierten en armas de doble filo a la hora de ir evaluando a los futbolistas.

Es habitual juzgar a futbolistas de tan solo 20 años como si estuvieran a punto de colgar las botas y eso es porque debutan jovencísimos. Por eso hay que ir con toda la cautela del mundo, y en el caso de Ansu Fati más, por varios motivos.

El primero y más importante de todos es porque Ansu Fati ha tenido una lesión muy grave a una edad en la que todavía está creciendo. Cercano a cumplir los 19 años, en su mochila están depositadas las esperanzas de un club de la dimensión del F.C. Barcelona y estamos a punto de incluir en la misma las de la selección española. Y eso ni se debe ni se puede normalizar.

Esa presión popular solo recae en esa estirpe de futbolistas elegidos, pero no deja de ser una barbaridad soportar esa presión a su edad y con la lesión que ha tenido. En lo futbolístico se atisba que la elección del 10 como dorsal le puede ir como anillo al dedo. Ansu no se arruga y la pide con la vehemencia que solo tienen los buenos.

Sus controles son más de la mitad del éxito en sus jugadas y quizá se habla menos de ello que de otras facetas de su juego. Controla siempre orientado para que la pelota esté delante de sus pies y no al lado. Partiendo de eso se convierte en imprevisible por su capacidad para salir hacia los dos perfiles.

Da la sensación que él busca la banda izquierda como punto de partida porque parece más diestro que zurdo y como su objetivo es el gol, quiere favorecer su disparo con la pierna derecha. Sus goles más recientes ante Levante y Valencia nos dan esa pista, aunque tengo la sensación que con los años se moverá por todo el frente de ataque con libertad absoluta. Esa libertad que se generan los de su condición por la jerarquía que transmite su juego, independientemente del entrenador o el dibujo en el que le toque jugar.

Pero lo que más tiene que cuidar ahora la gente que lo quiere es la digestión en su cabeza de las urgencias que pueden manejar el Barça y la selección española, unido a su inminente renovación. Eso es lo más difícil. Las condiciones están, el carácter y conocimiento del juego también, pero lo otro es mucho más difícil de manejar en un mundo del fútbol de análisis y conclusiones diferentes cada 48 horas, las que transcurren entre un partido y otro. La locura permanente en la que vive instalado el fútbol actual.

La irrupción en la Liga de Ansu está a la altura de las del Lobo Carrasco, Butragueño, Fernando Torres o Raúl… Lo que hay que tener es paciencia para cuidar el recorrido, su carrera. Tener calma en los análisis y evaluaciones. Tanto por los que lo exigen y disfrutan, como por la opinión pública y los medios de comunicación.

Imagen de cabecera: Getty Images

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Hay jugadores que destilan algo especial desde la primera vez que uno los ve. El último de la estirpe es Ansu Fati. Aún con la posición indefinida en el terreno de juego, pero con una relación especial con el gol. Porque lo que de verdad sigue deslumbrando en este juego es el gol y a Fati se le caen.

En el inventario del fútbol español no hay tantos jugadores especiales que deslumbren desde su primera vez y con Ansu Fati hay consenso general en señalar que es uno de ellos. Con el dorsal 31 y 16 años hizo su debut en agosto de 2019, contra el Betis en Camp Nou. Nos hemos acostumbrado en el fútbol actual a debuts precoces que se convierten en armas de doble filo a la hora de ir evaluando a los futbolistas.

Es habitual juzgar a futbolistas de tan solo 20 años como si estuvieran a punto de colgar las botas y eso es porque debutan jovencísimos. Por eso hay que ir con toda la cautela del mundo, y en el caso de Ansu Fati más, por varios motivos.

El primero y más importante de todos es porque Ansu Fati ha tenido una lesión muy grave a una edad en la que todavía está creciendo. Cercano a cumplir los 19 años, en su mochila están depositadas las esperanzas de un club de la dimensión del F.C. Barcelona y estamos a punto de incluir en la misma las de la selección española. Y eso ni se debe ni se puede normalizar.

Esa presión popular solo recae en esa estirpe de futbolistas elegidos, pero no deja de ser una barbaridad soportar esa presión a su edad y con la lesión que ha tenido. En lo futbolístico se atisba que la elección del 10 como dorsal le puede ir como anillo al dedo. Ansu no se arruga y la pide con la vehemencia que solo tienen los buenos.

Sus controles son más de la mitad del éxito en sus jugadas y quizá se habla menos de ello que de otras facetas de su juego. Controla siempre orientado para que la pelota esté delante de sus pies y no al lado. Partiendo de eso se convierte en imprevisible por su capacidad para salir hacia los dos perfiles.

Da la sensación que él busca la banda izquierda como punto de partida porque parece más diestro que zurdo y como su objetivo es el gol, quiere favorecer su disparo con la pierna derecha. Sus goles más recientes ante Levante y Valencia nos dan esa pista, aunque tengo la sensación que con los años se moverá por todo el frente de ataque con libertad absoluta. Esa libertad que se generan los de su condición por la jerarquía que transmite su juego, independientemente del entrenador o el dibujo en el que le toque jugar.

Pero lo que más tiene que cuidar ahora la gente que lo quiere es la digestión en su cabeza de las urgencias que pueden manejar el Barça y la selección española, unido a su inminente renovación. Eso es lo más difícil. Las condiciones están, el carácter y conocimiento del juego también, pero lo otro es mucho más difícil de manejar en un mundo del fútbol de análisis y conclusiones diferentes cada 48 horas, las que transcurren entre un partido y otro. La locura permanente en la que vive instalado el fútbol actual.

La irrupción en la Liga de Ansu está a la altura de las del Lobo Carrasco, Butragueño, Fernando Torres o Raúl… Lo que hay que tener es paciencia para cuidar el recorrido, su carrera. Tener calma en los análisis y evaluaciones. Tanto por los que lo exigen y disfrutan, como por la opinión pública y los medios de comunicación.

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