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La corona final

Es poner la rúbrica a todo. Los ATP Finals, el Torneo del Maestros de toda la vida, han sido ese lugar al que todo el mundo quiere llegar. Sin embargo, siempre tiene que haber algo que te complique la vida. Lo primero es esa norma tan simple: solo los ocho mejores del mundo pueden disputarlo. Fácil. La otra, es que los tenistas llegan como llegan. El calendario, apretado como él solo, aprieta y ahoga a unos jugadores que piden clemencia; un mínimo de descanso para que no tengan que forzar sus rodillas, tobillos, codos. A pesar de ello, nadie puede negar la disputa de un torneo así. Solo una lesión muy grave te aleja de él. 

Su misticismo es singular. El tenis está acostumbrado a dar oportunidades en diferentes torneos en forma de invitaciones en todas las competiciones. Sin embargo, en este, solo puedes entrar a través de una baja de un compañero si no eres un elegido. Este año continúa la seria duda de Rafa Nadal, que afronta el torneo en el primer puesto. En su grupo tendrá como rival mejor clasificado a Daniil Medvédev, que debuta en un torneo de esta enjundia. El ruso está siendo una de las sensaciones de este curso. Se le ha tildado de “alternativa”, una proeza a estas alturas de la vida. La prensa ha insistido en muchas ocasiones en encontrar a alguien que pueda ganar a los de siempre. En este grupo, precisamente, se encuentran dos que también han sido señalados con el dedo. Poca presión.

Precisamente, el vigente campeón debutará ante el español. Nadal, si consigue estar en forma, tiene cita con Alexander Zverev, un volcán que entra y sale de sus propias dudas, de sus miedos, como el que se pone una película. Un sentimiento tan indómito como común en el ser humano, aunque parezca quimérico en un profesional. El alemán ha llegado a asegurar en algunos momentos que “no tenía ganas de jugar al tenis”, sustentado ante varios problemas personales. Ante tal tesitura, se cruza en el grupo con otro joven que en muchos momentos se ha sentido superado. Qué decir del griego Stefanos Tsitsipas, que afirmó en una entrevista a Ubitennis que se ha “alejado de las redes sociales”. En un deporte tan mental, el “perder 40 minutos en Instagram al día, y darle importancia a todo lo que se comenta en la red” no es muy recomendable. El heleno, con ese estilo sólido en su juego, necesita conducir todos los sentidos e ideas en la pista. Ahora, entras en su Twitter y ya no tiene mensajes nuevos. El fin de los millennials. 

El grupo B da miedo. Federer, descansado, llega a Londres buscando su séptima corona. Tras ganar en Basilea y alejarse de París, se enfrentará a Djokovic por cuadragésimo novena ocasión. Una vez más. El sempiterno encuentro tendrá que esperar ya que el suizo rompe el hielo en la capital inglesa con Dominic Thiem. El austriaco, de revés fino, es el tenista con más títulos de 2019. Buscará hacerse un hueco en un grupo complejísimo, que completa Berrettini. Su fantástico US Open le catapultó a entrar por primera vez entre los grandes del deporte. Su futuro en la competición dependerá de si consigue sobrevivir a su primera noche en el O2 Arena ante el vigente campeón de Paris-Bercy y que busca el número uno del mundo, una vez más. Djokovic, acostumbrado a este contexto, es el mayor favorito a un torneo precioso. La corona final. Con el añadido de un gran número de participantes sub-23. Sin atrevernos a llamarlos alternativas, será divertido verlos compitiendo antes los de siempre. Y ellos, seguramente, sin utilizar el móvil, antagónicos a los de su generación. El fin de los smartphones y los hashtags. Solo tenis.  

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Es poner la rúbrica a todo. Los ATP Finals, el Torneo del Maestros de toda la vida, han sido ese lugar al que todo el mundo quiere llegar. Sin embargo, siempre tiene que haber algo que te complique la vida. Lo primero es esa norma tan simple: solo los ocho mejores del mundo pueden disputarlo. Fácil. La otra, es que los tenistas llegan como llegan. El calendario, apretado como él solo, aprieta y ahoga a unos jugadores que piden clemencia; un mínimo de descanso para que no tengan que forzar sus rodillas, tobillos, codos. A pesar de ello, nadie puede negar la disputa de un torneo así. Solo una lesión muy grave te aleja de él. 

Su misticismo es singular. El tenis está acostumbrado a dar oportunidades en diferentes torneos en forma de invitaciones en todas las competiciones. Sin embargo, en este, solo puedes entrar a través de una baja de un compañero si no eres un elegido. Este año continúa la seria duda de Rafa Nadal, que afronta el torneo en el primer puesto. En su grupo tendrá como rival mejor clasificado a Daniil Medvédev, que debuta en un torneo de esta enjundia. El ruso está siendo una de las sensaciones de este curso. Se le ha tildado de “alternativa”, una proeza a estas alturas de la vida. La prensa ha insistido en muchas ocasiones en encontrar a alguien que pueda ganar a los de siempre. En este grupo, precisamente, se encuentran dos que también han sido señalados con el dedo. Poca presión.

Precisamente, el vigente campeón debutará ante el español. Nadal, si consigue estar en forma, tiene cita con Alexander Zverev, un volcán que entra y sale de sus propias dudas, de sus miedos, como el que se pone una película. Un sentimiento tan indómito como común en el ser humano, aunque parezca quimérico en un profesional. El alemán ha llegado a asegurar en algunos momentos que “no tenía ganas de jugar al tenis”, sustentado ante varios problemas personales. Ante tal tesitura, se cruza en el grupo con otro joven que en muchos momentos se ha sentido superado. Qué decir del griego Stefanos Tsitsipas, que afirmó en una entrevista a Ubitennis que se ha “alejado de las redes sociales”. En un deporte tan mental, el “perder 40 minutos en Instagram al día, y darle importancia a todo lo que se comenta en la red” no es muy recomendable. El heleno, con ese estilo sólido en su juego, necesita conducir todos los sentidos e ideas en la pista. Ahora, entras en su Twitter y ya no tiene mensajes nuevos. El fin de los millennials. 

El grupo B da miedo. Federer, descansado, llega a Londres buscando su séptima corona. Tras ganar en Basilea y alejarse de París, se enfrentará a Djokovic por cuadragésimo novena ocasión. Una vez más. El sempiterno encuentro tendrá que esperar ya que el suizo rompe el hielo en la capital inglesa con Dominic Thiem. El austriaco, de revés fino, es el tenista con más títulos de 2019. Buscará hacerse un hueco en un grupo complejísimo, que completa Berrettini. Su fantástico US Open le catapultó a entrar por primera vez entre los grandes del deporte. Su futuro en la competición dependerá de si consigue sobrevivir a su primera noche en el O2 Arena ante el vigente campeón de Paris-Bercy y que busca el número uno del mundo, una vez más. Djokovic, acostumbrado a este contexto, es el mayor favorito a un torneo precioso. La corona final. Con el añadido de un gran número de participantes sub-23. Sin atrevernos a llamarlos alternativas, será divertido verlos compitiendo antes los de siempre. Y ellos, seguramente, sin utilizar el móvil, antagónicos a los de su generación. El fin de los smartphones y los hashtags. Solo tenis.