_Motociclismo

La crisis más Honda de MotoGP (más allá de Marc Márquez)

Swinxy @Swinxy 21-06-2022

Honda llegó a Sachsenring sabiendo que solamente un milagro evitaría el fin de su impresionante racha en el trazado alemán, donde llevaban ganando desde 2010, ya que los ocho triunfos consecutivos de Marc Márquez estuvieron precedidos de tres de Dani Pedrosa.

Sin el 93, recuperándose de la osteotomía humeral rotacional, el objetivo de la marca del ala dorada era salvar los muebles lo mejor posible en el trazado sajón. Quizá alguien soñase con rascar algún podio si los astros se alineaban. Lejos de alinearse, se dispersaron por completo y, para Honda, Sachsenring pasó de regirse por la ley de Márquez a hacerlo por la de Murphy.

Todo lo que pudo salir mal para sus cuatro pilotos, salió terriblemente mal.

Tres abandonaron y el único que cruzó la meta lo hizo quemado. Literalmente.

En el séptimo giro se quedaron fuera los pilotos del LCR: Álex Márquez entró a boxes con problemas mecánicos y Takaaki Nakagami se iba al suelo cuando rodaba décimo. La opción era Pol Espargaró, que hacía de tripas corazón metiéndose en el top 10… hasta que tuvo que retirarse por el insoportable dolor en sus costillas tras las caídas en entrenamientos.

Eso dejó solo a Stefan Bradl, que terminó 16º y último, confirmando el peor día de la historia de Honda en MotoGP: por primera vez en 40 años se quedaban sin puntuar en la categoría reina, poniendo fin a una racha de 633 carreras haciéndolo. Para colmo, el alemán acababa la carrera con quemaduras en su pierna y pie derechos por el calor desmedido que desprendía la RC213V.

El incendio de Honda es cada vez menos metafórico.

No han pasado ni tres años desde que festejaban el título de 2019, el cuarto seguido de Marc Márquez y el sexto en siete años; que aderezaron con el cuarto título seguido (y octavo en nueve años) de constructores y con el tercer triplete seguido al apuntalar también el de equipos.

Claro que, en aquel 2019, el resto de Honda ya dejaban entrever que algo iba regular: Cal Crutchlow acabó el año noveno con tres podios, Takaaki Nakagami fue 13º y Jorge Lorenzo 19º. Daba igual: mientras pudiesen seguir estirando el chicle de Márquez, todo lo demás quedaría en un segundo plano.

Hasta que el chicle se rompió por la zona del húmero.

Salieron a flote todas las carencias. Desde entonces, y quitando las tres victorias y los cuatro podios del propio Márquez en 2021 – mejor Honda en el Mundial al acabar séptimo-, el bagaje de la marca son cuatro segundas posiciones: dos de Álex Márquez como rookie en 2020 -con Nakagami 10º como mejor Honda en la general- y dos de Pol Espargaró, una en 2021 y otra en este 2022.

Son la marca que más lleva sin subir al podio, van últimos en el mundial de constructores y Márquez sigue siendo el mejor piloto de la marca en la general, donde es duodécimo tras haberse perdido cuatro de las diez carreras del curso. La crisis es realmente Honda.

¿Dónde está el problema? En varios sitios. El primero es haber esperado a llegar a una situación límite para rehacer la moto de arriba abajo, cuando las señales ya indicaban que Márquez estaba muy por encima del nivel de una montura que encima solamente sabía dominar él.

Otro problema quizás hayan sido los fichajes. Es indudable que Jorge Lorenzo, Pol Espargaró o Álex Márquez son grandísimos pilotos (es más, son campeones del mundo), pero todos ellos tienen un punto en común: necesitan hacer la moto muy suya para hacer sus mejores resultados.

  • Con Lorenzo se vio en Ducati: tras un inicio de pesadilla logró alcanzar un nivel extraordinario en cuanto se encontró cómodo.
  • Con Pol pudo verse en KTM: después de varios años logró meterla al podio en numerosas ocasiones hasta acabar top 5 en la general.
  • Con Álex está el ejemplo de Moto2, donde sufrió lo indecible en sus inicios para terminar proclamándose campeón mundial.

Nada de esto es culpa de Marc Márquez, que en el pasado ha sabido hacer una moto que a él le permitía ser lo suficientemente rápido como para hincharse a ganar carreras y dominar la categoría con mano de hierro.

Jamás podrá saberse qué hubiera sucedido, pero es inevitable pensar que las cosas podrían haber sido muy distintas si Honda hubiese acometido el fichaje de algún piloto más agresivo (estilo Cal Crutchlow, que hasta su marcha solía ser la segunda Honda) capaz de ser rápido sin estar cómodo en la moto.

Algunos ejemplos podrían ser Brad Binder, Johann Zarco o algunos de los que suenan para 2023: Joan Mir, Jorge Martín… o Pedro Acosta.

Quizás haya llegado la hora de abandonar el conservadurismo en el segundo piloto y optar por una decisión valiente, mirando más allá de Marc Márquez. Porque los chicles no son eternos.

Imagen de cabecera: Repsol Media

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Honda llegó a Sachsenring sabiendo que solamente un milagro evitaría el fin de su impresionante racha en el trazado alemán, donde llevaban ganando desde 2010, ya que los ocho triunfos consecutivos de Marc Márquez estuvieron precedidos de tres de Dani Pedrosa.

Sin el 93, recuperándose de la osteotomía humeral rotacional, el objetivo de la marca del ala dorada era salvar los muebles lo mejor posible en el trazado sajón. Quizá alguien soñase con rascar algún podio si los astros se alineaban. Lejos de alinearse, se dispersaron por completo y, para Honda, Sachsenring pasó de regirse por la ley de Márquez a hacerlo por la de Murphy.

Todo lo que pudo salir mal para sus cuatro pilotos, salió terriblemente mal.

Tres abandonaron y el único que cruzó la meta lo hizo quemado. Literalmente.

En el séptimo giro se quedaron fuera los pilotos del LCR: Álex Márquez entró a boxes con problemas mecánicos y Takaaki Nakagami se iba al suelo cuando rodaba décimo. La opción era Pol Espargaró, que hacía de tripas corazón metiéndose en el top 10… hasta que tuvo que retirarse por el insoportable dolor en sus costillas tras las caídas en entrenamientos.

Eso dejó solo a Stefan Bradl, que terminó 16º y último, confirmando el peor día de la historia de Honda en MotoGP: por primera vez en 40 años se quedaban sin puntuar en la categoría reina, poniendo fin a una racha de 633 carreras haciéndolo. Para colmo, el alemán acababa la carrera con quemaduras en su pierna y pie derechos por el calor desmedido que desprendía la RC213V.

El incendio de Honda es cada vez menos metafórico.

No han pasado ni tres años desde que festejaban el título de 2019, el cuarto seguido de Marc Márquez y el sexto en siete años; que aderezaron con el cuarto título seguido (y octavo en nueve años) de constructores y con el tercer triplete seguido al apuntalar también el de equipos.

Claro que, en aquel 2019, el resto de Honda ya dejaban entrever que algo iba regular: Cal Crutchlow acabó el año noveno con tres podios, Takaaki Nakagami fue 13º y Jorge Lorenzo 19º. Daba igual: mientras pudiesen seguir estirando el chicle de Márquez, todo lo demás quedaría en un segundo plano.

Hasta que el chicle se rompió por la zona del húmero.

Salieron a flote todas las carencias. Desde entonces, y quitando las tres victorias y los cuatro podios del propio Márquez en 2021 – mejor Honda en el Mundial al acabar séptimo-, el bagaje de la marca son cuatro segundas posiciones: dos de Álex Márquez como rookie en 2020 -con Nakagami 10º como mejor Honda en la general- y dos de Pol Espargaró, una en 2021 y otra en este 2022.

Son la marca que más lleva sin subir al podio, van últimos en el mundial de constructores y Márquez sigue siendo el mejor piloto de la marca en la general, donde es duodécimo tras haberse perdido cuatro de las diez carreras del curso. La crisis es realmente Honda.

¿Dónde está el problema? En varios sitios. El primero es haber esperado a llegar a una situación límite para rehacer la moto de arriba abajo, cuando las señales ya indicaban que Márquez estaba muy por encima del nivel de una montura que encima solamente sabía dominar él.

Otro problema quizás hayan sido los fichajes. Es indudable que Jorge Lorenzo, Pol Espargaró o Álex Márquez son grandísimos pilotos (es más, son campeones del mundo), pero todos ellos tienen un punto en común: necesitan hacer la moto muy suya para hacer sus mejores resultados.

  • Con Lorenzo se vio en Ducati: tras un inicio de pesadilla logró alcanzar un nivel extraordinario en cuanto se encontró cómodo.
  • Con Pol pudo verse en KTM: después de varios años logró meterla al podio en numerosas ocasiones hasta acabar top 5 en la general.
  • Con Álex está el ejemplo de Moto2, donde sufrió lo indecible en sus inicios para terminar proclamándose campeón mundial.

Nada de esto es culpa de Marc Márquez, que en el pasado ha sabido hacer una moto que a él le permitía ser lo suficientemente rápido como para hincharse a ganar carreras y dominar la categoría con mano de hierro.

Jamás podrá saberse qué hubiera sucedido, pero es inevitable pensar que las cosas podrían haber sido muy distintas si Honda hubiese acometido el fichaje de algún piloto más agresivo (estilo Cal Crutchlow, que hasta su marcha solía ser la segunda Honda) capaz de ser rápido sin estar cómodo en la moto.

Algunos ejemplos podrían ser Brad Binder, Johann Zarco o algunos de los que suenan para 2023: Joan Mir, Jorge Martín… o Pedro Acosta.

Quizás haya llegado la hora de abandonar el conservadurismo en el segundo piloto y optar por una decisión valiente, mirando más allá de Marc Márquez. Porque los chicles no son eternos.

Imagen de cabecera: Repsol Media