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La estabilidad soñada

David Orenes @david_lrl 29-08-2018

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Por Nabil El Zhar, que en sus 32 años ha pasado por siete equipos
diferentes, nunca se ha pagado un traspaso. El único club que ha recibido
dinero por el jugador marroquí fue el Liverpool, en 2010, cuando lo cedió al PAOK
griego a cambio de 250.000 euros. Aquel préstamo no fructificó demasiado, y
desde entonces Nabil no se ha movido de España.

Los jugadores ágiles y escurridizos, si no son constantes, tienden a pasar
toda su carrera como revulsivos. Esa etiqueta la tuvo estampada durante años El
Zhar, y con ella sobrevivió primero en el Levante y después en la Unión
Deportiva Las Palmas. Con los granotas tuvo la fortuna de vivir la mejor etapa
de su historia, llegando a disputar Europa League, pero la llegada de Lucas Alcaraz
le cortó el paso.

“Había dos jugadores ofensivos en el once y jugaba sin bandas. No contaba
conmigo. No podía quedarme allí sin jugar”, contaba Nabil, ya en las islas. En
dos años, alternó titularidad con suplencia hasta que el club canario fichó a
Halilovic y Jesé Rodríguez en enero de 2017. Entonces rescindió contrato y
aterrizó en Leganés, un rival directo por la salvación. Era el sexto refuerzo
de los pepineros en el mercado de invierno.

Entonces contaba con 30 años y la necesidad de asentarse definitivamente.
Lejos quedaba ya su irrupción en las canteras de Nimes y Saint-Etienne, además
de su fichaje por un Liverpool que solo unos meses atrás se había proclamado
campeón de Europa. Apuntaba a ser una de las grandes estrellas del fútbol africano.
Ahora luchaba por agarrar por fin la continuidad en el club más modesto de la
Primera División española.

No fue fácil al principio. Nunca lo fue para El Zhar. Las lesiones tampoco
ayudaron. Sin embargo, en la temporada 17-18 todo cambió. Nabil, que solo había
disputado siete partidos completos en sus primeros 100 en la Liga, jugó más de
80 minutos por encuentro en hasta 23 con el Lega, siendo clave en la
permanencia y sobre todo en Copa del Rey, donde alcanzaron unas semifinales
históricas. El franco-marroquí hizo el gol clave que eliminó al Villarreal en
octavos (hasta portó el brazalete de capitán). Participó en la machada ante el
Real Madrid en el Bernabéu y acarició la final con una excelente eliminatoria
ante el Sevilla.

El Zhar se convirtió en un ídolo en Butarque, y las ofertas esta vez se le
amontonaron. Pero la estabilidad que anhelaba se la dio el club pepinero,
renovando al jugador hasta 2020 y subiéndole la ficha. Además, en el banquillo
se acababa de sentar Mauricio Pellegrino, con quien coincidió en el Liverpool.

Con la salida de hombres clave como Diego Rico, Gabriel Pires, Tito, Zaldua
o Amrabat, Nabil ganó en responsabilidad en el vestuario y en el campo, pero
por lo visto ante la Real Sociedad el liderazgo no le pesa: Con 0-2 en contra,
se echó el equipo a la espalda y marcó dos golazos en una segunda parte de
ensueño. El primero, con un disparo raso ajustado al palo. El segundo, de
vaselina ante Rulli.

Con su doblete, iguala los dos tantos que hizo en toda la temporada
anterior, probablemente su asignatura pendiente. En este curso está llamado a
ser todavía más importante, una vez encontrada la felicidad anhelada.

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Por Nabil El Zhar, que en sus 32 años ha pasado por siete equipos
diferentes, nunca se ha pagado un traspaso. El único club que ha recibido
dinero por el jugador marroquí fue el Liverpool, en 2010, cuando lo cedió al PAOK
griego a cambio de 250.000 euros. Aquel préstamo no fructificó demasiado, y
desde entonces Nabil no se ha movido de España.

Los jugadores ágiles y escurridizos, si no son constantes, tienden a pasar
toda su carrera como revulsivos. Esa etiqueta la tuvo estampada durante años El
Zhar, y con ella sobrevivió primero en el Levante y después en la Unión
Deportiva Las Palmas. Con los granotas tuvo la fortuna de vivir la mejor etapa
de su historia, llegando a disputar Europa League, pero la llegada de Lucas Alcaraz
le cortó el paso.

“Había dos jugadores ofensivos en el once y jugaba sin bandas. No contaba
conmigo. No podía quedarme allí sin jugar”, contaba Nabil, ya en las islas. En
dos años, alternó titularidad con suplencia hasta que el club canario fichó a
Halilovic y Jesé Rodríguez en enero de 2017. Entonces rescindió contrato y
aterrizó en Leganés, un rival directo por la salvación. Era el sexto refuerzo
de los pepineros en el mercado de invierno.

Entonces contaba con 30 años y la necesidad de asentarse definitivamente.
Lejos quedaba ya su irrupción en las canteras de Nimes y Saint-Etienne, además
de su fichaje por un Liverpool que solo unos meses atrás se había proclamado
campeón de Europa. Apuntaba a ser una de las grandes estrellas del fútbol africano.
Ahora luchaba por agarrar por fin la continuidad en el club más modesto de la
Primera División española.

No fue fácil al principio. Nunca lo fue para El Zhar. Las lesiones tampoco
ayudaron. Sin embargo, en la temporada 17-18 todo cambió. Nabil, que solo había
disputado siete partidos completos en sus primeros 100 en la Liga, jugó más de
80 minutos por encuentro en hasta 23 con el Lega, siendo clave en la
permanencia y sobre todo en Copa del Rey, donde alcanzaron unas semifinales
históricas. El franco-marroquí hizo el gol clave que eliminó al Villarreal en
octavos (hasta portó el brazalete de capitán). Participó en la machada ante el
Real Madrid en el Bernabéu y acarició la final con una excelente eliminatoria
ante el Sevilla.

El Zhar se convirtió en un ídolo en Butarque, y las ofertas esta vez se le
amontonaron. Pero la estabilidad que anhelaba se la dio el club pepinero,
renovando al jugador hasta 2020 y subiéndole la ficha. Además, en el banquillo
se acababa de sentar Mauricio Pellegrino, con quien coincidió en el Liverpool.

Con la salida de hombres clave como Diego Rico, Gabriel Pires, Tito, Zaldua
o Amrabat, Nabil ganó en responsabilidad en el vestuario y en el campo, pero
por lo visto ante la Real Sociedad el liderazgo no le pesa: Con 0-2 en contra,
se echó el equipo a la espalda y marcó dos golazos en una segunda parte de
ensueño. El primero, con un disparo raso ajustado al palo. El segundo, de
vaselina ante Rulli.

Con su doblete, iguala los dos tantos que hizo en toda la temporada
anterior, probablemente su asignatura pendiente. En este curso está llamado a
ser todavía más importante, una vez encontrada la felicidad anhelada.

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