_Otros

La Copa del Rey, los likes de Dulceida y la sonrisa pícara de Cillessen

Sergio Merino Rueda @SergioMerino8 25-04-2018

etiquetas:

Todos hemos jugado al fútbol alguna vez en nuestra vida. Ya
sea de forma profesional, federados en una liga amateur, con nuestros amigos en
la plaza o en el patio del colegio durante el recreo. Y todos hemos sentido
alguna vez la amarga sensación de ser suplente. Y si esa situación se
prolongaba en el tiempo terminaba yéndonos a otro equipo, a casa a merendar o a
chivarnos a los profesores de que no nos dejaban jugar.

En el deporte de élite no ser habitual es igual de duro. Es
cierto que vas a cobrar una remuneración a final de mes juegues o no, que cada
temporada hay dos ventanas para ser traspasado en busca de minutos y que la
cantidad de equipos es enorme. Pero en muchas ocasiones a más de un futbolista
profesional le habría encantado ser niño, coger el balón y decir aquí no se
juega más. Es mío y me lo llevo a mi casa.

Las consecuencias de la suplencia mal llevada siempre
degeneran en problemas internos. Con el entrenador, principalmente, o con el
verdugo que te quita el puesto. En ocasiones esos problemas se trasladan fuera
del césped. Mala relación con la prensa, discusiones con la familia… es
tremendamente complicado aceptar el rol de suplente. Especialmente en la
portería. Es duro jugar nueve partidos al año de los más de 50 de tu equipo. Es
imposible salir en la foto con una sonrisa siempre. No crear un solo conflicto.
Y sobre todo es complicado rendir a gran nivel bajo ese contexto.

Jasper Cillessen dio una exhibición en la pasada final de la
Copa del Rey. En toda la competición, la verdad. El portero holandés dio una
asistencia en el primer gol, fue clave en Valencia en las semifinales cuando
más apuros pasaba el Barcelona, lo fue también la temporada pasada ante el
Atlético de Madrid; lo es siempre que juega. Con esa sonrisa de pícaro, llena
de carisma. Su relación con Ter Stegen es fantástica, ha encajado con la
afición de forma maravillosa y su rendimiento sobre el campo es de diez.

A pesar de jugar cada tres meses. Es tan profesional, tan
buena persona y tan buen jugador; que el aficionado del Barça vería con buenos
ojos su salida, a pesar de que es ideal para el puesto y reemplazarlo sería
difícil, para que pueda tener los minutos que merece. Cillessen no solo ha
ganado la Copa, ha ganado cariño y respeto. Y eso, en la generación de las
redes sociales, la polémica y el odio; es más difícil que lanzar una falta
mejor Messi, tener más likes que Dulceida y ser más querido que Iniesta. Una
Copa por Cillessen, y un gin-tonic por la Copa.

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Todos hemos jugado al fútbol alguna vez en nuestra vida. Ya
sea de forma profesional, federados en una liga amateur, con nuestros amigos en
la plaza o en el patio del colegio durante el recreo. Y todos hemos sentido
alguna vez la amarga sensación de ser suplente. Y si esa situación se
prolongaba en el tiempo terminaba yéndonos a otro equipo, a casa a merendar o a
chivarnos a los profesores de que no nos dejaban jugar.

En el deporte de élite no ser habitual es igual de duro. Es
cierto que vas a cobrar una remuneración a final de mes juegues o no, que cada
temporada hay dos ventanas para ser traspasado en busca de minutos y que la
cantidad de equipos es enorme. Pero en muchas ocasiones a más de un futbolista
profesional le habría encantado ser niño, coger el balón y decir aquí no se
juega más. Es mío y me lo llevo a mi casa.

Las consecuencias de la suplencia mal llevada siempre
degeneran en problemas internos. Con el entrenador, principalmente, o con el
verdugo que te quita el puesto. En ocasiones esos problemas se trasladan fuera
del césped. Mala relación con la prensa, discusiones con la familia… es
tremendamente complicado aceptar el rol de suplente. Especialmente en la
portería. Es duro jugar nueve partidos al año de los más de 50 de tu equipo. Es
imposible salir en la foto con una sonrisa siempre. No crear un solo conflicto.
Y sobre todo es complicado rendir a gran nivel bajo ese contexto.

Jasper Cillessen dio una exhibición en la pasada final de la
Copa del Rey. En toda la competición, la verdad. El portero holandés dio una
asistencia en el primer gol, fue clave en Valencia en las semifinales cuando
más apuros pasaba el Barcelona, lo fue también la temporada pasada ante el
Atlético de Madrid; lo es siempre que juega. Con esa sonrisa de pícaro, llena
de carisma. Su relación con Ter Stegen es fantástica, ha encajado con la
afición de forma maravillosa y su rendimiento sobre el campo es de diez.

A pesar de jugar cada tres meses. Es tan profesional, tan
buena persona y tan buen jugador; que el aficionado del Barça vería con buenos
ojos su salida, a pesar de que es ideal para el puesto y reemplazarlo sería
difícil, para que pueda tener los minutos que merece. Cillessen no solo ha
ganado la Copa, ha ganado cariño y respeto. Y eso, en la generación de las
redes sociales, la polémica y el odio; es más difícil que lanzar una falta
mejor Messi, tener más likes que Dulceida y ser más querido que Iniesta. Una
Copa por Cillessen, y un gin-tonic por la Copa.

etiquetas: