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La columna vertebral

Diego G. Argota @Diego21Garcia 16-04-2019

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Toca época de transición en el Wanda Metropolitano. Una salida escalonada de las viejas glorias del club que se lleva dando desde hace un par de veranos. Los Tiago, Gabi o Torres, vieja guardia de Simeone, abrieron un camino que ahora parece seguirán Juanfran, Filipe o Godín. Y aunque todo apunta a revolución en profundidad, suenan voces desde el interior que aventuran que los cambios pueden ser mínimos. Solo los necesarios. Y que incluso no es descabellado que alguno de los tres que terminan contrato y tienen pie y medio fuera al final acaben renovando.

Con todo, el Atlético tiene que encontrar en su plantilla a aquellos jugadores que deberán ser el grueso del próximo lustro. Todos están en plantilla, llevan suficientes años en el club como para saber de qué va esto y deben portar no solo el peso presencial del brazalete sino el liderazgo del vestuario y del propio equipo en el campo.

Oblak, Giménez, Rodri, Saúl, Koke, Griezmann y Morata son las piezas sobre las que construir. Jóvenes con futuro suficiente por delante como para escribir aún algunas de las páginas más bonitas de la historia de un club que como institución cada año va a más y vive, salvo un par de pequeños traspiés, en la cima. 

El esloveno es el mejor portero del mundo con permiso de Ter Stegen. Pero lo que sí es cierto es que es el más determinante sobre el césped. El alemán, por muy bueno que sea, no da tantos puntos como sí el del Atleti y no se puede lucir tanto por el simple hecho de que el Barcelona no concede tanto atrás. Oblak, cuya renovación va encaminada, debe ser la base. 

Una base continuada por José María Giménez. El charrúa se ha pasado años desoyendo ofertas y, tras seis años ya en el Atlético (y solo tiene 24 años), ha pasado por todas las etapas en el club. La de no jugar, la de jugar pese a ser un novato, la de ser imprescindible, la de ser el mejor, la de pasar momentos malos y la de comer banquillo porque un compañero le ha superado. Godín ya no puede enseñarle nada más y a sus 24 años es un joven veterano curtido en mil batallas. Lleva el liderazgo en el ADN y ha de ser el jefe de la defensa por muchos años más. 

En la cadena de mando siguen Rodrigo, Saúl y Koke. Los tres, canteranos. Los tres, seleccionables y seleccionados por España y los tres con unas condiciones que hacen complementarse los unos a los otros. A Koke no hay que descubrirle ahora. La próxima temporada cumplirá la décima en la plantilla y se sumará a la lista de los One Club Man. Todo el juego del equipo pasa por sus pies y cuando no toca jugar, corre. Y corre. Quizás le falte liderazgo por simples cuestiones personales, por tema de una personalidad que no todos pueden tener, pero lo suple porque todos saben muy bien que dentro del vestuario él es el escudo.

Saúl, polivalente, el pulmón del equipo. Sigue los pasos de Koke, comparte con él la precocidad, es el alumno aventajado de Torres y el que mejor entiende siempre lo que pide Simeone. Aquel que jugó con un catéter y se jugó la salud por el equipo. Rodrigo, quien tuvo que salir para después volver y triunfar, como en su día hiciera Gabi. Canterano, sabe lo que es el Atlético, es aficionado además de jugador pese a que haya tenido que salir.

Una misma línea que sigue Álvaro Morata. Su fichaje, todo un acierto, pese a quienes no lo quisieron por su decisión de jugar en el Real Madrid durante años. Nunca sabremos qué pasa por la cabeza de Morata en cuanto a sus sentimientos como rojiblanco. Su pasado como atlético, su paso por el eterno rival y su vuelta de rojiblanco. El caso es que el delantero ha caído de pie en el equipo y su precio, al nivel al que está el mercado, puede tildarse incluso de ganga si su rendimiento va a seguir siendo como hasta ahora. Sin duda, por características de juego se acomoda a la perfección al estilo contragolpeador de Simeone y puede combinar a la perfección con otro delantero que le vaya a poner las cosas difíciles, que ya quiera el mundo del fútbol que sea Diego Costa.

Y luego está Griezmann. El jugador mejor pagado del equipo. Lo que en la NBA, que a él tanto le gusta, se llamaría ‘el jugador franquicia’. A nivel de empresa, el francés es seguido en todas partes del mundo y reconocido como la imagen del Atlético. Vale que, en base a su sueldo, haya veces que se le exija ser determinante siempre, algo que, ciertamente, es imposible. Está en el Top10 de máximos goleadores históricos del club y, de seguir a este mismo ritmo anotador, podría ser el máximo artillero en solo dos temporadas. Disfruta en un sistema defensivo como el que más y ha aprendido a divertirse con los planteamientos de Simeone. “Amo defender”, admite. “A veces le tengo que decir que no corra tanto para atrás”, señala Deschamps. Es posible que no exista en todo el panorama fútbol un jugador decisivo, una estrella candidata a premios individuales, que sea capaz de bajarse al barro partido tras partido, no solo sin rechistar, sino disfrutando. El Atlético debe ser de ellos. 

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Toca época de transición en el Wanda Metropolitano. Una salida escalonada de las viejas glorias del club que se lleva dando desde hace un par de veranos. Los Tiago, Gabi o Torres, vieja guardia de Simeone, abrieron un camino que ahora parece seguirán Juanfran, Filipe o Godín. Y aunque todo apunta a revolución en profundidad, suenan voces desde el interior que aventuran que los cambios pueden ser mínimos. Solo los necesarios. Y que incluso no es descabellado que alguno de los tres que terminan contrato y tienen pie y medio fuera al final acaben renovando.

Con todo, el Atlético tiene que encontrar en su plantilla a aquellos jugadores que deberán ser el grueso del próximo lustro. Todos están en plantilla, llevan suficientes años en el club como para saber de qué va esto y deben portar no solo el peso presencial del brazalete sino el liderazgo del vestuario y del propio equipo en el campo.

Oblak, Giménez, Rodri, Saúl, Koke, Griezmann y Morata son las piezas sobre las que construir. Jóvenes con futuro suficiente por delante como para escribir aún algunas de las páginas más bonitas de la historia de un club que como institución cada año va a más y vive, salvo un par de pequeños traspiés, en la cima. 

El esloveno es el mejor portero del mundo con permiso de Ter Stegen. Pero lo que sí es cierto es que es el más determinante sobre el césped. El alemán, por muy bueno que sea, no da tantos puntos como sí el del Atleti y no se puede lucir tanto por el simple hecho de que el Barcelona no concede tanto atrás. Oblak, cuya renovación va encaminada, debe ser la base. 

Una base continuada por José María Giménez. El charrúa se ha pasado años desoyendo ofertas y, tras seis años ya en el Atlético (y solo tiene 24 años), ha pasado por todas las etapas en el club. La de no jugar, la de jugar pese a ser un novato, la de ser imprescindible, la de ser el mejor, la de pasar momentos malos y la de comer banquillo porque un compañero le ha superado. Godín ya no puede enseñarle nada más y a sus 24 años es un joven veterano curtido en mil batallas. Lleva el liderazgo en el ADN y ha de ser el jefe de la defensa por muchos años más. 

En la cadena de mando siguen Rodrigo, Saúl y Koke. Los tres, canteranos. Los tres, seleccionables y seleccionados por España y los tres con unas condiciones que hacen complementarse los unos a los otros. A Koke no hay que descubrirle ahora. La próxima temporada cumplirá la décima en la plantilla y se sumará a la lista de los One Club Man. Todo el juego del equipo pasa por sus pies y cuando no toca jugar, corre. Y corre. Quizás le falte liderazgo por simples cuestiones personales, por tema de una personalidad que no todos pueden tener, pero lo suple porque todos saben muy bien que dentro del vestuario él es el escudo.

Saúl, polivalente, el pulmón del equipo. Sigue los pasos de Koke, comparte con él la precocidad, es el alumno aventajado de Torres y el que mejor entiende siempre lo que pide Simeone. Aquel que jugó con un catéter y se jugó la salud por el equipo. Rodrigo, quien tuvo que salir para después volver y triunfar, como en su día hiciera Gabi. Canterano, sabe lo que es el Atlético, es aficionado además de jugador pese a que haya tenido que salir.

Una misma línea que sigue Álvaro Morata. Su fichaje, todo un acierto, pese a quienes no lo quisieron por su decisión de jugar en el Real Madrid durante años. Nunca sabremos qué pasa por la cabeza de Morata en cuanto a sus sentimientos como rojiblanco. Su pasado como atlético, su paso por el eterno rival y su vuelta de rojiblanco. El caso es que el delantero ha caído de pie en el equipo y su precio, al nivel al que está el mercado, puede tildarse incluso de ganga si su rendimiento va a seguir siendo como hasta ahora. Sin duda, por características de juego se acomoda a la perfección al estilo contragolpeador de Simeone y puede combinar a la perfección con otro delantero que le vaya a poner las cosas difíciles, que ya quiera el mundo del fútbol que sea Diego Costa.

Y luego está Griezmann. El jugador mejor pagado del equipo. Lo que en la NBA, que a él tanto le gusta, se llamaría ‘el jugador franquicia’. A nivel de empresa, el francés es seguido en todas partes del mundo y reconocido como la imagen del Atlético. Vale que, en base a su sueldo, haya veces que se le exija ser determinante siempre, algo que, ciertamente, es imposible. Está en el Top10 de máximos goleadores históricos del club y, de seguir a este mismo ritmo anotador, podría ser el máximo artillero en solo dos temporadas. Disfruta en un sistema defensivo como el que más y ha aprendido a divertirse con los planteamientos de Simeone. “Amo defender”, admite. “A veces le tengo que decir que no corra tanto para atrás”, señala Deschamps. Es posible que no exista en todo el panorama fútbol un jugador decisivo, una estrella candidata a premios individuales, que sea capaz de bajarse al barro partido tras partido, no solo sin rechistar, sino disfrutando. El Atlético debe ser de ellos. 

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